Hace bastante que deje de creer en el amor. Y a pesar de sentir cierta pena por la perdida en la creencia de ese sentimiento puro y generoso o incondicional, también me da cierto alivio y me quita culpas que tuve en el pasado. Ya no sentiría culpa en dejar a una mujer por otra más joven o bella de la misma manera que ella no la sentiría por dejarme por alguien en mejor posición económica. Es así de simple. La insoportable levedad del ser. A nosotros nos interesa belleza y juventud. A ellas bienestar económico. Como un karma vamos tropezando siempre (ambos ellas y nosotros) con la misma piedra. Nosotros en vez de elegir esa mujer que nos quiere sin condiciones sabiendo de su inferioridad estética con respecto a otras elegimos a las que nos exigen cierta retribución, a veces excesiva. Y ellas van tras el príncipe azul con un Bora para arriba y un trabajo estable, si es profesional mejor. Eso nos sucede a casi todos.