EL PANORAMA POLÍTICO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA. Por Lic. Leonardo Innamorato
INTRODUCCIÓN
* Para el Dr. Etino Farías. Con gran afecto. Leo.
Hay una frase que dice “Si Kafka hubiese nacido en la República Argentina, sería seguramente un escritor costumbrista” lo cual refleja el estado de la política -representativa o no en el peor de los casos- que tiene un pueblo a la hora de confiar los asuntos de interés común a sus representantes. Es evidente de más está decirlo, que en la Republica Argentina -y demás países latinoamericanos-, hay una palpable crisis de representatividad, o en el peor de los casos, las instituciones en la Argentina dejan mucho que desear.
¡Cuantas veces escuchamos en el común de la gente quejas hacia los representantes! Como que… “Son todos unos corruptos” “son todos unos ladrones”; “habría que fusilarlos” o simplemente “yo no voto más” Y por supuesto algunas frases elaboradas de forma categórica y virtuosa como: “Los gobiernos y los políticos hacen al pueblo pobre y enfermo y luego les regalan un hospital bajo un lluvia de fuegos de artificios y aplausos lisonjeros que luego cambian el aplausometro a otros líderes” Temor me inspira estas frases porque no he de querer una sanguinaria revolución, una revuelta popular que se lleve vidas de por medio, enardecidas turbas sedientas de venganza o pseudos mesiánicos que dicen tener la solución ya sea por propia capacidad o inspiración divina. En la Argentina (los que pintan para canas) ya padecieron estos sobresaltos institucionales o utopías que fueron archivadas, o lavajes de cerebros haciendo que la gente cada vez se sienta menos comprometida con la política. ¡Pero la política como herramienta para moldear la sociedad!
El pueblo argentino ya sufrió bastante las consecuencias de nefastos planes económicos, represiones a mansalva, promesas incumplidas, terrorismos de Estado y terrorismo de extremas izquierdas… no obstante aún espera de sus representantes en la mayoría de los casos cuestionados, y si esto no fuese así en el peor de los casos venga un sistema donde nuestra constitución nacional, demás garantías y derechos se vea suprimida por un regímen totalitario de izquierda o de derecha.
Pero son los hombres que lamentablemente denigran a las instituciones, haciendo que cada vez más la política sea algo indiferente al ciudadano, o mala palabra. La corrupción, la ineficiencia y la falta de un proyecto integrador de País es un tema pendiente en la agenda de la política argentina… y eso que Maquiavelo, no conoció a nuestros políticos o son éstos sus fieles alumnos. Resulta muy difícil tratar de resumir en formato de una monografía presentar las variables políticas y mi visión critica y lo que para mi punto de vista debería ser la política en nuestro país, pero de alguna u otra manera, mi aporte hacia lo que uno, como futuro científico social, o al menos un actual “Decodificador de la realidad” he de contribuir de manera loable a una verdadera visión crítica, constructiva y superadora de la política. Aprovechando que entre la sociología y la política hay una delgada línea que las separa, haciendo compatibles las terminologías de las ciencias humanas además de tener mucho de sociología y una pizca personal de ironía.
Sépanme por ahí disculpar el inclinamiento personal que siento hacia las ideas liberales, por momentos conservadora, o en pocas palabras de centro-derecha; pero que toda idea o proyecto de país, todos lo tenemos y son afluentes a la hora de construir y mirar hacia delante. Representa un humilde y pequeño esfuerzo académico por presentar el desafío impuesto por la cátedra. Y quizás, personalmente no me quede siempre con la ilusión (que no sea una quimera) que la “política” -al igual que la “ciencia” - sea una valiosa herramienta para moldear la sociedad.
La Cultura Politíca en la República Argentina.
El presente trabajo pretende – modestamente - explicar la cultura política Argentina actual, como la debida clarificación del concepto remontándome un poco a la historia y a referencias de autores; Y lo trataré primero de manera genérica y luego aplicable a nuestro país. No pretendo explicar exhaustiva e intensivamente porque sería casi imposible debido al tiempo del seminario, y además porque es multicausal, pero lo aprendido e investigado, más la bibliografía estudiada, el sentido común, las observaciones y la original crítica bastará para tratar de exponer la temática en cuestión. Representa entonces un esfuerzo para lograr cumplir con los objetivos que me propuse.
