Por Emiliano Salvucci
“Pero ahora admito que en ediciones anteriores de mi "Origen de las especies" probablemente atribuí demasiado a la acción de la Selección Natural o a la supervivencia de los más aptos... Antes no había considerado de manera suficiente la existencia de muchas estructuras que no son ni beneficiosas ni dañinas; y creo que ésta es una de las mayores omisiones hasta ahora detectadas en mi obra”. (Darwin, 1859)
El planteamiento clásico “darwinismo o creacionismo” como únicas alternativas a la explicación al origen de las especies es una discusión que solo les favorece a estas dos posturas a fin de eludir una verdadera discusión científica. La rígida ortodoxia darwinista no admite críticas, y ante cualquier intento de iniciar un debate científico muchas veces se es etiquetado de creacionista, impidiendo cualquier discusión. Plantear esta dicotomía solo sirve a estas dos posturas que se parecen más de lo que aparentan.
La completa aceptación del darwinismo como teoría unificadora de la biología puede hoy ser cuestionada. El continuo avance de los descubrimientos científicos ha llevado a muchos investigadores a reconsiderar la teoría dominante, llamada Teoría Sintética de la evolución (también conocida como síntesis moderna, integra el mecanismo de selección natural de Charles Darwin, la genética de Gregor Mendel como base de la herencia biológica, la mutación aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones matemática). La teoría sintética atribuye a cambios aleatorios en el material genético, la fuente de variación (todo ocurre por el más completo azar) generando cambios en las especies seleccionadas de manera gradual. Dicho de otra manera, es entendida como la supervivencia selectiva basada en una reproducción diferencial asociada con rasgos hereditarios.
En primer lugar es importante destacar que es un error igualar los términos evolución y darwinismo: la evolución es un hecho comprobado, en tanto que el darwinismo es una teoría que pretende explicar la evolución basándose en la selección natural. La evolución, el proceso observable a partir del registro fósil, era un hecho conocido mucho antes de Darwin. Entre los naturalistas que habían dedicado sus estudios a la evolución se puede mencionar fundamentalmente a Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, Chevallier de Lamarck, reconocido naturalista francés fundador de la biología, que elaboró la teoría de la evolución más estructurada de la época, una teoría coherente sobre la transformación y sentó los fundamentos de la epigénesis y la interacción organismo-ambiente derivada del mecanismo de adaptación. En su libro Filosofía Zoológica, de 1809, fue el primero en consolidar una teoría evolutiva. También es necesario menocionar a Georges-Louis Lecrec, conde de Buffon, Frédéric Gerard, Agassiz, Geoffroy Saint Hilaire, Von Zittel, Von Baer, Tremaux (al que Darwin consultó muchísimo y nunca lo citó), Wallace, quien escribió a Darwin exponiendo el concepto de selección natural, etc.
Basado en la selección artificial citando ejemplo de los granjeros que mejoraban sus especies domésticas seleccionando los caracteres deseados, Darwin, subgraduado en teología, planteó que la selección natural causaría la diversidad observada en la naturaleza. Estos argumentos venían a contradecir la idea de la estasis de las especies sostenidas por la iglesia y algunos naturalistas. Pero ni Darwin asociaba esto con el proceso evolutivo.
