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Los nuevos desaparecidos

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Registrate y eliminá la publicidad! Los nuevos desaparecidos La idea del “monstruo” resulta particularmente útil para brindar a la imaginación humana un nombre, una figura, un contenido para aquello que resultaría, de otra forma, inimaginable. Lamentablemente, en lo que respecta a nuestra realidad cotidiana la perpetración de los peores crímenes por parte de “el monstruo” es una mentira. En un determinado momento, un señor respetable y con familia a cargo, que trabaja de traje y corbata sentado detrás de un escritorio, que quizás tenga como único vicio el fumar un cigarrillo después de cada comida o acompañar la sobremesa familiar con una copa de cognac, hizo la cuenta de que eliminar a los subhumanos, a los enfermos mentales, a los diversos degenerados que amenazaban el delirante proyecto de una raza superior, aria y pura, por los métodos propios de la milicia resultaba caro. Una bala por persona ( a veces más, teniendo en cuenta las veces en que había que dar “el tiro de gracia” ) era un método de matanza que comprometía seriamente los esfuerzos que estaba realizando la nación para imponer su orden al mundo. Las balas sirven para la guerra, aquí se trataba de asesinatos en masa. Y eso seguramente podía hacerse de una manera mas barata y eficiente. Uno de los “métodos” que se utilizaba era el de subir a los indeseables, grupo constituído en un principio por los enfermos mentales, a unos colectivos totalmente cerrados, llamados “camiones fantasma” en los que se inyectaban los gases del escape del mismo vehículo. Los “Special-Wagen” se utilizaron después para esa misma prestación de servicios en campos de concentración, para dar cuenta de los prisioneros que no podían trabajar: enfermos, ancianos y niños. Pero aún ésto era muy caro. Peor, era ineficiente. Muchas veces sucedía que algún miembro del pasaje seguía vivo a pesar de los gastos en combustible y horas hombre realizados, y debía ser ejecutado de un balazo ( además de antieconómico, éste sistema de balear gente implicaba un enorme desgaste psicológico para los que realizaban las ejecuciones, puesto que implicaba una relación personal entre asesino y víctima ). Finalmente, la investigación científica apoyada y sostenida por las pujantes empresas alemanas vino en ayuda de los genocidas y con la invención y el uso del gas venenoso “Cyclon B” puede decirse que el genocidio entró en su etapa industrial. Pero todo éste ciclo siniestro de elevación de la eficiencia de los asesinatos masivos no hubiera sido posible si no hubiera habido en cada momento previo a la toma de decisión alguno de esos señores que normales, de saco y corbata que hacían cuentas, firmaban informes, autorizaban gastos y asignaban partidas presupuestarias. Esos asesinos de escritorio, presentes en todo genocidio y en toda dictadura, rara vez eran castigados por la ley. Inclusive, muchos de ellos ni siquiera recibían el repudio moral de sus (des)semejantes. Aldous Huxley dijo en “Viejo muere del Cisne” que mientras mas lejos se encuentre uno del trabajo efectivo, mas dinero puede ganar: gana muchísimo mas el dueño de una cadena de locales de comidas rápidas que el imberbe que fríe las papas. Esa “ley” puede aplicarse casi sin cambios a la relación que existe entre el ensuciarse las manos con la sangre del asesinado y la cantidad de gente a la que se puede matar. Hacia fines del Siglo XX, el Capitalismo Industrial basado en la producción, en la invención, en la mano de obra cuya sede era la fábrica, fue dejando paso a otra forma de Capitalismo menos vinculado directamente a los objetos materiales y basado principalmente en la especulación financiera: el “ejército de desocupados de reserva” dejó de ser el medio natural y necesario para mantener bajo el precio de la fuerza de trabajo porque la misma fuerza de trabajo dejó de ser una preciada mercancía, al menos, de la misma manera en que lo era antes. Con el triunfo ideológico del neoliberalismo, los Organismos Internacionales de Crédito y sus agentes y representantes nacionales tomaron sobre sí la ingente tarea de continuar con el genocidio. Esa época podría ser conocida como la del apogeo de los asesinos de escritorio porque fueron ellos mas que los ejércitos los encargados de levarlo a cabo, y a niveles de pasividad y eficiencia nunca vistos antes. Tales fueron los alcances de su influencia y de su poder que podían condenar a una muerte tan segura como lo era un paseo en un Special-Wagen a generaciones enteras, sin tener ni siquiera la necesidad de declarar una guerra, bastaba simplemente con conseguir que los directivos de esos organismos les aprobaran un paper en el que constaran los detalles y alcances de algún Plan de Ajuste . Alejados moral y materialmente