La temática de dicha nota tratará dos variables de la política, concretamente la cultura política, a nivel macro y una consecuencia de ésta, la Crisis de representatividad desarrollada después de la Segunda Guerra Mundial, en nuestro país y que ésta crisis de representatividad, que muy en boga está en la agenda de la ciudadanía hacia los políticos. La justificación de esta fecha, implica asumir el impacto de la expansión de la cultura tecnológica y el desarrollo de las sociedades tecnocratitas que, como es sabido, han creado una situación mundial absolutamente inédita y todavía no consolidada. Por eso se habla de un “nuevo orden mundial”, a partir de una nueva manera de ver el mundo. Las respuestas políticas que tuvo la “intelligentsia” mundial, durante todo el proceso de consolidación de las sociedades nacionales, parece que resultan insuficientes para responder a los nuevos desafíos que ha creado la imparable expansión de la cultura tecnológica. Por eso, la terminación de la Segunda Guerra Mundial marca un hito fundamental en la cultura política mundial que está reclamando una nueva “perspectiva”, fijada, quizás, desde una “ucronía posible”.
En la presente exposición, precisamente, trataré de “ubicar” a la cultura política argentina en esa perspectiva temporal; es decir, desde una prospectiva, movilizada por la expansión de la cultura tecnológica, como forma de acercarse al presente desde un futuro (un método); de un futuro que, inexorablemente, hay que hacer porque el mismo no existe como realidad empírica e histórica.
Pero, antes de entrar en tema, tenemos que hacer algunas precisiones conceptuales que el “imaginario social” argentino suele asumir, inconscientemente, en forma equivocada o, al menos, confusa.
Se trata, concretamente, de la creencia generalizada, tanto “vulgar” (doxa) como “especializada” (episteme), que en la sociedad argentina actual no hay (todavía) una cultura política, -al igual que en su momento sostenía Marx que el proletariado no había desarrollado una verdadera “conciencia de clase”-. Esto es, sin lugar a dudas, o una posición ideológica negativa (consciente) o - con mayor probabilidad - un generalizado lugar común (inconsciente). Sin embargo, se trata de una creencia vigente y compartida, un tópico, al que se recurre, generalizadamente, con la naturalidad a que siempre invitan los lugares comunes. Ambas posiciones son radicalmente falsas.
Aquí, para la presente oportunidad, vamos a sostener que si, hay una cultura política en la sociedad argentina actual; por lo tanto, sólo se trataría de averiguar (explicar) cómo es esa cultura política, quién la define y cómo se expresa, que es otro problema. Pero se trata también de la creencia generalizada - tanto “vulgar” como “especializada” - de que la cultura política argentina actual es pobre, simple, primitiva, atrasada, e irracional porque no satisface las aspiraciones de “cierta” gente (elitismo), por una parte o - lo que es más común actualmente - por la otra, porque no respeta los principios y reglas fundamentales de la democracia, cayendo fácilmente en la demagogia emotiva. A ello se agrega, también, la creencia generalizada - tanto vulgar como especializada - de que la cultura política argentina actual es como es, por culpa de la dirigencia política a la que la ciudadanía la considera “incapaz” y “poco idónea”.
Como se advierte claramente, estas “creencias” están condicionadas ideológicamente; y por lo tanto, son parciales, subjetivas y dogmáticas. Al respecto dice Norberto Bobbio: “...dado que la ideología (y los idearios) es la falsa ciencia de aquellos que detentan el poder y se sirven del mismo para engañar al pueblo”. Por todo ello, en el presente trabajo vamos a transitar otro camino; por cierto, bastante riesgoso por lo cargado de “tópicos” y lugares comunes; pero, a la vez, más realista, más objetivo y más científico, por ser la función de la misma Ciencia Política o de la Sociología, precisamente la “...de desmitificar la ideología dominante (y los idearios) que impide la transformación de la sociedad, el salto cualitativo, el pasaje del reino de la necesidad al reino de la libertad” (N. Bobbio, Saggi sulla scienza política in Italia, Laterza, Roma-Bari, 1977).
Vamos a comenzar afirmando algunos principios teóricos que en el presente contexto actuarán como premisas fundamentales. En primer lugar, afirmamos que las culturas políticas de las sociedades nacionales emergen, en cada caso, de sus estructuras sociopolíticas particulares; de ellas dependen y a ellas responden. Es la democracia liberal, precisamente, la que le dió el sustento político a las sociedades nacionales. Por lo tanto, la cultura política argentina actual va a depender de las estructuras sociopolíticas y culturales (empíricas e históricas) de la sociedad nacional, en general, y de sus regiones territoriales, en particular, las cuales - como sabemos - son variables políticas que se integran históricamente. Eso es lo único que permite hablar, por ejemplo, de la cultura política Argentina actual. Esta premisa está sostenida sólidamente por las conclusiones de la sociología del conocimiento, ya desde los tiempos de Karl Mannheim.
