Cuando la Psicología Perdió su Trascendencia
Por: Jamt
Platón, en tiempos remotos, decía ya que el hombre es un ser con alma; objeto de controversia y mucho estudio por parte de nuevos intelectuales, esos que no estaban tranquilos sin encontrar una teoría que demuestre de manera objetiva lo que Platón profesaba. Sin embargo, él, hacía referencia a algo que va más allá de las apariencias; más allá de lo comprobable y palpable por nuestros sentidos. El alma es eso del hombre que no puede ser estudiado científicamente, porque es algo que trasciende las mismas propiedades de las leyes de nuestro mundo material; el alma, es eso del hombre que lo hace evolucionar y estar constantemente sujeto a cambios.
Antes, los estudiosos de la psicología, estaban seguros que estudiaban el alma; término comprometedor. Estudiar el alma significa ver lo que está detrás de todo lo manifiesto, estar conscientes de que todo lo que percibimos no es la totalidad de lo que podríamos percibir; estudiar el alma significa estar del lado de la trascendencia del hombre sobre todas las ciencias objetivas. Para poder estudiar el alma se necesita de una flexibilidad racional desarrollada; esto es así porque es la única manera de poder avanzar en el descubrimiento, sin fijarnos ni quedarnos estancados en lo que ya conocemos. Flexibilidad racional para que podamos desprendernos de lo que creemos como verídico, y así poder experimentar otras posibilidades, otras maneras de vida y percepción. Pero pareciera que nos fuimos por otro camino, uno que no conviene tanto…
Como era de esperar, los descubrimientos se fueron dando, pero nos emocionamos tanto que hicimos una modificación a la psicología en torno a esos descubrimientos. El principal es la conducta; por eso hoy en día se dice que la psicología es el estudio de la conducta. Tomamos un camino completamente objetivo, poco comprometedor; como si los psicólogos nos hubiéramos aburrido de la trascendencia. ¿Cómo descubrieron hechos fundamentales de la conducta humana? Primeramente tuvieron que romper esquemas mentales para luego descubrir el maravilloso mundo de la conducta humana. ¿Cómo romper esos esquemas? Pues, los orientales, aconsejan la meditación; generalmente son prácticas que aquietan la mente y nos hacen experimentar hechos que traspasan la línea de lo que acostumbramos. Son horas de práctica, y lleva varios meses e incluso años poder dominar el arte de la meditación; algo que no fue tan aceptado por estudiosos como Freud, el prefirió el camino más corto, ese que atenta contra la salud; la drogadicción. Todo hubiera sido color de rosas si fuera tan efectivo como la meditación, y mejor aún, si no dejara secuelas tan perjuiciosas. Freud por medio de su método rápido, llegó a descubrir hechos interesantes sobre la psiquis humana, pero era como dejar entrar a un ciego en campo abierto donde el espectáculo principal son los destellos de luces; Freud probó algunas gotas del cáliz de la trascendencia, pero su personalidad estaba basada en la objetividad, y peor aún, estaba bajo efectos de sustancias ilícitas; entonces, por así decirlo, era como un invitado a un espacio del aire de la sabiduría, pero él buscaba agua, tierra u otra “cosa” que pueda agarrar con sus manos y demostrar al mundo entero; comprobar y descubrir el por qué de las enfermedades mentales, era su objetivo. Se topó con que los humanos no somos simplemente lo que pensamos de manera consciente, descubrió (como hace miles de años atrás lo hicieron personajes importantes de nuestra historia, pero menos recordados) que el hombre también es un ser producto de influencias inconscientes y fenómenos instintivos que condicionan y avalan nuestra conducta. Hasta aquí, todo está bonito y puesto en el manto de la ciencia, pero, ¿qué pasa cuando queremos encontrarnos con otros estudiosos que incluso fueron más allá, y que ni siquiera tuvieron que utilizar sustancias ilícitas? Es decir, se encaminaron de manera completamente lúcida hacia descubrimientos también fundamentales y que aclararían mejor las cosas, esas que el psicoanálisis de Freud complicó. Así entonces, hablando un poco más de historia, cerca del año 1900, el psicoanálisis de Freud ha sido otro dogma más de los que que surgían a causa de la creciente corriente ateísta, personas que ya no creían en sus religiones pero que se acostumbraron a creer en algo, se vieron tentadas a agarrarse a este tipo de corrientes cuasi-filosóficas. No había quién se atreva a contrarrestar lo que Freud