La selección natural rechazada por muchos naturalistas de la época, incluido el propio Huxley, llamado el bulldog de Darwin (fue quien enfrentó al Obispo Wilberforce en un famoso debate), continúa siendo la piedra angular de la teoría dominante. Pero este concepto es tan maleable, tan indefinido, tan confuso, que adquiere una versatilidad asombrosa. Es proceso, mecanismo, fuerza, consecuencia, causa, diferencia de aptitud, la consecuencia de esa diferencia, etc. Y por si fuera poco, es una tautología, una verdad irrefutable porque es la supuesta explicación de algo mediante una perogrullada, la “explicación” o definición de algo mediante una ligera variación de palabras que tienen en conjunto el mismo significado ya conocido de lo supuestamente explicado. En el caso de la selección natural el postulado de que solo unos pocos sobreviven, va acompañado de que sobreviven los más aptos. Es decir, sobreviven los más aptos para sobrevivir, porque sobrevivir implica que no todos lo hacen; sobrevivir implica aptitud para sobrevivir y sobreviven precisamente porque son los más aptos. Es un razonamiento circular que no representa ningún avance de conocimiento. Un libro que trata esto es el de Fernando Vallejo, llamado “La tautología darwinista”. El reconocido epistemologo Karl Popper, crítico del darwinismo, afirmó que la evolución por selección natural no es refutable y, por lo tanto, no es una teoría científica
El éxito de la teoría darwiniana es debido al libre mercado. Se gestó a partir de los conceptos y la visión (capitalista, neoliberal) malthusiana de que las enfermedades y la escasez de alimento actúan como reguladores de la población favoreciendo a los mas aptos en una continua lucha por la vida. Darwin escribió su libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” (1859) basado en la teoría de Malthus y en las expresiones de Herbert Spencer: “como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene que haber forzosamente, una lucha por la existencia (…) Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza a la Naturaleza” (Darwin, 1859). Darwin estuvo influido y ligado a las políticas de laissez faire, propulsadas por Adam Smith, que proponían la menor intervención estatal (se postulaba hasta dejar de crear escuelas) a fin de que “naturalmente” se elimine a los desposeídos mediante una libre competencia. La mano invisible del mercado se recreó en la Biología, a partir de Darwin, como la mano invisible de la acientífica selección natural. Con ella se pretendió y se pretende explicar el complejo proceso evolutivo.
Existen numerosos libros, artículos y estudios de científicos anteriores a Darwin sobre evolución. Había mucho antes del “origen de las especies”, entre varios naturalistas, una aceptación del hecho evolutivo y la variabilidad de las especies. El éxito solo le correspondió a Darwin, menospreciando, tergiversando u ocultando los aportes de naturalistas anteriores. El libro de Darwin fue un record de ventas (1250 ejemplares en su primera edición) en gran medida debido a la segunda parte del título (la que generalmente se omite) en el cual la sociedad victoriana de la época encontró una infame explicación biológica a la explotación del hombre por el hombre y la existencia de seres “más aptos” o superiores. El concepto de raza superior era ahora justificado como “ley natural”. Del origen de las especies, el libro no echa la menor luz.
Incapaz de explicar los proceso fundamentales de la evolución y cuestionada por naturalistas de la época y a lo largo de la historia, la teoría darwiniana de la evolución menos aún puede explicar los descubrimientos actuales. Pasados 200 años de darwinismo, las pruebas evolutivas aportadas por la ontogenia, las aportadas por el registro fósil, por el evo-devo, las novedades morfológicas, los homeoboxes, la transferencia horizontal, la integración de genomas, la presencia en alto porcentaje de genes bacterianos y virales en los genomas eucariotas, la respuesta al ambiente y los fenómenos epigenéticos, los sistema autoorganizados, son algunos de los aspectos que conforman el cúmulo de conocimientos que no pueden ser explicados por la teoría de la competencia, la selección natural, las mutaciones puntuales y el azar darwinistas. La idea de la selección natural es poderosa por ser tan simple. Las remodelaciones embriológicas y genómicas que construyen la evolución no parecen estar para nada explicadas con la supervivencia de los mas aptos (los menos aptos también reproducen), y con ese escenario guerrerista en que hasta los genes compiten. Las sorpresas que trajo la secuenciación del genoma humano revelando la presencia de un 70% de genes bacterianos en nuestro cromosoma, el replanteo de la función de los virus en la evolución, considerado un nuevo dominio (junto a eucariotas, procariotas y arqueas) y la indefinición en la que cae la palabra gen dado que una secuencia de nucleótidos aislada y sin un contexto, no significa mucho, son algunos de los aspectos que no encajan en el dogma de mutación y selección.
En ese sentido, varios científicos, plantean la necesidad de reformular el paradigma. Ajustando la teoría a los hechos y no al revés, como han hecho los seguidores de Darwin, con metáforas forzadas, y razonamientos circulares, en una continuidad con las trampas lingüísticas a que acostumbra el darwinismo.
La evolución por selección natural no es una teoría científica. En primer lugar, es una tautología que no explica nada. La concepción darwinista con su cosmovisión y su defensa de un statu quo continúa presentando tristes semejanzas con la religión. La “explicación científica” ha sido utilizada por el mercado para justificar la explotación de los países “periféricos” o subdesarrollados” a causa del desarrollo ajeno. Convertir prejuicios culturales en conceptos científicos es el peor legado darwiniano. Es un paradigma con mucho de social y poco de científico.
