Alejandro III de Macedonia
20 de julio, 356 a. C. - 13 de junio, 323 a. C.
Busto de Alexandre hecho por Lisipo, c. 330 a. C. (Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre, Paris). Según Plutarco, las esculturas de Lisipo representaban fielmente al conquistador macedonio.
Apodo: Alejandro Magno (El grande)
Lugar de nacimiento: Pella, Macedonia
Lugar de defunción: Babilonia
Lealtad: Reino de Macedonia
Rango: Rey de Macedonia
Alejandro III de Macedonia, mejor conocido como Alejandro Magno (el grande); fue el rey de Macedonia desde 336 a. C. hasta su muerte y está considerado como uno de los líderes militares más importantes de la Historia, por su conquista del Imperio Aqueménida. Tras consolidar la unificación de varias ciudades-estado de la antigua Grecia que estuvieron bajo el dominio de su padre, Filipo II de Macedonia, sofocando la rebelión de los griegos del sur tras la muerte de éste, Alejandro conquistó el Imperio Persa, incluyendo Anatolia, Siria, Fenicia, Judea, Gaza, Egipto, Bactriana y Mesopotamia, expandiendo las fronteras de Macedonia hasta la región del Punjab.
Principalmente en Asia, Alejandro Magno es adjetivado Dhul-Qarnayn (‘el de dos cuernos’), porque se hacía representar como el dios Zeus-Amón, llevando una diadema con dos cuernos de carnero (el animal que representa a Amón), y por los dos largos penachos blancos que salían de su yelmo.
La figura del rey macedonio se prestó desde la Antigüedad a todo tipo de fantasías legendarias. Así, una leyenda neogriega recogida por Nikolaos Politis presenta a Alejandro obsesionado por la inmortalidad (como Gilgamesh) y emprendiendo en vano la búsqueda del agua sagrada que podría proporcionársela.
Alejandro tenía el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho., era físicamente de hermosa presencia, con cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos heterócromos (uno marrón —el izquierdo— y otro gris), que no se sabe si eran así de nacimiento o como consecuencia de un traumatismo craneal) Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un austero y estricto maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza que lo inició en la ejercitación corporal pero también se encargó de su educación Lisímaco, un profesor de letras bastante más amable y que se ganó el cariño del Magno llamándole Aquiles y a su padre, Peleo. Sin embargo, a los 13 años fue puesto bajo la tutela de Aristóteles, que sería su maestro en un retiro de la ciudad macedonia de Mieza y le daría lecciones sobre política, elocuencia y la historia natural. Sabía de memoria los poemas homéricos y todas las noches colocaba la Ilíada debajo de su cama. También leyó con avidez a Heródoto y a Píndaro.
Estrella Argéada
Muy pronto (340 a. C.) su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud.
Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia arriba, hacia el Sol. Su padre le dijo tras domar a su caballo, Bucéfalo: «Macedonia es demasiado pequeña para ti.» En efecto, Alejandro quedaba libre para empezar la guerra contra Persia.
A los 18 años de Alejandro Magno, Su padre Filipo II Guio al ejercito Macedonio en la batalla de Queronea, contra los ejércitos unidos de las ciudades de Tebas y Atenas. Después de este acontecimiento, las polis griegas se aliaron a Macedonia como estados tributarios, aunque conservando su independencia.
En el año 338 a. C., las ciudades de Tebas y de Atenas se hallaban enfrentadas; pero, ante el peligro que suponía Filipo y su gran ejército, y siguiendo la exhortaciones del gran orador y político Demóstenes, decidieron unirse contra el enemigo común e iniciar la guerra. Los tres ejércitos se enfrentaron en los campos de Queronea. El ejército macedonio tenía como generales a dos magníficos estrategas: Filipo y a su hijo Alejandro, que contaba por entonces 18 años y comandaba 1.800 jinetes. Al principio la victoria pareció favorecer a los griegos, pero los jefes macedonios eran buenos profesionales y Filipo supo engañar de forma contundente al enemigo, que se vio sorprendido de frente y con un flanco al descubierto. Ganó la batalla y después se comportó con sabiduría política, sin humillar a los vencidos —sobre todo a los atenienses— devolviendo la libertad a los prisioneros.
Después del asesinato de Filipo en el año 336 a. C. por Pausanias, un capitán de su guardia, Alejandro tomaría las riendas de Macedonia a la edad de 20 años como resultado de una conspiración que es atribuida generalmente a una historia amorosa de Filipo pero que se sospecha pudo ser planeada por Olimpia, madre de Alejandro, o por los persas.
Una vez asegurada la situación en Grecia, Alejandro abandona Macedonia con su ejército. El objetivo es continuar los planes de su padre y atacar el Imperio Aqueménida. Cruza el Helesponto en el 334 a. C., avanzando por la carretera hacia Dascilio, capital de la satrapía de Frigia. A su llegada, se encuentra con los sátrapas (gobernadores) locales, al mando de un ejército reunido apresuradamente, cuyo grueso se basa en la caballería ligera. Los persas, además, cuentan con un afamado líder mercenario: Memnón de Rodas.
Desafortunadamente para los persas, tantos generales eran incapaces de ponerse de acuerdo en un único plan, rechazando la sagaz táctica de Memnón, que pretendía quemar los campos de trigo y retirarse después, dejando sólo tierra estéril a su paso. A los gobernadores no les gustaba la idea de arrasar sus propias tierras.
Aunque Parmenio y sus generales más experimentados le aconsejaron obrar con precaución, Alejandro rechazó la idea de dormir en los bancos del río y atacar al amanecer. Optó por un ataque inmediato para exaltar la valentía y confianza de sus tropas y en el proceso intimidar a sus adversarios
Batalla del río Gránico. Grabado basado en un fresco de Lebrun.
Una vez asegurada la situación en Grecia, Alejandro abandona Macedonia con su ejército. El objetivo es continuar los planes de su padre y atacar el Imperio Aqueménida. Cruza el Helesponto en el 334 a. C., avanzando por la carretera hacia Dascilio, capital de la satrapía de Frigia. A su llegada, se encuentra con los sátrapas (gobernadores) locales, al mando de un ejército reunido apresuradamente, cuyo grueso se basa en la caballería ligera. Los persas, además, cuentan con un afamado líder mercenario: Memnón de Rodas.
Desafortunadamente para los persas, tantos generales eran incapaces de ponerse de acuerdo en un único plan, rechazando la sagaz táctica de Memnón, que pretendía quemar los campos de trigo y retirarse después, dejando sólo tierra estéril a su paso. A los gobernadores no les gustaba la idea de arrasar sus propias tierras.
Aunque Parmenio y sus generales más experimentados le aconsejaron obrar con precaución, Alejandro rechazó la idea de dormir en los bancos del río y atacar al amanecer. Optó por un ataque inmediato para exaltar la valentía y confianza de sus tropas y en el proceso intimidar a sus adversarios.
La batalla del Gránico fue aquella en la que Alejandro estuvo más próximo a la muerte. Anunció a los persas que el ejército macedonio era una fuerza a tener en cuenta. Los efectos inmediatos de la batalla fueron la liberación de las ciudades griegas de Jonia y Asia Menor, y se estableció una cabeza de playa para futuras campañas contra el Imperio Persa.
Tras derrotar al sátrapa local en la batalla del Gránico, la resistencia persa organizada desaparece en Asia Menor, exceptuando algunos focos aislados como Mileto o Halicarnaso. Después de pasar un año asegurando su conquista de la península de Anatolia (actual Turquía), Alejandro comienza su ofensiva hacia Siria, con el propósito de neutralizar la peligrosa flota persa capturando sus puertos.
Cuando Alejandro se encontraba en Tarso (Cilicia), le llegaron noticias de que Darío amasaba un gran ejército en Babilonia. Si Darío conseguía alcanzar el Golfo de Issos, podía utilizar el apoyo de la flota persa al mando de Farnabazo III, que aún operaba en el Mediterráneo, facilitando su suministro y probablemente desembarcando tropas en su retaguardia. De este modo, el macedonio dejó su ejército principal en Tarso, pero encargó a Parmenio tomar la costa alrededor de Issos.
En noviembre, Alejandro recibió informes de que el gran ejército había entrado en Siria. Decidió reagrupar su disperso ejército y avanzar hacia el sur desde Issos a través del paso de Jonás, las «Puertas de Cilicia».
Darío, sabedor de que las tropas de Parmenio defendían el paso, eligió una ruta más septentrional. Los persas capturaron Issos sin oposición y asesinaron a todos los heridos que había dejado atrás Alejandro. El rey persa se encontró con que su ejército se había situado tras los macedonios, cortando sus líneas de suministro. Avanzó entonces hacia el sur, llegando hasta el río Pinaro antes de que sus espías le informaran de que habían localizado a Alejandro marchando hacia el norte. Formó pues a sus tropas en línea de batalla en la estrecha llanura junto a la costa.
La situación del ejército persa, en un estrecho llano entre las montañas y el mar, impedía a Darío sacar ventaja de las grandes masas de infantería. Alejandro envió a algunas unidades de su caballería de Compañeros desde el centro al flanco derecho. Su carga súbita, cruzando el río, (en un vado de arroyo pobremente guardado por Darío) funcionó demasiado bien: el flanco derecho atacó, abandonando su posición original, mientras el centro pasaba a la defensiva. Esto abrió momentáneamente una brecha en la línea de combate macedónica. De haber explotado esta ventaja, Darío podría haber empujado al ejército macedonio hacia el mar.
Alejandro, sin embargo, en lugar de retirarse para cubrir el hueco entre la caballería y las falanges, desvió a sus Compañeros sobre el flanco izquierdo persa, creando confusión en las filas enemigas y rompiendo su cohesión. Mientras el Gran Rey intentaba en vano maniobrar su ejército para enfrentarse a la nueva amenaza, la falange e infantería pesada de Alejandro cargaron en el centro, acabando con el poco orden que existía en el ejército persa.
Hasta el momento, los persas habían resistido en su flanco derecho (infligiendo serias pérdidas al flanco izquierdo de la caballería Tesalia de Alejandro en el proceso), pero se hundieron al ver huir al resto del ejército. Darío viró su carro cuando vio caer el ala izquierda, huyendo del campo de batalla. Cuando el suelo se hizo demasiado inestable para su carro, finalmente lo abandonó junto a todo su equipo y siguió cabalgando a lomos de uno de los caballos. Cuando los persas vieron huyendo al Gran Rey, abandonaron definitivamente sus posiciones en desbandada. La caballería macedonia persiguió a los persas hasta que se ocultó el sol. Lo que siguió fue una masacre.
Las notas de Ptolomeo I, recopiladas por Arriano, mencionan que Alejandro y sus guardaespaldas, en persecución de Darío, cruzaron una grieta cabalgando sobre los cuerpos de los persas muertos.
Sitio de Tiro
El sitio de Tiro, por Alejandro Magno y su ejército, es uno de los capítulos más importantes de la campaña del conquistador en Asia, en el que durante 7 meses, el joven rey macedonio y sus hombres llevaron a cabo un asedio que parecía imposible y que finalizaron con éxito, dando al mundo una muestra del genio y la determinación de uno de los generales más brillantes de la historia.
En esa época, Tiro era la más importante ciudad-estado fenicia, con cerca de 40,000 habitantes, y estaba dividida en dos partes: la Ciudad Nueva o isla de Tiro, situada en un islote a 800 metros de la costa y la Ciudad Vieja o Tiro continental, situada a orillas del litoral.
La isla de Tiro estaba rodeada por unas formidables murallas que llegaban a alcanzar los 45 metros de altura en la zona frente a la costa, además poseía 2 puertos, denominados el Puerto Egipcio (situado al norte) y el Puerto de Sidón (situado al sur) y estaba unida al pequeño Islote de Melkart, donde estaba situado el templo de Melkart, la deidad más importante de Tiro.
El asedio de Tiro fue tan sangriento como desconocido. Sólo murieron 800 macedonios, frente a los 8.000 tirios que perdieron la vida en la defensa de su ciudad, 2.000 tirios fueron crucificados a lo largo de kilómetros de playa y 30.000 ciudadanos y extranjeros fueron convertidos en esclavos, sin embargo, varios miles de tirios fueron recogidos y escondidos por la armada de la vecina ciudad Sidón.
Cuando los gritos y chillidos se ahogaron en la ciudad, Alejandro Magno acudió al Templo de Melkart a rendir el sacrificio al dios. Se dice que le ofreció la máquina de asedio que terminó por derruir el sector de la muralla desde donde penetraron los macedonios.
Alejandro Magno se había retrasado más de 7 meses en su camino a Egipto para tomar la pequeña isla. Si bien, el ejemplo de Tiro sirvió desde entonces para el resto de ciudades, nada podría frenar el arrollador avance del autoproclamado Hijo de Zeus.
Sitio de Gaza
En esa época Gaza era una ciudad importante, cruce de caminos entre el Mar Rojo, Egipto y Siria. La ciudad se encontraba en la cima de una colina situada aproximadamente a 2 kilómetros de la costa y defendida por una alta muralla.
Tras el Sitio de Tiro, las únicas dificultades antes de llegar a la satrapía de Egipto eran las ciudades fortificadas de Acre y Gaza. Alejandro Magno no encontró resistencia en Acre con lo que pudo penetrar en Palestina hasta llegar a Gaza.
El comandante persa de la ciudad de Gaza era el eunuco Batis, que aprovisionó la ciudad de soldados y víveres para resistir un sitio largo, intentando cerrar el paso a Egipto y dar tiempo a Darío III para que reorganizase a su ejército en el Este.
Con esta victoria Alejandro Magno abrió el camino hacia la conquista de la satrapía de Egipto.
La cultura del antiguo Egipto impresionó a Alejandro desde los primeros días de su estancia en este país. Los grandes vestigios que él veía por doquier le cautivaron hasta el punto que quiso faraonizarse como aquellos reyes casi míticos. La Historia del Arte nos ha dejado testimonio de estos hechos y apetencias. En Karnak existe un relieve donde se ve a Alejandro haciendo las ofrendas al dios Amón, como lo hace un converso. Viste la indumentaria faraónica:
Klaft faraónico (el manto que cubre la cabeza y va por detrás de las orejas, clásico del antiguo Egipto), más la corona Doble, roja y blanca, que se sostiene en equilibrio inestable.
Cola litúrgica de chacal, que con el tiempo se transformó en «cola de vaca».
Ofrenda en cuatro vasos como símbolo para indicar «cantidad», «repetición», «abundancia» y «multiplicación».
En la primavera de 331 a. C., Alejandro dejó Egipto regresando a Tiro donde estaba su flota. De allí se dirigió a Antioquía, cruzando el valle del río Orontes, y llegó al Eúfrates a la altura de Tapsaco, donde fundó la ciudad de Niceforio para que fuera una plaza fuerte y depósito de los suministros del ejército. Aquí supo que Darío se encontraba en Arbelas, por lo que cruzó el Tigris y se dirigió hacia el norte bordeando la ribera oriental del río.
Darío, tras su derrota en Issos reclutó un nuevo ejército. Desde Babilonia avanzó hacia el norte, pasó a la orilla izquierda del Tigris y continuó hacia Arbelas, donde estableció su aprovisionamiento y su harén. Luego dirigió el ejército a Gaugamela, lugar que tenía una amplia llanura que favorecería el movimiento de sus numerosas tropas montadas. Incluso procedió a nivelar el terreno y eliminar los obstáculos, convirtiendo Gaugamela en un inmenso campo de maniobras apto para que se desplazaran sus carros provistos con guadañas en las ruedas.
Esta batalla tuvo lugar el 1 de octubre de 331 a. C. en Gaugamela, en la ribera del río Bumodos, tributario del Gran Zab. Dicho lugar se encuentra a unos 27 km al noreste de Mosul y a 52 de Arbela. En la batalla se enfrentaron el ejército persa a las órdenes de su rey Darío III y el ejército macedonio bajo el mando de Alejandro Magno. Darío eligió esa localidad porque era una amplia llanura que favorecía a sus numerosas fuerzas montadas.
