El corazón late de manera acelerada, las pupilas se dilatan o se nubla la vista, se seca la boca, el vello se eriza y sentimos escalofríos, sudamos, parece incluso que nos falta el aire y cualquier roce o sonido desconocido hace que saltemos como un resorte porque estamos en tensión. Son algunos de los síntomas del miedo. Son respuestas físicas automáticas de nuestro organismo que se denominan “respuesta de lucha/huida”. Ahora bien, ¿el miedo huele? Decimos que los perros saben por su olfato si una persona les teme. Y eso es porque detectan a distancia el olor de la adrenalina, algo que los humanos no somos capaces de hacer. Ahora bien, a corta distancia sí somos capaces de percibir ese cambio, aunque no lo asociamos de manera automática a esa sensación. Vayamos por partes. Cuando percibimos una señal de peligro, el cerebro manda señales al órgano que se encarga del nivel de energía del cuerpo y de prepararnos para actuar, el Sistema Nervioso Autónomo. Este libera dos hormonas: la adrenalina y la noradrenalina. El corazón se acelera para bombear más sangre que llegue rápidamente a los músculos y también aumenta la velocidad de la respiración para generar más oxígeno. Los músculos se tensan y estan listos para la acción. Gracias a este aporte extra de energía decimos que en situaciones de pánico el hombre es capaz de correr más rápido o levantar pesos que en condiciones normales no podría hacerlo. Del mismo modo, las pupilas se dilatan para que entre más luz. Los escalofríos, quedarse literalmente blanco, los mareos o la sequedad en la boca también son resultado de esta redistribución del flujo sanguíneo que afecta a todo nuestro organismo. Al llegar menos sangre a la piel, se vuelve más pálida y fría. También el cerebro se ve afectado por este recorte de la circulación y de ahí los problemas de visión, mareos o pérdida de equilibrio. Tenemos activados todos los mecanismos de alerta y los organismos que son supéfluos para este fin bajan su ritmo normal. Pero volvamos al olor. Cuando sentimos miedo, otro de los síntomas es un aumento de la transpiración; sudamos y es un sudor frío porque actúa a modo de termostato. Hay una sobreactividad y hay que evitar un sobrecalentamiento que podría llevarnos al colapso. De esta manera el Sistema Nervioso Automático enfría nuestro cuerpo y lo mantiene a la temperatura adecuada. Pero el efecto de la adrenalina hace que sea a toda máquina, y este exceso de actividad provoca que trabajen las dos glándulas que lo producen: las ecrinas (en todo el cuerpo, segregan un compuesto formado en un 99% por agua) y las apocrinas (en axilas, genitales y pecho, que segregan un líquido oeloso formado por proteínas, responsables del mal olor) y además en el proceso se rompen algunos capilares (que contienen citocinas, sustancias necesarias para la defensa del organismo). Esa mezcla resultante es el olor del miedo. Cuando son percibidas por otra persona, reconoce el estado de angustia y reacciona desarrollando el sentimiento de compasión y ayuda.
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