En segundo lugar, es válido afirmar también como una premisa - que la ideología prevaleciente de una sociedad nacional es la ideología de su clase dominante -(estrato). Esta premisa sobre las ideologías, la desarrolló Karl Marx a comienzos del siglo XIX, y la continuaron después una serie de autores (Durkheim, Pareto y, sobre todo, Max Weber); y, con la debida complementación dada por los teóricos posteriores a Mannheim, todavía tiene validez; es decir, todavía tiene cobertura explicativa.
En tercer lugar, afirmo - y esta es una hipótesis de trabajo, que necesita una clarificación, dada la confusión existente sobre los términos - que las ideologías y los idearios vigentes definen la cultura política de una sociedad nacional en general y de una región territorial en particular, por ser parte de la instrumentación teórica de la así llamada “clase política” En el presente contexto vamos a entender por ideología al sistema de ideas políticas que tiene el estrato dominante de una sociedad nacional o de una región territorial, por el hecho de ser, precisamente, estrato dominante; y vamos a entender por ideario al sistema de ideas políticas que tienen los estratos no dominantes, por el hecho de ser, precisamente, dominados.
Tanto las ideologías como los idearios son “asumidos” por la clase política como justificación de su posición dirigente. Por eso, las ideologías son ideas o creencias políticas conservadoras, y los idearios son ideas o creencias políticas innovadoras; mientras las ideologías tienden a conservar la estructura de dominación, los idearios buscan cambiarla. Sin embargo, lo que verdaderamente define a las ideologías y a los idearios es su visión parcial, condicionada, intelectualizada y dogmática de la realidad política, bajo la creencia sincera de postular una verdad absoluta y de afirmarse en una ética de la convicción - en el sentido Weberiano - que, como sabemos, no es la propia del político profesional. En este momento cabe recurrir nuevamente a Bobbio con una cita - que no por demasiado irónica es menos cierta - referida a los sostenedores de las ideologías y de los idearios; sus dichos giran “...entre la lección de los cínicos y el catecismo de los iluminados”.
Si escuchamos los discursos, opiniones o simples comentarios de los dirigentes, unas tres cuartas partes aproximadamente, particularmente juveniles y estudiantiles, y otras tres cuartas partes de partidos políticos democráticos como la Unión Cívica Radical y el Justicialismo, por mencionar a los dos históricamente más importantes, advierto la fuerte carga de resentimiento, prejuicio e ideologismo de izquierda que pesa abrumadamente sobre todos sus pensamientos y proyectos. Desde el antinorteamericanismo más cerril hasta la antiglobalización y otras fobias absurdas que forman parte cotidiana del paisaje ideológico de los argentinos, son una prueba de cómo por influencia de sus dirigentes el argentino medio se apasiona en la defensa de posiciones que lo perjudican como integrante de una sociedad libre.
Hechas estas afirmaciones - que no por demasiado cortas son menos importantes - trataremos de explicar la cultura política argentina actual; y esto implica - luego de las aclaraciones hechas y de las premisas fijadas - que concentramos el universo de nuestro estudio en las ideas políticas (ideologías-idearios) prevalecientes de la clase política de la sociedad argentina actual y, eventualmente, de las regiones argentinas actuales. Pero aquí nuevamente necesitamos hacer otras precisiones conceptuales a fin de evitar equívocos y falsas interpretaciones. Vamos a entender por “clase política” a la categoría nominal que agrupa a las personas que ocupan posiciones legítimas de poder dadas por las leyes (Constitución, códigos, leyes) y que asumen funciones de decisión (dirección) de carácter general y con validez nacional y/o regional (político).
La hipótesis que vamos a tratar de demostrar dice lo siguiente: “las ideas de la clase política actual en la sociedad argentina, están institucionalizadas en los partidos políticos que, divulgadas y vulgarizadas preferentemente, por los “mass-media”(medios de comunicación), conforman una cultura política generalizada que se define por los caracteres típicos de las ideologías y de los idearios actualmente vigentes; es decir: creencias, fundadas en convicciones salvíficas y prometeicas, ajenas a las necesidades reales de las sociedades nacionales actuales en general y de las regiones territoriales, en particular, (sociedades tecnocráticas) debido al imperativo racional que emerge del desarrollo del conocimiento científico (el racionalismo) propio del mundo occidental, que también racionaliza todas las estructuras sociales y políticas, y entre ellas, a la democracia.
Para demostrar lo afirmado, vamos a recurrir concretamente al discurso (lenguaje) de la clase política de los últimos años, especialmente el que emerge de las numerosas y últimas encuestas de opinión, de las publicaciones en los medios masivos de comunicación y en algunos ejemplos sintomáticos y significativos. Y así vamos a ver en los actores y en los contenidos, por una parte, la intencionalidad política del discurso y, por la otra, los efectos políticos de ese discurso. De esta manera se pone en evidencia el condicionamiento que tiene la cultura política argentina actual de las ideologías e idearios en boga en estos años, y - lo que también es importante para caracterizar la cultura política de un país - la “desconfianza” generalizada que tiene la ciudadanía argentina hacia su clase política, por considerarla “incapaz y poco idónea”, precisamente, por la distancia existente entre la promesa y la realización. Esto es lo que nos repiten las encuestas de opinión.