Disposición de los ejércitos
En la noche del 30 de septiembre, los ejércitos se encontraban apostados en el campo de batalla, preparados para la confrontación. Alejandro se dedicó a efectuar un reconocimiento del terreno y a planificar la batalla, y sabiendo que Darío era el que tenía que defender la posición, ordenó a sus tropas descansar, mientras que Darío, nervioso por temor a un ataque nocturno, ordenó la posición de guardia para sus soldados.
Persas: Formaban una larga línea. Su ala izquierda al mando de Bessos estaba formada por las tropas bactrianas, daeas, persas, escitas y cadusianas. Tenían 100 carros con guadañas.
En el ala derecha, al mando de Maceo, se hallaban las tropas sirias, mesopotamias, medas, partas, sucianas, tibarianas, hircanias, albanias y sacesanias.
En el centro estaba el rey Darío con las tropas persas propiamente dichas, que se distinguían del resto por llevar lanzas con manzanas doradas en la empuñadura, los indios y los carios. Detrás de ellos, en formación cerrada, se encontraban los uxianos, babilonios, las tribus del mar Rojo y los sitacenios. Delante del escuadrón real había 15 elefantes indios y 50 carros con guadañas.
Macedonios: El ejército sumaba 7.000 jinetes y 40.000 infantes. La caballería pesada de élite de Alejandro eran los Hetairoi (Compañeros) y estaba formada por la nobleza macedonia, que acompañaba a Alejandro en esta batalla y fueron el factor decisivo en la batalla. El resto de la caballería se dividía en jinetes tesalios (pesados), caballería tracia (ligera) y algunos jinetes griegos.
La infantería de Alejandro se dividía en pesada, la falange y los hipaspistas (cuerpo especializado que cubría los huecos de la poco flexible falange) y la infantería ligera, tracios, agrianos (estos últimos lanzadores de jabalinas que destrozaron a los carros en esta batalla) y hoplitas griegos que intervinieron para cubrir la retaguardia de la falange.
El ejército se dividió en dos partes: El ala derecha estaba bajo el mando directo de Alejandro e integrada por la caballería de los “compañeros” y la caballería ligera de los macedonios. La caballería mercenaria fue dividida en dos grupos: los veteranos en el flanco derecho y el resto se colocó al frente de los arqueros agrianos y macedonios, que se ubicaban al lado de la falange que iba al centro reforzada con otra formación a retaguardia para que, en el caso de que fueran rodeados, pudieran dar media vuelta y enfrentarse al enemigo desde la dirección contraria.
El flanco izquierdo estaba al mando de Parmenio, con los jinetes de Farsalia, los mercenarios griegos y las unidades de caballería tracia.
La novedad de la formación macedonia fue la colocación de una reserva tras la primera línea. Consistía en dos columnas volantes, una detrás de cada ala. Estaban colocadas formando ángulo con el frente, a fin de coger de flanco al enemigo si éste intentaba rodear las alas. Si no se daba dicho caso, se replegarían hacia el centro para reforzar el frente.
Alejandro dispuso su ejército de modo que diera frente a todas partes, formaba un gran rectángulo que podía enfrentarse a ataques provenientes desde cualquier lugar. Esta disposición fue la que le hizo obtener la victoria, pues intuyó los movimientos que haría el adversario y se preparó para enfrentarlos y contrarrestarlos.
Inicio del combate
Alejandro se movió oblicuamente hacia el ala izquierda persa en lugar de avanzar directamente hacia ellos, y al continuar avanzando en esa dirección, se colocó más allá del terreno nivelado por los persas. Darío entonces ordenó que su ala izquierda contuviera el movimiento lateral de Alejandro realizando una salida envolvente. Alejandro, a su vez, inició un ataque hacia el centro de las tropas envolventes y dio comienzo a una serie de ataques y contraataques hasta que las formaciones persas quedaron rotas. Darío envió sus carros contra la falange para sembrar el desorden en ella, pero la infantería macedonia, que estaba delante de la caballería para protegerla de los carros, arrojó sus jabalinas, flechas y demás armas arrojadizas y abrió sus filas quedando aisladas las cuadrigas que atravesaron las líneas macedonias. Darío, en un nuevo intento para detener el avance de Alejandro, envió a la caballería persa del sector central, con el resultado de que se abrió una brecha en su línea. Así terminó la primera fase de la batalla.
Ataque decisivo de Alejandro
Alejandro ordenó a su caballería de reserva atacar a las fuerzas que estaban rodeando su ala derecha y él, al frente de sus «Compañeros», en una formación en cuña, galopó hacia la brecha abierta en la línea persa por el avance de su propia caballería. Luego se dirigió contra Darío, quien abandonó el campo aterrorizado ante la embestida de Alejandro. La caballería persa del ala izquierda, que estaba siendo atacada por la reserva macedonia, también emprendió la huida, siendo perseguida por los macedonios, que los masacraron.
El ala izquierda
Debido a la marcha oblicua de Alejandro, el ala izquierda se encontraba retrasada con respecto a la derecha, y a causa del impetuoso avance de Alejandro se había producido una brecha entre ambas alas. La caballería india y persa irrumpió por esta brecha dirigiéndose hacia el tren de bagajes macedónico con el propósito de rescatar a la familia de Darío que estaba presa, pero la madre de Darío se negó a ser liberada. La falange de reserva dio media vuelta y los atacó por la retaguardia matando a gran número. Esta penetración coincidió con un movimiento envolvente de la caballería persa del ala derecha, con lo cual el ala izquierda macedonia quedó rodeada. Parmenio envió un mensaje a Alejandro informándole de su crítica situación. Este cesó inmediatamente la persecución de Darío y se lanzó con sus Hetairoi a socorrer su ala izquierda, derrotando a los persas.
Libre Parmenio, se reanudó la persecución que se prolongó hasta la noche, iniciando una marcha forzada sobre Arbelas, pero Darío logró escapar.
Es imposible calcular las bajas de esta batalla. Los historiadores antiguos van desde 300.000 persas muertos y solamente 100 macedonios y 1.000 caballos, hasta otros más modernos que las estiman en 40.000 muertos persas y 5.000 macedonios.
Alejandro se dirigió desde Arbelas a Babilonia, donde ordenó reconstruir el templo de Marduk. Luego tomó Susa, donde se apoderó de 120.000 talentos, y más tarde conquistó Persépolis, donde en un acto ritual de venganza quemó el palacio de Jerjes.
En el invierno del año 330 a. C. partió de Persépolis a Ecbatana, donde se apoderó de 180.000 talentos, pero Darío lo eludió nuevamente. Por fin, tras recorrer 585 km en once días, logró alcanzar a la comitiva de Darío para enterarse que éste había sido asesinado por Besso. Con la muerte de Darío se cumplió el objetivo político de Alejandro: imponer su voluntad en el Imperio y establecer su dominio sobre las satrapías del este.
Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su imperio mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas en su mayoría fueron dejados en su puesto, aunque supervisados por un oficial macedonio que controlaba el ejército.
En el 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por miedo a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Tras esto, Calístenes (quien hasta ese momento había sido el encargado de redactar la historia de las travesías de Alejandro) fue considerado como impulsor de este complot, por lo que fue condenado a muerte. Sin embargo, él se quitó antes la vida.
Uno de sus generales más queridos del último ejército legado por su padre fue Clito, apodado «El Negro», al que Alejandro nombraría antes de este incidente sátrapa de Bactriana. Alejandro, adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios. En un banquete, su amigo Clito, cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le dijo indignado: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; incorporándose volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.»
Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen, pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.
Tras muchas peripecias y conquistas, Alejandro había invadido la Sogdiana y la Bactriana, se había casado con la princesa Roxana, y llevaría a su ejército a atravesar el Hindu Kush y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en el río Hidaspes
A sus 32 años, su imperio se extendía hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la famosa ciudad de Alejandría Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro. De las 70 ciudades que fundó, 50 de ellas llevaban su nombre.
Con sus acciones extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del período helenístico y la posterior expansión de Roma. Fue además gran amante de las artes. Alejandro era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie, cuya realización sólo autorizó a tres artistas: un escultor, Lisipo, un orfebre y un pintor, Apeles. Los biógrafos de Alejandro cuentan que éste tenía en gran aprecio al pintor y que visitaba con frecuencia su taller y que incluso se sometía a sus exigencias.