Es tarea de la ciencia demostrar fehacientemente las causas del cambio evolutivo, el darwinismo con su carácter de dogma con escaso sustento en la realidad es un blanco fácil para el ataque creacionista. El dogmatismo, la rigidez del darwinismo, no permite espacio para el cuestionamiento. El fanatismo de los más ortodoxos representantes de la jerarquía darwiniana, que han reemplazado a dios por la todopoderosa selección natural (no hay pruebas que este ¿proceso, mecanismo, fuerza, diferencia de aptitud, teoría? pueda generar nuevas especies, ni las complejas organizaciones morfológicas que implica la evolución) lleva muchas veces a menospreciar la labor y las posturas de otros científicos. Una alternativa interesante la constituye la evolución por integración de sistemas complejos desarrollada por el biólogo Máximo Sandín, de la universidad autónoma de Madrid, que permite integrar los conocimientos actuales en una teoría más acorde con la naturaleza y los hechos reemplazando las falacias darwinistas. En el mismo sentido, el virólogo del Instituto Pasteur, Patrick Forterre, realiza un planteamiento similar al de Sandín, otorgándole un papel mucho más importante a los virus en el proceso evolutivo. Los virus son mucho más que la rígida interpretación darwiniana de partículas inertes, parásitos obligados y nefastos enemigos.
Para terminar, y para evitar un juicio apresurado de cualquier desprevenido, como científico quiero que se enseñe solo ciencia en las escuelas, que se separe absolutamente la iglesia del estado, que no se discuta con el creacionismo, que no es científico, pero que se pueda discutir científicamente con el darwinismo que arrastra enormes falacias desde su origen y que se ha mantenido durante tantos años resistiendo dogmáticamente las contradicciones que le planteaba la realidad, a fuerza de metáforas, razonamientos circulares, experimentos falseados (como el de la polilla del abedul) y una gran dosis de soberbia.
“Pero ahora admito que en ediciones anteriores de mi "Origen de las especies" probablemente atribuí demasiado a la acción de la Selección Natural o a la supervivencia de los más aptos... Antes no había considerado de manera suficiente la existencia de muchas estructuras que no son ni beneficiosas ni dañinas; y creo que ésta es una de las mayores omisiones hasta ahora detectadas en mi obra”. (Darwin, 1859)
El planteamiento clásico “darwinismo o creacionismo” como únicas alternativas a la explicación al origen de las especies es una discusión que solo les favorece a estas dos posturas a fin de eludir una verdadera discusión científica. La rígida ortodoxia darwinista no admite críticas, y ante cualquier intento de iniciar un debate científico muchas veces se es etiquetado de creacionista, impidiendo cualquier discusión. Plantear esta dicotomía solo sirve a estas dos posturas que se parecen más de lo que aparentan.
La completa aceptación del darwinismo como teoría unificadora de la biología puede hoy ser cuestionada. El continuo avance de los descubrimientos científicos ha llevado a muchos investigadores a reconsiderar la teoría dominante, llamada Teoría Sintética de la evolución (también conocida como síntesis moderna, integra el mecanismo de selección natural de Charles Darwin, la genética de Gregor Mendel como base de la herencia biológica, la mutación aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones matemática). La teoría sintética atribuye a cambios aleatorios en el material genético, la fuente de variación (todo ocurre por el más completo azar) generando cambios en las especies seleccionadas de manera gradual. Dicho de otra manera, es entendida como la supervivencia selectiva basada en una reproducción diferencial asociada con rasgos hereditarios.
