Por Marc Guéniat
En los últimos diez años, Ginebra se ha erigido en una de las principales plazas del comercio de materias primas, rivalizando con Londres y Nueva York. La ausencia de regulación hace de la ciudad de Calvino una sede ideal para los gigantes internacionales que controlan los mercados.
En pleno centro de Ginebra, en la zona de las Rúes Basses, solo un ojo atento puede distinguir la pequeña placa dorada Gunvor – una firma especializada en el negocio del petróleo ruso, que en 2011 facturo unos 80.000 millones de dólares – de la de un simple estudio de abogados. A diferencia de los relojeros y los banqueros, los negociantes de materias primas no instalan carteles para iluminar la rada de Ginebra, en el extremo del Lago Lemán. Tampoco publican anuncios vistosos en las revistas.
Gunvor Group
En los últimos 10 años, Ginebra se ha convertido en una de las principales plazas del comercio de materias primas, posicionándose como una rival de Londres y de Nueva York. Poco conocidas por el público, grandes firmas del negocio petrolero, minero o agrícola como Vitol, Gunvor, Louis Dreyfus, Mercuria o Bunge, fijaron domicilio para sus empresas entre Lausana y la ciudad de Calvino, donde otros grupos, como Cargill están instalados hace tiempo. Los bordes del lago Lemán concentran la mayor parte de los mercados del petróleo, de los cereales, del café y del azúcar.
Lago Leman
Solo en Ginebra, el sector cuenta con más de 400 empresas con un volumen de negocios de 800000 millones de francos suizos ( 666.000 millones de euros) y alrededor de 9.000 empleos directos. Su contribución Producto Bruto Interno (PIB) es semejante a la de la secular banca privada.
De los metales, como el cobre o el zinc, se ocupa el cantón alemánico de Zoug. En términos de facturación, Nestlé ya no es la primera firma Suiza: en 2011 retrocedió hasta el 4to lugar detrás de tres firmas: Vitol, Glencore y Trafigura, que alcanzaron respectivamente 279.000, 174.000 y 114.000 millones de francos suizos (232.000, 145.000 y 95.000 millones de euros; según la clasificación de Handels-zeitung, 27 de junio de 2012).
Actores geopolíticos
Ese desarrollo se produjo casi a espaldas de los ginebrinos y los suizos. La prensa comenzó a interesarse en el tema solo a fines de la década del 2000. Los negociantes rusos, franceses o estadounidenses valoran, además de la tranquilidad brindada por las autoridades helvéticas, la proximidad con las agencias de las Naciones Unidas y una plaza financiera de primer nivel, necesaria para alimentar al comercio con capitales.
En el sitio Whygeneva.ch, donde realiza su promoción económica el estado de Ginebra añade otro criterio decisivo una “fiscalidad ventajosa” sumada a posibilidades de “optimización impositiva”. Se trata de una litote: todas las empresas que realizan al menos el 80% de sus operaciones en el exterior pagan un impuesto a las ganancias de solo el 11,6% (en comparación en Francia y en Bélgica el impuesto a las sociedades supera el 33%). Un esquema a medida de las empresas que distribuyen las materias primas a lo largo y ancho del globo, y solo venden en Suiza una cantidad residual.
Esas radicaciones de domicilio legal en un principio cubiertas por una opacidad propia del secreto fiscal, fueron objeto de un informe del Control Federal de Finanzas, y luego de una investigación de la Radio Televisión Suiza (RTS). En febrero pasado salió a luz la ligereza con la que el cantón de Vaud, vecino de Ginebra en el arco del lago Lemán, gestiono la instalación del gigante minero brasileño Vale, que estableció su sucursal de negocios en Saint-Prex en 2006.
Las autoridades de Vaud, no satisfechas con haberle concedido una exoneración completa de los impuestos cantonales y municipales, y una devolución del 80% del impuesto federal, calcularon el impuesto a las ganancias en función de las estimaciones aportadas por la dirección del grupo, sin ningún control posterior para verificar su autenticidad…
Según informo la propia empresa, Vale pago 284 millones de francos suizos (236 millones de euros) de impuestos entre 2006 y 2009. Ahora bien, en función de sus beneficios reales, enviados a Saint-Prex desde los 38 países donde el grupo está en actividad, debería haber pagado 3.000 millones de francos más.