Batalla de Hidaspes
Después de que Alejandro venciera a los últimos vestigios del Imperio Aqueménida liderados por Besos y Espitamenes en el 328 a. C., inició una nueva campaña contra varios reyes indios en el 327 a. C. Algunos académicos estiman la fuerza de invasión en unos 120.000 hombres , mientras otros hablan de 41.000 o 46.000.
La fuerza principal se dirigió al actual Pakistán a través del Paso de Khyber, mientras una fuerza menor bajo el mando personal de Alejandro se dirigió por la ruta del norte, tomando por el camino una fortaleza en Aornos (el actual Pir-Sar, en Pakistán). A principios de la primavera del año siguiente, reagrupó ambas fuerzas y se alió con Taxiles (en realidad Ambhi, rey de Taxila), para enfrentarse contra su vecino el rey de Paura, Poros, que decidió plantar cara a Alejandro. El ejército del macedonio era mucho más numeroso, pero Poros tenía un as en la manga: dos centenares de elefantes de guerra, cuya presencia amenazaba con volver inútil la caballería griega debido al miedo que causaban los paquidermos a sus monturas. Ambas fuerzas se encontraron a orillas del Hidaspes; los griegos en la orilla oeste, los indios en la este
La batalla del Hidaspes fue una batalla librada por Alejandro Magno el año 326 a. C. contra Poros (Pururava o Purushotthama en sánscrito), el rey de Paura (reino indio ubicado en el Punjab que hoy día es parte de Pakistán (véase Punjab pakistaní), cerca del río Hidaspes (hoy conocido como río Jhelum), tributario del río Indo. La batalla tuvo lugar en el margen este del río, cerca de Bhera, Pakistán. Esta fue la última gran batalla campal librada por Alejandro: aunque victorioso, su ejército, exhausto, se amotinó, negándose a avanzar más hacia el interior de la India. Fue la primera vez en años, desde la batalla de Gaugamela, que el ejército de Alejandro se enfrentó a elefantes de guerra. El rey Poros y sus hombres presentaron una resistencia tan fiera frente al ejército invasor macedonio, que se ganaron el respeto y la admiración del propio Alejandro
Con casi ocho horas de duración, fue una batalla muy larga para los estándares de la antigüedad, y sin duda resultó tremendamente sangrienta. Poros impresionó profundamente a Alejandro por su valor y capacidad, hasta el punto de que le perdonó la vida y le permitió seguir gobernando en su nombre: tras encontrarle en pie a pesar de estar herido en el hombro, con casi dos metros de altura, al pedirle como deseaba ser tratado, este le respondió: "Trátame, oh Alejandro, como a un rey"
Las bajas entre la caballería griega, unos 280 hombres, fueron muy inferiores a las sufridas por la infantería (principalmente la falange), con cerca de 4.000 muertos y unos 12.000 heridos. La enorme matanza se produjo principalmente como resultado de la carga de los elefantes de Poros, que pudieron ser puestos en fuga a costa de enormes sacrificios. No era la primera vez que persas o macedonios veían elefantes de guerra; de hecho, Darío usó 15 de ellos en Gaugamela, aunque no parece que tuvieran un gran efecto en la batalla. Sin embargo, parece muy probable que junto al río Hidaspes sea la primera vez que tuvieran que ver y sufrir los efectos de una carga masiva de elefantes. El combate contra una línea de elefantes a plena carga tenía sin duda un tremendo impacto psicológico en la unidad atacada, de modo que el hecho de que lograran finalmente ponerlos en fuga es un tremendo testimonio de la disciplina y habilidad de las falanges macedónicas. El ejército de poros sufrió unos 12.000 muertos, y cerca de 9.000 hombres fueron capturados.
La victoria de Alejandro es fácilmente atribuible a dos hechos: el exitoso cruce por sorpresa del Hidaspes con una fuerza suficiente, y el impulso de última hora de ordenar a Coeno dar la vuelta en secreto y atacar por el otro flanco, tras ver el despliegue indio. Mirando la batalla y su resultado con la perspectiva que da la historia, lo cierto es que Alejandro logró su victoria más costosa en una batalla contra un enemigo muy inferior en número que le infligió una enorme cantidad de bajas, y marcó el fin de sus campañas de conquista hacia el este. Tras la batalla, los oficiales de Alejandro se opusieron fuertemente a la intención de su jefe de proseguir hacia el este, alegando que el ejército estaba exhausto y empezaba a desmoralizarse por llevar más de ocho años en campaña. A esto se sumaba el temor a verse forzados a enfrentarse de nuevo con una unidad india de elefantes en tan gran número.
A regañadientes, y tras muchas discusiones, Alejandro ordenó, unas semanas después, el regreso hacia Babilonia, aunque no sin antes fundar dos nuevas ciudades: Alejandría Nicea (o Nikaia, literalmente Ciudad de la Victoria), en el lugar de la batalla, y Alejandría Bucéfala (frente a la actual Jhelum) en la orilla opuesta, esta última en honor de su querido caballo Bucéfalo, que resultó muerto tras la batalla.
Durante los últimos años han surgido algunas voces discrepantes con el resultado comúnmente atribuido a la batalla, por parte principalmente de historiadores indios, que argumentan (con mayor o menor intensidad) que Alejandro realmente fue derrotado por Poros, siendo esa derrota la razón real tras su regreso hacia Babilonia. Semejante interpretación choca no solo con los historiadores clásicos (aunque se ha argumentado que, como occidentales, son pro-alejandrinos), sino también con la fundación de las ciudades mencionadas.
En cualquier caso, la batalla, ganada o perdida, supuso el fin de la expansión de Alejandro hacia el este, el punto en que sus tropas se negaron a seguir avanzando.
Alejandro dejó, no obstante, refuerzos en la India. Nombró a su oficial Peitón sátrapa del territorio del Indo, cargo que éste ocuparía durante los próximos diez años hasta el 316 a. C., y en el Punyab dejó a cargo del ejército a Eudemos, junto con Poros y Taxiles. Eudemos se convirtió en gobernador de una parte del Punyab después de que éstos murieran. Él y Peitón volvieron a occidente en el 316 a. C. con sus ejércitos. En el 321 a. C., Chandragupta Maurya fundó el Imperio Maurya en la India y derrotó a los sátrapas griegos.
Últimos años
Tras enterarse de que muchos de sus sátrapas y delegados militares habían abusado de sus poderes en su ausencia, Alejandro ejecutó a varios de ellos como ejemplo mientras se dirigía a Susa. Como gesto de agradecimiento, Alejandro pagó las deudas de sus soldados, y anunció que enviaría a los veteranos más mayores a Macedonia bajo el mando de Crátero, pero sus tropas malinterpretaron sus intenciones y se amotinaron en la ciudad de Opis, negándose a partir y criticando con amargura su adopción de las costumbres y forma de vestir de los persas, así como la introducción de oficiales y soldados persas en las unidades macedonias. Alejandro ejecutó a los cabecillas del motín, pero perdonó a las tropas. En un intento de crear una atmósfera de armonía entre sus súbditos persas y macedonios, casó en una ceremonia masiva a sus oficiales más importantes con persas y otras nobles de Susa, pero pocas de esas parejas duraron más de un año. Mientras tanto, en su regreso, Alejandro descubrió que algunos hombres habían saqueado la tumba de Ciro el Grande, y los ejecutó sin dilación, ya que se trataba de los hombres que debían vigilar la tumba que Alejandro honraba.
En su intento de mezclar la cultura persa y la griega entrenó a un regimiento de muchachos persas para combatir a la manera macedonia. La mayoría de los historiadores creen que Alejandro adoptó el título real persa de Shahanshah (‘Rey de Reyes’).
Tras viajar a Ecbatana para recuperar lo que quedaba del tesoro persa, su amigo más íntimo y posiblemente también su amante, Hefestión, murió a causa de una enfermedad o envenenado. Alejandro lloró su muerte durante seis meses.
El 13 de junio del 323 a. C., Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33. Existen varias teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.
Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto. En su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Se debate mucho lo que Alejandro respondió: algunos creen que dijo Krat'eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater'oi (‘a Crátero’). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada. La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército, la infantería, porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero Crátero no estaba presente, y los otros pudieron haber elegido oír Krat'eroi, ‘el más fuerte’. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo. Entonces, el imperio se dividió entre sus sucesor
20 de julio, 356 a. C. - 13 de junio, 323 a. C.
