Camarina era una ciudad del sur de Sicilia, fundada por colonos de Siracusa en el año 598 a J.C. Al cabo de una o dos generaciones, se vio amenazada por una epidemia de peste, incubada, según sostenían algunos, en un pantano adyacente. (Aunque, ciertamente, la teoría de la enfermedad por gérmenes no era aceptada de manera general, ya se apuntaban algunos indicios; por ejemplo, el aportado por Marcus Varro en el siglo 1 a. J.C, quien había advertido explícitamente en contra de construir ciudades en las proximidades de pantanos, «pues son caldo de cultivo de unas criaturas diminutas que nuestros ojos no pueden ver, pero que flotan en el aire y penetran en el cuerpo por la boca y la nariz, causando graves infecciones».)
Un serio peligro acechaba, pues, a la ciudad de Camarina. Por ello se hicieron planes para drenar el pantano. Sin embargo, al consultar al oráculo, éste prohibió que se llevara a término tal resolución, aconsejando en su lugar paciencia. Pero como había vidas en juego, se decidió ignorar al oráculo y abordar el drenaje de la ciénaga. Pronto pudo contenerse la epidemia. Desgraciadamente ya era demasiado tarde cuando los habitantes de Camarina se dieron cuenta de que el pantano los había protegido hasta entonces de sus enemigos, entre los cuales debían contarse ahora sus primos, los ciudadanos de Siracusa. Como sucedería en América 2300 años después, los colonos se habían peleado con la madre patria. En el año 552 a. J.C, las fuerzas de Siracusa cruzaron las tierras secas, antes inundadas por el lodo, masacraron a hombres, mujeres y niños y arrasaron la ciudad. El pantano de Camarina se convirtió en un símbolo de cómo es posible que por eliminar un peligro se cree otro mucho peor.