de sus víctimas, no tuvieron que tomarse el desgastante, laborioso y denigrante trabajo de pensar en las formas mas eficientes y efectivas de matarlos: ni siquiera tuvieron que pensar en matarlos, porque simplemente esas muertes se producían como “efecto colateral” de la aplicación de sus “recomendaciones para la estabilización y dinamización de la economía”. Sus métodos incluían el hambre, la peste, las enfermedades: aunque su idioma abstracto e indirecto jamás hacía referencia siquiera a los seres humanos concretos que padecían los efectos de sus recomendaciones, porque ellos simplemente “recomendaban bajar el nivel del gasto público”: sus agentes en cada una de las naciones bajo su influencia se ocupaban de llenar los espacios en blanco para cumplir con “los objetivos acordados”: tanto menos para Salud, tanto menos para Educación, tanto menos para Ayuda Social. Así, felices o apenas conformes con la conciencia del deber cumplido, los asesinos de escritorio ya ni siquiera se ensuciaban las manos, salvo con la tinta de sus lapiceras y no veían mas sangre que la que podía manar de las heridas que les producía el cortarse accidentalmente con algún papel. ¿ Y hoy ?. Creemos que esos tiempos nefastos están quedando atrás, definitivamente. Pero ¿ es tan así ?. “Pobreza” e “indigencia” son dos palabras que hacen referencia a los sectores mas vulnerables de nuestra población, a esos que nada tienen y que todo lo necesitan, a los que fueron y son las víctimas privilegiadas de los ”planes de ajuste” porque son los que mas dependen de la estructura social formal e informal, tanto del estado como de las redes de solidaridad que ellos mismos puedan tejer. En nuestra realidad, “pobreza” e “indigencia” no son conceptos vacíos definidos por economistas y sociólogos en sus estudios, sino que son condiciones vitales de personas reales y concretas: estar por “encima o por debajo de la línea de la pobreza” no es una cuestión menor; ser reconocido como “pobre” o “indigente” puede significar ser incluido o no en algún plan de ayuda social, en algún plan de ayuda alimentaria. Vivir o morir. Si algún pequeño y oscuro funcionario, y digo “pequeño y oscuro” en todo sentido, con toda la carga de sordidez, opacidad y mediocridad que tiene el término aplicado a una persona, decide que “la inflación de éste mes será del 0,5 %” en lugar de ser del 2 o del 3 o del 50 % o de lo que sea en realidad, le está diciendo a cientos o miles de personas que “no son pobres ni indigentes”, que no existen como tales, que están en un limbo, en una “zona fantasma” entre lo que en teoría deberían poder comprar para comer y lo que realmente pueden comprar para comer. En resumen, a esos “ni pobres ni indigentes”, a esos que se caen de la realidad sin que esa caída sea registrada por las estadísticas oficiales, pueden aplicárseles los dichos de otro infame criminal: “ mientras sea un desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”. ¿ Qué intelectual que se precie de tal puede aceptar que la intervención destructiva y bestial en el órgano estatal de registro de la realidad puede aceptar que se le diga en la cara que esa destrucción se produjo justificadamente porque los funcionarios y técnicos del INDEC estaban “entongados” con los bonistas ?. ¿ Los apoyadores críticamente perdieron intencionalmente y a sabiendas el “criterio”, base y fundamento de cualquier posibilidad de “crítica” ? O quizás hayan sufrido un tratamiento semejante al que los nazis daban a los indeseables y también los hayan hecho subir a un colectivo para bajarlos convertidos en cadáveres, porque un intelectual incapaz de crítica, un intelectual que supone que su peso está en su mero número es eso, un cadáver. Porque poco importa cuántos sean: 300 o 3.000 son lo mismo: montones de cadáveres, pilas de carne muda e inútil que en cualquier momento comenzará de lanzar su hedor insoportable. Hoy, poco antes de terminar de escribir ésto una patota del gremio burocrático y servil de empleados estatales ( por otra parte, el único gremio reconocido como tal por el estado nacional y popular ) destrozó parte de las instalaciones del INDEC. Quizás cuando termine de escribir el nefasto y cobarde enano moral y mental que los comanda haya devenido “ex funcionario”. No importa. El daño ya está hecho, y su ida nada garantiza, porque él es solamente un peón, o poco menos, dentro de un juego mucho mayor que lo supera. Y lamentablemente, la continuidad en la política de socialización de deudas privadas, disfrazada hoy de “defensa de la soberanía”, no permite avizorar mayores esperanzas. Aunque descuento que habrá, al menos, 600 manos vírgenes de callos que aplaudirán fervorosamente esa nueva conquista del gobierno nacional y popular. http://www.resistenciaydebate.com.ar/losnuevosdesaparecidos.htm?p=6
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