había descubierto (o mejor dicho, lo que había creído descubrir), persona que pensaba diferente, simplemente era repudiada del círculo de psicoanalistas de aquéllos años de dogmatismo enmascarado. Han sido tiempos de reforzamiento del pensamiento científico, e incluso ahora mismo, se puede conocer personas que son fieles al cien por ciento de las teorías Freudianas, sin necesidad de poner en tela de juicio dichas teorías porque, por así decirlo, su percepción y manera de interpretar las cosas han sido sigilosamente e ingenuamente muy protegidos. Es así como la psicología dejó de lado todos los fenómenos incomprensibles para el raciocinio humano; ha creado fuertes teorías contra eso que va más allá de lo que comúnmente se experimenta. Por ejemplo, hoy en día, si hablas a un psicólogo de la comunicación telepática, visión remota, clarividencia, etc. Lo primero que hará, basándose de memoria en los estudios psicoanalíticos del siglo XX, será dar un diagnóstico tentativo a la llamada psicosis porque aseguraría que se tratan de simples alucinaciones; y si nos topamos con una persona que asegura experimentar lo descrito, más que seguro que será medicada, pero sería bonito que esas medicinas cumplan exclusivamente una función de anulación de sus supuestas alucinaciones, pero, desgraciadamente, esas medicinas aquietan ciertas funciones mentales en general (es por eso que los residentes del psiquiátrico parecen sonámbulos que ni fuerza tienen para caminar, porque les anulan funciones mentales que están relacionadas con sus supuestas alucinaciones y otras manifestaciones incomprensibles para un humano común) Lamentablemente, en realidad, no existe cura para esas supuestas enfermedades, y lo que se trata de hacer es frenar o adaptar de cierta manera al “delirante”; es un hecho que por demás nos hace dar cuenta que algo anda mal con la psiquiatría más que todo; es urgente revolucionar sus teorías y estudiar un poco más sobre la existencia humana y su conducta. Retomando el ejemplo, la telepatía sería interpretada como un signo de trastorno, pero, ¿quien nos dice con certeza que la telepatía no es realmente posible? Personalmente, nunca he conocido a alguien con telepatía, pero sé que hay estudios al respecto. Siendo prácticos, mandar a personas que suponemos trastornadas al psiquiátrico quizás sea un desperdicio total de nuevos descubrimientos. Ciertamente, hay personas que están muy mal, personas que perdieron contacto con la realidad y están, como se dice, perdidas; pero hay casos que dejan mucho por desear, casos que reflejan la incapacidad humana por tratar con fenómenos que son un reto para nuestro raciocinio y capacidad de descubrir, podríamos ir más allá de lo que suponemos como verídico; considerar ciertas cosas como posibles y mejor aún, como objetos de estudio, cosas que pueden aprenderse, cosas de las que podemos obtener ventajas para nuestras sociedades.
Un dato interesante… un estudioso de las teorías de Freud, uno que también estudió otras corrientes científicas y filosóficas del mundo, empezó y más propiamente dicho… tuvo la valentía de ver las flaquezas del psicoanálisis Freudiano, y se sustentaba en bases más lógicas y “reales” de lo que es la psiquis humana. Estamos hablando del Suizo Carl Jung; un psiquiatra psicólogo que no quiso menospreciar la sabiduría ancestral de los budistas y otras corrientes orientales. Estuvo sumergido en el auge del psicoanálisis, pero este hombre tenía más claridad mental y menos tendencia al apego dogmático; características que lo impulsaron a reformar las teorías Freudianas. Gracias a este señor, quienes de verdad estamos interesados en saber más acerca de la psicología, podemos retomar teorías ancestrales que nos hacen dar cuenta que ciertamente el hombre no solo tiene una realidad; Jung, hacía referencia a la supraconsciencia y a la evolución de la consciencia del hombre; la supraconsciencia es una especie de conexión entre todos los seres vivientes y el mundo que nos rodea; es un hecho que tienta a observarlo como metafísico, pero ha sido estudiado desde tiempos remotos por miles de corrientes religiosas, filosóficas, psicológicas, etc. La evolución de la consciencia del hombre, presenta rasgos que actualmente serían interpretados como “extraños” El problema de este re-descubrimiento, para el psicoanálisis Freudiano, es que dejaría mucho qué desear de las teorías ya impartidas por Freud, que solo han fortalecido la manera materialista de ver los hechos de nuestra realidad.
