Inteligencia, Más Allá del Coeficiente Intelectual.
Utensilios de cocina Neolíticos que muestran el ingenio humano. Museo histórico de Berna.
A lo largo de la historia, el Homo Sapiens (al igual que nuestros antepasados directos, los neandertales y los Australopithecus) han intentado separarse de la naturaleza, uno de los tantos lazos que nos atan. En lugar de ser controlados por los caprichos de la madre tierra y adaptarnos a nuestro medio ambiente, tratamos de hacer que la naturaleza y nuestro entorno se adapten a nosotros. Hemos inventado una gran variedad de herramientas para que nos ayuden en esta tarea. Con el tiempo, los humanos incluso hemos comenzado a utilizar a la propia naturaleza, criando plantas y animales para nuestra alimentación en lugar de recolectar o cazar. Hay pocas dudas de que, en su mayor parte, el Homo Sapiens de hoy domina la naturaleza.
Por supuesto, podemos debatir las formas en que esta práctica es a la vez beneficiosa y problemática, pero estos debates son para los filósofos. Los científicos están más interesados en cómo los humanos llegaron a ser tan tecnológicamente eficientes y la forma en que finalmente llegaron a dominar otras especies. Por supuesto, muchas variables juegan un papel en el ascenso de los humanos al poder, pero el factor determinante es lo que llamamos inteligencia.
Pero la inteligencia es más compleja que lo que parece.
¿Qué es la inteligencia?
La inteligencia es un término bastante ambiguo. A menudo debatimos qué significa, cómo debe ser definido, y si es exclusiva de los humanos. Por eso, voy a empezar con una definición amplia. El doctor C. George Boeree de la Universidad de Shippensburg, describe a la inteligencia como la capacidad de una persona para aprender y entender información, aplicar esa información para resolver problemas y usar razonamiento abstracto. Esta definición es buena, aunque un poco escasa. Pero resulta que Einstein tiene algo que aportar a esta conversación. En su libro With Other Opinions and Aphorisms, escribe: “La imaginación es más importante que el conocimiento. Ya que el conocimiento es limitado, mientras que la imaginación abraza el mundo entero, estimulando el progreso y produciendo evolución. Es, estrictamente hablando, un factor de peso en la investigación científica”.
Albert Einstein, considerado una de las personas más inteligentes que existieron.
Independientemente de la definición formal, la manera en que clasificamos la inteligencia es muy subjetiva. Por ejemplo, la persona “A” puede ver a un cuervo como una criatura muy inteligente, ya que demuestra habilidades para la resolución de problemas, mientras que la persona “B” ve al pájaro como poco inteligente porque su curva de aprendizaje es muy lenta. Del mismo modo, se podría llamar a Beethoven inteligente por sus capacidades para la composición, o afirmar que no es más que una persona con inclinaciones musicales. Así que ya ves, la medición de la inteligencia siempre ha sido un problema para los psicólogos porque hay muchos factores influyentes (como pensamiento crítico, resolución de problemas, y la lista sigue), todavía no hay consenso sobre lo que se debe medir cuando se habla de inteligencia. Hasta ahora, la mejor herramienta que pudimos inventar son los tests de Coeficiente Intelectual.
Los tests de CI (coeficiente intelectual) son una de las maneras más populares de medir la inteligencia de una persona (aunque éstos varían casi tanto como las definiciones de inteligencia). Los tests de inteligencia son pruebas para las que no se puede estudiar, esto significa que pueden medir la inteligencia general de una persona de cualquier edad. Para ello, investigadores de principios del siglo XX desarrollaron un concepto conocido como “edad mental” vs “edad cronológica”. El razonamiento es el siguiente, si un niño tiene seis años pero sólo puede realizar tareas que haría uno de tres, se dice que el niño tiene una “edad mental” de tres años. Entonces se toma la “edad mental” y se divide por la “edad cronológica” del niño para determinar un “cociente mental”. El niño de seis años que tiene un rendimiento de uno de tres, se dice que tiene un cociente mental de 0.5 (seis dividido por tres), este número es multiplicado por 100 para deshacerse del punto decimal, y terminamos con un coeficiente intelectual de 50.
