¿Cuándo vamos a denunciar la perversa mentalidad del inmigracionista,
ese nuevo "azotador de negros" de la modernidad?
España no ha sido un país de inmigrantes. Ha sido un país de emigrantes, a no ser que hayamos regalado ya nuestro país y nuestra patria a los de fuera. Mucho se justifica la venida de tantos extranjeros a nuestro país con la etapa de la historia española en la que nuestros compatriotas tuvieron que salir a buscarse el pan. Muchos lobbies inmigracionistas, desde ONGs que dan comida y recursos a extranjeros pero no a españoles necesitados, hasta el propio estado español, justifican el programa de inmigración masiva con la tragedia de muchos españoles que durante los años 60 y 70 tuvieron que abandonar su patria. Más de dos millones de españoles tuvieron que salir de España asfixiados por la penuria económica. Países europeos y latinoamericanos recibieron con mayor o menor hospitalidad a nuestros compatriotas. No me imagino a los españoles de entonces permaneciendo en los países extranjeros de otra forma que no fuera trabajando. No me imagino al español copando todas las ayudas, subsidios y poseedor de un sin fin de derechos que tienen los inmigrantes hoy en España –sobre todo si son extraeuropeos–, beneficiarios del estado de bienestar por el que nuestros padres y abuelos lucharon para los españoles de generaciones futuras. Piensa que el esfuerzo de tus abuelos y de tus padres se lo están llevando otros que no han hecho nada por España, cuyo único mérito es no ser español.
El inmigrante español no exigía derechos, sólo quería trabajo
En España los inmigrantes suman un porcentaje muy considerable. En los datos que podréis encontrar en diferentes estadísticas no figuran los inmigrantes ilegales ni aquellos a los que se les ha regalado la nacionalidad española, por lo que imaginaros que los datos pueden ser bastante mayores. Esto ha propiciado que existan grupos de presión inmigrantes, formados por españoles mayormente, que hacen de la dramática de las migraciones su negocio, concibiendo de ello su praxis de buena conciencia y su forma de contribuir al sistema capitalista, mimando a la mano de obra barata, que hará competencia desleal frente al autóctono. Sin duda muchos de éstos piensan que hacen el bien, pero su buena intención se basa en una concepción moral subjetiva o neocristiana, donde Dios está aveces sí, aveces no. El mundo está lleno de buenas intenciones, ¡y así nos va!; porque el que hace una supuesta buena acción no piensa en sus consecuencias: lo que importa no es pensar si esto que hago está bien o mal, sino si es lo correcto o no y qué consecuencias traerá consigo (quienes juegan al ajedrez saben de esto).
Continuamos: ¿los españoles han supuesto allí donde han ido un grupo de presión, han influido en las políticas de los partidos, han acaso desconfigurado la fisionomía del país? No. Esto se debe en parte a que el español se adapta allá donde va y porque lo ha hecho a países con afinidad cultural. Por lo que desde una perspectiva etno-identitaria las migraciones de españoles se han sucedido en un contexto de semi-interioridad. Generalmente los españoles iban a trabajar con papeles y con todo en regla. Así que basta ya de apelar al drama de muchos españoles para justificar la política de inmigración masiva actual aplicada en toda Europa, pues no son comparables.
Pero para nosotros la inmigración masiva no atañe y/o afecta sólo a lo económico, que consideraremos como algo secundario, sino a la identidad, autoctonía y soberanía de nuestro país. Demos por perdida la soberanía por ahora puesto que nos gobiernan desde fuera de nuestras fronteras, pero no renunciemos ni a nuestra identidad ni a la autoctonía. Un partido político que pide el voto del inmigrante, es decir, que los extranjeros puedan votar, acomete un acto de intencionalidad para la pérdida de soberanía, mayor incluso que la pérdida de soberanía que supuso la “bienvenida” de bases estadounidenses en suelo español, patrocinada por un régimen anterior.