Está en nosotros ser personas más simples, con más flexibilidad racional y menos prejuicios que nos apartan del camino del descubrimiento, y más aún, del camino de la evolución que es lo más natural que hay en esta existencia. Tenemos muchas teorías, muchas maneras de interpretar las cosas; pero tenemos que estar conscientes de que siempre habrá más, y que todo lo que conocemos ahora podría ser completamente refutado en un abrir y cerrar de ojos. Estar conscientes de esto y actuar en consecuencia, es ir más allá de las apariencias.
Antes, los estudiosos de la psicología, estaban seguros que estudiaban el alma; término comprometedor. Estudiar el alma significa ver lo que está detrás de todo lo manifiesto, estar conscientes de que todo lo que percibimos no es la totalidad de lo que podríamos percibir; estudiar el alma significa estar del lado de la trascendencia del hombre sobre todas las ciencias objetivas. Para poder estudiar el alma se necesita de una flexibilidad racional desarrollada; esto es así porque es la única manera de poder avanzar en el descubrimiento, sin fijarnos ni quedarnos estancados en lo que ya conocemos. Flexibilidad racional para que podamos desprendernos de lo que creemos como verídico, y así poder experimentar otras posibilidades, otras maneras de vida y percepción. Pero pareciera que nos fuimos por otro camino, uno que no conviene tanto…
Como era de esperar, los descubrimientos se fueron dando, pero nos emocionamos tanto que hicimos una modificación a la psicología en torno a esos descubrimientos. El principal es la conducta; por eso hoy en día se dice que la psicología es el estudio de la conducta. Tomamos un camino completamente objetivo, poco comprometedor; como si los psicólogos nos hubiéramos aburrido de la trascendencia. ¿Cómo descubrieron hechos fundamentales de la conducta humana? Primeramente tuvieron que romper esquemas mentales para luego descubrir el maravilloso mundo de la conducta humana. ¿Cómo romper esos esquemas? Pues, los orientales, aconsejan la meditación; generalmente son prácticas que aquietan la mente y nos hacen experimentar hechos que traspasan la línea de lo que acostumbramos. Son horas de práctica, y lleva varios meses e incluso años poder dominar el arte de la meditación; algo que no fue tan aceptado por estudiosos como Freud, el prefirió el camino más corto, ese que atenta contra la salud; la drogadicción. Todo hubiera sido color de rosas si fuera tan efectivo como la meditación, y mejor aún, si no dejara secuelas tan perjuiciosas. Freud por medio de su método rápido, llegó a descubrir hechos interesantes sobre la psiquis humana, pero era como dejar entrar a un ciego en campo abierto donde el espectáculo principal son los destellos de luces; Freud probó algunas gotas del cáliz de la trascendencia, pero su personalidad estaba basada en la objetividad, y peor aún, estaba bajo efectos de sustancias ilícitas; entonces, por así decirlo, era como un invitado a un espacio del aire de la sabiduría, pero él buscaba agua, tierra u otra “cosa” que pueda agarrar con sus manos y demostrar al mundo entero; comprobar y descubrir el por qué de las enfermedades mentales, era su objetivo. Se topó con que los humanos no somos simplemente lo que pensamos de manera consciente, descubrió (como hace miles de años atrás lo hicieron personajes importantes de nuestra historia, pero menos recordados) que el hombre también es un ser producto de influencias inconscientes y fenómenos instintivos que condicionan y avalan nuestra conducta. Hasta aquí, todo está bonito y puesto en el manto de la ciencia, pero, ¿qué pasa cuando queremos encontrarnos con otros estudiosos que incluso fueron más allá, y que ni siquiera tuvieron que utilizar sustancias ilícitas? Es decir, se encaminaron de manera completamente lúcida hacia descubrimientos también fundamentales y que aclararían mejor las cosas, esas que el psicoanálisis de Freud complicó. Así entonces, hablando un poco más de historia, cerca del año 1900, el psicoanálisis de Freud ha sido otro dogma más de los que que surgían a causa de la creciente corriente ateísta, personas que ya no creían en sus religiones pero que se acostumbraron a creer en algo, se vieron tentadas a agarrarse a este tipo de corrientes cuasi-filosóficas. No había quién se atreva a contrarrestar lo que Freud había descubierto (o mejor dicho, lo que había creído descubrir), persona que pensaba diferente, simplemente era repudiada del círculo de psicoanalistas de aquéllos años de dogmatismo enmascarado. Han sido tiempos de reforzamiento del pensamiento científico, e incluso ahora mismo, se puede conocer personas que son fieles al cien por ciento de las teorías