Esto parece una medida un poco simple, por lo que los científicos desarrollaron muchos tipos de pruebas estandarizadas de inteligencia, tratando de reducir la naturaleza subjetiva y no científica de la medición. Los tests de inteligencia modernos a menudo miden la capacidad de una persona en algunas áreas específicas: la capacidad espacial (visualizando formas y figuras), la capacidad matemática (usando la lógica para resolver problemas ), la capacidad lingüística (resolviendo crucigramas o reconociendo palabras con letras mezcladas, etc), y la memoria (recordando información visual o auditiva). Estos temas son elegidos porque se dice que pueden medir la “inteligencia general”, que consiste en la capacidad de entender los conceptos mas que en tener conocimientos previos.
Los tests de inteligencia no son capaces de medir con precisión todos los aspectos de la brillantez de una persona (o la falta de ella), y los resultados incluso pueden variar de una prueba a otra (vale la pena señalar que solo son aceptadas los tests realizados por profesionales, y con revisión por pares. Las pruebas de coeficiente intelectual en línea son sólo para diversión). En los últimos años ha habido muchas pruebas de cociente de inteligencia emocional que tratan de medir la capacidad de una persona para identificar, controlar y evaluar las emociones de los demás y de sí mismos. Estas no han sido aceptadas como útiles, y de ningún modo sustituyen a las pruebas de coeficiente intelectual, pero son otra manera de medir las facultades mentales de una persona.
Mientras el CI es generalmente considerado como una medida confiable de la capacidad de una persona para realizar tareas académicas, esto no es todo lo que existe. Hay muchas otras variables que no se tienen en cuenta y que contribuyen a formar la inteligencia, el estilo de aprendizaje, la personalidad y el estado de ánimo de una persona. Todas estas cosas puede influir en la inteligencia y puede desviar los resultados de nuestros adorados tests de coeficiente intelectual.
Cuando se trata de inteligencia, hay algunas preguntas audaces que debemos formular. Por ejemplo, “¿puede tu CI cambiar con el tiempo o con la educación?”, “¿un CI alto garantiza el éxito académico?”, “¿qué otras habilidades (como la empatía, la comunicación y la perseverancia) están relacionadas con la inteligencia?” Los científicos han estado trabajando durante las últimas décadas para darnos una imagen más completa de lo que significa ser “inteligente”.
El CI tiene sus debilidades
Aunque el CI se utiliza como una manera consistente de medir la inteligencia, éste no viene sin algunos defectos. Uno de los mayores errores acerca del CI es la creencia de que, cuando se mide en una persona, se hace una completa y minuciosa revisión de las capacidades mentales de ese individuo. De hecho, esta creencia es completamente errónea. Howard Gardner, un psicólogo de Harvard, describió a los tests de CI como verbalmente parciales y sesgados por el idioma:
“Ellos [los tests de CI] dependen en gran medida del lenguaje y la habilidad de una persona para definir palabras, de conocer datos sobre el mundo, de encontrar conexiones (y diferencias) entre conceptos verbales. Además, el test de inteligencia revela poco acerca del potencial de crecimiento de un individuo.”– Frames of Mind, 1993.
Howard Gardner, Universidad de Harvard.
Además, los tests de CI pueden ser influidos por prejuicios personales. El Doctor Scott Barry Kaufman, describe brevemente el hecho de que los creadores y administradores de estos tests no pueden bloquear completamente sus experiencias pasadas, lo cual lleva al sesgo. Cabe destacar que los resultados incluso pueden variar de prueba a prueba, haciéndolos muy inexactos.
