InicioInfoSiempre hay una primera vez
Registrate y eliminá la publicidad! ¿Cuándo apareció el primer anuncio o se escribió la primera carta personal? ¿Quién hizo la primera cesárea o realizó la primera transfusión de sangre? Para todo tiene que haber una primera vez y aunque a menudo es complicado asegurar con certeza la fecha exacta de algunos acontecimientos, vamos a descubrir algunas. El primer anuncio escrito del que se tiene constancia data del 3.000 ad.C. Fue en Tebas y en él, Hapu “el tejedor” ofrece una recompensa a quien le devuelva a Shem, un esclavo suyo que ha huido. El anuncio se conserva en el British Museum y se le conoce como “El papiro de Shem”. Dice así: “Habiendo huido el esclavo Shem de la casa de su amo, Hapu “el tejedor”, invita a todos los buenos ciudadanos de Tebas a encontrarle. Es un hombre de bastante estatura, robusto y de ojos castaños. Se ofrece media pieza de oro a quien dé información y una pieza de oro a quien lo devuelva a las tiendas de Hapu, “el tejedor”, donde se tejen las más bellas telas, a gusto de cada uno.” Nótese la habilidad del tal Hapu, pues además de la recompensa por el esclavo, aprovecha y mete una cuñita sobre las bondades de su negocio. La primera carta de índole personal que se conserva data alrededor del año 2.400 ad.C. La carta forma parte de las llamadas cartas de Amarna y aunque en su mayoría son de carácter burocrático entre el faraón y sus siervos, también las hay personales como la de un soldado egipcio que entre comentarios personales y familiares, también se queja de la mala calidad de los uniformes. El primero que enarboló la típica bandera pirata fue Emmanuel Wynne en el año 1700. En ella, además de la calavera y los dos huesos cruzados, se podía ver un reloj de arena. Según cuentan, venía a significar que si tardabas demasiado en rendir tu barco, podía significar tu muerte. La primera transfusión de sangre con cierto éxito la realizó el médico de la corte de Luis XIV, Jean-Baptiste Denys. En 1667 inyectó cerca de un cuarto de litro de sangre de cordero a un joven que se encontraba agonizante. Aunque el chaval sobrevivió unos pocos días, terminó falleciendo. El doctor por esto fue acusado de asesinato. - La primera persona que realizó una cesárea y que su nombre ha llegado hasta nuestros días fue el suizo Jakob Nufer en el año 1500. De profesión castrador de cerdos, a Jakob no le quedó más remedio que echarle imaginación y coraje cuando su mujer se puso de parto y el asunto se complicó. Siguiendo métodos parecidos que los que relizaba con sus cerdas, consiguió sacar adelante a su mujer y a un niño que tuvo una vida sana y murió de viejo a los 77 años. Aunque parezca imposible, no será hasta el siglo XX que se pudo decir oficialmente que habían nacido seres humanos en todos los continentes del planeta y es que la Antartida nunca había visto surgir vida humana (al menos que se sepa). Fue en 1978 cuando en una base Argentina de la Antártida nació Emilio Marcos Palma, el primer humano nacido en el continente blanco. El primer restaurante en el sentido moderno del que se tiene noticia abrió sus puertas en Paris en el año 1765. Fue un mesonero llamado Boulanger quien abrió una casa de comidas donde colgó un letrero que rezaba así: “Venite ad me omnes qui stomacho laboratis et ego vos restaurabo” “Venid a mí todos los que tenéis molestia en el estómago y yo os restauraré.” Desde entonces las casas de comida se conocen como restaurantes y a los cocineros como restauradores. Pocos saben que el primer libro impreso en el mundo con tipos móviles metálicos procede de Corea y es ochenta años anterior a la Biblia de Gutenberg. En julio de 377, los religiosos Seokcan y Daldam utilizaron tipos móviles metálicos para imprimir el Jikji, un trabajo de su maestro, el monje coreano Beagun Hawsang, que en 1372 recopiló en dos volúmenes las enseñanzas esenciales del “Seon”. Este trabajo, que luego dio lugar al llamado budismo zen en Japón, es el ejemplo más antiguo de un libro producido con tipos metálicos móviles y en 2001 fue inscrito en el Registro Memoria del Mundo con el nombre de “Buljo jikji simche yojeol (vol. II).” El volumen que ha subsistido, conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, contiene sólo 38 páginas, en tanto que una versión completa de los 307 capítulos de la “Antología de las enseñanzas de los grandes sacerdotes zen” se conserva en una impresión hecha con tipo de madera en la Biblioteca Nacional de Corea. Esta obra religiosa, impresa en el antiguo templo Heungdeok-sa de la ciudad de Cheongju con fondos donados por la sacerdotisa Myodeok, es casi ochenta años anterior a la Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso en Europa utilizando los tipos móviles, una tecnología que perduró prácticamente intacta durante 350 años. En Europa, el descubrimiento de esta tecnología desencadenó toda una serie de cambios sociales y culturales, incluyendo la Reforma. En Corea existen indicios que permiten afirmar que esta técnica se utilizaba desde antes de 1377, aunque el trabajo de los impresores se ha perdido. El manuscrito Jikji permaneció en la colección de Collin de Plancy, encargado de negocios de la embajada de Francia en Seúl, hasta 1887. Vendido en una subasta en París en 1911, fue adquirido por el coleccionista Henri Véver, que, a su muerte en 1950, se lo donó a la Biblioteca Nacional de Francia, donde se conserva hoy. Primera vacuna La viruela fue la primera enfermedad que el ser humano intentó prevenir inoculándose a sí mismo con otro tipo de enfermedad. Se cree que la inoculación nació en la India o en China alrededor del 200 a. C. En China, a los pacientes que sufrían tipos leves de viruela se les recogían fragmentos de pústulas secas para molerlas hasta conseguir una mezcla con aspecto de polvo que luego se le introducía por la nariz, esperando que esto les inmunizara. En 1718, Lady Mary Wortley Montague informó que los turcos tenían la costumbre de inocularse con fluidos tomados también de casos leves de viruela. Lady Montague inoculó a sus propios hijos de esta manera. En 1796, durante el momento de mayor extensión del virus de la viruela en Europa, un médico rural de Inglaterra, Edward Jenner, observó que las recolectoras de leche adquirían ocasionalmente una especie de «viruela de vaca» o «viruela vacuna» (cowpox) por el contacto continuado con estos animales, y que luego quedaban a salvo de enfermar de viruela común. Efectivamente se ha comprobado que esta viruela vacuna es una variante leve de la mortífera viruela «humana». Trabajando sobre este caso de inoculación, Jenner tomó viruela vacuna de la mano de la granjera Sarah Nelmes. Insertó este fluido a través de inyección en el brazo de un niño de ocho años, James Phipps. El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela vacuna. Cuarenta y ocho días más tarde, después de que Phipps se hubiera recuperado completamente de tal enfermedad, el doctor Jenner le inyectó al niño infección de viruela humana, pero esta vez no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad. Fuente 1,2, 3
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