Recapitulemos: la emigración masiva es una coyuntura moderna, y por ello no tiene nada que ver con la inmigración española, que no fue masiva (aunque si bastante numerosa). Tal coyuntura ha beneficiado sólo al empresario –gracias a las ONGs, útiles del capitalismo y peones organizadores del neoesclavismo del siglo XXI–, pero perjudicado sobremanera al trabajador autóctono, que sufrirá: sueldos a la baja, empeoramiento de convenios laborales, discriminación positiva, desempleo, desarraigo, ser extraño en su propia tierra, etc. Pero criticar y enfrentarse a esta política inmigratoria no quiere decir que yo me sume como elemento racista, no. Mi crítica va contra dicha política, no contra la persona. Es que llamar racista o intolerante a alguien que critica las políticas mundialistas de inmigración masiva pone de manifiesto que existe una presión social fortísima para que dicha realidad no se conozca, se cuestione o se hable de ella. No obstante, quienes defienden estas políticas de inmigración masiva suelen ser sobre todo religiosos, liberales y marxistas y en España muchos de los beneficiados por la Constitución del 78, los asiduos a los clubs de alterne y los amantes de países caribeños. Quienes estén deacuerdo con la inmigración masiva son personas sospechosas y habría que ver en qué se benefician, a costa del asfixiado trabajador español y del explotado trabajador inmigrante. Por mi parte no hemos de cansarnos en criticar la política de inmigración masiva y los efectos que esta trae consigo en las sociedades europeas, consecuencias a las que el sistema resta importancia; señalando siempre como responsable a la "intolerancia" de los autóctonos y a la ausencia de más políticas de integración y discriminación positiva.
En este periodo de inmigración masiva, que aún perdura a pesar de que parece haberse aminorado debido a la crisis económica (o eso nos quieren hacer creer) –incluso muchos retornan a sus países, lo cual demuestra que realmente han venido inmigrantes a trabajar–, se da la tesitura de que a la vez que entran elementos alógenos a España y a lo español, muchísimos españoles han decidido abandonar su país en busca de una oportunidad laboral, en busca, en definitiva, de un futuro. ¿Por qué sucede esto? ¿Acaso en España no hay sitio para los españoles? ¿Por qué inmigrantes con cincos hijos pueden prosperar en España mientras que españoles no pueden llegar siquiera a fin de mes o tienen que dejar su país? Dicho asunto que relato no es un caso particular, es pasearse por Algeciras y ver a mesnadas de norteafricanos con sus plebes paseándose, con tres, cuatro, cinco, seis hijos… Ellos prosperan gracias a las políticas de discriminación positiva, y pueden vivir de subsidios y montones de ayudas. ¿El español emigrante de los años 60 y 70 se benefició de alguna ayuda de discriminación positiva? ¿Se benefician de alguna ayuda o de alguna ventaja los españoles que a fechas actuales han tenido que abandonar España? NO.
Fijaos en esta noticia de 30 de octubre de 2011:
¿No venían a trabajar? ¿No venían a pagar pensiones? No, el sistema tenía y tiene otros planes: han venido para quedarse, han venido para ser los españoles del futuro. España pasa por ser sin españoles, Europa pasa por ser sin europeos. Aquí no sólo existe cierta política que dé movilidad a las masas de trabajadores, más baratas de otros lares, sino una clara práctica de sustitución demográfica y de fomento de la desestructuración y conflicto sociales.
Defender la inmigración masiva es defender el capitalismo, y supone una inmoralidad en cuanto se aplaude el drama o la pillaresca del desplazo forzoso o no de personas; pues quien viene a España es porque tiene medios, siendo ridículo el porcentaje sobre el total de inmigración los que vienen en patera o cayuco. Pero ese dato ridículo sirve muy bien como medio de propaganda en los medios de comunicación –queda enternecedor esa madre africana con su bebe y esos hombres desnutridos tras la travesía por el Estrecho de Gibraltar–, pues la masa, poco crítica y manipulable, extiende el drama de esas personas menesterosas al resto de la población inmigrante: eso se llama chantaje emocional. Señores, los más de ochocientos mil marroquíes censados que hay en España, por ejemplo, copando muchísimos de ellos todo tipo de ayudas y de subvenciones, no vinieron en patera precisamente.■