En primer lugar es importante destacar que es un error igualar los términos evolución y darwinismo: la evolución es un hecho comprobado, en tanto que el darwinismo es una teoría que pretende explicar la evolución basándose en la selección natural. La evolución, el proceso observable a partir del registro fósil, era un hecho conocido mucho antes de Darwin. Entre los naturalistas que habían dedicado sus estudios a la evolución se puede mencionar fundamentalmente a Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, Chevallier de Lamarck, reconocido naturalista francés fundador de la biología, que elaboró la teoría de la evolución más estructurada de la época, una teoría coherente sobre la transformación y sentó los fundamentos de la epigénesis y la interacción organismo-ambiente derivada del mecanismo de adaptación. En su libro Filosofía Zoológica, de 1809, fue el primero en consolidar una teoría evolutiva. También es necesario menocionar a Georges-Louis Lecrec, conde de Buffon, Frédéric Gerard, Agassiz, Geoffroy Saint Hilaire, Von Zittel, Von Baer, Tremaux (al que Darwin consultó muchísimo y nunca lo citó), Wallace, quien escribió a Darwin exponiendo el concepto de selección natural, etc.
Basado en la selección artificial citando ejemplo de los granjeros que mejoraban sus especies domésticas seleccionando los caracteres deseados, Darwin, subgraduado en teología, planteó que la selección natural causaría la diversidad observada en la naturaleza. Estos argumentos venían a contradecir la idea de la estasis de las especies sostenidas por la iglesia y algunos naturalistas. Pero ni Darwin asociaba esto con el proceso evolutivo.
La selección natural rechazada por muchos naturalistas de la época, incluido el propio Huxley, llamado el bulldog de Darwin (fue quien enfrentó al Obispo Wilberforce en un famoso debate), continúa siendo la piedra angular de la teoría dominante. Pero este concepto es tan maleable, tan indefinido, tan confuso, que adquiere una versatilidad asombrosa. Es proceso, mecanismo, fuerza, consecuencia, causa, diferencia de aptitud, la consecuencia de esa diferencia, etc. Y por si fuera poco, es una tautología, una verdad irrefutable porque es la supuesta explicación de algo mediante una perogrullada, la “explicación” o definición de algo mediante una ligera variación de palabras que tienen en conjunto el mismo significado ya conocido de lo supuestamente explicado. En el caso de la selección natural el postulado de que solo unos pocos sobreviven, va acompañado de que sobreviven los más aptos. Es decir, sobreviven los más aptos para sobrevivir, porque sobrevivir implica que no todos lo hacen; sobrevivir implica aptitud para sobrevivir y sobreviven precisamente porque son los más aptos. Es un razonamiento circular que no representa ningún avance de conocimiento. Un libro que trata esto es el de Fernando Vallejo, llamado “La tautología darwinista”. El reconocido epistemologo Karl Popper, crítico del darwinismo, afirmó que la evolución por selección natural no es refutable y, por lo tanto, no es una teoría científica
El éxito de la teoría darwiniana es debido al libre mercado. Se gestó a partir de los conceptos y la visión (capitalista, neoliberal) malthusiana de que las enfermedades y la escasez de alimento actúan como reguladores de la población favoreciendo a los mas aptos en una continua lucha por la vida. Darwin escribió su libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” (1859) basado en la teoría de Malthus y en las expresiones de Herbert Spencer: “como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene que haber forzosamente, una lucha por la existencia (…) Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza a la Naturaleza” (Darwin, 1859). Darwin estuvo influido y ligado a las políticas de laissez faire, propulsadas por Adam Smith, que proponían la menor intervención estatal (se postulaba hasta dejar de crear escuelas) a fin de que “naturalmente” se elimine a los desposeídos mediante una libre competencia. La mano invisible del mercado se recreó en la Biología, a partir de Darwin, como la mano invisible de la acientífica selección natural. Con ella se pretendió y se pretende explicar el complejo proceso evolutivo.
Existen numerosos libros, artículos y estudios de científicos anteriores a Darwin sobre evolución. Había mucho antes del “origen de las especies”, entre varios naturalistas, una aceptación del hecho evolutivo y la variabilidad de las especies. El éxito solo le correspondió a Darwin, menospreciando, tergiversando u ocultando los aportes de naturalistas anteriores. El libro de Darwin fue un record de ventas (1250 ejemplares en su primera edición) en gran medida debido a la segunda parte del título (la que generalmente se omite) en el cual la sociedad victoriana de la época encontró una infame explicación biológica a la explotación del hombre por el hombre y la existencia de seres “más aptos” o superiores. El concepto de raza superior era ahora justificado como “ley natural”. Del origen de las especies, el libro no echa la menor luz.