Busto de Alexandre hecho por Lisipo, c. 330 a. C. (Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre, Paris). Según Plutarco, las esculturas de Lisipo representaban fielmente al conquistador macedonio.
Apodo: Alejandro Magno (El grande)
Lugar de nacimiento: Pella, Macedonia
Lugar de defunción: Babilonia
Lealtad: Reino de Macedonia
Rango: Rey de Macedonia
Alejandro III de Macedonia, mejor conocido como Alejandro Magno (el grande); fue el rey de Macedonia desde 336 a. C. hasta su muerte y está considerado como uno de los líderes militares más importantes de la Historia, por su conquista del Imperio Aqueménida. Tras consolidar la unificación de varias ciudades-estado de la antigua Grecia que estuvieron bajo el dominio de su padre, Filipo II de Macedonia, sofocando la rebelión de los griegos del sur tras la muerte de éste, Alejandro conquistó el Imperio Persa, incluyendo Anatolia, Siria, Fenicia, Judea, Gaza, Egipto, Bactriana y Mesopotamia, expandiendo las fronteras de Macedonia hasta la región del Punjab.
Principalmente en Asia, Alejandro Magno es adjetivado Dhul-Qarnayn (‘el de dos cuernos’), porque se hacía representar como el dios Zeus-Amón, llevando una diadema con dos cuernos de carnero (el animal que representa a Amón), y por los dos largos penachos blancos que salían de su yelmo.
La figura del rey macedonio se prestó desde la Antigüedad a todo tipo de fantasías legendarias. Así, una leyenda neogriega recogida por Nikolaos Politis presenta a Alejandro obsesionado por la inmortalidad (como Gilgamesh) y emprendiendo en vano la búsqueda del agua sagrada que podría proporcionársela.
Alejandro tenía el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho., era físicamente de hermosa presencia, con cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos heterócromos (uno marrón —el izquierdo— y otro gris), que no se sabe si eran así de nacimiento o como consecuencia de un traumatismo craneal) Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un austero y estricto maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza que lo inició en la ejercitación corporal pero también se encargó de su educación Lisímaco, un profesor de letras bastante más amable y que se ganó el cariño del Magno llamándole Aquiles y a su padre, Peleo. Sin embargo, a los 13 años fue puesto bajo la tutela de Aristóteles, que sería su maestro en un retiro de la ciudad macedonia de Mieza y le daría lecciones sobre política, elocuencia y la historia natural. Sabía de memoria los poemas homéricos y todas las noches colocaba la Ilíada debajo de su cama. También leyó con avidez a Heródoto y a Píndaro.
Estrella Argéada
Muy pronto (340 a. C.) su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud.
Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia arriba, hacia el Sol. Su padre le dijo tras domar a su caballo, Bucéfalo: «Macedonia es demasiado pequeña para ti.» En efecto, Alejandro quedaba libre para empezar la guerra contra Persia.
A los 18 años de Alejandro Magno, Su padre Filipo II Guio al ejercito Macedonio en la batalla de Queronea, contra los ejércitos unidos de las ciudades de Tebas y Atenas. Después de este acontecimiento, las polis griegas se aliaron a Macedonia como estados tributarios, aunque conservando su independencia.
En el año 338 a. C., las ciudades de Tebas y de Atenas se hallaban enfrentadas; pero, ante el peligro que suponía Filipo y su gran ejército, y siguiendo la exhortaciones del gran orador y político Demóstenes, decidieron unirse contra el enemigo común e iniciar la guerra. Los tres ejércitos se enfrentaron en los campos de Queronea. El ejército macedonio tenía como generales a dos magníficos estrategas: Filipo y a su hijo Alejandro, que contaba por entonces 18 años y comandaba 1.800 jinetes. Al principio la victoria pareció favorecer a los griegos, pero los jefes macedonios eran buenos profesionales y Filipo supo engañar de forma contundente al enemigo, que se vio sorprendido de frente y con un flanco al descubierto. Ganó la batalla y después se comportó con sabiduría política, sin humillar a los vencidos —sobre todo a los atenienses— devolviendo la libertad a los prisioneros.
Después del asesinato de Filipo en el año 336 a. C. por Pausanias, un capitán de su guardia, Alejandro tomaría las riendas de Macedonia a la edad de 20 años como resultado de una conspiración que es atribuida generalmente a una historia amorosa de Filipo pero que se sospecha pudo ser planeada por Olimpia, madre de Alejandro, o por los persas.
Una vez asegurada la situación en Grecia, Alejandro abandona Macedonia con su ejército. El objetivo es continuar los planes de su padre y atacar el Imperio Aqueménida. Cruza el Helesponto en el 334 a. C., avanzando por la carretera hacia Dascilio, capital de la satrapía de Frigia. A su llegada, se encuentra con los sátrapas (gobernadores) locales, al mando de un ejército reunido apresuradamente, cuyo grueso se basa en la caballería ligera. Los persas, además, cuentan con un afamado líder mercenario: Memnón de Rodas.
Desafortunadamente para los persas, tantos generales eran incapaces de ponerse de acuerdo en un único plan, rechazando la sagaz táctica de Memnón, que pretendía quemar los campos de trigo y retirarse después, dejando sólo tierra estéril a su paso. A los gobernadores no les gustaba la idea de arrasar sus propias tierras.
Aunque Parmenio y sus generales más experimentados le aconsejaron obrar con precaución, Alejandro rechazó la idea de dormir en los bancos del río y atacar al amanecer. Optó por un ataque inmediato para exaltar la valentía y confianza de sus tropas y en el proceso intimidar a sus adversarios
Batalla del río Gránico. Grabado basado en un fresco de Lebrun.
Una vez asegurada la situación en Grecia, Alejandro abandona Macedonia con su ejército. El objetivo es continuar los planes de su padre y atacar el Imperio Aqueménida. Cruza el Helesponto en el 334 a. C., avanzando por la carretera hacia Dascilio, capital de la satrapía de Frigia. A su llegada, se encuentra con los sátrapas (gobernadores) locales, al mando de un ejército reunido apresuradamente, cuyo grueso se basa en la caballería ligera. Los persas, además, cuentan con un afamado líder mercenario: Memnón de Rodas.
Desafortunadamente para los persas, tantos generales eran incapaces de ponerse de acuerdo en un único plan, rechazando la sagaz táctica de Memnón, que pretendía quemar los campos de trigo y retirarse después, dejando sólo tierra estéril a su paso. A los gobernadores no les gustaba la idea de arrasar sus propias tierras.
Aunque Parmenio y sus generales más experimentados le aconsejaron obrar con precaución, Alejandro rechazó la idea de dormir en los bancos del río y atacar al amanecer. Optó por un ataque inmediato para exaltar la valentía y confianza de sus tropas y en el proceso intimidar a sus adversarios.
La batalla del Gránico fue aquella en la que Alejandro estuvo más próximo a la muerte. Anunció a los persas que el ejército macedonio era una fuerza a tener en cuenta. Los efectos inmediatos de la batalla fueron la liberación de las ciudades griegas de Jonia y Asia Menor, y se estableció una cabeza de playa para futuras campañas contra el Imperio Persa.
Tras derrotar al sátrapa local en la batalla del Gránico, la resistencia persa organizada desaparece en Asia Menor, exceptuando algunos focos aislados como Mileto o Halicarnaso. Después de pasar un año asegurando su conquista de la península de Anatolia (actual Turquía), Alejandro comienza su ofensiva hacia Siria, con el propósito de neutralizar la peligrosa flota persa capturando sus puertos.
Cuando Alejandro se encontraba en Tarso (Cilicia), le llegaron noticias de que Darío amasaba un gran ejército en Babilonia. Si Darío conseguía alcanzar el Golfo de Issos, podía utilizar el apoyo de la flota persa al mando de Farnabazo III, que aún operaba en el Mediterráneo, facilitando su suministro y probablemente desembarcando tropas en su retaguardia. De este modo, el macedonio dejó su ejército principal en Tarso, pero encargó a Parmenio tomar la costa alrededor de Issos.
