Marihuana
Gente que consumio, relatos y anècdotas...
"No sé vincularme si no fumo"
"Tenía 14 años, era un nene. Mi mamá me había sacado del colegio público de mi barrio, Lugano, para llevarme a uno privado. Pensó que allí estaría mejor, pero fue al revés. Ahí me junté con lo peor, y a los 14 empecé con el porro. Me atrapó de entrada. Al tiempo hacía cualquier cosa por consumir". Daniel tiene 24 años y está internado en un centro de Merlo. Pudo dejar las drogas que consumió dos años después de probar su primer porro, pero sigue enfrentando a su peor enemigo: "No puedo superar la adicción a la marihuana. Pude dejar la cocaína, la pasta base, pero hace dos meses recaí con el porro. Me cuesta vivir sin eso", confiesa.
Hiperquinético, "nervioso", asegura que encontró en la marihuana la manera de "sedarse" y socializarse. "No sé vincularme si no fumo, ya forma parte de mi personalidad. El porro me dio inclusión (sic), pero también me dejó tololo. No terminé la escuela, me afectó la memoria, tengo actitudes torpes, me pierdo, me olvido de todo. Ojalá me deje en paz".
Prevención
Ante la caída en la edad de inicio del consumo de drogas, Sedronar lanzó un Programa de Prevención en el ámbito Educativo. Se llama "Quiero Ser" y está dirigido a chicos de entre 10 y 14 años. Los docentes son una pieza clave.
No hay drogas inocentes
Diana Baccaro
dbaccaro
Hace un tiempo, un ministro dijo que se oponía a las fiestas electrónicas porque "todos saben que allí se consumen drogas sintéticas". Se refería a las drogas de diseño que se asocian a las nuevas formas de entretenimiento y socialización de los jóvenes de clase media y alta. Los maratones musicales y toda la parafernalia de los bailes tecno, sin embargo, a veces opacan problemas mucho más viejos y más masivos, como el consumo de marihuana, que atraviesa a todos los sectores sociales, de todas las edades. Y con una lista de agravantes: se accede a ella más fácilmente, es más barata y —bajo un falso manto de inocuidad— hasta goza de cierta permisividad.
Sin efecto terapéutico
"Consumir marihuana no es gratis. Tras un par de pitadas se mueren unas 150.000 neuronas. Y, minutos después, se ve afectada la coordinación motora, la función cognitiva y la percepción. Cuando uno pide mapeos cerebrales observa el daño cerebral con claridad", dice Miguel Ríos, al frente de la Fundación Reencuentro.
"Es un agente tóxico que tiene un fuerte impacto cerebral: modifica el contenido y el influjo celular de calcio en las neuronas del hipocampo, afecta los procesos involucrados en la memoria y produce trastornos cognitivos residuales", explica el neurólogo Marcelo Merello.
Los expertos desmienten que el porro tenga efectos terapéuticos. "Es una sustancia de la marihuana sintetizada en laboratorio la que ayuda a combatir las náuseas de quienes se hacen quimioterapia. Es un fármaco, no un cigarrillo. Fumar produce alteraciones cardiorrespiratorias que pueden ser nocivas para los enfermos", dice Vallejos.
"Dejé y recaí tantas veces que ya ni puedo contarlas"
Tuvieron que pasar más de 35 años de consumo para que Oscar B. asumiera que no podía manejarla. "Imaginate —dice—. Tengo 52 y desde los 15 que fumo. Dejé y recaí tantas veces que ya ni puedo contarlas. La marihuana no sólo me hizo pelota el cerebro sino que fue al trampolín a las demás drogas. Pasé por todas, fui sumando algunas y restando otras, pero el porro estuvo siempre". Hasta ahora. Hace dos meses que está internado en la Fundación Reencuentro, a la espera de una hazaña que emprendió tantas veces como fracasó: dejar la droga. O que la droga lo deje, y le devuelva la vida que le roba hace varias décadas.
"Era un pibe, un adolescente, y me fasciné con el hippismo. Me
acerqué a unos muchachos que fumaban marihuana y me enganché. Siempre supe que no era bueno, pero jamás imaginé que me volvería adicto. Siempre dije que era algo que manejaba, un aditivo para noches de buen pasar, pero después no pude parar. Llegué a viajar a Paraguay a comprar... Me la traía de kilos. Fumaba diez porros diarios". Oscar no sabía lo que era vivir sin estar fumado, porque sentía que podía hacer todo con porro encima. "Me engañaba. Estaba atado. Sin la marihuana sentía que me faltaba optimismo para encarar el día. Si no fumaba me ponía depresivo", confía.
La marihuana no fue lo peor. O sí, porque fue la puerta. "Seguí con anfetaminas, cocaína, LSD, pastillas. Hoy soy VIH positivo, tengo problemas motrices y muchas fallas en la memoria reciente. Además, hice destrozos en mi familia, abandoné a mis hijos... Destruí todo", repasa Oscar. "Los pibes tienen que saber que cada porro deja neuronas en el camino. Perdés la memoria, la noción del tiempo, te relajás ante cuestiones que merecerían atención o preocupación. Es una mierda, una mierda que encima está pseudolegalizada. La tolerancia social no ayuda".
Todo esto figura en diario clarin, en la fecha 03/06
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