Para responder a la pregunta debemos partir inexorablemente del primer autor inteligible por medio del cual la sociedad occidental ha hecho de la muerte óntica de Dios parte de la tradición moral, social y personal.

Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?
(La Gaya Ciencia)



El Hombre Loco:

Dicho hombre, frenético o loco, cierta mañana se deja conducir al mercado. Provisto con una linterna en sus manos no dejaba de gritar: «¡Busco a Dios!» Allí había muchos ateos y no dejaron de reírse. Los descreídos, mirándose con sorna entre sí, se decían: «¿Se ha perdido?» «¿Se ha extraviado?». Y agregaban: «Se habrá ocultado». «O tendrá miedo». «Acaso se habrá embarcado o emigrado». Y las carcajadas seguían. El loco no gustó de esas burlas y, precipitándose entre ellos, les espetó: «¿Qué ha sido de Dios?». Fulminándolos con la mirada agregó: «Os lo voy a decir. Lo hemos matado. Vosotros y yo lo hemos matado. Hemos dejado esta tierra sin su sol, sin su orden, sin quién pueda conducirla... ¿Hemos vaciado el mar? Vagamos como a través de una nada infinita». Y en tono interrogativo y con énfasis prosiguió afirmando que nos roza el soplo del vacío, que la noche se hace más noche y más profunda, y que se torna indispensable encender linternas en pleno día. Manifestó que se oye a los sepultureros enterrando a Dios, agregando que tal vez tengamos que oler el desagradable tufo de la putrefacción divina, pues, naturalmente, los dioses también se pudren. Y siguió diciendo que lo más sagrado y lo más profundo se ha desangrado bajo nuestro cuchillo, preguntando, al mismo tiempo, si se podría encontrar un agua capaz de limpiar la sangre del cuchillo asesino. E inmediatamente puso en duda que la grandeza de este acto fuera propiamente humana. Y entendía que toda la posteridad se agigantaba con la magnificencia de este acto. Se puso colérico y echó al suelo su linterna y creyó reconocer que se había metido muy precozmente entre los hombres. Intuía que los oídos humanos no estaban todavía preparados para escuchar tales verdades. Porque el rayo, el trueno, la luz de los astros, y los actos heroicos de los hombres requieren su tiempo para arribar. Y este último acto mencionado se encuentra más lejos que los actos más lejanos. Los hombres nada saben de ellos y son ellos los que han cometido el acto.
Dicen que el loco ese día penetró en varias iglesias y entonó un requiem æternam deo. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?».




Por "Dios ha Muerto", se pueden entender dos cosas, discutibles a su tiempo. En primer lugar, que el sistema moral de occidente, basado en el cristianismo se ha derrumbado. Esta afirmación se basa en que la moral cristiana (fundamentada en la existencia de la verdad objetiva) ha sido relativizada por las encrucijadas poskantianas y ya no es más un sistema necesario, es lo que Heidegger en una reseña sobre Nietzsche y la muerte de Dios denominaría como el "fin del platonismo y de los valores nihilistas ancladas en lo suprasensible", es decir, el "fin de toda filosofía que se sostenga en un principio que no pertenezca al campo visual humano (a aquello que por naturaleza es capaz de percibir). En segundo lugar, se puede tomar la afirmación de forma literal, pero la verdad es que a Nietzsche no le importa el olvido que llamaríamos "racional" de Dios. Para Nietzsche, el olvido de Dios, es más un dogma sustentado en la voluntad de poder. Es decir, si mi poder (de convicción, oratoria, monopolio) es mayor al del otro orador, tengo la razón no por mis argumentos sino en la medida en la que logre imponer mi punto de vista. La voluntad conformaría la verdad desde Nietzsche.

Voy a atacar fuertemente el primer sentido en el que se puede tomar la frase "Dios ha Muerto", el segundo sentido lo retomaré en otro post desde la fenomenología trascendental.



Si existe Dios, ¿por qué existe el mal?

¿Si es un Dios amoroso, misericordioso y bondadoso, porque permitió el sufrimiento de los judíos, católicos y otros opuestos al régimen nazi? Incluso puedo formular la pregunta para que sea más cercana a tí: "Si existe Dios, ¿Por qué me ha tocado una situación tan miserable o deprimente o injusta...?

El sufrimiento, antes relacionado a la muerte por cuanto el sufrimiento del hombre (el sufrimiento humano) comienza con la caída de Adán; se torna por Jesucristo en fuente de vida. Eso que llamamos "sufrir" tiene un sentido. En primer lugar tiene un sentido personal: gracias al sufrimiento somos capaces de doblegarnos, reconocer nuestra imperfección y ser humildes. El sufrimiento transforma a las personas en seres que son, cada vez más, capaces de amar. Sin el sufrimiento y heridos por nuestra naturaleza, esto es, inclinados por defecto al pecado, terminaríamos necesariamente revolviéndonos en la miseria de la soberbia en su más alto grado. El hombre sólo será capaz de amar verdaderamente al trascender su yo, esto es, abandonando algunos de sus intereses o necesidades en búsqueda de la felicidad del que se ama. El amor no puede superar su dimensión animal hasta que los que se aman superen su egoísmo, esto no se puede hacer sin el sufrimiento.

En segundo lugar, el sufrimiento nos asemeja a Jesucristo:

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?"(San Marcos 8:34-39)

En tercer lugar, el sufrimiento nos hace humanos. No existe felicidad verdadera sin sufrimiento y algo como una vida hedonista llena de placeres y sin contrariedades no existe. La vida humana, el anhelo vital, el querer vivir, el amor por la vida es en su sentido más puro y significativo un amor del sufrimiento. Es parte de nuestro ser el sufrir.

Por último, el sufrimiento puede ser aprovechado por Dios para conceder gracias especiales, ya he hablado de esto previamente: http://www.taringa.net/posts/info/16867860/Preso-en-el-campo-nazi-de-Dachau-Dios-le-envio-un-angel.html



De esta forma, el Dios bondadoso y misericordioso, no está muerto. Son las falsas concepciones de Dios las que pueden llevar a una persona a considerar su muerte.

Debemos hablar naturalmente, de las implicaciones metafísicas de la muerte de Dios. Ese "Dios está vivo" significa que el mundo trascendente, el cielo, el infierno, los ángeles, lo preternatural y lo sobrenatural son necesarios para sostener el mundo que podemos percibir.

Para el hombre que cree, se hace imposible que la realidad tal y como se presenta (inteligible y misteriosa) se sustente por sí misma. Su inteligencia le hace cuestionamientos que le llevan a abandonar la seguridad de su campo visual dentro del cual permanece en un primer momento. Su inteligencia le obliga a decidirse por el todo en contraposición a la nada. Su inteligencia le incita a trascender la nada que le rodea, el nihilismo al cual se ve lamentablemente sujeto. Si el hombre estuviera destinado a revolverse en su miseria, no le importaría, al fin y al cabo, que su vida no tenga sentido y que su existencia no fuera más que un ¿favorable? accidente. Pero el hombre , como diría Rousseau, tiene sentimientos y anhelos universales, el hombre tiene en su alma un profundo anhelo de ser feliz, ese ser feliz implica corresponder su vocación, amar y ser amado.


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