En la noche de los sobrevalorados: Actores de Hollywood
Adam Sandler. Supuestamente, es uno de los grandes “talentos” de la comedia norteamericana. De hecho, está a punto de llegar a nuestras pantallas su próxima película, Desmadre de padre, donde comparte cartel con Andy Samberg. Sin embargo, según nuestra opinión, Sandler es uno de los actores más limitados, poco versátiles y mediocres de Hollywood. Puede que, en sus inicios, el rol de niño grande (apocado, estúpido y proclive a los ataques de ira) le sirviera a Sandler para refrescar el género de la risa, pero con el tiempo su humor grueso e indolente ha ido perdiendo gancho, hasta que el actor ha terminado convertido en una parodia de sí mismo. Una pena.
Johnny Depp. No lo negaremos, esta puede ser una inclusión realmente polémica. Lo cierto es que, por lo general, con Depp siempre tenemos la impresión de que se toma sus papeles con poca seriedad, tirando de histrionismo para ocultar su desgana: últimamente, sus películas (sobre todo en el caso de la saga de Piratas del Caribe, parecen el show del loco Depp. Su magnético atractivo le ha convertido en uno de los favoritos del público femenino, pero lejos quedan los tiempos del Depp más comprometido, excéntrico y personal: el de aquellas grandes películas que fueron Eduardo Manostijeras o Ed Wood.
Brad Pitt. En este caso, como en el de Depp, tenemos el corazón partido. Por un lado, hay que tener en cuenta el espectacular plantel de directores con los que ha trabajado el protagonista de El club de la lucha: David Fincher, Quentin Tarantino, los hermanos Coen, Terry Gilliam, Steven Soderbergh… Sin embargo, también es verdad que Pitt no ha dudado en sacar provecho de su atractivo físico para protagonizar películas mediocres y olvidables, prefabricadas para pescar al público femenino con el anzuelo de su magnetismo. Nos referimos a filmes como ¿Conoces a Joe Black?, Leyendas de pasión, Siete años en el Tibet, The Mexican o Sr. y Sra. Smith, donde conoció a su media naranja, Angelina Jolie. ¿Con qué Pitt os quedáis?
Shia LaBeouf. En este caso, el problema lo tenemos directamente con la ristra de directores que parecen convencidos del (inexistente) talento actoral de LaBeouf. Tenemos a Spielberg, que pensó que el chico podía tomar el testigo del gran Harrison Ford en la saga de Indiana Jones (ridículo); algo parecido pasó con Oliver Stone, que creyó que LaBeouf podía dar el tipo al lado de Michael Douglas en la segunda parte de Wall Street. Y hace poco hemos sabido que incluso Lars Von Trier se ha dejado embaucar por los aspavientos del siempre expansivo y excesivo LaBeouf. En fin.
Keanu Reeves. Junto a Steven Seagal, Reeves es uno de los miembros más destacados del “club de la inexpresividad”. Quizás por eso sus personajes suelen compartir un aire alicaído, lacónico. En cualquier caso, no se le puede negar a Keanu el don del oportunismo. Supo subirse al bus de la película Speed: Máxima potencia, uno de los mayores y más inesperados éxitos de los 90 (gracias al cual también se asentó en Hollywood Sandra Bullock), y luego aceptó interpretar al Neo de Matrix, un personaje que marcó a toda una generación de espectadores.