Ese ejemplo no perturba al presidente de Geneva Trading and Shipping Asociation (GTSA), Jacques-Olivier Thomann, quien asegura que Suiza se sitúa físicamente “en la mitad del pelotón”, detrás de otras grandes plazas del negocio como Dubái o Singapur. Añade que la fiscalidad de las personas, es decir, de los empleados, no es atractiva en Ginebra. Pidiendo mantener el anonimato, un trader especializado en petróleo matiza: “Es cierto que el impuesto a las ganancias es elevado en Ginebra. Pero los ejecutivos perciben la mayor parte de su remuneración en forma de bonos que generalmente son depositados en cuentas off-shore, fuera del alcance del fisco…” Otro agrega “¿Por qué cree usted que simples contadores llegan a la jubilación millonarios? Porque manejan este tipo de información”.
Con la ayuda de selectos juristas, los contadores participan también de la elaboración de estructuras muy sofisticadas. Pues esas empresas, a pesar de que prefieren definirse como simples negociantes al servicio del comercio mundial, transportando físicamente las fanegas de trigo y los barriles de petróleo de un punto A hasta un punto B, aprecian las jurisdicciones exóticas.
Así, un grupo especializado en el petróleo, como Trafigura, célebre por haber fletado el buque Probo Koala, que había arrojado desechos tóxicos en Costa de Marfil en 2006, posee 40 entidades establecidas en paraísos fiscales (Islas Marshall, Bahamas, Chipre etc.). En esta búsqueda de optimización fiscal y dilución de responsabilidades jurídicas, Trafigura no es ninguna excepción.
La discreción de los grupos de negocios es inversamente proporcional a su poder en los mercados mundiales. Gracias al alza masiva de los precios de las materias primas desde comienzo de siglo, esas empresas dejan atrás su papel histórico de intermediarios y extienden sus tentáculos para ejercer control sobre los precios de los recursos energéticos, de los productos agrícolas y de los minerales.
Adquieren estaciones de servicio, campos, refinerías y minas, para “remontar la cadena de la oferta, hacia la producción, o descender, hacia la distribución”, explica Emmanuel Fragniére, profesor de la Alta escuela de Gestión, de Ginebra. Es decir que las empresas de trading se alejan así de su oficio original, la logística, para transformarse en productores, distribuidores, extractores etc. Inversamente, grupos tradicionalmente centrados en la producción, como Total, Xstrata y Vale, se dotan de una sucursal de negocios para sumarse a su vez a la suerte de los fletadores y traders.
Las firmas más grandes ocupan hoy una posición de “formadores de precio” explica Chris Hinde, del Mining Journal . Así en 2010, Vitol y Trafigura vendieron cada día 8,1 millones de barriles de crudo es decir el equivalente a las exportaciones de Arabia Saudita y Venezuela juntas. Glencore no se queda atrás en esa carrera por el control de precios controla el 55% del comercio mundial de Zinc y el 36% del comercio de cobre.
En este punto, estos gigantes se convierten en actores geopolíticos. En 2011, Vitol suministro crudo tanto a los rebeldes libios en su avance hacia Trípoli, como al régimen sirio de Bashar Al-Assad. Por su parte, Glencore firmo acuerdos comerciales con Juba, la nueva capital de Sudan del sur, tres días después de la independencia de ese país, en julio de 2011. Ejemplos de este tipo jalonan la historia del negocio. En compensación por esas operaciones riesgosas, las empresas suelen obtener contratos de abastecimiento con los gobiernos.
Paradoja Suiza
En general los negociantes nunca están lejos de los puntos calientes del planeta. “Debido a su función como proveedores de los mercados de materias primas, a veces se abastecen a través de productores situados en países difíciles. Pero la mayoría de las transacciones se realizan por licitación”, subraya Jacques-Olivier Thomann. Interrogado sobre el riesgo de que la oferta venga acompañada de una coima, el ex responsable de la financiación de este negocio de BNP-Paribas, número uno mundial de esa actividad, asegura: “el banquero debe informarse sobre la reputación del proveedor, el precio de compra, el beneficiario del pago y el contexto de la operación. También debe observar que la operación no viole un embargo o alguna ley”. Pero no puede (o no quiere) saber si un potentado confunde el banco central con su billetera.
Ese riesgo no incito jamás a la profesión a movilizarse por una mayor transparencia en los mercados de materias primas. “No veo ningún motivo para regular el comercio”, afirmo por ejemplo Torbjorn Tornqvist, director ejecutivo de Gunvor. Mientras que su colega de Totsa, la filial ginebrina de trading de Total, Pierre Barbe, agrega: “Tenemos nuestros secretos. Solo concierne al país anfitrión y a nosotros".
Secretos que las firmas pretenden preservar. Durante mucho tiempo Glencore se escabullía: antes de adoptar como nombre el acrónimo de Global Energy and Commodity Resources, en 1994, la firma tenía como razón social Marc Rich & Co. AG, por el nombre de su sulfuroso fundador. La neutralidad helvética le permitió a ese hombre de negocios de origen belga, durante un tiempo emigrado a Estados Unidos, burlarse de los embargos y comerciar tanto con el régimen del apartheid de Sudáfrica, como en el Irán de Rubollah Jomeini, o con la cuba de Fidel Castro.
Rich llego a figurar en la lista de las diez personas más buscadas por el Federal Bureau of Investigation (FBI), pero fue indultado por oscuros motivos por William Clinton, el último día de su mandato.
Sin embargo, en mayo de 2011 Glencore se expuso al escrutinio del público al efectuar una entrada parcial en la bolsa (IPO) en Londres y en Hong Kong. Una inyección masiva de capitales le permitió a la firma de Zoug compensar la pérdida de su tranquilidad con un frenesí de compras. La más notable fue su fusión, por 40.000 millones de dólares con el grupo Xstrata, un gigante minero también con sede en Zoug. Esa entrada a la bolsa de Glencore transformo inmediatamente en multimillonarios a seis de sus managers – accionistas que conservan un amplio control. Pero no alcanzo para seducir a Ian Taylor, presidente de Vitol: la idea “de pasar una enormidad de tiempo con accionistas externos y con periodistas” basto para disuadirlo.
Luego de esa operación, el director ejecutivo de Glencore, Ivan Glasemberg, paso a tener un paquete de acciones cuyo valor supera la mitad del PIB de Zambia: 16.190 millones de dólares. Su firma posee Mopani Cooper Mines (MCM), la mayor mina de cobre y cobalto de ese país enclavado en África Austral. Situada en “el cinturón del cobre”, la región minera del norte del país, esa explotación genero muchos comentarios el año pasado tras la filtración de una auditoria-piloto realizada a pedido del fisco de Zambia. Entre 2005 y 2008, los estudios Grant Thornton y Econ Poyry observaron numerosas “incoherencias” contables, que solo se explicaban por la voluntad de MCM de reducir su carga fiscal.
Mecanismos de transferencia de precios le permitían exportar sus ganancias a Suiza, donde se pagan impuestos en detrimento de la recaudación del Estado de Zambia. En un comunicado del 2 de junio de 2011 el grupo de Zoug califico de “erróneo” el esquema de sustracción fiscal que emerge del documento. Sin embargo, fue objeto de una denuncia, actualmente en proceso, presentada por una coalición de organizaciones no gubernamentales (ONG), entre ellas la Declaración de Berna en Suiza, ante el punto de contacto suizo de la Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico (OCDE).
Sin embargo nada parece indicar una amenaza sobre la tranquilidad de los negociantes. ¿Acaso el gobierno suizo no acaba de renunciar a someter el sector a la ley de blanqueo?. “Las operaciones de negocio, su financiación y los pagos que están vinculados a las mismas, pasan por el sistema bancario, que debe respetarla. Por otra parte, las firmas de trading deben respetar el código penal suizo en su conjunto, que prohíbe la corrupción”, resalta Thomann. Eso no es suficiente para Mark Pieth, presidente del grupo de trabajo de la OCDE sobre la corrupción y miembro de la comisión encargada de investigar el programa iraquí de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “Petróleo contra alimentos”, un escándalo en el que están involucradas numerosas compañías con domicilio en Suiza “los elementos decisivos para hacer de Suiza una plataforma de comercio de las materias primas son el secreto bancario y la muy escasa propensión de nuestra política a la regulación”, estimo Pieth.
