Registrate y eliminá la publicidad! 3.000.000 años, Australopithecus Si de alguien se puede decir que es el eslabón perdido, es del Australopithecus. Situados a medio camino entre el mono y el hombre, los miembros de esta especie podrían describirse como simios muy inteligentes, especialmente los que pertenecían a las familias garhi y africanus. Y aunque sus cuerpos eran muy similares en tamaño y aspecto al de un chimpancé, ya tenían la facultad de caminar erguidos. Su cerebro tenía un volumen de unos 450 cm3, solo algo más que el de un chimpancé: 330 cm3. Pero ese pequeño plus de capacidad cerebral fue lo que les permitió dar un paso trascendental en la senda de la evolución con la elaboración de las primeras herramientas. 2.500.000 años, Homo Habilis Aunque su capacidad cerebral de 700 cm3 (más del doble que la de un chimpancé) le convirtió en la especie más inteligente de su tiempo, aún se encontraba muy lejos del ser humano actual. De hecho, su cuerpo era tan peludo como el de cualquier primate, sus extremidades tenían proporciones simiescas y su rostro mostraba todavía unas facetas claramente animales. Muchos autores piensan que carroñeaban, es decir, que no eran aún tan listos como para cazar con unas mínimas garantías de salir ilesos. Pero fueron lo suficientemente hábiles como para tallar unas piedras afiladas con las que espantaban y herían a los buitres y hienas que les disputaban los cadáveres, y que también les permitían descarnar a sus presas. 2.000.000 años, Homo Ergaster Artistas, viajeros, exploradores y padres cariñosos; así eran los miembros de esta especie. Si una máquina del tiempo nos brindara el privilegio de poder contemplarlos cara a cara, nadie en su sano juicio dudaría de que nos encontramos ya frente a auténticos seres humanos. Porque sus proporciones eran muy similares a las nuestras, su vello corporal se había reducido a la mínima expresión y su volumen cerebral alcanzaba los 900 cm3. Realizaron a pie grandes migraciones impensables para los homínidos que les precedieron, y fueron capaces incluso de construir balsas de madera con las que atravesaron el mar que separa Indonesia de la isla de Flores (donde, con el paso del tiempo, redujeron su tamaño y acabaron convirtiéndose en Homo floresiensis). Su enorme habilidad les permitió fabricar las herramientas con una gran precisión, y crearon piezas simétricas, talladas por ambos lados. Sin saberlo, Homo ergaster estaba realizando así las primeras muestras conocidas del arte humano. Pero su gran sensibilidad pudo manifestarse también (según algunas hipótesis) en una especie de cántico ancestral, similar a un ronroneo, que, sin articular palabra alguna, servía para consolar a sus crías. 1.000.000 años, Homo Antecessor Hace más de 800.000 años, por la sierra burgalesa de Atapuerca comenzó a deambular un ser cuya inteligencia y rostro ya estaban más cerca de nosotros. Pero tras ese rasgo aparentemente tranquilizador se escondía una criatura que practicaba el canibalismo. Parece atroz, pero si lo pensamos, veremos que no carece de sentido. La carne de homínido les facilitaba un aporte nutritivo excepcional en una época en la que cazar animales era una actividad tan peligrosa que podía costarles la vida a estos primitivos pobladores de la Península Ibérica. Por eso, no resulta extraño que no desperdiciaran la ocasión de devorar a un miembro de otra tribu cuando caía en sus manos. A fin de cuentas, la carne siempre es carne y, gracias a ella, este grupo humano salió adelante y evolucionó hasta convertirse en el antecedente directo de Homo heidelbergensis. 500.000 años, Homo Heidelbergensis La vanidad humana no es un invento de nuestra cultura actual. El Homo heidelbergensis ya era capaz de fabricar unas hachas tan grandes que eran imposibles de manejar con soltura, y cuya única utilidad posible parece ser la de exhibirlas ante los demás como si se tratara de meros símbolos de poder. Pero lo cierto es que estos antepasados tenían motivos para la presunción. Su cerebro, con un volumen de 1.100 cm3, ya se podía considerar similar al nuestro. Ese desarrollo les permitió fabricar herramientas muy sofisticadas. De hecho, se han descubierto tres venablos muy parecidos a las modernas jabalinas, en los que se comprueba que pusieron un exquisito cuidado en su construcción. Fueron hechos a partir de troncos de abeto, se les dio forma con minuciosidad y esmero, y en los tres se tuvo la precaución de dejar la parte más dura de la madera para realizar la punta del venablo. Pero los rasgos más trascendentales de esta especie son que ya poseían un lenguaje elaborado, que eran capaces de hacer música golpeando las estalactitas de las cuevas y que casi con total seguridad tenían ideas religiosas y creían en la vida después de la muerte. 300.000 años, Homo Neanderthalensis Hace Durante miles de años convivieron en el planeta dos especies humanas distintas: la nuestra (Homo sapiens) y el hombre de Neanderthal. Su lenguaje ya estaba bastante evolucionado, y tenía comportamientos “extravagantes”, como pintarse el cuerpo y enterrar a sus muertos, aunque algunos investigadores creen que lo hacían por imitar a sus “vecinos”, los sapiens. Quizá sea cierto, pero eso no impide que admiremos a estos seres que fabricaron instrumentos musicales y sofisticados trajes de piel para protegerse del frío de la glaciación. Habilidades portentosas que no lograron evitar su final, ya que se extinguieron hace unos 30.000 años. Actualmente Homo Sapiens Los neandertales desaparecieron, pero nosotros nos quedamos. Su cerebro había sido más grande, pero el nuestro evolucionó hasta hacerse más eficaz, y eso fue lo que nos dio ventaja sobre ellos. Gracias a esa superioridad mental, los sapiens fueron tal vez los primeros seres capaces de disfrutar de la belleza, y por eso crearon formas artísticas más avanzadas destinadas (aunque quizá tuvieran otras funciones) a producir un goce estético. Porque placer es lo que debieron sentir los primitivos “grafiteros” que llenaron las cuevas europeas de dibujos y grabados hace miles de años. El tamaño y las características de las manos de sus autores, impresas en la roca, llevan a deducir que quizá fueran jóvenes de no más de 16 años. Un fósil de Homo habilis Encontrado por Mary Leackey en Olduvai (Tanzania). Esta especie tenía el cráneo más redondeado que sus antecesores, los Australopithecus. Australopithecus afarensis Cráneo de una niña de la misma especie que vivió en Etiopía hace unos 3,3 millones de años. Parecidos Este fósil hallado en Francia demuestra que los neandertales eran parecidos a nosotros. Miguelón Este cráneo del yacimiento de Atapuerca fue bautizado así en honor de Miguel Induráin. El niño de Turkana Este cráneo perteneció a un chico que medía 1,6 m y que murió ahogado. Si hubiera llegado a adulto, su aspecto habría sido similar al de la imagen inferior. comido por sus congéneres Las marcas del cráneo del “Niño de la Gran Dolina” demuestran que fue descarnado para devorarlo. Miles de años Mucho tiempo separan a este cráneo de la última foto del reportaje, pero poca diferencia hay entre este cráneo de sapiens y el de Einstein. Fuente Comentar es agradecer!!!
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