Omawakas, el nombre designaba a los del sur de Bolivia (Sococha) hasta los Valles Calchaquíes, fueron caracterizados por los conquistadores españoles y la misma iglesia como uno de los belicosos de la región, afirmación esta establecida por algunos cronistas debido a la tenaz resistencia de la etnia Omaguaca al no dejarse dócilmente entregarse a los encomenderos, tal resistencia duro por los menos 60 años, es notable aclarar que ellos establecieron distintos tipos de influencia sobre las otras parcialidades de la quebrada, especialmente sobre los Ocloya y los Uquias, parecen haber establecidos con ellos, ciertos tipos de alianza, frente a peligros externos como los Incas y Españoles.
Se destaca su Cacique o Curaca, parece haber excedido el ámbito local, para llegar a la Puna de Atacama de Chile, los Valle Calchaquíes y el Chaco.
Viltipoco pudo convocar más de 10.000 originarios de guerra, con el objetivo de arrasar con los españoles especialmente en la ciudad de Jujuy y las dos primeras fundaciones, fallidas desde luego por que no admitían la intromisión en su terruño de sujetos ajenos a su mundo.
Alianza multi-étnica que comprendía a Diaguitas, Chichas, Omawakas, Churumatas, Lules y Apanatas.
Humahuacas u Omaguacas es el nombre con que casi todos los autores sin excepción denominan a las comunidades que ubicadas en la actual quebrada de Humahuaca conformaron una unidad cultural con características propias, a pesar de sus semejanzas con las parcialidades diaguitas.
Los Omaguacas eran comunidades agricultoras que poseían también irrigación artificial y andenes de cultivo. Los frutos de la recolección eran almacenados; también fueron pastores y en menor medida cazadores. Al igual que entre los diaguitas el sistema de edificación incluía a la comunidad propiamente dicha y al recinto fortificado enclavado en un lugar estratégico, por lo general una elevación.
Las industrias principales eran la alfarería aunque sin igualar la perfección de la diaguita, la metalurgia y los tejidos.
Relaciones en el seno de la comunidad: Existen muy pocos datos, pero lo que más se sabe es acerca de la guerra que también esta cultura desempeñaba en un rol preponderante. Las diferentes parcialidades estaban a cargo de un cacique y todas ellas a su vez respondían a un cacique general de los Omaguacas.
Relaciones con lo sobrenatural de los Omaguacas: También en este aspecto es difícil la reconstitución. La funebria nos da algunos indicadores, fundamentalmente a través de un culto a los muertos sumamente elaborado.
El hallazgo de deformaciones craneanas puede señalar la posibilidad de un culto de los cráneos, asociado a la existencia de cráneos-trofeo. Entre los omaguacas la deformación ritual era una costumbre importante, practicándose la de tipo tabular-oblicuo, es decir colocando maderas que presionaban los huesos frontal y occipital.
Relaciones con otras comunidades de los Omaguacas: La Quebrada era un corredor de tránsito. Una gigantesca vía de comunicación natural que sirvió como territorio de encuentro de distintas zonas convergentes en ella.
La guerra y el comercio aparecen nuevamente como los vehículos de comunicación con las otras comunidades.
El intercambio fue intenso. Es sabido que la coca, sumamente valorada (acompañaba al muerto en su viaje final), era traída desde Bolivia. Se han encontrado valvas de moluscos traídas probablemente de la costa del pacífico como objetos de trueque así como también artesanías diaguitas de distintas procedencias.
La expansión incaica hizo a los Omaguacas entrar en temprano contacto con las avanzadas imperiales del Cuzco.
A la llegada de los españoles, en la Quebrada aparte de la población original estaban algunos núcleos poblacionales de “mitimaes”, parcialidades de losa “chichas” de Bolivia tales como los churumatas, paypayas, y otros, que sirvieron como barrera de contención de las belicosas comunidades guaraníes que ya se desprendían desde el Chaco, los chiriguanos. A su vez, y como ya vimos, esos grupos chichas sirvieron como vía de penetración incaica al ser portadores de la lengua quichua.
Pucará de Tilcara
El Pucará de Tilcara es una fortaleza construida por los tilcaras, una parcialidad de los omaguacas, en un punto estratégico sobre la Quebrada de Humahuaca, en la Provincia de Jujuy, República Argentina (los aborígenes de la región decidieron fijar sus residencias en la cima de los cerros o mesetas de difícil acceso) . Se encuentra al sur de la ciudad de Tilcara, sobre un morro, a 80 m de altura sobre el Río Grande, que allí corre a 2.450 msnm. Fue un lugar ideal para defenderse de los ataques; dominaba el cruce de los dos únicos caminos del lugar y por un lado la defienden los acantilados sobre el Río Grande y por el otro las ásperas laderas. En los faldeos más accesibles construyeron altas murallas. Los pucarás no solo tenían fines defensivos sino también sociales y religiosos. Desde esa altura podían controlarse los campos de cultivo circundantes y las viviendas de los campesinos en los terrenos bajos.
Es una de las más importantes y conocidas de las antiguas poblaciones prehispánicas de la región Humahuaca. Tiene una extensión de 8 a 15 hectáreas y aproximadamente 900 años de antigüedad. En el pucará se identifican varios barrios de viviendas, corrales, una necrópolis y un lugar para ceremonias sagradas, entre otros espacios.