Un Atomo en el Universo.
Extracto de la conferencia “El Valor de la Ciencia”, por Richard P. Feynman
He pensado acerca de estas cosas tantas veces en soledad que espero me disculpen si les recuerdo algún pensamiento de los que estoy seguro que todos han tenido -o este tipo de pensamientos- el cual nadie pudo haber tenido en el pasado, porque la gente no tenía la información que hoy tenemos nosotros acerca del mundo.
Por ejemplo, yo me paro a la orilla del mar, solo, y comienzo a pensar. Ahí están las olas precipitándose, montañas de moléculas, cada una estúpidamente encargándose de lo suyo, billones de ellas, y así al unísono formando la espuma blanca. Período tras período, antes de que cualquier ojo pudiera ver, año tras año, estruendosamente golpeando la orilla como lo hacen en este momento. ¿Para quién, para qué? En un planeta muerto, sin vida que entretener. Nunca en reposo, torturadas por la energía prodigiosamente desperdiciada por el sol.
Luego, en lo profundo del mar, todas las moléculas repiten los patrones de unos y otros hasta que algunas nuevas y complejas se forman. Crean otros como ellos y comienza una nueva danza. Creciendo en tamaño y en complejidad, los seres vivos, las masas de los átomos, el ADN, las proteínas. Bailando en un patrón cada vez más intrincado.
Ya fuera de la cuna del mar y en tierra firme, aquí están de pie, unos átomos con conciencia, una materia con curiosidad parada frente al mar, una maravilla maravillándose.
Yo, un universo de átomos y un átomo en el universo.
Extracto de la conferencia “El Valor de la Ciencia”, por Richard P. Feynman
He pensado acerca de estas cosas tantas veces en soledad que espero me disculpen si les recuerdo algún pensamiento de los que estoy seguro que todos han tenido -o este tipo de pensamientos- el cual nadie pudo haber tenido en el pasado, porque la gente no tenía la información que hoy tenemos nosotros acerca del mundo.
Por ejemplo, yo me paro a la orilla del mar, solo, y comienzo a pensar. Ahí están las olas precipitándose, montañas de moléculas, cada una estúpidamente encargándose de lo suyo, billones de ellas, y así al unísono formando la espuma blanca. Período tras período, antes de que cualquier ojo pudiera ver, año tras año, estruendosamente golpeando la orilla como lo hacen en este momento. ¿Para quién, para qué? En un planeta muerto, sin vida que entretener. Nunca en reposo, torturadas por la energía prodigiosamente desperdiciada por el sol.
Luego, en lo profundo del mar, todas las moléculas repiten los patrones de unos y otros hasta que algunas nuevas y complejas se forman. Crean otros como ellos y comienza una nueva danza. Creciendo en tamaño y en complejidad, los seres vivos, las masas de los átomos, el ADN, las proteínas. Bailando en un patrón cada vez más intrincado.
Ya fuera de la cuna del mar y en tierra firme, aquí están de pie, unos átomos con conciencia, una materia con curiosidad parada frente al mar, una maravilla maravillándose.
Yo, un universo de átomos y un átomo en el universo.