Sentimientos acompañan los cambios del horario de verano. Afortunadamente, venimos esquivándolos desde hace unos años. Está bueno, la hora es —más o menos— la que dice el reloj puesto en hora. Llegamos igual de tarde a nuestros compromisos y el Sol está en el lugar esperado en el momento justo. Evidentemente, tampoco nos preocupa demasiado, de otra forma notaríamos que a las doce en punto del medio día el Sol no está lo más alto que puede en el cielo —culminando superiormente—: todavía le falta subir un poco, como una hora. Argentina, lejos de ser el único, es uno de esos países donde se vive una hora que no corresponde. Digamos que le podría corresponder cualquiera que ella quisiera, pero no resulta muy intuitivo —no estamos acostumbrados a— que el mediodía, por ejemplo, sea a las 22 h. Es más sutil: vivimos adelantados una hora.
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