Esta situación desemboca en una paradoja típicamente suiza. Con su mano izquierda la Confederación promueve los derechos humanos y se jacta de su generosidad en materia de ayuda al desarrollo. Y con su mano derecha atrae a las empresas del negocio de las materias primas con una política fiscal permisiva, ignorando la acción de sus filiales en los países en desarrollo.
No obstante, esa gran brecha intelectual y política se torna difícil de justificar. Y como ocurrió con la industria de la evasión fiscal, solo bajo presión Berna acepta revisar el comercio mundial de millones de barriles de petróleo, toneladas de cobre y de trigo que transitan virtualmente por Suiza. En diciembre de 2011, poco antes del inicio de una campaña para pedir al Parlamento una ley para que las empresas radicadas en el país respeten los derechos humanos y el medio ambiente en cualquier parte del mundo, el Consejo Federal se decidió a redactar un informe sobre el sector.
Y en abril pasado, el representante de “Economía y derechos humanos” del departamento Federal de Relaciones Exteriores, Remy Friedman, detallo la posición suiza “Como las empresas suizas sacan partido de nuestra imagen de tierra de los derechos humanos, no queremos que pongan en peligro esa imagen” Y añadió que las mismas deben entender que “la seguridad humana y la seguridad de las inversiones son las dos caras de una misma moneda, y deben saber que su accionar puede tener consecuencias sobre sus actividades”.
Por su parte, Pieth estimo que con el negocio de las materias primas, Suiza corre el riesgo de ver dañada su reputación de manera similar a lo que le ocurrió con el secreto bancario. Pero ante las – modestas – veleidades reglamentarias, los negociantes no parecen dispuestos a rendirse. Algunos ya amenazaron con deslocalizar sus actividades a tierras menos exigentes, como Singapur o Dubái. Y, a diferencia de los bancos, las firmas de trading están formadas por estructuras livianas que les permiten mudarse rápidamente, en función de la acogida fiscal y reglamentaria que les este reservada.
En los últimos diez años, Ginebra se ha erigido en una de las principales plazas del comercio de materias primas, rivalizando con Londres y Nueva York. La ausencia de regulación hace de la ciudad de Calvino una sede ideal para los gigantes internacionales que controlan los mercados.
En pleno centro de Ginebra, en la zona de las Rúes Basses, solo un ojo atento puede distinguir la pequeña placa dorada Gunvor – una firma especializada en el negocio del petróleo ruso, que en 2011 facturo unos 80.000 millones de dólares – de la de un simple estudio de abogados. A diferencia de los relojeros y los banqueros, los negociantes de materias primas no instalan carteles para iluminar la rada de Ginebra, en el extremo del Lago Lemán. Tampoco publican anuncios vistosos en las revistas.
Gunvor Group
En los últimos 10 años, Ginebra se ha convertido en una de las principales plazas del comercio de materias primas, posicionándose como una rival de Londres y de Nueva York. Poco conocidas por el público, grandes firmas del negocio petrolero, minero o agrícola como Vitol, Gunvor, Louis Dreyfus, Mercuria o Bunge, fijaron domicilio para sus empresas entre Lausana y la ciudad de Calvino, donde otros grupos, como Cargill están instalados hace tiempo. Los bordes del lago Lemán concentran la mayor parte de los mercados del petróleo, de los cereales, del café y del azúcar.
Lago Leman
Solo en Ginebra, el sector cuenta con más de 400 empresas con un volumen de negocios de 800000 millones de francos suizos ( 666.000 millones de euros) y alrededor de 9.000 empleos directos. Su contribución Producto Bruto Interno (PIB) es semejante a la de la secular banca privada.
De los metales, como el cobre o el zinc, se ocupa el cantón alemánico de Zoug. En términos de facturación, Nestlé ya no es la primera firma Suiza: en 2011 retrocedió hasta el 4to lugar detrás de tres firmas: Vitol, Glencore y Trafigura, que alcanzaron respectivamente 279.000, 174.000 y 114.000 millones de francos suizos (232.000, 145.000 y 95.000 millones de euros; según la clasificación de Handels-zeitung, 27 de junio de 2012).
Actores geopolíticos
Ese desarrollo se produjo casi a espaldas de los ginebrinos y los suizos. La prensa comenzó a interesarse en el tema solo a fines de la década del 2000. Los negociantes rusos, franceses o estadounidenses valoran, además de la tranquilidad brindada por las autoridades helvéticas, la proximidad con las agencias de las Naciones Unidas y una plaza financiera de primer nivel, necesaria para alimentar al comercio con capitales.
En el sitio Whygeneva.ch, donde realiza su promoción económica el estado de Ginebra añade otro criterio decisivo una “fiscalidad ventajosa” sumada a posibilidades de “optimización impositiva”. Se trata de una litote: todas las empresas que realizan al menos el 80% de sus operaciones en el exterior pagan un impuesto a las ganancias de solo el 11,6% (en comparación en Francia y en Bélgica el impuesto a las sociedades supera el 33%). Un esquema a medida de las empresas que distribuyen las materias primas a lo largo y ancho del globo, y solo venden en Suiza una cantidad residual.
Esas radicaciones de domicilio legal en un principio cubiertas por una opacidad propia del secreto fiscal, fueron objeto de un informe del Control Federal de Finanzas, y luego de una investigación de la Radio Televisión Suiza (RTS). En febrero pasado salió a luz la ligereza con la que el cantón de Vaud, vecino de Ginebra en el arco del lago Lemán, gestiono la instalación del gigante minero brasileño Vale, que estableció su sucursal de negocios en Saint-Prex en 2006.
Las autoridades de Vaud, no satisfechas con haberle concedido una exoneración completa de los impuestos cantonales y municipales, y una devolución del 80% del impuesto federal, calcularon el impuesto a las ganancias en función de las estimaciones aportadas por la dirección del grupo, sin ningún control posterior para verificar su autenticidad…
Según informo la propia empresa, Vale pago 284 millones de francos suizos (236 millones de euros) de impuestos entre 2006 y 2009. Ahora bien, en función de sus beneficios reales, enviados a Saint-Prex desde los 38 países donde el grupo está en actividad, debería haber pagado 3.000 millones de francos más.
Ese ejemplo no perturba al presidente de Geneva Trading and Shipping Asociation (GTSA), Jacques-Olivier Thomann, quien asegura que Suiza se sitúa físicamente “en la mitad del pelotón”, detrás de otras grandes plazas del negocio como Dubái o Singapur. Añade que la fiscalidad de las personas, es decir, de los empleados, no es atractiva en Ginebra. Pidiendo mantener el anonimato, un trader especializado en petróleo matiza: “Es cierto que el impuesto a las ganancias es elevado en Ginebra. Pero los ejecutivos perciben la mayor parte de su remuneración en forma de bonos que generalmente son depositados en cuentas off-shore, fuera del alcance del fisco…” Otro agrega “¿Por qué cree usted que simples contadores llegan a la jubilación millonarios? Porque manejan este tipo de información”.
Con la ayuda de selectos juristas, los contadores participan también de la elaboración de estructuras muy sofisticadas. Pues esas empresas, a pesar de que prefieren definirse como simples negociantes al servicio del comercio mundial, transportando físicamente las fanegas de trigo y los barriles de petróleo de un punto A hasta un punto B, aprecian las jurisdicciones exóticas.
Así, un grupo especializado en el petróleo, como Trafigura, célebre por haber fletado el buque Probo Koala, que había arrojado desechos tóxicos en Costa de Marfil en 2006, posee 40 entidades establecidas en paraísos fiscales (Islas Marshall, Bahamas, Chipre etc.). En esta búsqueda de optimización fiscal y dilución de responsabilidades jurídicas, Trafigura no es ninguna excepción.
La discreción de los grupos de negocios es inversamente proporcional a su poder en los mercados mundiales. Gracias al alza masiva de los precios de las materias primas desde comienzo de siglo, esas empresas dejan atrás su papel histórico de intermediarios y extienden sus tentáculos para ejercer control sobre los precios de los recursos energéticos, de los productos agrícolas y de los minerales.
Adquieren estaciones de servicio, campos, refinerías y minas, para “remontar la cadena de la oferta, hacia la producción, o descender, hacia la distribución”, explica Emmanuel Fragniére, profesor de la Alta escuela de Gestión, de Ginebra. Es decir que las empresas de trading se alejan así de su oficio original, la logística, para transformarse en productores, distribuidores, extractores etc. Inversamente, grupos tradicionalmente centrados en la producción, como Total, Xstrata y Vale, se dotan de una sucursal de negocios para sumarse a su vez a la suerte de los fletadores y traders.
Las firmas más grandes ocupan hoy una posición de “formadores de precio” explica Chris Hinde, del Mining Journal . Así en 2010, Vitol y Trafigura vendieron cada día 8,1 millones de barriles de crudo es decir el equivalente a las exportaciones de Arabia Saudita y Venezuela juntas. Glencore no se queda atrás en esa carrera por el control de precios controla el 55% del comercio mundial de Zinc y el 36% del comercio de cobre.
En este punto, estos gigantes se convierten en actores geopolíticos. En 2011, Vitol suministro crudo tanto a los rebeldes libios en su avance hacia Trípoli, como al régimen sirio de Bashar Al-Assad. Por su parte, Glencore firmo acuerdos comerciales con Juba, la nueva capital de Sudan del sur, tres días después de la independencia de ese país, en julio de 2011. Ejemplos de este tipo jalonan la historia del negocio. En compensación por esas operaciones riesgosas, las empresas suelen obtener contratos de abastecimiento con los gobiernos.
Paradoja Suiza
En general los negociantes nunca están lejos de los puntos calientes del planeta. “Debido a su función como proveedores de los mercados de materias primas, a veces se abastecen a través de productores situados en países difíciles. Pero la mayoría de las transacciones se realizan por licitación”, subraya Jacques-Olivier Thomann. Interrogado sobre el riesgo de que la oferta venga acompañada de una coima, el ex responsable de la financiación de este negocio de BNP-Paribas, número uno mundial de esa actividad, asegura: “el banquero debe informarse sobre la reputación del proveedor, el precio de compra, el beneficiario del pago y el contexto de la operación. También debe observar que la operación no viole un embargo o alguna ley”. Pero no puede (o no quiere) saber si un potentado confunde el banco central con su billetera.
Ese riesgo no incito jamás a la profesión a movilizarse por una mayor transparencia en los mercados de materias primas. “No veo ningún motivo para regular el comercio”, afirmo por ejemplo Torbjorn Tornqvist, director ejecutivo de Gunvor. Mientras que su colega de Totsa, la filial ginebrina de trading de Total, Pierre Barbe, agrega: “Tenemos nuestros secretos. Solo concierne al país anfitrión y a nosotros".
Secretos que las firmas pretenden preservar. Durante mucho tiempo Glencore se escabullía: antes de adoptar como nombre el acrónimo de Global Energy and Commodity Resources, en 1994, la firma tenía como razón social Marc Rich & Co. AG, por el nombre de su sulfuroso fundador. La neutralidad helvética le permitió a ese hombre de negocios de origen belga, durante un tiempo emigrado a Estados Unidos, burlarse de los embargos y comerciar tanto con el régimen del apartheid de Sudáfrica, como en el Irán de Rubollah Jomeini, o con la cuba de Fidel Castro.
Rich llego a figurar en la lista de las diez personas más buscadas por el Federal Bureau of Investigation (FBI), pero fue indultado por oscuros motivos por William Clinton, el último día de su mandato.
Sin embargo, en mayo de 2011 Glencore se expuso al escrutinio del público al efectuar una entrada parcial en la bolsa (IPO) en Londres y en Hong Kong. Una inyección masiva de capitales le permitió a la firma de Zoug compensar la pérdida de su tranquilidad con un frenesí de compras. La más notable fue su fusión, por 40.000 millones de dólares con el grupo Xstrata, un gigante minero también con sede en Zoug. Esa entrada a la bolsa de Glencore transformo inmediatamente en multimillonarios a seis de sus managers – accionistas que conservan un amplio control. Pero no alcanzo para seducir a Ian Taylor, presidente de Vitol: la idea “de pasar una enormidad de tiempo con accionistas externos y con periodistas” basto para disuadirlo.