En noviembre, Alejandro recibió informes de que el gran ejército había entrado en Siria. Decidió reagrupar su disperso ejército y avanzar hacia el sur desde Issos a través del paso de Jonás, las «Puertas de Cilicia».
Darío, sabedor de que las tropas de Parmenio defendían el paso, eligió una ruta más septentrional. Los persas capturaron Issos sin oposición y asesinaron a todos los heridos que había dejado atrás Alejandro. El rey persa se encontró con que su ejército se había situado tras los macedonios, cortando sus líneas de suministro. Avanzó entonces hacia el sur, llegando hasta el río Pinaro antes de que sus espías le informaran de que habían localizado a Alejandro marchando hacia el norte. Formó pues a sus tropas en línea de batalla en la estrecha llanura junto a la costa.
La situación del ejército persa, en un estrecho llano entre las montañas y el mar, impedía a Darío sacar ventaja de las grandes masas de infantería. Alejandro envió a algunas unidades de su caballería de Compañeros desde el centro al flanco derecho. Su carga súbita, cruzando el río, (en un vado de arroyo pobremente guardado por Darío) funcionó demasiado bien: el flanco derecho atacó, abandonando su posición original, mientras el centro pasaba a la defensiva. Esto abrió momentáneamente una brecha en la línea de combate macedónica. De haber explotado esta ventaja, Darío podría haber empujado al ejército macedonio hacia el mar.
Alejandro, sin embargo, en lugar de retirarse para cubrir el hueco entre la caballería y las falanges, desvió a sus Compañeros sobre el flanco izquierdo persa, creando confusión en las filas enemigas y rompiendo su cohesión. Mientras el Gran Rey intentaba en vano maniobrar su ejército para enfrentarse a la nueva amenaza, la falange e infantería pesada de Alejandro cargaron en el centro, acabando con el poco orden que existía en el ejército persa.
Hasta el momento, los persas habían resistido en su flanco derecho (infligiendo serias pérdidas al flanco izquierdo de la caballería Tesalia de Alejandro en el proceso), pero se hundieron al ver huir al resto del ejército. Darío viró su carro cuando vio caer el ala izquierda, huyendo del campo de batalla. Cuando el suelo se hizo demasiado inestable para su carro, finalmente lo abandonó junto a todo su equipo y siguió cabalgando a lomos de uno de los caballos. Cuando los persas vieron huyendo al Gran Rey, abandonaron definitivamente sus posiciones en desbandada. La caballería macedonia persiguió a los persas hasta que se ocultó el sol. Lo que siguió fue una masacre.
Las notas de Ptolomeo I, recopiladas por Arriano, mencionan que Alejandro y sus guardaespaldas, en persecución de Darío, cruzaron una grieta cabalgando sobre los cuerpos de los persas muertos.
Sitio de Tiro
El sitio de Tiro, por Alejandro Magno y su ejército, es uno de los capítulos más importantes de la campaña del conquistador en Asia, en el que durante 7 meses, el joven rey macedonio y sus hombres llevaron a cabo un asedio que parecía imposible y que finalizaron con éxito, dando al mundo una muestra del genio y la determinación de uno de los generales más brillantes de la historia.
En esa época, Tiro era la más importante ciudad-estado fenicia, con cerca de 40,000 habitantes, y estaba dividida en dos partes: la Ciudad Nueva o isla de Tiro, situada en un islote a 800 metros de la costa y la Ciudad Vieja o Tiro continental, situada a orillas del litoral.
La isla de Tiro estaba rodeada por unas formidables murallas que llegaban a alcanzar los 45 metros de altura en la zona frente a la costa, además poseía 2 puertos, denominados el Puerto Egipcio (situado al norte) y el Puerto de Sidón (situado al sur) y estaba unida al pequeño Islote de Melkart, donde estaba situado el templo de Melkart, la deidad más importante de Tiro.
El asedio de Tiro fue tan sangriento como desconocido. Sólo murieron 800 macedonios, frente a los 8.000 tirios que perdieron la vida en la defensa de su ciudad, 2.000 tirios fueron crucificados a lo largo de kilómetros de playa y 30.000 ciudadanos y extranjeros fueron convertidos en esclavos, sin embargo, varios miles de tirios fueron recogidos y escondidos por la armada de la vecina ciudad Sidón.
Cuando los gritos y chillidos se ahogaron en la ciudad, Alejandro Magno acudió al Templo de Melkart a rendir el sacrificio al dios. Se dice que le ofreció la máquina de asedio que terminó por derruir el sector de la muralla desde donde penetraron los macedonios.
Alejandro Magno se había retrasado más de 7 meses en su camino a Egipto para tomar la pequeña isla. Si bien, el ejemplo de Tiro sirvió desde entonces para el resto de ciudades, nada podría frenar el arrollador avance del autoproclamado Hijo de Zeus.
Sitio de Gaza
En esa época Gaza era una ciudad importante, cruce de caminos entre el Mar Rojo, Egipto y Siria. La ciudad se encontraba en la cima de una colina situada aproximadamente a 2 kilómetros de la costa y defendida por una alta muralla.
Tras el Sitio de Tiro, las únicas dificultades antes de llegar a la satrapía de Egipto eran las ciudades fortificadas de Acre y Gaza. Alejandro Magno no encontró resistencia en Acre con lo que pudo penetrar en Palestina hasta llegar a Gaza.
El comandante persa de la ciudad de Gaza era el eunuco Batis, que aprovisionó la ciudad de soldados y víveres para resistir un sitio largo, intentando cerrar el paso a Egipto y dar tiempo a Darío III para que reorganizase a su ejército en el Este.
Con esta victoria Alejandro Magno abrió el camino hacia la conquista de la satrapía de Egipto.
La cultura del antiguo Egipto impresionó a Alejandro desde los primeros días de su estancia en este país. Los grandes vestigios que él veía por doquier le cautivaron hasta el punto que quiso faraonizarse como aquellos reyes casi míticos. La Historia del Arte nos ha dejado testimonio de estos hechos y apetencias. En Karnak existe un relieve donde se ve a Alejandro haciendo las ofrendas al dios Amón, como lo hace un converso. Viste la indumentaria faraónica:
Klaft faraónico (el manto que cubre la cabeza y va por detrás de las orejas, clásico del antiguo Egipto), más la corona Doble, roja y blanca, que se sostiene en equilibrio inestable.
Cola litúrgica de chacal, que con el tiempo se transformó en «cola de vaca».
Ofrenda en cuatro vasos como símbolo para indicar «cantidad», «repetición», «abundancia» y «multiplicación».
En la primavera de 331 a. C., Alejandro dejó Egipto regresando a Tiro donde estaba su flota. De allí se dirigió a Antioquía, cruzando el valle del río Orontes, y llegó al Eúfrates a la altura de Tapsaco, donde fundó la ciudad de Niceforio para que fuera una plaza fuerte y depósito de los suministros del ejército. Aquí supo que Darío se encontraba en Arbelas, por lo que cruzó el Tigris y se dirigió hacia el norte bordeando la ribera oriental del río.
Darío, tras su derrota en Issos reclutó un nuevo ejército. Desde Babilonia avanzó hacia el norte, pasó a la orilla izquierda del Tigris y continuó hacia Arbelas, donde estableció su aprovisionamiento y su harén. Luego dirigió el ejército a Gaugamela, lugar que tenía una amplia llanura que favorecería el movimiento de sus numerosas tropas montadas. Incluso procedió a nivelar el terreno y eliminar los obstáculos, convirtiendo Gaugamela en un inmenso campo de maniobras apto para que se desplazaran sus carros provistos con guadañas en las ruedas.
Esta batalla tuvo lugar el 1 de octubre de 331 a. C. en Gaugamela, en la ribera del río Bumodos, tributario del Gran Zab. Dicho lugar se encuentra a unos 27 km al noreste de Mosul y a 52 de Arbela. En la batalla se enfrentaron el ejército persa a las órdenes de su rey Darío III y el ejército macedonio bajo el mando de Alejandro Magno. Darío eligió esa localidad porque era una amplia llanura que favorecía a sus numerosas fuerzas montadas.
Disposición de los ejércitos
En la noche del 30 de septiembre, los ejércitos se encontraban apostados en el campo de batalla, preparados para la confrontación. Alejandro se dedicó a efectuar un reconocimiento del terreno y a planificar la batalla, y sabiendo que Darío era el que tenía que defender la posición, ordenó a sus tropas descansar, mientras que Darío, nervioso por temor a un ataque nocturno, ordenó la posición de guardia para sus soldados.
