El hallazgo de restos de dinosaurios comienza con la búsqueda en rocas de la era mesozoica que,
en el caso de la provincia del Neuquén, corresponden en su mayor parte al período cretácico.
Una vez halladas las primeras evidencias, se procede a limpiar la superficie del terreno y delimitar
los bordes del fósil. Posteriormente, se excava a su alrededor hasta llegar a una estructura en
forma de ‘hongo’ en cuya parte superior se encuentra el material fosilizado; el sedimento circundante hace de contención parcial (figura 2).

FIGURA 2
Luego de liberar los restos de la mayor parte de la roca, se construye el denominado ‘bochón’, que se emplea para facilitar el traslado de los fósiles hacia el laboratorio y evitar que se fracturen.
Este se realiza cubriendo el fósil con papel húmedo, vendas embebidas en yeso y refuerzo de hierros que se cubren nuevamente con yeso (figura 3).

FIGURA 3
De esta manera, se obtiene una estructura lo suficientemente rígida y firme que permite que el hueso llegue a destino sin daños. En muchos casos, el transporte del bochón es un problema para el paleontólogo y su equipo, porque si bien algunos bloques pueden pesar unos pocos kilos otros llegan a sumar varias toneladas. En el laboratorio se procede a la limpieza y preparación más minuciosa del fósil tratándolo de separar de la roca (figura 5).

Este trabajo se realiza con pequeñas herramientas, como tornos neumáticos que son de gran precisión y evitan que se desprendan restos de material fósil en el preparado. Una vez limpio, este material puede comenzar a ser estudiado y así se determinará a qué especie pertenece y qué particularidades presenta; los resultados obtenidos son comunicados a toda la comunidad científico-paleontológica en diferentes eventos y publicaciones
relacionados con esta temática.
en el caso de la provincia del Neuquén, corresponden en su mayor parte al período cretácico.
Una vez halladas las primeras evidencias, se procede a limpiar la superficie del terreno y delimitar
los bordes del fósil. Posteriormente, se excava a su alrededor hasta llegar a una estructura en
forma de ‘hongo’ en cuya parte superior se encuentra el material fosilizado; el sedimento circundante hace de contención parcial (figura 2).

FIGURA 2
Luego de liberar los restos de la mayor parte de la roca, se construye el denominado ‘bochón’, que se emplea para facilitar el traslado de los fósiles hacia el laboratorio y evitar que se fracturen.
Este se realiza cubriendo el fósil con papel húmedo, vendas embebidas en yeso y refuerzo de hierros que se cubren nuevamente con yeso (figura 3).

FIGURA 3
De esta manera, se obtiene una estructura lo suficientemente rígida y firme que permite que el hueso llegue a destino sin daños. En muchos casos, el transporte del bochón es un problema para el paleontólogo y su equipo, porque si bien algunos bloques pueden pesar unos pocos kilos otros llegan a sumar varias toneladas. En el laboratorio se procede a la limpieza y preparación más minuciosa del fósil tratándolo de separar de la roca (figura 5).

Este trabajo se realiza con pequeñas herramientas, como tornos neumáticos que son de gran precisión y evitan que se desprendan restos de material fósil en el preparado. Una vez limpio, este material puede comenzar a ser estudiado y así se determinará a qué especie pertenece y qué particularidades presenta; los resultados obtenidos son comunicados a toda la comunidad científico-paleontológica en diferentes eventos y publicaciones
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