El profesor de la universidad Talbot School of Theology in La Mirada, California, el filosofo, William Lane Craig comenta el artículo del periódico británico "El espectador", cuyo titular decía: "Richard Dawkins ha perdido".
Había un artículo interesante en el periódico británico “El espectador”, el día 13 de abril con un titular que me llamó la atención: “Richard Dawkins ha perdido”. Conozcan a los nuevos “nuevos ateos”. Y el subtitular es:”El humanismo secular se recupera de su fase Dawkiniana y comienza una conversación más interesante”
Esto es lo que dice el autor:
Se trataba de un torrente de frustración por el hecho de que la religión fuera enloquecedoramente complicada y obstinadamente irritante, incluso en una Gran Bretaña mayoritariamente secular.
Los sucesos del 11 de septiembre fueron el principal detonante de la explosión de esta irritación latente. Había un deseo de ver el terrorismo islámico como la analogía simbólica de toda religión. En cierto nivel, esto tiene algo de sentido: ¿No sitúa toda religión a la fe por encima de la razón?
¿No es ésto intrínsecamente peligroso? ¿No ponen en peligro todas las religiones la libertad secular, sea a través de guerras santas o bien de escuelas religiosas? (pues, difícilmente, dado que los cristianos creen en la libertad de conciencia, y el derecho de seguir a tu conciencia allí donde te lleve, y por ello, apoyamos la libertad religiosa, mientras no infrinja la libertad del otro)
Pero, continúa diciendo, en otro nivel, es absurdo: ¿es el párroco local, que lucha por construir la comunidad y ayudar a los borrachos malolientes a mantenerse con vida, en realidad una fuerza del mal - aunque tenga algunas opiniones no liberales? Cuando surgen estas preguntas, un gran cartel luminoso que diga 'Complicado' debiera parpadear en nuestro cerebro. En cambio, a raíz del 9/11, muchas personas, por lo normal perfectamente razonables, optaron por la simplicidad por encima de la complejidad. Se las arreglaron para convencerse a sí mismos de que la religión es básicamente mala, y de que el intelectual valiente debe hablar en contra de ella.
Fundamentalmente, dice, los defensores del ateísmo más jóvenes son reacios a competir por el papel de discípulo de Dawkins. Ellos son más propensos a lamentar el nuevo enfoque ateo y claman por una inyección importante de matices en el tema.
Todos estos escritores se niegan admirablemente a caer en una ideología comodona radical que afirme la superioridad moral de los no creyentes. La vida es complicada, admiten. La religión institucional puede ser turbia, pero muchos de sus servidores se oponen a esa tendencia con un entusiasmo que avergüenza a la cultura secular. Un enfoque polémico al tema de la religión ya no está de moda.
En generaciones anteriores, el ateo gustaba de insistir en que los no creyentes pueden ser tan morales como los creyentes. Lo que distingue al nuevo ateo es el reconocimiento de que los no creyentes pueden ser tan inmorales como los creyentes. El rechazo de la religión no es el camino seguro hacia la virtud.
El autor del articulo continúa hablando sobre el impacto social de las creencias religiosas, pero no aborda lo que yo creo que es el punto filosófico más importante. Que el rechazo de Dios, te deja sin fundamento alguno para afirmar los valores morales objetivos. Al margen de que el rechazo de las creencias religiosas conduzca a la autocomplacencia o la arrogancia, la pregunta fundamental es, ¿No nos hace aterrizar en el nihilismo si Dios no existe? Y un buen numero de ateos y naturalistas, están reconociendo esto hoy, que en realidad no tenemos ningún tipo de objetividad en nuestros valores y deberes morales.
Finalmente, dice, prestar atención a las raíces religiosas del humanismo puede sacarnos de ver el humanismo secular como algo natural, la posición por defecto, e incitarnos a reflexionar sobre nuestra necesidad de disciplina, estructura, comunidad, etc…Y, una vez más, incluido en ese “etc”, yo diría que está el fundamento de los valores y deberes morales objetivos.
Dice, la novedad fundamental del ateísmo más reciente, tal vez, sea su atención a la fragilidad humana.