La Metodologia empleada.
A su vez, he tenido la oportunidad –siempre que puedo- de realizar investigaciónes empíricas sobre “La clase política en Santiago del Estero; su formación, su apoyo logístico, sus formadores de opinión y hasta su reclutamiento”, muchas de cuyas conclusiones sostienen la hipótesis mencionada anteriormente. De esa investigación surge - y esto es una novedad para divulgarla en la Universidad de Buenos Aires y en especial en su facultad de derecho y ciencias sociales - que la introducción de las ideologías y/o los idearios, con todas sus palabras y promesas (discurso), la hizo el ideólogo; es decir, el político “vocacional”, que en los últimos años desplazó de la clase política argentina al político “profesional”; es decir, desplazó al que se orienta por “el arte de lo posible” y no por la afirmación de principios. Ese discurso definió la formación y/o capacitación de la clase política argentina.
Lo importante de destacar es que buena parte de esa formación y/capacitación política la adquirió la clase política en las universidades en general y en las facultades de derecho y ciencias sociales en particular. Después de la década del cincuenta, esa formación y/o capacitación política estuvo fuertemente condicionada por las ideologías y/o los idearios; y lo sigue haciendo hasta el presente. Pero también afectó los mecanismos políticos (el estado, los partidos políticos, las asociaciones cívicas, etc.), ya que se partía, siempre, del “compromiso partidista”. Por eso se sostenía, en ese trabajo, que las “ideologías” y/o los “idearios” eran los principales responsables de que la clase política argentina actual fuera percibida por la ciudadanía como poco idónea e incapaz. Ante todo hay que mencionar, que entre nuestros intelectuales, no hay casi Liberales . Unos pocos son marxistas-leninistas-estalinistas; otros son socialistas de derecha (un nazi, un neonazi, un fascista y ciertos nacionalistas ultracatólicos, son socialistas de derecha, con notables coincidencias ideológicas con sus mortales enemigos de la izquierda), pero la mayoría profesa un ambiguo, desteñido y contradictorio socialismo de izquierda, aunque se autocalifiquen de independientes, peronistas o radicales.
Y eso se debió a que hizo prevalecer a los políticos-ideólogos sobre los políticos-profesionales.
Esta conclusión - por su alto nivel de generalidad - puede ser trasladada, sin afectar el sentido, a la formación de la cultura política argentina actual. Y puedo sospechar, sin mucho riesgo de equivocarme, que ese traspaso se ha generado en las universidades argentinas después de la década del 50’, que es, precisamente, cuando se introdujeron las viejas (para Europa) “ideologías” e “idearios”, con su crítica a la democracia liberal, en la cultura política argentina. Es el momento en que en la Argentina entra en crisis el Estado Liberal (“Laissez faire, laissez passer, le monde va lui méme”), ante su impotencia para canalizar los conflictos sociales que provocaba la aparición de las inmigraciones internas (las masas, en el sentido Orteguiano).
No estaría de más traer a la memoria lo que pasó en la Alemania de las décadas del 10’, del 20’ y del 30’, cuando se vio a la intelectualidad más refinada de Europa caer víctima de los “cantos de sirena” de las ideologías y/o de idearios salvíficos y prometeicos en boga, invocando una democracia igualitaria, racional y racionalizada, orientada por un nuevo Estado Social, mientras Hitler conquistaba lentamente el poder, y que fue legitimado por la sociedad Alemana ( no olvidemos que Hitler ganó las elecciones con cerca del 85%, vale decir a el pueblo muchas veces se equivoca al elegir. La frase “VOX DEI VOX PÓPULI” no siempre funciona). No hay que olvidar que sabemos, ya desde los tiempos de Aristóteles, que la única verdad en política es la realidad. Y esa intelectualidad perdió el sentido de la realidad. Creemos que el ejemplo alemán permite aclarar lo que pasó en la Argentina (y en toda Iberoamérica) durante las décadas del 50’, 60’ y 70’, precisamente en el momento en que Europa (y en los EE.UU.) se abandonaban esas ideologías y esos idearios. La realidad histórica (las sociedades tecnocráticas) las habían superado; la expansión de la cultura tecnológica no perdona.
Se podría resumir nuestro análisis diciendo que el tipo y las características de la cultura política argentina contemporánea provienen de la clase política, la que se formó y capacitó en las universidades argentinas en general y en las facultades de derecho y ciencias sociales en particular. Los datos son elocuentes: el 92% de la dirigencia argentina tiene estudios universitarios y cerca del 70% son abogados. ¡Para que nos sirvieron todos estos dispositivos jurídicos entonces! ¿Donde quedó la eficiencia? O sea que el Saber con el Poder no fueron correctamente de la mano. Antes preferiría a simples administradores del estado; a esa formación universitaria se agregaron los mecanismos originales que utilizaron las instituciones políticas y, en especial, los partidos políticos para seleccionar a su dirigencia por influencia de los compromisos con las ideas (ideologías e idearios: militancia, figuración, presencia social, activismo, etc.).
Esto es una consecuencia lógica de las hipótesis de las que hemos partido. Con ello, hemos explicado los mecanismos y los agentes formadores del tipo y características de la cultura política argentina actual; si se quiere, de los “responsables” directos (formadores, representantes) de la cultura política que tenemos actualmente. Pero todavía nos falta analizar y describir el “contenido” de esa cultura política que, de acuerdo con nuestras hipótesis, está conformada de las ideologías y/o idearios contestatarios de la democracia liberal. Para eso, voy a hacer un análisis -a medida de ejemplo- del discurso de la dirigencia política, a través de la función manifiesta (intencionalidad) y la función latente (efectos) de las palabras, ya que consideramos que él define el tipo y las características de la cultura política argentina actual: “... entre la lección de los cínicos y el catecismo de los iluminados”, como decía Bobbio.
La clase política argentina comenzó a manejar, después de la Segunda Guerra Mundial, un discurso dirigido a los sectores “más débiles” de la sociedad (los marginales, los carenciados, los pobres emergentes de las inmigraciones internas), con la promesa de hacerlos participar, igualitariamente, de los beneficios que ofrecía la expansión de la cultura tecnológica y el desarrollo de las sociedades tecnocráticas: un discurso que la clase política repitió, generalizadamente, durante más de cuatro décadas y que, quizás, todavía lo repite, aunque más cautamente (será - y esta es una pregunta marginal, pero importante - porque, por fin, ¿se volvió a los principios de la democracia liberal que hasta la década del 50’ tenían vigencia en la sociedad argentina?). Ese discurso, cargado de optimismo, fue divulgado y vulgarizado por los medios masivos de comunicación y que, después de la Segunda Guerra Mundial, ampliaron su poder de penetración social, especialmente con la expansión de la televisión. Ese discurso define actualmente - en nuestro concepto - el tipo y las características de la cultura política argentina y se caracteriza por ofrecer, en nombre de la justicia social, de la equidad ética, del crecimiento económico, del bienestar general, etc., un mundo mejor cargado de felicidad y bienestar, pero, sobre todo, fácilmente alcanzable. Siempre con una idea “salvífica” y “prometeica”. Con ello, el discurso político se llenó de “nuevas palabras”, elaborando un lenguaje emotivo y básicamente demagógico.
Veamos algunas frases y palabras: el facilismo, el pragmatismo, “Abrir las tranqueras” “El hombre es él y sus cirscuntancias” ;” De la casa al trabajo, y del trabajo al hogar”;… y algo que observo detenidamente, es la analogía en cuanto tomarse a la política o la contienda electoral como si fuese una guerra (note que las palabras “campaña”, “vamos a ganar la “batalla eleccionaria”; “el enemigo político”, etc. son frases autoritarias que nos sugieren fascismo, autoritarismo y que fue el legado de Perón para aportar estas frases que nuestros beneméritos políticos. Y es así que tras largos períodos de años, la ciudadanía argentina, por decirlo de alguna manera se terminó de acostumbrar a este tipo de frases, análisis idiosincrasia de la política, propia de los argentinos. En un sentido sociológico todo este andamiaje ideario, arraigado plenamente en la formación de dirigentes es una constante hasta nuestros días.
Y las repiten tantas veces sin darse cuenta, y cómo nos separan. Y por eso fuimos y somos un país de opositores, donde a la ciudadanía se ve obligada a optar por dos partidos tradicionales, sin importar –antes- los proyecto o las ideas. También la posibilidad de capacitación universitaria de los más débiles económicamente, debilitó la formación profesional de la dirigencia; el elitismo, como expresión de la injusticia social, debilitó la función de la dirigencia; el populismo, como ideario salvífico de los marginados, debilitó la conciencia de las clases sociales; la liberación, como superación de la opresión imperialista, debilitó los soportes de la conciencia nacional; la revolución, como promesa de un mundo mejor, debilitó la estabilidad y continuidad de las instituciones políticas; la dependencia, como explicación de una frustración histórica, debilitó la necesaria cooperación y solidaridad internacional; la seguridad nacional, como garantía de los valores de occidente, debilitó el estado de derecho; el orden, como principio garantizador de la autoridad, debilitó los derechos del ciudadano; el nacionalismo, como principio ordenador de los valores, debilitó la vigencia de los derechos humanos; el carisma, como justificación del liderazgo auténtico, debilitó la formación técnica de la dirigencia; el movimiento, como agente transformador de la historia, debilitó la función de los partidos políticos; la movilización, como expresión de una democracia participativa, debilitó la representatividad republicana; la rentabilidad, como juicio valorativo del éxito empresarial, debilitó el principio económico de eficiencia; la estabilidad, como garantía de los derechos del trabajador, debilitó la cultura del esfuerzo; el asistencialismo como función natural del estado, debilitó el sentido del servicio público; el democratismo, como sostén de toda la vida social, debilitó la función de las instituciones sociales; el liberalismo, como defensor único de las libertades políticas, debilitó los mecanismos institucionales de control; el igualitarismo, como presupuesto de la vida social, debilitó el valor del trabajo; etc., etc.
Entonces resaltaría: en éste ambiente, formóse la cultura política argentina y sus mediocres pastores encargados de llevar casi hasta en el borde del precipicio a sus mansas ovejas electorales. (El pueblo… inocente sin una verdadera cultura cívica y complaciente con las prácticas demagógicas de sus dirigentes)
La presente exposición de “palabras” utilizadas por la clase política argentina en las últimas cuatro décadas, altamente condicionadas por las ideologías y/o los idearios propios de la época y, por cierto, irrelevantes como respuestas a los desafíos de la expansión de la cultura tecnológica y al desarrollo de las sociedades tecnocráticas, son parte fundamental - y hasta definitoria - de la cultura política de la argentina actual. Esta cultura de la clase política argentina, como en todo el mundo, llega a la ciudadanía a través, fundamentalmente, de los medios masivos de comunicación que hacen de mecanismos de transmisión o enlace entre la clase política y la ciudadanía; ellos son los que “la divulgan y la vulgarizan”.
La característica fundamental de la cultura política argentina actual es su “condicionamiento” por el lenguaje o el discurso propio de las ideologías y/o los idearios,- o en el peor de los casos las llamadas “anteojeras ideológicas” que caen en meros reduccionísmos inelectualoides- de un tiempo superado por la expansión de la cultura tecnológica y el desarrollo de las sociedades tecnocráticas; como tal fue (y es) contestataria de la democracia liberal por considerar que el estado liberal era incapaz de canalizar los conflictos que creaba la aparición de las nuevas masas argentinas (las inmigraciones internas) aparecidas después del fin de la Segunda Guerra Mundial.
La experiencia europea y americana sobre la superación de esas ideologías y de esos idearios, no fue asumida por la clase política argentina; todo lo contrario, quiso hacer la misma experiencia confiándose en el valor de las palabras. Pero... ¿ésta es una responsabilidad propia y única de la clase política argentina (y latinoamericana)?; el hecho de que en la argentina es más fácil importar “ideas” que producirlas, ¿no traslada la responsabilidad de esa cultura política a otra “gente”? Cabe entonces preguntarse: ¿quiénes deben producir las ideas políticas: los políticos o los intelectuales? Me temo que la mayor responsabilidad sobre el tipo de cultura política que existe en la argentina actual sea, precisamente, de la “intelligentsia” argentina (intelectuales). Y aquí también cabe preguntarse: ¿qué responsabilidad tiene la universidad argentina en este fracaso de su “intelligentsia”?
Llegado a este punto, quizás cabría hacer una reflexión positiva buscando dar algunos principios ordenadores de lo que podría ser una “auténtica” cultura política. Mi impresión - y a fin de evitar las parcialidades que crean las ideologías y los idearios, a través de lo que nos pueden decir la ciencia política y, sobre todo, la sociología - es que hay que insertar a la cultura política en los “valores” definitorios de la sociedad nacional argentina, en tanto sociedad nacional. Esos valores son el resultado de un largo proceso de formación o de una construcción de eso que se llama la “identidad nacional”; en última instancia, es un resultado de la historia nacional. Por eso me atrevo a acumular “valores”, y por ende a la cultura, que la historia nacional ha ido creando, absorbiendo, integrando, paulatina y regularmente, a través de sus años de existencia. Eso me permite sostener que los valores fundamentales de la sociedad nacional argentina, a través de unos tópicos que no dejan de ser interesante. Esos tópicos son los siguientes:
* La concepción cristiana de la vida, que nos viene de la política hispánica.
* La concepción republicana del gobierno, que nos viene de la política de los próceres de la Independencia.
* El sentido federal, que nos viene de la política de los caudillos provincianos.
* La afirmación de las libertades cívicas, que nos viene de la política de los liberales.