Freudianas, sin necesidad de poner en tela de juicio dichas teorías porque, por así decirlo, su percepción y manera de interpretar las cosas han sido sigilosamente e ingenuamente muy protegidos. Es así como la psicología dejó de lado todos los fenómenos incomprensibles para el raciocinio humano; ha creado fuertes teorías contra eso que va más allá de lo que comúnmente se experimenta. Por ejemplo, hoy en día, si hablas a un psicólogo de la comunicación telepática, visión remota, clarividencia, etc. Lo primero que hará, basándose de memoria en los estudios psicoanalíticos del siglo XX, será dar un diagnóstico tentativo a la llamada psicosis porque aseguraría que se tratan de simples alucinaciones; y si nos topamos con una persona que asegura experimentar lo descrito, más que seguro que será medicada, pero sería bonito que esas medicinas cumplan exclusivamente una función de anulación de sus supuestas alucinaciones, pero, desgraciadamente, esas medicinas aquietan ciertas funciones mentales en general (es por eso que los residentes del psiquiátrico parecen sonámbulos que ni fuerza tienen para caminar, porque les anulan funciones mentales que están relacionadas con sus supuestas alucinaciones y otras manifestaciones incomprensibles para un humano común) Lamentablemente, en realidad, no existe cura para esas supuestas enfermedades, y lo que se trata de hacer es frenar o adaptar de cierta manera al “delirante”; es un hecho que por demás nos hace dar cuenta que algo anda mal con la psiquiatría más que todo; es urgente revolucionar sus teorías y estudiar un poco más sobre la existencia humana y su conducta. Retomando el ejemplo, la telepatía sería interpretada como un signo de trastorno, pero, ¿quien nos dice con certeza que la telepatía no es realmente posible? Personalmente, nunca he conocido a alguien con telepatía, pero sé que hay estudios al respecto. Siendo prácticos, mandar a personas que suponemos trastornadas al psiquiátrico quizás sea un desperdicio total de nuevos descubrimientos. Ciertamente, hay personas que están muy mal, personas que perdieron contacto con la realidad y están, como se dice, perdidas; pero hay casos que dejan mucho por desear, casos que reflejan la incapacidad humana por tratar con fenómenos que son un reto para nuestro raciocinio y capacidad de descubrir, podríamos ir más allá de lo que suponemos como verídico; considerar ciertas cosas como posibles y mejor aún, como objetos de estudio, cosas que pueden aprenderse, cosas de las que podemos obtener ventajas para nuestras sociedades.
Un dato interesante… un estudioso de las teorías de Freud, uno que también estudió otras corrientes científicas y filosóficas del mundo, empezó y más propiamente dicho… tuvo la valentía de ver las flaquezas del psicoanálisis Freudiano, y se sustentaba en bases más lógicas y “reales” de lo que es la psiquis humana. Estamos hablando del Suizo Carl Jung; un psiquiatra psicólogo que no quiso menospreciar la sabiduría ancestral de los budistas y otras corrientes orientales. Estuvo sumergido en el auge del psicoanálisis, pero este hombre tenía más claridad mental y menos tendencia al apego dogmático; características que lo impulsaron a reformar las teorías Freudianas. Gracias a este señor, quienes de verdad estamos interesados en saber más acerca de la psicología, podemos retomar teorías ancestrales que nos hacen dar cuenta que ciertamente el hombre no solo tiene una realidad; Jung, hacía referencia a la supraconsciencia y a la evolución de la consciencia del hombre; la supraconsciencia es una especie de conexión entre todos los seres vivientes y el mundo que nos rodea; es un hecho que tienta a observarlo como metafísico, pero ha sido estudiado desde tiempos remotos por miles de corrientes religiosas, filosóficas, psicológicas, etc. La evolución de la consciencia del hombre, presenta rasgos que actualmente serían interpretados como “extraños” El problema de este re-descubrimiento, para el psicoanálisis Freudiano, es que dejaría mucho qué desear de las teorías ya impartidas por Freud, que solo han fortalecido la manera materialista de ver los hechos de nuestra realidad.
Está en nosotros ser personas más simples, con más flexibilidad racional y menos prejuicios que nos apartan del camino del descubrimiento, y más aún, del camino de la evolución que es lo más natural que hay en esta existencia. Tenemos muchas teorías, muchas maneras de interpretar las cosas; pero tenemos que estar conscientes de que siempre habrá más, y que todo lo que conocemos ahora podría ser completamente refutado en un abrir y cerrar de ojos. Estar conscientes de esto y actuar en consecuencia, es ir más allá de las apariencias.