Luego de esa operación, el director ejecutivo de Glencore, Ivan Glasemberg, paso a tener un paquete de acciones cuyo valor supera la mitad del PIB de Zambia: 16.190 millones de dólares. Su firma posee Mopani Cooper Mines (MCM), la mayor mina de cobre y cobalto de ese país enclavado en África Austral. Situada en “el cinturón del cobre”, la región minera del norte del país, esa explotación genero muchos comentarios el año pasado tras la filtración de una auditoria-piloto realizada a pedido del fisco de Zambia. Entre 2005 y 2008, los estudios Grant Thornton y Econ Poyry observaron numerosas “incoherencias” contables, que solo se explicaban por la voluntad de MCM de reducir su carga fiscal.
Mecanismos de transferencia de precios le permitían exportar sus ganancias a Suiza, donde se pagan impuestos en detrimento de la recaudación del Estado de Zambia. En un comunicado del 2 de junio de 2011 el grupo de Zoug califico de “erróneo” el esquema de sustracción fiscal que emerge del documento. Sin embargo, fue objeto de una denuncia, actualmente en proceso, presentada por una coalición de organizaciones no gubernamentales (ONG), entre ellas la Declaración de Berna en Suiza, ante el punto de contacto suizo de la Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico (OCDE).
Sin embargo nada parece indicar una amenaza sobre la tranquilidad de los negociantes. ¿Acaso el gobierno suizo no acaba de renunciar a someter el sector a la ley de blanqueo?. “Las operaciones de negocio, su financiación y los pagos que están vinculados a las mismas, pasan por el sistema bancario, que debe respetarla. Por otra parte, las firmas de trading deben respetar el código penal suizo en su conjunto, que prohíbe la corrupción”, resalta Thomann. Eso no es suficiente para Mark Pieth, presidente del grupo de trabajo de la OCDE sobre la corrupción y miembro de la comisión encargada de investigar el programa iraquí de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “Petróleo contra alimentos”, un escándalo en el que están involucradas numerosas compañías con domicilio en Suiza “los elementos decisivos para hacer de Suiza una plataforma de comercio de las materias primas son el secreto bancario y la muy escasa propensión de nuestra política a la regulación”, estimo Pieth.
Esta situación desemboca en una paradoja típicamente suiza. Con su mano izquierda la Confederación promueve los derechos humanos y se jacta de su generosidad en materia de ayuda al desarrollo. Y con su mano derecha atrae a las empresas del negocio de las materias primas con una política fiscal permisiva, ignorando la acción de sus filiales en los países en desarrollo.
No obstante, esa gran brecha intelectual y política se torna difícil de justificar. Y como ocurrió con la industria de la evasión fiscal, solo bajo presión Berna acepta revisar el comercio mundial de millones de barriles de petróleo, toneladas de cobre y de trigo que transitan virtualmente por Suiza. En diciembre de 2011, poco antes del inicio de una campaña para pedir al Parlamento una ley para que las empresas radicadas en el país respeten los derechos humanos y el medio ambiente en cualquier parte del mundo, el Consejo Federal se decidió a redactar un informe sobre el sector.
Y en abril pasado, el representante de “Economía y derechos humanos” del departamento Federal de Relaciones Exteriores, Remy Friedman, detallo la posición suiza “Como las empresas suizas sacan partido de nuestra imagen de tierra de los derechos humanos, no queremos que pongan en peligro esa imagen” Y añadió que las mismas deben entender que “la seguridad humana y la seguridad de las inversiones son las dos caras de una misma moneda, y deben saber que su accionar puede tener consecuencias sobre sus actividades”.
Por su parte, Pieth estimo que con el negocio de las materias primas, Suiza corre el riesgo de ver dañada su reputación de manera similar a lo que le ocurrió con el secreto bancario. Pero ante las – modestas – veleidades reglamentarias, los negociantes no parecen dispuestos a rendirse. Algunos ya amenazaron con deslocalizar sus actividades a tierras menos exigentes, como Singapur o Dubái. Y, a diferencia de los bancos, las firmas de trading están formadas por estructuras livianas que les permiten mudarse rápidamente, en función de la acogida fiscal y reglamentaria que les este reservada.