Hay personas que por su afición o actividad desarrollan un cierto sentido de comunicarse con las plantas o con los animales con los cuales tratan. Un chamán de la etnia Embera-catio, Romulo Valencia Carampaima, de quien tome mi seudónimo residía en lo más profundo de la selva y, con frecuencia, le mandaba obsequios con otros indígenas. El, como chamán, estaba conectado con las plantas y los animales y ese era su mundo y tan natural como el mundo cotidiano es para el hombre corriente. Cierta vez le envié una pipa, unos tabacos, una ruana y una pomada rubefaciente que el utilizaba para impregnar sus ojos y decía que quedaba viendo como cuando estaba joven. En verdad esa crema yo la había diseñado para otros usos y él le dio un uso distinto y enteramente sorprendente. Estaba sentado en la raíz de un árbol aliado en plena selva y el árbol le había dicho que le había enviado. Al llegar los indígenas les dijo:¡ mi ruana, mi pipa, mis tabacos y mi pomada para los ojos!.
Hay señoras que utilizan la planta descrita en las fotografías para leer los números del chance que son apuestas que juegan con la lotería. Cuando en una hoja “ ve” un número lo juega y gana. Revisan la mata todos los días. Son fanáticas de esa planta porque les ha producido dinero en innumerables ocasiones, nadie las convence que no sea posible hablar con las plantas.
Hay señoras que utilizan la planta descrita en las fotografías para leer los números del chance que son apuestas que juegan con la lotería. Cuando en una hoja “ ve” un número lo juega y gana. Revisan la mata todos los días. Son fanáticas de esa planta porque les ha producido dinero en innumerables ocasiones, nadie las convence que no sea posible hablar con las plantas.