El creyente religioso podría decir: no necesitamos al humanismo para decirnos esto. Ciertamente no, pero no vendría mal a los no creyentes, inoculados contra toda conversación sobre religión, oírlo.
Había un artículo interesante en el periódico británico “El espectador”, el día 13 de abril con un titular que me llamó la atención: “Richard Dawkins ha perdido”. Conozcan a los nuevos “nuevos ateos”. Y el subtitular es:”El humanismo secular se recupera de su fase Dawkiniana y comienza una conversación más interesante”
Esto es lo que dice el autor:
Se trataba de un torrente de frustración por el hecho de que la religión fuera enloquecedoramente complicada y obstinadamente irritante, incluso en una Gran Bretaña mayoritariamente secular.
Los sucesos del 11 de septiembre fueron el principal detonante de la explosión de esta irritación latente. Había un deseo de ver el terrorismo islámico como la analogía simbólica de toda religión. En cierto nivel, esto tiene algo de sentido: ¿No sitúa toda religión a la fe por encima de la razón?
¿No es ésto intrínsecamente peligroso? ¿No ponen en peligro todas las religiones la libertad secular, sea a través de guerras santas o bien de escuelas religiosas? (pues, difícilmente, dado que los cristianos creen en la libertad de conciencia, y el derecho de seguir a tu conciencia allí donde te lleve, y por ello, apoyamos la libertad religiosa, mientras no infrinja la libertad del otro)
Pero, continúa diciendo, en otro nivel, es absurdo: ¿es el párroco local, que lucha por construir la comunidad y ayudar a los borrachos malolientes a mantenerse con vida, en realidad una fuerza del mal - aunque tenga algunas opiniones no liberales? Cuando surgen estas preguntas, un gran cartel luminoso que diga 'Complicado' debiera parpadear en nuestro cerebro. En cambio, a raíz del 9/11, muchas personas, por lo normal perfectamente razonables, optaron por la simplicidad por encima de la complejidad. Se las arreglaron para convencerse a sí mismos de que la religión es básicamente mala, y de que el intelectual valiente debe hablar en contra de ella.
Fundamentalmente, dice, los defensores del ateísmo más jóvenes son reacios a competir por el papel de discípulo de Dawkins. Ellos son más propensos a lamentar el nuevo enfoque ateo y claman por una inyección importante de matices en el tema.
Todos estos escritores se niegan admirablemente a caer en una ideología comodona radical que afirme la superioridad moral de los no creyentes. La vida es complicada, admiten. La religión institucional puede ser turbia, pero muchos de sus servidores se oponen a esa tendencia con un entusiasmo que avergüenza a la cultura secular. Un enfoque polémico al tema de la religión ya no está de moda.
En generaciones anteriores, el ateo gustaba de insistir en que los no creyentes pueden ser tan morales como los creyentes. Lo que distingue al nuevo ateo es el reconocimiento de que los no creyentes pueden ser tan inmorales como los creyentes. El rechazo de la religión no es el camino seguro hacia la virtud.
El autor del articulo continúa hablando sobre el impacto social de las creencias religiosas, pero no aborda lo que yo creo que es el punto filosófico más importante. Que el rechazo de Dios, te deja sin fundamento alguno para afirmar los valores morales objetivos. Al margen de que el rechazo de las creencias religiosas conduzca a la autocomplacencia o la arrogancia, la pregunta fundamental es, ¿No nos hace aterrizar en el nihilismo si Dios no existe? Y un buen numero de ateos y naturalistas, están reconociendo esto hoy, que en realidad no tenemos ningún tipo de objetividad en nuestros valores y deberes morales.
Finalmente, dice, prestar atención a las raíces religiosas del humanismo puede sacarnos de ver el humanismo secular como algo natural, la posición por defecto, e incitarnos a reflexionar sobre nuestra necesidad de disciplina, estructura, comunidad, etc…Y, una vez más, incluido en ese “etc”, yo diría que está el fundamento de los valores y deberes morales objetivos.
Dice, la novedad fundamental del ateísmo más reciente, tal vez, sea su atención a la fragilidad humana.
El creyente religioso podría decir: no necesitamos al humanismo para decirnos esto. Ciertamente no, pero no vendría mal a los no creyentes, inoculados contra toda conversación sobre religión, oírlo.