Incapaz de explicar los proceso fundamentales de la evolución y cuestionada por naturalistas de la época y a lo largo de la historia, la teoría darwiniana de la evolución menos aún puede explicar los descubrimientos actuales. Pasados 200 años de darwinismo, las pruebas evolutivas aportadas por la ontogenia, las aportadas por el registro fósil, por el evo-devo, las novedades morfológicas, los homeoboxes, la transferencia horizontal, la integración de genomas, la presencia en alto porcentaje de genes bacterianos y virales en los genomas eucariotas, la respuesta al ambiente y los fenómenos epigenéticos, los sistema autoorganizados, son algunos de los aspectos que conforman el cúmulo de conocimientos que no pueden ser explicados por la teoría de la competencia, la selección natural, las mutaciones puntuales y el azar darwinistas. La idea de la selección natural es poderosa por ser tan simple. Las remodelaciones embriológicas y genómicas que construyen la evolución no parecen estar para nada explicadas con la supervivencia de los mas aptos (los menos aptos también reproducen), y con ese escenario guerrerista en que hasta los genes compiten. Las sorpresas que trajo la secuenciación del genoma humano revelando la presencia de un 70% de genes bacterianos en nuestro cromosoma, el replanteo de la función de los virus en la evolución, considerado un nuevo dominio (junto a eucariotas, procariotas y arqueas) y la indefinición en la que cae la palabra gen dado que una secuencia de nucleótidos aislada y sin un contexto, no significa mucho, son algunos de los aspectos que no encajan en el dogma de mutación y selección.
En ese sentido, varios científicos, plantean la necesidad de reformular el paradigma. Ajustando la teoría a los hechos y no al revés, como han hecho los seguidores de Darwin, con metáforas forzadas, y razonamientos circulares, en una continuidad con las trampas lingüísticas a que acostumbra el darwinismo.
La evolución por selección natural no es una teoría científica. En primer lugar, es una tautología que no explica nada. La concepción darwinista con su cosmovisión y su defensa de un statu quo continúa presentando tristes semejanzas con la religión. La “explicación científica” ha sido utilizada por el mercado para justificar la explotación de los países “periféricos” o subdesarrollados” a causa del desarrollo ajeno. Convertir prejuicios culturales en conceptos científicos es el peor legado darwiniano. Es un paradigma con mucho de social y poco de científico.
Es tarea de la ciencia demostrar fehacientemente las causas del cambio evolutivo, el darwinismo con su carácter de dogma con escaso sustento en la realidad es un blanco fácil para el ataque creacionista. El dogmatismo, la rigidez del darwinismo, no permite espacio para el cuestionamiento. El fanatismo de los más ortodoxos representantes de la jerarquía darwiniana, que han reemplazado a dios por la todopoderosa selección natural (no hay pruebas que este ¿proceso, mecanismo, fuerza, diferencia de aptitud, teoría? pueda generar nuevas especies, ni las complejas organizaciones morfológicas que implica la evolución) lleva muchas veces a menospreciar la labor y las posturas de otros científicos. Una alternativa interesante la constituye la evolución por integración de sistemas complejos desarrollada por el biólogo Máximo Sandín, de la universidad autónoma de Madrid, que permite integrar los conocimientos actuales en una teoría más acorde con la naturaleza y los hechos reemplazando las falacias darwinistas. En el mismo sentido, el virólogo del Instituto Pasteur, Patrick Forterre, realiza un planteamiento similar al de Sandín, otorgándole un papel mucho más importante a los virus en el proceso evolutivo. Los virus son mucho más que la rígida interpretación darwiniana de partículas inertes, parásitos obligados y nefastos enemigos.
Para terminar, y para evitar un juicio apresurado de cualquier desprevenido, como científico quiero que se enseñe solo ciencia en las escuelas, que se separe absolutamente la iglesia del estado, que no se discuta con el creacionismo, que no es científico, pero que se pueda discutir científicamente con el darwinismo que arrastra enormes falacias desde su origen y que se ha mantenido durante tantos años resistiendo dogmáticamente las contradicciones que le planteaba la realidad, a fuerza de metáforas, razonamientos circulares, experimentos falseados (como el de la polilla del abedul) y una gran dosis de soberbia.