* La defensa de la democracia representativa, que nos viene de la política de los radicales.
* La búsqueda de la justicia social, que nos viene de la política de los justicialistas. (Marcado hincapié en el asistencialismo, populismo y redistribución del ingreso)
Y algo similar sucede con el concepto muy de moda en estas latitudes “Crisis de representatividad” que he de aludir al descreimiento, la desconfianza y una especie de indiferencia que siente la ciudadanía hacia los políticos. Donde la función de sus representantes en el estado y sus respuestas para las soluciones de los problemas, no son las mejores. Eso puede ser, pero además lo que subyace es una cuestión de una crisis ética –más que moral- y hasta una incipiente Anomia colectiva.
Como sostiene el politólogo Rosendo Fraga, “la incapacidad el gobierno en, en primer lugar y la dirigencia política para generar un horizonte de que las cosas van a mejorar, son las causas del pesimismo que hoy muestra la sociedad argentina” sostiene el analista Rosendo Fraga. Y agrega que “sin un cambio de liderazgo político no se recuperará la credibilidad perdida”. Es decir que el prestigio de las instituciones está dañado, sin embargo algunas se salvan del naufragio, como ser la Iglesia, la prensa, las Fuerzas Armadas (en algunos casos, aunque el prestigio de éstas luego del proceso y la perdida Guerra de Malvinas, está debilitada), algunos empresarios etc. Pero no así el congreso, los sindicatos y los partidos políticos. Una encuesta revela que los partidos políticos vuelan muy bajo y que es necesario introducir grandes modificaciones en el sistema electoral que mejore la representatividad, dado que el sistema, ha fracasado. Un sector del Episcopado argentino, integrado por casi un centenar de Obispos reclama un cambio de actitud en la dirigencia, dado que sus declaraciones no han sido tenidas en cuenta. Y si vemos los indicadores de que porque tanta gente no vota, vemos el indicador más elocuente al verse la ciudadanía defraudada por los políticos. Me parece que un sistema más abierto que permita elegir directamente en forma uninominal por cirscupcripciones, combinando las listas partidarias en elecciones primarias, permitirá una mayor y mejor competitividad. Así mismo otra necesidad resulta resolver la transparencia en el financiamiento de los partidos políticos (al respecto nuestra constitución – última reforma del 94 – reconoce a los partidos políticos como “instituciones fundamentales para la democracia”, y contempla su financiamiento) Por ejemplo en Alemania, pueden presentarse candidatos independientes con sólo el aval de 200 ciudadanos de su distrito. Francia, Alemania e Italia han alcanzado un desarrollo extraordinario a partir de la reconstrucción de sus sistemas políticos. De esta manera la lucha política ha perdido su racionalidad, criterio y transparencia. Ejemplo no faltan en la política argentina sobre esta crisis, si candidatos sometidos a juicio por la política, detenidos se han presentado a Gobernador, y lo que es más grave, la gente los ha votado y estado a punto de consagrarlos gobernantes. Parecería según mi apreciación personal, que sin un orden político eficiente, sin un sistema electoral de amplia representatividad, el país no tendrá salida ni política ni económica. Las sucesivas crisis agotarán las energías de la Nación.
La frase “Las crisis que se niegan son las que no se pueden superar”. Es la más adecuada para este problema de falta de conexión de la clase política para con la ciudadanía.
"La gran superstición política del pasado era el derecho divino de los reyes; la gran superstición política de hoy es el derecho divino de los parlamentos", escribió Herbert Spencer.
Es preciso decir también que hubo entre ellos (la clase política- en el peor de los casos o que olvidamos forman parte de la sociedad civil, pero con el rol de gobernantes; y parece ser que un pactan entre ellos mismos, dando la espalda a la ciudadanía, siendo cómplice muchas veces la mismísima justicia. Y ejemplos no faltan en estas republiquetas, como ser en el Perú, con Fujimori, los escandalosos casos de corrupción en México de los 90 con Carlos Salinas de Gortari, Collhor de Mello en Brasil, el petitero “Gral. Lino Oviedo” en Paraguay con sus ambiciones de poder; el nunca bien ponderado Carlos Menem en nuestro país, (no me quiero olvidar de José Maria Bordaberri en los 70, en Uruguay, y su estrepitosa salida por presiones de sectores castrenses), y ni que hablar de nuestro vergonzante sistema feudal y nuestros dirigentes. (¿O será que ya no se recuerda la casa de gobierno provincial en llamas y lo que eso significó para todos?)