Aparte de la naturaleza verbal de estos tests, los psicólogos dicen (medio en broma) que “el CI es lo que miden los tests de CI”. Aprendimos en la primera parte que éstos miden memoria, capacidad lingüística, habilidad espacial y lógica, pero esto es sólo una parte del pastel. El cerebro es increíblemente complejo y todavía no tenemos la capacidad de medir todas sus funciones, lo cual me lleva a mi declaración anterior: los tests de cociente intelectual miden habilidades muy específicas en un momento muy específico de la vida de una persona, y aplicar esta puntuación como la medida de inteligencia para toda la vida es una tontería. Muchos investigadores de la inteligencia están alejándose del test único de CI hacia mútliples pruebas de habilidades cognitivas. La teoría de Cattell-Horn-Carroll divide a la inteligencia en siete factores que describen “cómo” una persona aprende, en vez de su capacidad “innata” de aprender. Con el advenimiento de tests como estos, la idea de CI está cambiando rápidamente hacia algo más parecido a un “perfil cognitivo”.
¿Tu CI puede cambiar?
Ahora que tenemos más margen de maniobra sobre cómo medir y definir inteligencia, y teniendo presente algunos de los obstáculos que enfrentamos al hacerlo, la pregunta sigue siendo: “¿puede el CI cambiar con el tiempo?”. La respuesta dominante es, absolutamente. Stephen Ceci, un profesor de psicología de Cornell, explica que los cambios en el CI son normales y ocurren con la edad, escolaridad u ocupación. Por ejemplo, los taxistas de Londres tienen que memorizar una vasta red de calles de siglos de antigüedad; estas personas muestran cambios significativos de CI con el tiempo.
Otra área en la que quiero enfocar la atención es la matemática. Es una creencia muy difundida que hay dos tipos de personas, las que son buenas en matemáticas… y aquellas que no lo son. Este artículo explica varias razones psicológicas y sociales sobre esta idea falsa sobre inteligencia y talento innato. En realidad, si tomas un grupo de estudiantes y les dices que su inteligencia (en matemáticas) puede ser fácilmente estimulada con trabajo duro, estos finalmente comienzan a sentirse “más talentosos” en matemáticas e incluso se desempeñan mejor (aumenta la inteligencia y también la autoestima). Esto muestra una gran correlación entre trabajo duro e inteligencia acrecentada, y los estudios sugieren que esto no solo se aplica a la matemática.
Índice de inteligencia y personalidad
Como decíamos anteriormente, la inteligencia es mucho más que un puntaje, y es mucho más compleja que lo que muestran los medios populares. Considera lo siguiente. Escenario uno: una persona de alto coeficiente intelectual (una persona sobre la que los modelos corrientes dicen que le iría muy bien en la vida académica), nunca aprende el valor de la educación o de concentrarse en el trabajo. Esta persona podría no tener la disciplina para esforzarse en sus estudios, rompiendo la noción de que el CI se correlaciona directamente con el éxito académico. Escenario 2: a una persona de alto CI le va mal en la mayoría de las asignaturas, excepto en geometría. Esto puede ser porque la persona aprende mejor de manera visual, y sin saber eso, el alumno se esfuerza por mejorar. Estos son solo dos escenarios donde la personalidad, la educación y el estilo de aprendizaje determinan si una persona se considera inteligente o no. Una herramienta útil para aprender más sobre ti mismo es el Eneagrama, que puedes encontrar aquí.
Al final, la inteligencia será tan importante como le permitas ser. Las investigaciones han demostrado no solo que el CI es una medida altamente específica de ciertas habilidades, sino también que es cada vez más difícil de categorizar las muchas destrezas, habilidades y rasgos que conforman la inteligencia como un todo. Además, a través de la práctica y la perseverancia uno puede de verdad aumentar su eficacia en una determinada área, haciendo al CI aún más arbitrario.
El resultado final es el siguiente: no dejes que la inteligencia sea lo mejor de ti, recuerda que es difícil de medir, y si estás descontento con tu desempeño cognitivo, siempre puedes “crecer” con trabajo duro y una buena actitud. Ni siquiera la matemática puede vencerte si realmente lo intentas.
Para ver cómo se testean algunas habilidades cognitivas, así como para participar de una amplia gama de estudios sobre la cognición, visita la página “Brain Sciences” de la Universidad de Cambridge.