Persas: Formaban una larga línea. Su ala izquierda al mando de Bessos estaba formada por las tropas bactrianas, daeas, persas, escitas y cadusianas. Tenían 100 carros con guadañas.
En el ala derecha, al mando de Maceo, se hallaban las tropas sirias, mesopotamias, medas, partas, sucianas, tibarianas, hircanias, albanias y sacesanias.
En el centro estaba el rey Darío con las tropas persas propiamente dichas, que se distinguían del resto por llevar lanzas con manzanas doradas en la empuñadura, los indios y los carios. Detrás de ellos, en formación cerrada, se encontraban los uxianos, babilonios, las tribus del mar Rojo y los sitacenios. Delante del escuadrón real había 15 elefantes indios y 50 carros con guadañas.
Macedonios: El ejército sumaba 7.000 jinetes y 40.000 infantes. La caballería pesada de élite de Alejandro eran los Hetairoi (Compañeros) y estaba formada por la nobleza macedonia, que acompañaba a Alejandro en esta batalla y fueron el factor decisivo en la batalla. El resto de la caballería se dividía en jinetes tesalios (pesados), caballería tracia (ligera) y algunos jinetes griegos.
La infantería de Alejandro se dividía en pesada, la falange y los hipaspistas (cuerpo especializado que cubría los huecos de la poco flexible falange) y la infantería ligera, tracios, agrianos (estos últimos lanzadores de jabalinas que destrozaron a los carros en esta batalla) y hoplitas griegos que intervinieron para cubrir la retaguardia de la falange.
El ejército se dividió en dos partes: El ala derecha estaba bajo el mando directo de Alejandro e integrada por la caballería de los “compañeros” y la caballería ligera de los macedonios. La caballería mercenaria fue dividida en dos grupos: los veteranos en el flanco derecho y el resto se colocó al frente de los arqueros agrianos y macedonios, que se ubicaban al lado de la falange que iba al centro reforzada con otra formación a retaguardia para que, en el caso de que fueran rodeados, pudieran dar media vuelta y enfrentarse al enemigo desde la dirección contraria.
El flanco izquierdo estaba al mando de Parmenio, con los jinetes de Farsalia, los mercenarios griegos y las unidades de caballería tracia.
La novedad de la formación macedonia fue la colocación de una reserva tras la primera línea. Consistía en dos columnas volantes, una detrás de cada ala. Estaban colocadas formando ángulo con el frente, a fin de coger de flanco al enemigo si éste intentaba rodear las alas. Si no se daba dicho caso, se replegarían hacia el centro para reforzar el frente.
Alejandro dispuso su ejército de modo que diera frente a todas partes, formaba un gran rectángulo que podía enfrentarse a ataques provenientes desde cualquier lugar. Esta disposición fue la que le hizo obtener la victoria, pues intuyó los movimientos que haría el adversario y se preparó para enfrentarlos y contrarrestarlos.
Inicio del combate
Alejandro se movió oblicuamente hacia el ala izquierda persa en lugar de avanzar directamente hacia ellos, y al continuar avanzando en esa dirección, se colocó más allá del terreno nivelado por los persas. Darío entonces ordenó que su ala izquierda contuviera el movimiento lateral de Alejandro realizando una salida envolvente. Alejandro, a su vez, inició un ataque hacia el centro de las tropas envolventes y dio comienzo a una serie de ataques y contraataques hasta que las formaciones persas quedaron rotas. Darío envió sus carros contra la falange para sembrar el desorden en ella, pero la infantería macedonia, que estaba delante de la caballería para protegerla de los carros, arrojó sus jabalinas, flechas y demás armas arrojadizas y abrió sus filas quedando aisladas las cuadrigas que atravesaron las líneas macedonias. Darío, en un nuevo intento para detener el avance de Alejandro, envió a la caballería persa del sector central, con el resultado de que se abrió una brecha en su línea. Así terminó la primera fase de la batalla.
Ataque decisivo de Alejandro
Alejandro ordenó a su caballería de reserva atacar a las fuerzas que estaban rodeando su ala derecha y él, al frente de sus «Compañeros», en una formación en cuña, galopó hacia la brecha abierta en la línea persa por el avance de su propia caballería. Luego se dirigió contra Darío, quien abandonó el campo aterrorizado ante la embestida de Alejandro. La caballería persa del ala izquierda, que estaba siendo atacada por la reserva macedonia, también emprendió la huida, siendo perseguida por los macedonios, que los masacraron.
El ala izquierda
Debido a la marcha oblicua de Alejandro, el ala izquierda se encontraba retrasada con respecto a la derecha, y a causa del impetuoso avance de Alejandro se había producido una brecha entre ambas alas. La caballería india y persa irrumpió por esta brecha dirigiéndose hacia el tren de bagajes macedónico con el propósito de rescatar a la familia de Darío que estaba presa, pero la madre de Darío se negó a ser liberada. La falange de reserva dio media vuelta y los atacó por la retaguardia matando a gran número. Esta penetración coincidió con un movimiento envolvente de la caballería persa del ala derecha, con lo cual el ala izquierda macedonia quedó rodeada. Parmenio envió un mensaje a Alejandro informándole de su crítica situación. Este cesó inmediatamente la persecución de Darío y se lanzó con sus Hetairoi a socorrer su ala izquierda, derrotando a los persas.
Libre Parmenio, se reanudó la persecución que se prolongó hasta la noche, iniciando una marcha forzada sobre Arbelas, pero Darío logró escapar.
Es imposible calcular las bajas de esta batalla. Los historiadores antiguos van desde 300.000 persas muertos y solamente 100 macedonios y 1.000 caballos, hasta otros más modernos que las estiman en 40.000 muertos persas y 5.000 macedonios.
Alejandro se dirigió desde Arbelas a Babilonia, donde ordenó reconstruir el templo de Marduk. Luego tomó Susa, donde se apoderó de 120.000 talentos, y más tarde conquistó Persépolis, donde en un acto ritual de venganza quemó el palacio de Jerjes.
En el invierno del año 330 a. C. partió de Persépolis a Ecbatana, donde se apoderó de 180.000 talentos, pero Darío lo eludió nuevamente. Por fin, tras recorrer 585 km en once días, logró alcanzar a la comitiva de Darío para enterarse que éste había sido asesinado por Besso. Con la muerte de Darío se cumplió el objetivo político de Alejandro: imponer su voluntad en el Imperio y establecer su dominio sobre las satrapías del este.
Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su imperio mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas en su mayoría fueron dejados en su puesto, aunque supervisados por un oficial macedonio que controlaba el ejército.
En el 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por miedo a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Tras esto, Calístenes (quien hasta ese momento había sido el encargado de redactar la historia de las travesías de Alejandro) fue considerado como impulsor de este complot, por lo que fue condenado a muerte. Sin embargo, él se quitó antes la vida.
Uno de sus generales más queridos del último ejército legado por su padre fue Clito, apodado «El Negro», al que Alejandro nombraría antes de este incidente sátrapa de Bactriana. Alejandro, adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios. En un banquete, su amigo Clito, cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le dijo indignado: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; incorporándose volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.»
Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen, pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.
Tras muchas peripecias y conquistas, Alejandro había invadido la Sogdiana y la Bactriana, se había casado con la princesa Roxana, y llevaría a su ejército a atravesar el Hindu Kush y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en el río Hidaspes
A sus 32 años, su imperio se extendía hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la famosa ciudad de Alejandría Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro. De las 70 ciudades que fundó, 50 de ellas llevaban su nombre.
Con sus acciones extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del período helenístico y la posterior expansión de Roma. Fue además gran amante de las artes. Alejandro era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie, cuya realización sólo autorizó a tres artistas: un escultor, Lisipo, un orfebre y un pintor, Apeles. Los biógrafos de Alejandro cuentan que éste tenía en gran aprecio al pintor y que visitaba con frecuencia su taller y que incluso se sometía a sus exigencias.
