Witricidad, la resurrección de Nikola Tesla
Hace tiempo se hablaba de la oficina sin papeles. Comentábase por entonces que, en pocos años, gracias a la informática y a Internet, la presencia de papel tanto en ámbitos profesionales como domésticos caería por los suelos. Para alivio de los fabricantes de hojas blancas la realidad ha llevado un camino diferente. No sé si le sucederá a más gente, pero al menos yo percibo que se gasta ahora tanto o más papel que hace cinco o diez años, muchas veces sin sentido alguno. Ahora, le llega el turno a los cables, se promete un feliz futuro próximo sin ataduras de cobre. Puede que los fabricantes de cableados estén empezando a temblar, o puede que confíen en que, otra vez, las promesas se queden en palabrería. A mí no me importaría librarme de los cables de alimentación, de la misma forma que ya no sería lo mismo la vida sin WiFi, teniendo que retomar los cables de red. Un ordenador captando energía eléctrica del “aire” y conectado a la red vía WiFi o, mejor, WiMAX o 3G, sí sería realmente libre. ¡Adiós a los cables y los enchufes! ¡Adiós a las baterías! Llega la hora de explotar la witricidad, palabra extraña que proviene de castellanizar el término inglés witricity, wireless electricity o electricidad sin cables. Todavía no existe un sistema de transmisión de energía eléctrica de este tipo que pueda considerarse cercano a ser comercial, pero los últimos intentos son muy prometedores.
Dave Gerding, del MIT, creó el término witricidad en 2005 y parece que gustó, porque el equipo Marin Soljačić, el más avanzado en este campo, lo ha continuado utilizando. El mayor problema para lograr explotar comercialmente la idea de la energía eléctrica obtenida sin cables está en las pérdidas. Todo el sistema se basa en juegos de resonancia electromagnética y, claro está, al atravesar el aire se pierde energía. Incluso aunque emisores y receptores se encuentren perfectamente ajustados en cuanto a frecuencias y distancias, la pérdida es inevitable pero cuando se haya minimizado en lo posible tal problema, seguramente los cables y los enchufes empiecen a temblar ante su próximo fin o, al menos, su pérdida de hegemonía a la hora de alimentar nuestros cacharrillos.
Si hoy visita este tema TecOb es porque hace muy poco, de forma un tanto circense, se ha vuelto a realizar una prueba pública de witricidad. De nuevo han sido científicos del MIT los encargados de hacer que una bombilla de 60 watios se iluminara gracias a la energía emitida por dos resonadores paralelos en presencia del CTO de Intel Justin Rattner. De momento en el MIT creen que se puede lograr un rendimiento del 40%, aunque Intel afirma que se podría llegar al 70%, lo que no estaría nada mal. Puede que no sirviera para alimentar grandes electrodomésticos ni aparatos de iluminación o industriales, pero seguramente, y sin grandes desarrollos añadidos, no se tarde en ver edificios equipados con emisores de witricidad para alimentar pequeños aparatos como MP3, ordenadores portátiles o, siendo más prácticos, redes de sensores inalámbricas que ya no dependerían de baterías o utensilios médicos con poca exigencia en cuanto a consumo de energía:
Todo esto no viene sino a restaurar la memoria de un genio universal, Nikola Tesla, quien ya trabajó duramente en este campo hace más de un siglo. Tesla soñó con un mundo en el que la energía podía captarse del aire, sin cable alguno, gracias a gigantescos emisores de microondas. No fue el primero en pensar en ello. A mediados del siglo XIX el mismísimo James Clerk Maxwell ya teorizó sobre el asunto y, más tarde, Hertz llevó al mundo real lo que sólo eran ecuaciones sobre un papel al ser capaz de dar vida a generadores de ondas electromagnéticas. Claro, ninguno de ellos pensaba en emitir energía, incluso el propio Hertz opinaba que la emisión y captación de ondas electromagnéticas, esto es, radio, no tendría mucha utilidad. Fue cuando el siglo XIX prácticamente había finalizado cuando otro genio casi olvidado, Jagadis Chandra Bose, logró transmitir señales de radio a distancia. Con tales antecedentes, en la cabeza del sorprendente Tesla se iluminó una idea que consumiría muchos años de su vida: emitir energía aprovechable a distancia a través de la atmósfera, no sólo ondas de radio para comunicaciones. Lo logró, cierto es que no consiguió mucha eficacia, pero demostró que era posible y, si no le hubieran cortado el grifo financiero para terminar su genial experimento de la torre de Wardenclyffe, posiblemente los enchufes y cables hubieran sido actualmente cosas olvidadas. Puede que el futuro sea witriléctrico -qué mal suena el palabro- o bien, puede que como en el caso de la oficina sin papeles, no sea más que una promesa. Veremos qué sucede…
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