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Utensilios de cocina Neolíticos que muestran el ingenio humano. Museo histórico de Berna.
A lo largo de la historia, el Homo Sapiens (al igual que nuestros antepasados directos, los neandertales y los Australopithecus) han intentado separarse de la naturaleza, uno de los tantos lazos que nos atan. En lugar de ser controlados por los caprichos de la madre tierra y adaptarnos a nuestro medio ambiente, tratamos de hacer que la naturaleza y nuestro entorno se adapten a nosotros. Hemos inventado una gran variedad de herramientas para que nos ayuden en esta tarea. Con el tiempo, los humanos incluso hemos comenzado a utilizar a la propia naturaleza, criando plantas y animales para nuestra alimentación en lugar de recolectar o cazar. Hay pocas dudas de que, en su mayor parte, el Homo Sapiens de hoy domina la naturaleza.
Por supuesto, podemos debatir las formas en que esta práctica es a la vez beneficiosa y problemática, pero estos debates son para los filósofos. Los científicos están más interesados en cómo los humanos llegaron a ser tan tecnológicamente eficientes y la forma en que finalmente llegaron a dominar otras especies. Por supuesto, muchas variables juegan un papel en el ascenso de los humanos al poder, pero el factor determinante es lo que llamamos inteligencia.
Pero la inteligencia es más compleja que lo que parece.
¿Qué es la inteligencia?
La inteligencia es un término bastante ambiguo. A menudo debatimos qué significa, cómo debe ser definido, y si es exclusiva de los humanos. Por eso, voy a empezar con una definición amplia. El doctor C. George Boeree de la Universidad de Shippensburg, describe a la inteligencia como la capacidad de una persona para aprender y entender información, aplicar esa información para resolver problemas y usar razonamiento abstracto. Esta definición es buena, aunque un poco escasa. Pero resulta que Einstein tiene algo que aportar a esta conversación. En su libro With Other Opinions and Aphorisms, escribe: “La imaginación es más importante que el conocimiento. Ya que el conocimiento es limitado, mientras que la imaginación abraza el mundo entero, estimulando el progreso y produciendo evolución. Es, estrictamente hablando, un factor de peso en la investigación científica”.
Albert Einstein, considerado una de las personas más inteligentes que existieron.
Independientemente de la definición formal, la manera en que clasificamos la inteligencia es muy subjetiva. Por ejemplo, la persona “A” puede ver a un cuervo como una criatura muy inteligente, ya que demuestra habilidades para la resolución de problemas, mientras que la persona “B” ve al pájaro como poco inteligente porque su curva de aprendizaje es muy lenta. Del mismo modo, se podría llamar a Beethoven inteligente por sus capacidades para la composición, o afirmar que no es más que una persona con inclinaciones musicales. Así que ya ves, la medición de la inteligencia siempre ha sido un problema para los psicólogos porque hay muchos factores influyentes (como pensamiento crítico, resolución de problemas, y la lista sigue), todavía no hay consenso sobre lo que se debe medir cuando se habla de inteligencia. Hasta ahora, la mejor herramienta que pudimos inventar son los tests de Coeficiente Intelectual.
Los tests de CI (coeficiente intelectual) son una de las maneras más populares de medir la inteligencia de una persona (aunque éstos varían casi tanto como las definiciones de inteligencia). Los tests de inteligencia son pruebas para las que no se puede estudiar, esto significa que pueden medir la inteligencia general de una persona de cualquier edad. Para ello, investigadores de principios del siglo XX desarrollaron un concepto conocido como “edad mental” vs “edad cronológica”. El razonamiento es el siguiente, si un niño tiene seis años pero sólo puede realizar tareas que haría uno de tres, se dice que el niño tiene una “edad mental” de tres años. Entonces se toma la “edad mental” y se divide por la “edad cronológica” del niño para determinar un “cociente mental”. El niño de seis años que tiene un rendimiento de uno de tres, se dice que tiene un cociente mental de 0.5 (seis dividido por tres), este número es multiplicado por 100 para deshacerse del punto decimal, y terminamos con un coeficiente intelectual de 50.
Esto parece una medida un poco simple, por lo que los científicos desarrollaron muchos tipos de pruebas estandarizadas de inteligencia, tratando de reducir la naturaleza subjetiva y no científica de la medición. Los tests de inteligencia modernos a menudo miden la capacidad de una persona en algunas áreas específicas: la capacidad espacial (visualizando formas y figuras), la capacidad matemática (usando la lógica para resolver problemas ), la capacidad lingüística (resolviendo crucigramas o reconociendo palabras con letras mezcladas, etc), y la memoria (recordando información visual o auditiva). Estos temas son elegidos porque se dice que pueden medir la “inteligencia general”, que consiste en la capacidad de entender los conceptos mas que en tener conocimientos previos.
Los tests de inteligencia no son capaces de medir con precisión todos los aspectos de la brillantez de una persona (o la falta de ella), y los resultados incluso pueden variar de una prueba a otra (vale la pena señalar que solo son aceptadas los tests realizados por profesionales, y con revisión por pares. Las pruebas de coeficiente intelectual en línea son sólo para diversión). En los últimos años ha habido muchas pruebas de cociente de inteligencia emocional que tratan de medir la capacidad de una persona para identificar, controlar y evaluar las emociones de los demás y de sí mismos. Estas no han sido aceptadas como útiles, y de ningún modo sustituyen a las pruebas de coeficiente intelectual, pero son otra manera de medir las facultades mentales de una persona.
Mientras el CI es generalmente considerado como una medida confiable de la capacidad de una persona para realizar tareas académicas, esto no es todo lo que existe. Hay muchas otras variables que no se tienen en cuenta y que contribuyen a formar la inteligencia, el estilo de aprendizaje, la personalidad y el estado de ánimo de una persona. Todas estas cosas puede influir en la inteligencia y puede desviar los resultados de nuestros adorados tests de coeficiente intelectual.
Cuando se trata de inteligencia, hay algunas preguntas audaces que debemos formular. Por ejemplo, “¿puede tu CI cambiar con el tiempo o con la educación?”, “¿un CI alto garantiza el éxito académico?”, “¿qué otras habilidades (como la empatía, la comunicación y la perseverancia) están relacionadas con la inteligencia?” Los científicos han estado trabajando durante las últimas décadas para darnos una imagen más completa de lo que significa ser “inteligente”.
El CI tiene sus debilidades
Aunque el CI se utiliza como una manera consistente de medir la inteligencia, éste no viene sin algunos defectos. Uno de los mayores errores acerca del CI es la creencia de que, cuando se mide en una persona, se hace una completa y minuciosa revisión de las capacidades mentales de ese individuo. De hecho, esta creencia es completamente errónea. Howard Gardner, un psicólogo de Harvard, describió a los tests de CI como verbalmente parciales y sesgados por el idioma:
“Ellos [los tests de CI] dependen en gran medida del lenguaje y la habilidad de una persona para definir palabras, de conocer datos sobre el mundo, de encontrar conexiones (y diferencias) entre conceptos verbales. Además, el test de inteligencia revela poco acerca del potencial de crecimiento de un individuo.”– Frames of Mind, 1993.
Howard Gardner, Universidad de Harvard.
Además, los tests de CI pueden ser influidos por prejuicios personales. El Doctor Scott Barry Kaufman, describe brevemente el hecho de que los creadores y administradores de estos tests no pueden bloquear completamente sus experiencias pasadas, lo cual lleva al sesgo. Cabe destacar que los resultados incluso pueden variar de prueba a prueba, haciéndolos muy inexactos.
Aparte de la naturaleza verbal de estos tests, los psicólogos dicen (medio en broma) que “el CI es lo que miden los tests de CI”. Aprendimos en la primera parte que éstos miden memoria, capacidad lingüística, habilidad espacial y lógica, pero esto es sólo una parte del pastel. El cerebro es increíblemente complejo y todavía no tenemos la capacidad de medir todas sus funciones, lo cual me lleva a mi declaración anterior: los tests de cociente intelectual miden habilidades muy específicas en un momento muy específico de la vida de una persona, y aplicar esta puntuación como la medida de inteligencia para toda la vida es una tontería. Muchos investigadores de la inteligencia están alejándose del test único de CI hacia mútliples pruebas de habilidades cognitivas. La teoría de Cattell-Horn-Carroll divide a la inteligencia en siete factores que describen “cómo” una persona aprende, en vez de su capacidad “innata” de aprender. Con el advenimiento de tests como estos, la idea de CI está cambiando rápidamente hacia algo más parecido a un “perfil cognitivo”.
¿Tu CI puede cambiar?
Ahora que tenemos más margen de maniobra sobre cómo medir y definir inteligencia, y teniendo presente algunos de los obstáculos que enfrentamos al hacerlo, la pregunta sigue siendo: “¿puede el CI cambiar con el tiempo?”. La respuesta dominante es, absolutamente. Stephen Ceci, un profesor de psicología de Cornell, explica que los cambios en el CI son normales y ocurren con la edad, escolaridad u ocupación. Por ejemplo, los taxistas de Londres tienen que memorizar una vasta red de calles de siglos de antigüedad; estas personas muestran cambios significativos de CI con el tiempo.
Otra área en la que quiero enfocar la atención es la matemática. Es una creencia muy difundida que hay dos tipos de personas, las que son buenas en matemáticas… y aquellas que no lo son. Este artículo explica varias razones psicológicas y sociales sobre esta idea falsa sobre inteligencia y talento innato. En realidad, si tomas un grupo de estudiantes y les dices que su inteligencia (en matemáticas) puede ser fácilmente estimulada con trabajo duro, estos finalmente comienzan a sentirse “más talentosos” en matemáticas e incluso se desempeñan mejor (aumenta la inteligencia y también la autoestima). Esto muestra una gran correlación entre trabajo duro e inteligencia acrecentada, y los estudios sugieren que esto no solo se aplica a la matemática.
Índice de inteligencia y personalidad
Como decíamos anteriormente, la inteligencia es mucho más que un puntaje, y es mucho más compleja que lo que muestran los medios populares. Considera lo siguiente. Escenario uno: una persona de alto coeficiente intelectual (una persona sobre la que los modelos corrientes dicen que le iría muy bien en la vida académica), nunca aprende el valor de la educación o de concentrarse en el trabajo. Esta persona podría no tener la disciplina para esforzarse en sus estudios, rompiendo la noción de que el CI se correlaciona directamente con el éxito académico. Escenario 2: a una persona de alto CI le va mal en la mayoría de las asignaturas, excepto en geometría. Esto puede ser porque la persona aprende mejor de manera visual, y sin saber eso, el alumno se esfuerza por mejorar. Estos son solo dos escenarios donde la personalidad, la educación y el estilo de aprendizaje determinan si una persona se considera inteligente o no. Una herramienta útil para aprender más sobre ti mismo es el Eneagrama, que puedes encontrar aquí.
Al final, la inteligencia será tan importante como le permitas ser. Las investigaciones han demostrado no solo que el CI es una medida altamente específica de ciertas habilidades, sino también que es cada vez más difícil de categorizar las muchas destrezas, habilidades y rasgos que conforman la inteligencia como un todo. Además, a través de la práctica y la perseverancia uno puede de verdad aumentar su eficacia en una determinada área, haciendo al CI aún más arbitrario.
El resultado final es el siguiente: no dejes que la inteligencia sea lo mejor de ti, recuerda que es difícil de medir, y si estás descontento con tu desempeño cognitivo, siempre puedes “crecer” con trabajo duro y una buena actitud. Ni siquiera la matemática puede vencerte si realmente lo intentas.
Para ver cómo se testean algunas habilidades cognitivas, así como para participar de una amplia gama de estudios sobre la cognición, visita la página “Brain Sciences” de la Universidad de Cambridge.
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