Batalla de Hidaspes
Después de que Alejandro venciera a los últimos vestigios del Imperio Aqueménida liderados por Besos y Espitamenes en el 328 a. C., inició una nueva campaña contra varios reyes indios en el 327 a. C. Algunos académicos estiman la fuerza de invasión en unos 120.000 hombres , mientras otros hablan de 41.000 o 46.000.
La fuerza principal se dirigió al actual Pakistán a través del Paso de Khyber, mientras una fuerza menor bajo el mando personal de Alejandro se dirigió por la ruta del norte, tomando por el camino una fortaleza en Aornos (el actual Pir-Sar, en Pakistán). A principios de la primavera del año siguiente, reagrupó ambas fuerzas y se alió con Taxiles (en realidad Ambhi, rey de Taxila), para enfrentarse contra su vecino el rey de Paura, Poros, que decidió plantar cara a Alejandro. El ejército del macedonio era mucho más numeroso, pero Poros tenía un as en la manga: dos centenares de elefantes de guerra, cuya presencia amenazaba con volver inútil la caballería griega debido al miedo que causaban los paquidermos a sus monturas. Ambas fuerzas se encontraron a orillas del Hidaspes; los griegos en la orilla oeste, los indios en la este
La batalla del Hidaspes fue una batalla librada por Alejandro Magno el año 326 a. C. contra Poros (Pururava o Purushotthama en sánscrito), el rey de Paura (reino indio ubicado en el Punjab que hoy día es parte de Pakistán (véase Punjab pakistaní), cerca del río Hidaspes (hoy conocido como río Jhelum), tributario del río Indo. La batalla tuvo lugar en el margen este del río, cerca de Bhera, Pakistán. Esta fue la última gran batalla campal librada por Alejandro: aunque victorioso, su ejército, exhausto, se amotinó, negándose a avanzar más hacia el interior de la India. Fue la primera vez en años, desde la batalla de Gaugamela, que el ejército de Alejandro se enfrentó a elefantes de guerra. El rey Poros y sus hombres presentaron una resistencia tan fiera frente al ejército invasor macedonio, que se ganaron el respeto y la admiración del propio Alejandro
Con casi ocho horas de duración, fue una batalla muy larga para los estándares de la antigüedad, y sin duda resultó tremendamente sangrienta. Poros impresionó profundamente a Alejandro por su valor y capacidad, hasta el punto de que le perdonó la vida y le permitió seguir gobernando en su nombre: tras encontrarle en pie a pesar de estar herido en el hombro, con casi dos metros de altura, al pedirle como deseaba ser tratado, este le respondió: "Trátame, oh Alejandro, como a un rey"
Las bajas entre la caballería griega, unos 280 hombres, fueron muy inferiores a las sufridas por la infantería (principalmente la falange), con cerca de 4.000 muertos y unos 12.000 heridos. La enorme matanza se produjo principalmente como resultado de la carga de los elefantes de Poros, que pudieron ser puestos en fuga a costa de enormes sacrificios. No era la primera vez que persas o macedonios veían elefantes de guerra; de hecho, Darío usó 15 de ellos en Gaugamela, aunque no parece que tuvieran un gran efecto en la batalla. Sin embargo, parece muy probable que junto al río Hidaspes sea la primera vez que tuvieran que ver y sufrir los efectos de una carga masiva de elefantes. El combate contra una línea de elefantes a plena carga tenía sin duda un tremendo impacto psicológico en la unidad atacada, de modo que el hecho de que lograran finalmente ponerlos en fuga es un tremendo testimonio de la disciplina y habilidad de las falanges macedónicas. El ejército de poros sufrió unos 12.000 muertos, y cerca de 9.000 hombres fueron capturados.
La victoria de Alejandro es fácilmente atribuible a dos hechos: el exitoso cruce por sorpresa del Hidaspes con una fuerza suficiente, y el impulso de última hora de ordenar a Coeno dar la vuelta en secreto y atacar por el otro flanco, tras ver el despliegue indio. Mirando la batalla y su resultado con la perspectiva que da la historia, lo cierto es que Alejandro logró su victoria más costosa en una batalla contra un enemigo muy inferior en número que le infligió una enorme cantidad de bajas, y marcó el fin de sus campañas de conquista hacia el este. Tras la batalla, los oficiales de Alejandro se opusieron fuertemente a la intención de su jefe de proseguir hacia el este, alegando que el ejército estaba exhausto y empezaba a desmoralizarse por llevar más de ocho años en campaña. A esto se sumaba el temor a verse forzados a enfrentarse de nuevo con una unidad india de elefantes en tan gran número.
A regañadientes, y tras muchas discusiones, Alejandro ordenó, unas semanas después, el regreso hacia Babilonia, aunque no sin antes fundar dos nuevas ciudades: Alejandría Nicea (o Nikaia, literalmente Ciudad de la Victoria), en el lugar de la batalla, y Alejandría Bucéfala (frente a la actual Jhelum) en la orilla opuesta, esta última en honor de su querido caballo Bucéfalo, que resultó muerto tras la batalla.
Durante los últimos años han surgido algunas voces discrepantes con el resultado comúnmente atribuido a la batalla, por parte principalmente de historiadores indios, que argumentan (con mayor o menor intensidad) que Alejandro realmente fue derrotado por Poros, siendo esa derrota la razón real tras su regreso hacia Babilonia. Semejante interpretación choca no solo con los historiadores clásicos (aunque se ha argumentado que, como occidentales, son pro-alejandrinos), sino también con la fundación de las ciudades mencionadas.
En cualquier caso, la batalla, ganada o perdida, supuso el fin de la expansión de Alejandro hacia el este, el punto en que sus tropas se negaron a seguir avanzando.
Alejandro dejó, no obstante, refuerzos en la India. Nombró a su oficial Peitón sátrapa del territorio del Indo, cargo que éste ocuparía durante los próximos diez años hasta el 316 a. C., y en el Punyab dejó a cargo del ejército a Eudemos, junto con Poros y Taxiles. Eudemos se convirtió en gobernador de una parte del Punyab después de que éstos murieran. Él y Peitón volvieron a occidente en el 316 a. C. con sus ejércitos. En el 321 a. C., Chandragupta Maurya fundó el Imperio Maurya en la India y derrotó a los sátrapas griegos.
Últimos años
Tras enterarse de que muchos de sus sátrapas y delegados militares habían abusado de sus poderes en su ausencia, Alejandro ejecutó a varios de ellos como ejemplo mientras se dirigía a Susa. Como gesto de agradecimiento, Alejandro pagó las deudas de sus soldados, y anunció que enviaría a los veteranos más mayores a Macedonia bajo el mando de Crátero, pero sus tropas malinterpretaron sus intenciones y se amotinaron en la ciudad de Opis, negándose a partir y criticando con amargura su adopción de las costumbres y forma de vestir de los persas, así como la introducción de oficiales y soldados persas en las unidades macedonias. Alejandro ejecutó a los cabecillas del motín, pero perdonó a las tropas. En un intento de crear una atmósfera de armonía entre sus súbditos persas y macedonios, casó en una ceremonia masiva a sus oficiales más importantes con persas y otras nobles de Susa, pero pocas de esas parejas duraron más de un año. Mientras tanto, en su regreso, Alejandro descubrió que algunos hombres habían saqueado la tumba de Ciro el Grande, y los ejecutó sin dilación, ya que se trataba de los hombres que debían vigilar la tumba que Alejandro honraba.
En su intento de mezclar la cultura persa y la griega entrenó a un regimiento de muchachos persas para combatir a la manera macedonia. La mayoría de los historiadores creen que Alejandro adoptó el título real persa de Shahanshah (‘Rey de Reyes’).
Tras viajar a Ecbatana para recuperar lo que quedaba del tesoro persa, su amigo más íntimo y posiblemente también su amante, Hefestión, murió a causa de una enfermedad o envenenado. Alejandro lloró su muerte durante seis meses.
El 13 de junio del 323 a. C., Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33. Existen varias teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.
Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto. En su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Se debate mucho lo que Alejandro respondió: algunos creen que dijo Krat'eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater'oi (‘a Crátero’). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada. La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército, la infantería, porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero Crátero no estaba presente, y los otros pudieron haber elegido oír Krat'eroi, ‘el más fuerte’. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo. Entonces, el imperio se dividió entre sus sucesor