O sea que se logró convertir a la política “en una entidad abstracta alejada del común de la gente provistas de pedestales y estrados inalcanzables para el ciudadano, provistas de tediantes y tortuosos ministerios, laberintos sin salida-al igual que una tortuosa pesadilla Kafkiana-; provistas de Jueces que no dictan sentencia alguna; Provista de agobiantes gremios recaudadores en vez de expeditas soluciones para los trabajadores, provistas de maravillosos cuentos de hadas y reparto demagógico de dádivas y hasta las promesas de puestos en el acogedor Estado; expertos intelectualoides, bufones, y “opinators” que son encargados de realizar operaciones de prensa que son funcionales al gobierno, y encargados de persuadir y desalentar organizaciones de ciudadanos o novedosos partidos alternativos para la ciudadanía; expertos maestros de la burocracia y creadores de pizcas de Pan y Circo o entretenedoras cortinas de humo”.
Y los elencos estables lamentablemente son los mismos. Y con razón en todo esto ¡el pueblo está harto de estar harto! La Meca de las incongruencias históricas: la cultura política argentina. Habría que pensar en tipos como Aristóteles cuando nos enseña en su “Alegoría de la caverna” la luz existe. Para que la política sea beneficioso de una vez por todas y para que deje de ser una casta o decisiones manejadas por clanes. Entonces a medida de conclusión, fruto de una ardua observación y formación a lo largo de mis jóvenes años, diría: “El hombre es el lobo del hombre” “cuando los ricos se pelean sólo los pobres mueren”. Entonces si el corazón del hombre es malo, que razón tenemos que esto algún día cambiara. Se diría que esta especie de manifiesto en pro (de moda) de la desespeculacion (nueva palabra?) es un poco pesimista ya que no es auténtico en su verdad si lo leen con el pecho, el cerebro ya tienen opiniones formadas por eso hay diferencia entre decir lo que uno piensa y lo que uno opina. La memoria de olvidarnos de todo, ¿Centro-Derecha o Centro-Izquierda? ¿Kirchnerísmo o Peronismo? ¿Esto es coherente? Pan y Circo las puertas de la Libertad se abren para adelante. No hay que tirar de ellas. Mahatma Ghandi o Martin Luther King ¿a donde están? Que pasa con un país en donde “el único programa político es arruinar nuestra moneda levantando el valor del Dólar extranjero para que los ricos exporten 3 a 1 siendo más ricos y los pobres más pobres, es decir los pobres son tan ignorantes que los seguirán votando” - a esta nefasta cultura política - por su humilde credulidad.
Perdón Patria mía, yo solo no puedo. Pues todo es incongruencia hasta tanto llegó la castración que ningún Diputado de la Nación sabe de memoria el himno Nacional Argentino (encuesta de por medio) es que sólo nos enseñaron la parte cantada y saben por que Señores profesores por miedo. El Corán tiene 7.000 páginas y esos religiosos lo dominan casi de memoria, y nuestros representantes del pueblo no conocen ni su canción Patria Por eso todo eso puse título del epígrafe “De los nuevos campeones el rostro Marte mismo parece animar” La grandeza se anima en sus pechos a su marcha todo hacen temblar se conmueven del Inca las tumbas y en sus huesos revive el ardor lo que renovado a sus hijos de la Patria y el antiguo esplendor se levanta en la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación. Coronada su sien de laureles y a sus plantas rendido un león.”
Perdón por alguna exaltación pero preferí pensar con mi cabeza y no con la actual sociedad. Dentro de cada una de nuestras cabezas tenemos el arma más letal e inequívoca que puede hasta derrumbar hasta ingeniosos y picaros: se llama cerebro, pues sin un nivel ético y educación el pueblo seguirá tirando del carro sentado y a latigazos van sus opresores. José Ingenieros decía “¿Hay alguien aquí que hable de salir por ingenio, cultura, u arte”?
Es posible un futuro fructífero, depende de nosotros y nuestra formación cívica, depende del “compromiso” para con la cosa pública y de la participación activa de cada uno de nosotros como verdaderos “ciudadanos” (y no como pueblo, habitantes, despectivamente: "gilada" o masa en el peor de los casos) con las obligaciones que tenemos para con la República y con el compromiso de construir un proyecto integrador consensuado y sustentable para la construcción de una verdadera República. El destino del mundo ya no está en nuestras manos; sino en nuestras mentes… pues ante ello imploro y exorto. “Levántate Argentina crisol de razas ya tuviste suficientes traidores. Marcha pura a tu destino de grandeza. Ellos también serán ajusticiados en la historia”.
Nos tendremos que convencer alguna vez, y no mirar hacia atrás, de que es posible, de que aún estamos a tiempo para realizar la Argentina; una Argentina real y posible, no ese país utópico que “no nos merecemos”
NOTAS:
- Dr. Agulla
- Norberto Bobbio.
* Leonardo Innamorato, publicación del año 2005. © Derechos Reservados.