Continúa y continuará increscendo la tensión entre el Reino Unido y España por el Peñón de Gibraltar.
El miércoles tuvieron una dura conversación telefónica el primer ministro inglés David Cameron y el presidente del gobierno español Mariano Rajoy. Ayer jueves, España denunció que policías y un eurodiputado británicos filmaron a guardias civiles españoles del otro lado de la frontera y los subieron a Internet pidiendo que los escrachen como responsables de las demoras.
¿Qué está pasando? Que las autoridades británicas tiraron al mar 75 enormes bloques de cemento supuestamente para regenerar la fauna ictícola. Según los españoles es para impedir el trabajo a los pescadores andaluces. Como represalia, España profundizó los controles aduaneros con lo cual generó demoras de hasta dos horas a la gente que cruza de un lado al otro.
Ahora, el Reino Unido mandará una flota de guerra con destino a maniobras militares en el Mediterráneo pero, de paso, atracará en el Peñón, como forma de intimidación.
¿Cuál es la importancia del Peñón? Tiene una superficie de 7 kilómetros cuadrados (como un barrio de Córdoba) y una población de 30 mil habitantes. Además, unas 7 mil personas pasan diariamente la frontera para trabajar. Sigue manteniendo una importancia estratégica vital, por estar justo en el estrecho, al este de la bahía de Algeciras, frente a Marruecos y donde empieza el Mediterráneo.
¿Cómo se origina el conflicto? Todo empieza en la Guerra de Sucesión de España, cuando el rey Carlos II murió sin dejar descendencia. Ahí empezó la disputa entre los Habsburgo (casa real originaria de Austria) y los Borbones (originarios de Francia). Finalmente asumió el trono Felipe V (imagen), España perdió sus posesiones en Europa y se puso fin al modelo de monarquía confederal. Pero para esos años del inicio del siglo XVIII, ya habían metido sus narices los ingleses, como siempre. Habían ocupado Gibraltar y Menorca, isla de las Baleares que luego sería recuperada por España en 1802.
El fin de la guerra se rubrica con el tratado de Utrecht (población holandesa) en 1713. Y en ese tratado figura que España entrega al Reino Unido el Peñón de Gibraltar “para siempre”.
¿Pero qué significaba exactamente eso? ¿Qué puntos del tratado de Utrecht se vulneran? Aunque no se puede cuestionar la vigencia del Tratado de Utrecht, ¿qué dice exactamente?
Jurisdicción territorial. El famoso artículo X dice: «El Rey Católico [Felipe V], por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno».
Sin embargo, hoy en día la definición del territorio cedido es objeto de disputa en lo que se refiere a la tierra, el espacio aéreo y el mar, precisamente porque el tratado establecía que la propiedad se cedía «sin jurisdicción territorial y sin comunicación abierta con el país circunvecino por parte de tierra».
Esto quiere decir que, aunque el Reino Unido tiene un título válido de soberanía, habría que resolver el problema de su alcance territorial, pues en el artículo X no se establecía una línea fronteriza, ni posteriormente se realizó una demarcación. Decía que eran británicos la Ciudad, el Castillo y las edificaciones agregadas en 1704. Pero ¿qué ocurre con las ampliaciones del terreno que se llevaron a cabo en años posteriores? España ya mostró su oposición a la presencia británica en la lengua de tierra y objetó la construcción del aeropuerto en 1938, pues se encontraban fuera de la demarcación establecida en Utrecht.
Comunicación por tierra. Para «evitar abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías», el tratado también fijaba que «la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos». Esto aislaba por tierra a Gibraltar, a la que dejaba abastecerse del mar para su propia subsistencia, pero no comerciar con lo obtenido. Y en tiempos de «grandes angustias», permitía a sus habitantes comprar alimentos en territorio español solo para su consumo propio.
En los últimos tiempos, la gran obsesión del Gobierno británico ha sido consagrar que las aguas que rodean el Peñón son de soberanía inglesa, algo que España no acepta, porque en Utrecht sólo se cedieron las aguas del puerto de Gibraltar. Por eso, el Gobierno de David Cameron, alentado por los «llanitos», no pierde ocasión para denunciar supuestas violaciones de esas aguas por parte de embarcaciones españolas.
El fin de la cesión. El tercer pacto establecido en Utrecht es el más importante, ya que aludía a que España tiene prioridad para dar por terminada la cesión si Gran Bretaña intentara «dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad de Gibraltar». En este sentido, el Gobierno británico ya ha decidido «enajenar» su colonia. Obviamente no a una potencia extranjera, pero sí a la población del Peñón mediante las ambiguas concesiones que se les ha hecho.
Por un lado, la Constitución gibraltareña de 1969 y, por otro, las reformas adheridas en 2006, en las que se introducía el derecho de autodeterminación de los gibraltareños, aunque condicionara éste a «los tratados existentes», tal y como exigía España. Si hiciéramos caso al Derecho Internacional e interpretáramos correctamente el artículo X del Tratado de Utrecht, la cesión de España habría terminado y tendría que recuperar los derechos soberanos sobre el territorio cedido.
No hay que olvidar que el susodicho artículo considera a este pedazo de tierra como un punto de apoyo estratégico sin dimensión demográfica, por lo que en él nada se dice de su población. De ahí que dispusiera la reversión a España si Gran Bretaña lo abandonara. Esto no solo se impide la transferencia a un tercer país, sino también a un Gibraltar independiente, algo que avalan las Naciones Unidas en su resolución 2253 de 1967.
Tres siglos de vigencia de un tratado que jamás se ha revisado y por el que no han dejado de sucederse episodios de tensión entre el Gobierno español y británico, en una relación que el historiador y escritor Federico Sánchez Aguilar calificó como la «herida abierta» de España.
Gibraltar (igual que Malvinas) está en la lista de territorios coloniales del Comité Especial de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas.