Escrito por: Lic Ramón D. peralta Vaya manera de mutilar la mas procaz hermenéutica, quizás sea hora de servirle un café, o convidarlo con un whisky. Según algunos amigos, debería comprender mas la interpretación que sobre si mismo hacen los lectores habitué de la web. Tal vez deba evitar la arbitrariedad y mis limitaciones para entender de una buena vez, que los hábitos mentales del lector de internet, siempre centra su mirada en las cosas mismas, mas que en los textos. Si bien no me animo a ratificar nada, he notado que cada uno de nosotros, siempre que nos acercamos a un texto hallado en alguna página web o blog, lo hacemos desde un proyecto a priori, es decir con alguna idea preconcebida de lo que allí podemos o queremos encontrar. A medida que profundizamos la lectura, ese proyecto va variando y se va reformulando según la interpretación, en la medida que nos vaya convalidando o alterando nuestra pre-elaboración intelectual. Cuando un escrito es de tipo filosófico, este proceso puede prolongarse al infinito, pues es difícil poder afirmar que hemos dado la interpretación última y definitiva. Así es como un buen escrito, aunque a prima facie no tenga muchas visitas, se comportará como los buenos vinos, quienes hacen del añejamiento la mejor metáfora para la ocasión. La mayoría de las personas que ya se han familiarizado con el hedonismo literario (me incluyo) que provee internet, tiene una conciencia moldeada según la experiencia. Este know how, básica y guturalmente le dice a nuestra conciencia que somos parte de una cadena de eventos causalístos de la historia, so que estamos insertos plenamente en la cultura e historia de nuestro tiempo y lugar, en tanto y en cuanto, plenamente formados por ellas. Así es como solemos interpretar que un texto, cuando nos resulta interesante, comprende una amalgama de nortes y horizontes, donde el lector y mas propiamente el estudioso, encuentra la vía o válvula de escape que la historia introyectada del texto articula en relación con nuestro propio trasfondo cultural e histórico. Explicado de otra manera, cuando uno descubre una hermenéutica que nos identifica, aunque se oponga o agreda nuestra arquitectura ontológica, empírica y dogmática, ese escrito tendrá valor al transportarnos al maravilloso mundo de la reflexión, pensamiento puro y meditación. Porque en definitiva, la verdad no necesita de método, solo de vocación, actitud, consciencia y espíritu. Los buenos escritos, prescinden de ostentaciones declamativas y programáticas, so si bien lo hay, no presume de un nuevo método hermenéutico de interpretación de textos, sino que estimula al lector a que edifique uno propio. Un buen lector intenta de manera contumaz hacer una descripción introspectiva de lo que hacemos permanentemente cuando interpretamos cosas, incluso desconociendo que dicho proceso de interpretación se está produciendo. Claro que no es lo mismo el lector argentino, que un lector estadounidense, pues todo individuo pertenece a una sociedad y por lo tanto está inmerso dentro de una cultura, idiosincracia y tradición especial o distinta, éstas a la vez configuran en él una serie de autocensuras y prohibiciones que le permiten entenderse de tal o cual manera dependiendo de su contexto y su momento histórico, so de allí que cada lector tenga su realidad ontológica, espitémica e historia diferente según sus prejuicios, heurística o sesgos cognitivos. Un texto no es malo ni bueno, quizás deberíamos usar el epíteto "útil" por la positiva, y de la negativa mejor no "perogrullar". Dice mi amigo Tito que: "en internet un texto útil (exitoso) es aquel que fue leído en plenitud". Esto, aunque parezca fútil, tiene asidero o no, toda vez que resulta (por ahora) imposible cerciorar cuantos lectores leyeron efectivamente con atención el texto de punta a punta. En lo personal, sospecho que la valía de un texto radica en los sentimientos que acompaña la mente, y el tipo de respuesta que genera, sean estos performativos, deductivos, inductivos, abductivos, epidícticos, estocásticos, holísticos, etc. La metafísica mas arbitraria, pone al literato y al lector en dimensiones diferentes, puesto que mientras el primero arranca desde el instinto y la intuición, el segundo lo hace desde la razón y el escepticismo. Sin embargo ambos se conducen en inconsciente una vez que se pusieron en contacto. La filosofía la elucubra el filósofo pero la racionaliza el lector, uno sin el otro no existen, sociedad ésta, que redunda en importantes beneficios para la posteridad. Escribir es fácil, leer pensando y profundizando es otra cosa. No son pocas las veces en que un exégeta o comentarista, termina enriqueciendo un texto con ideas e interpretaciones que ni el mismo autor tuvo en cuenta originalmente. En otras palabras, si un texto sirve como disparador de una devolución de inteligencia emocional del lector, se puede sentenciar que ha sido de utilidad. Otro componente aleatorio es el tácito e invisible vínculo que establece el autor con el lector, consagrando al texto como el puente o portal cosmogónico que une a personas ignotas solo con la imaginación, el alma y los pensamientos. Explicado con cursilería, es la amistad virtual que nace entre el escritor y el lector, merced al amor en común por ese texto que identifica a ambos, y que no por virtual deja de ser real, pues lo único verdadero y trascendental son los sentimientos. También recuerden que leer es como el coito, si hay variedad, originalidad y sorpresa dentro de un mismo texto, mucho mejor. Por hoy suficiente.
¿Qué espera encontrar de un escritor de Taringa?
Datos archivados del Taringa! original
102puntos
442visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos: