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Dios y la contingencia de los entes. Atributos divinos

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Las vías tomistas no terminan, propiamente hablando, con la demostración de la existencia de un Ente Necesario, Causa Primera. Es necesario deducir los atributos divinos, a partir las nociones mismas de “Ente Necesario”, “Causa Primera”, “Primer Motor Inmóvil”, “Ser Sumamente Perfecto” e “Inteligencia ordenadora de la naturaleza”, que son las conclusiones de las cinco “vías”, para poder decir que ese Ser al que se ha llegado razonando a partir de sus efectos, es Dios. Es lo que hace Santo Tomás en las cuestiones de la Suma Teológica que siguen a la de las “cinco vías”.

Para dar una idea de ese proceso, retomamos en cierta forma las cosas desde el principio. Pero desde ya avisamos que todo este razonamiento sólo podrá culminar, eventualmente, en un siguiente “post”, al tratar de la Creación del mundo.

Dios

Los entes que nos rodean existen. La existencia es un atributo de un sujeto. Algo existe. Lo que existe tiene un naturaleza: es esto o aquello, hombre, perro, árbol.

Todos los entes que nos rodean son “materiales”, pero son de naturaleza diferente unos de otros. No encontramos directamente “materia” en nuestra experiencia, sino piedra, madera, agua, aire, metal, fuego, carne, etc.

La materia es el sustrato común a todos los entes materiales, que se diversifican por sus diversas naturalezas o esencias. Porque lo que distingue a los diversos entes materiales es “lo que son”, y la esencia se define como “aquello por lo que las cosas son lo que son”. El principio de razón suficiente, en efecto, exige que haya “algo” que haga que la cosa sea lo que es, en vez de ser otra cosa diferente. Y ese “algo” debe ser ante todo algo intrínseco al ente mismo, porque se trata de determinar “lo que ese ente es”. Esa “X” intrínseca que determina lo que la cosa es, es la que determina a la materia de la cosa a ser esto y no aquello.

Así, la misma materia pasa de la planta al ciervo y del ciervo al león, y de ahí al terreno y nuevamente al vegetal. Pero en un caso es vegetal, en el otro, herbívoro, en el otro, carnívoro, en el otro, inanimado. Eso quiere decir que la materia está de suyo en potencia para ser esto o aquello, perro o gato, hombre o vegetal, y que en cada caso es actualizada por la “X”, que llamaremos forma sustancial de cada cosa, para ser materia de esto o de aquello otro.

Es la forma sustancial, por tanto, la que determina en cada caso la naturaleza de la cosa.

contingencia

El ser propio de cada ente no es una simple manera de organizarse las partículas elementales, los átomos, las moléculas, los elementos químicos. Toda organización de ese tipo sería accidental, basada en relaciones entre sustancias que serían los componentes, no diferente esencialmente de la organización de un cuadro de fútbol o del motor de un automóvil.
Pero los entes no son accidentales, son sustancias. No son conjuntos de cosas relacionadas, son cosas unitarias, por ejemplo, un perro, un árbol, un ser humano.

Además, esa forma de pensar nos llevaría a retroceder al infinito, porque a su vez los componentes de los entes, los átomos o las partículas o la “energía”, que “son algo”, serían por ello mismo organizaciones de otros elementos, y éstos de otros, “in infinitum”.
La “forma sustancial” no es por tanto un simple conjunto de relaciones, sino un principio por sí unitario de orden sustancial, que junto con la materia primera constituye la esencia del ente corpóreo.

Ésta naturaleza del ente corpóreo es la naturaleza de un ente que comienza a existir, y deja de existir. Lo que comienza a existir, antes de existir ha podido existir. Si antes de existir no hubiese podido existir, sería imposible, y entonces, nunca existiría.

La materia está siempre en acto bajo alguna forma sustancial, y en potencia para otras formas sustanciales diferentes. Eso quiere decir que la forma bajo la cual está actualmente es la que está actualizando en este momento esa potencialidad, y por tanto, ha sido a su vez solamente en potencia antes de ser en acto, cuando la materia estaba en acto bajo otra forma diferente.

Lo mismo sucede con los cambios accidentales, en los que la sustancia misma está en acto bajo algunas formas accidentales (por ejemplo, esta pared es blanca) y en potencia para otras formas accidentales distintas (por ejemplo, esta pared puede ser azul).

Y así decimos hoy que el día de mañana es algo posible. No es una mera apreciación nuestra, la estructura misma de nuestro Sistema Solar es la base de semejante posibilidad, en la medida en que el Sol y los planetas están siempre en acto respecto de alguna ubicación espacial y temporal, y en potencia respecto de otras.

El “ente en potencia” de que hablamos aquí, en tanto que distinto del “ente en acto”, es la “potencia pasiva”, que es la capacidad de recibir cierta actualidad por obra de alguna causa.
No es la “potencia activa”, que es la capacidad correspondiente de actualizar la potencialidad de algún ente, produciendo en él alguna actualidad, y que se identifica realmente con el ente en acto, en tanto capaz de comunicar a otro ente algo de la actualidad que posee.

vias tomistas de la existencia de dios

santo tomas de aquino

La naturaleza o esencia, en un sentido, es la misma en el estado de mera posibilidad que en el de existencia actual. Por eso Kant dijo que “100 thalers reales no son más que 100 thalers posibles”.

Lo posible, fundado en el ente en potencia, es la misma naturaleza que luego será actual, en el sentido de que es la posibilidad de esa precisa naturaleza, sin lo cual esa precisa naturaleza no sería posible. Sin embargo, la diferencia entre ser meramente posible y ser en acto es en cierto modo infinita. No se puede hacer nada con 100 thalers meramente posibles. Lo que diferencia al ente posible del ente actual no son las notas que componen su naturaleza, sino la actualidad de esas notas.

Algo tiene que dar razón del diverso estado que esas notas tienen como mera posibilidad y como realidad actual.
Ese “algo” es un “acto”, es decir, es la actualización de una potencialidad.


Ese acto no puede ser la forma sustancial de cada una, porque ésta hace que la materia sea en acto tal cosa determinada y no otra, y por tanto, distingue a los entes entre sí, y por eso mismo, no puede dar razón de la actualidad común de todos los existentes.

En efecto, el “ser en acto” no puede ser una de las notas que la forma como tal comunica a la materia, porque entonces sería parte de la esencia de las cosas corpóreas, que están constituidas por la forma y la materia, y entonces, estos entes corpóreos serían necesarios, no contingentes: no podrían no existir, como el triángulo no puede no tener tres lados porque es una de las notas de su esencia o se deriva necesariamente de ella.


A ese acto es a lo que llamamos el “ser” de la cosa, o también el “acto de ser”, realmente distinto de la forma sustancial y acto de esa misma forma sustancial, en el orden del “ser” sin más. Porque sin duda que “ser” es la primera actualidad de una cosa, ya que “ser hombre” o “ser blanco”, o “ser vegetal”, implica y supone “ser”; y “no ser”, implica a la vez no ser ninguna de esas cosas. Así, “ser” es la primera y más fundamental actualidad de la cosa, la que hace la diferencia entre lo meramente posible y lo actual.

atributos divinos

Como ya vimos, el acto de ser no es parte de la forma sustancial, sino lo que actualiza a la misma forma sustancial, y por eso esta actualidad fundamental no es parte de la esencia o naturaleza de estos entes, como se ve por el hecho de que podemos pensarlos como meramente posibles sin contradicción.

Sólo así se entiende que sean entes contingentes, es decir, que a veces existen, y por tanto, pueden existir, y a veces no existen, y por tanto, pueden no existir.
Por eso mismo, como ya vimos, las esencias finitas sólo pueden tener el ser en virtud de una causa ya en acto de ser, que las actualice.

Esto implica la distinción real entre el acto de ser y la esencia finita que lo limita, como es siempre real la distinción entre el acto y la potencia en que es recibido.

En efecto, ningún acto o perfección se limita a sí mismo. El límite de una perfección es carencia, no ser, de esa perfección, y sería absurdo que la misma perfección fuese principio de su propia carencia o no ser, como si quisiésemos explicar porqué alguien no es más sabio de lo que es, diciendo que eso se debe a su sabiduría.

Por eso es que el acto es siempre limitado por la potencia pasiva, realmente distinta de él, que es actualizada por él y que al serlo lo limita a su propia capacidad de ser actualizada.
Así, la mayor o menor sabiduría de cada uno dependerá de su mayor o menor capacidad receptiva de la sabiduría, y la mayor o menor extensión del color blanco dependerá de la mayor o menor extensión de la superficie coloreada.

iglesia catolica

El acto de ser es la actualidad de todas las notas que constituyen la esencia de un ente. Si el ente es un hombre, su acto de ser es la actualidad de “cuerpo”, de “viviente”, de “animal”, de “mamífero”, de “racional”, que sin él estarían en el estado de pura posibilidad.

Así dice Santo Tomás que “el ser es la actualidad de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones”.

Para cualquier ente pensable, el acto de ser será siempre la actualidad de todas las notas que compongan a ese ente. Eso va a depender siempre de la esencia o naturaleza de ese ente en cuestión. Siempre el ser actualizará todas las notas de una determinada esencia o naturaleza.

Así, el ser del vegetal incluye todas las notas del ente inanimado, más las propias de la vida “vegetativa”: nutrición, desarrollo, reproducción. El ser del animal incluye todo eso, más la “vida sensitiva”: percepción y apetito sensibles, y facultad locomotriz. El ser del hombre incluye todo eso, más la inteligencia y la voluntad. Y el ser de cada uno de esos entes es, como vimos, la actualidad de todas y cada una de las notas que lo definen en cada caso.

Por eso el ser no es lo mismo que la existencia. Todas las cosas existen igualmente o no existen igualmente, no hay grados de existencia. Sin embargo, el ser de las cosas, marcado en cada caso por la esencia de cada una de ellas, es diverso, tiene grados.

acto y potencia

Dios y la contingencia de los entes. Atributos divinos

Esto se ve mejor analizando más detenidamente la noción de “ser” y preguntando qué es lo que se distingue de ella como “no siendo” ella misma. Solamente el “no ser”.

Pero el no ser, no es. Por tanto, todas las notas que constituyen las diversas naturalezas o esencias de los entes, como “cuerpo”, “viviente”, “animal”, “racional” constituyen la naturaleza o esencia del “hombre”, están incluidas en el “ser”.

Y si esto es así, se entiende que la función de la esencia o naturaleza no sea agregar notas al ser, sino más bien quitarle más o menos notas.

Las naturalezas finitas más perfectas son aquellas que limitan menos el acto de ser. La distinción entre las diversas naturalezas o esencias está en el grado con que cada una de ellas recibe el ser y al recibirlo lo limita a ser solamente el ser de esa potencialidad particular.

Esto es coherente con el hecho de que la esencia sea potencia respecto del acto de ser, como se ve porque el acto de ser es justamente el que hace pasar a la esencia de la mera posibilidad a la existencia actual, y por el hecho de que el ente contingente, que puede ser y puede también no ser, es por eso mismo, como ya se dijo, una potencia de ser actualizada.
Porque la potencia siempre es menos perfecta que el acto, y por tanto, es lógico que al recibirlo, lo limite.

Pero para que el acto de ser exista en forma limitada, es necesario que exista primero en forma ilimitada.

En efecto, ya vimos que el acto o perfección nunca se limita por sí mismo, sino que siempre es limitado por otro, que es la potencia pasiva. Ahora bien, lo que es por sí mismo es siempre anterior a lo que es por otro. Por ejemplo, Sócrates es hombre por su misma naturaleza, no músico. Y así, para poder llegar a ser músico, primero tiene que ser hombre.
Por tanto, para que pueda existir el acto de ser limitado por la potencia pasiva, que es la esencia del ente finito, tiene que existir primero el Acto Puro de Ser.


Por eso enseña la Cuarta Vía tomista, que no es posible la existencia de formas limitadas, más o menos perfectas, de ser, sino como participaciones del Acto Puro de Ser. El más y el menos en las esencias de las cosas, dice Santo Tomás, sólo se entienden por relación a un máximo.

Cuando hablamos de “grados de perfección”, nombramos dos cosas: la perfección, y sus grados. Por lo dicho antes, los grados de perfección suponen la perfección misma, sin grados.

El “máximo” de que habla Santo Tomás no es el grado más grande de todos, porque la noción de “grado más grande” es contradictoria: todo grado admite por definición un grado mayor.
El “máximo” que todos los grados suponen no es un grado, sino la perfección en sí misma, sin grados.


Del mismo modo, entonces, lo imperfecto supone lo Perfecto, y lo limitado, lo Ilimitado, y por tanto, el ente compuesto de acto y potencia supone el Acto Puro de Ser.


Aquí se aplica la distinción escolástica entre perfecciones “puras” y perfecciones “mixtas”.

Las primeras no implican esencialmente imperfección, aunque puedan tenerla en alguna de sus realizaciones existenciales.

Las segundas implican esencialmente imperfección, porque en su misma definición incluyen algún tipo de potencialidad pasiva.

Ejemplo del primer caso sería la sabiduría, la verdad, el bien. En sus nociones no hay nada que exija su limitación o su realización imperfecta. En nosotros se dan imperfectamente, pero es por razón de nuestro modo finito de ser, no por ellas mismas.

Ejemplo del segundo caso es la magnitud corporal, la extensión en el espacio, la velocidad del movimiento local, etc. En la definición de todas estas cosas se incluye la materia y por tanto la potencialidad, y por tanto, la imperfección.

De ello se sigue que las perfecciones puras se dan en Dios propiamente, según sus propios conceptos, dentro por supuesto de la analogía con siempre hay que afirmar en Dios las perfecciones que conocemos a partir de las creaturas.

En cambio, las perfecciones mixtas no se dan propiamente en Dios, sino solamente aquello que en ellas hay de acto y perfección. Así, Dios es Sabio, Verdadero, Bueno, pero no es extenso, ni grande con magnitud corporal, ni se mueve con movimiento local, etc.

Y sin embargo, todo lo que hay de ser y actualidad en la magnitud corporal, en el movimiento local, etc., se encuentra eminentemente en el Acto Puro de Ser y procede de Él por participación.


También, si todo ente contingente es una potencia actualizada, como vimos hace dos “posts”, entonces necesita de una causa en acto que lo actualice, durante todo el tiempo que tiene ese acto de ser que no le pertenece por naturaleza, y como ya vimos que no es posible retroceder al infinito en la serie actual y simultánea de causas a su vez actualizadas por otras causas, debemos llegar a una Causa Primera, que no es una potencia actualizada, y que entonces, es pura actualidad de ser subsistente, Acto Puro de Ser sin mezcla de potencialidad alguna.

El cual, por eso mismo, es el Ser Necesario, pues no es contingente, pues no es una potencia de ser actualizada, y no es por tanto una esencia realmente distinta de su acto de ser, como sucede en todo ente contingente, sino que en Él Esencia y Acto Puro de Ser se identifican realmente, y por tanto, solamente en su caso, es imposible que no sea, como es imposible que en general algo carezca de lo que esencialmente le corresponde.


De ahí se sigue que el Ser Necesario, Acto Puro de Ser, es Infinito, porque lo que limita al acto es siempre la potencia, y el Acto Puro, por definición, carece de toda potencialidad pasiva.

La blancura, en efecto, aun si por imposible pudiese ser subsistente en sí misma, podría igualmente ser limitada por otro color, pero el Ser mismo subsistente no puede ser limitado por nada, porque nada hay fuera del ser.

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Es también Simple, es decir, carece absolutamente de partes y de toda clase de composición interna.

Todo ente compuesto, en efecto, es causado, porque las diversas partes, por ser diversas, no son de suyo una sola cosa, y por tanto, han debido ser unidas por alguna causa.
Pero la Causa Primera, por definición, no tiene causa.
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Por eso mismo es sumamente Perfecto, pues toda perfección es un modo de ser en acto, de modo que el Acto Puro de Ser es la síntesis de toda perfección posible del ser, llevada al grado infinito, es decir, eminentemente realizada.

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Y por todo lo anterior, Dios es Único. No puede haber dos entes absolutamente Infinitos, pues para distinguirse, al menos uno de ellos debería tener algo que el otro no tuviese, y entonces, al menos uno de ellos ya no sería absolutamente Infinito.
Ningún acto o perfección se multiplica por sí mismo, porque eso sería distinguirse por aquello que hace su misma identidad, lo que es absurdo.

Si hay muchas cosas blancas, no es porque la “blancura” sea o pueda ser de suyo múltiple, sino por la pluralidad de sujetos potenciales para el color en que es recibido el color blanco.
Así como el acto sólo puede ser limitado por la potencia, así también sólo puede ser multiplicado por la potencia en que es recibido.
Por eso el Acto Puro de Ser, que carece de toda potencialidad pasiva, es absolutamente Uno y Único.
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Es también Inmutable. Todo cambio es un pasaje de potencia a acto, la actualización de una potencialidad, porque no se llega a ser sino aquello que se podía ser.
En el Acto Puro, sin mezcla de potencialidad pasiva alguna, no hay cambio posible.
En el Ente Sumamente Perfecto, no hay ninguna perfección que adquirir, ni ninguna perfección se puede perder. Todo eso implicaría imperfección, que es incompatible con el Perfectísimo.


Por eso mismo es Eterno. Por un lado, como Ser Necesario, no puede no existir, y por tanto, no puede tampoco ni comenzar a ser, ni dejar de ser, porque ambas cosas implicarían poder no existir antes o poder no existir después.

Pero además, el tiempo, como dice Aristóteles, es “el número o la medida del cambio”. El tiempo se fundamenta en el cambio, y por eso, en el Inmutable no hay tiempo ni sucesión alguna.

Y por eso la Eternidad divina no es un tiempo sin comienzo ni fin, sino la posesión simultánea y no sucesiva de una Existencia infinita, dada en un Eterno Presente, sin antes y sin después.

Por eso vemos también que un universo creado sin comienzo ni fin no se igualaría por eso con la Eternidad divina, ni sería “eterno” propiamente hablando, pues sería siempre una realidad cambiante, temporal, sucesiva, y quedaría igualmente infinitamente por debajo del Acto Puro e Inmutable de Ser.
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Y de todo esto se sigue que el Acto Puro es Inmaterial.
En efecto, si como vimos la materia es esencialmente potencial, es claro que en el Acto Puro, en el que no hay potencia pasiva alguna, no hay materialidad alguna. Es Espíritu.

Todo ente material, además, cambia, y Dios es Inmutable.
Todo ente material, si cambia, tiene causa, porque el cambio es pasaje de potencia a acto, y la potencia, siendo menos que el acto, no puede darse a sí misma aquello de que carece, y necesita, por tanto, de un ente ya en acto que la actualice, o sea, de una causa. Pero la Causa Primera, por definición, no tiene causa.

Todo ente material es compuesto, por ejemplo, en la física se estudian las partículas y en la química los elementos componentes de los cuerpos. Pero Dios es absolutamente Simple, carente de toda composición alguna, como vimos. Luego, es Inmaterial.
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Por las mismas razones, el Acto Puro de Ser es eminentemente Personal. En efecto, es más perfecto el ente personal que el impersonal, y por tanto, el Ente Sumamente Perfecto tiene que ser Personal, caracterizado por las facultades de suyo inmateriales que son la Inteligencia y la Voluntad.

Si el Ente Sumamente Perfecto fuese impersonal, sería menos perfecto que cualquier ente personal imperfecto, como un ser humano, por ejemplo. Pero eso es absurdo.
Siendo inmateriales, la inteligencia y la voluntad son perfecciones “puras”, que no implican esencialmente límite ni potencialidad alguna, y por tanto, tienen que darse propiamente en el Ser infinitamente Perfecto, que por tanto, es Personal.


En efecto, la inteligencia, en el hombre, tiene por objeto lo universal y abstracto, que es inmaterial, porque todo lo que es material es particular y concreto, ya que la materia es el “principio de individuación” de las formas que determinan la esencia que es común a todos los individuos de la especie.

Por la “forma”, que determina la materia, todos los seres humanos coinciden en la naturaleza humana, pero por la materia, singularizada por la “cantidad”, que la hace “extensa” y hace existir a la sustancia en este lugar y no en este otro, cada ser humano es un individuo distinto de los otros seres humanos.

Por tanto, algo que sea universal, predicable de varios individuos, como es el concepto que está en nuestra mente, sólo es posible por “abstracción” de la materia “signata quantitate”, o sea, por cierto grado de desmaterialización.
Nuestro intelecto, por tanto, es una facultad desmaterializadora, y eso no podría hacerlo, si no fuese inmaterial él mismo.

Porque las facultades o capacidades operativas se especifican y determinan por sus objetos, y el objeto del intelecto humano es la esencia abstracta de las cosas sensibles, o sea, algo inmaterial. Luego, el intelecto mismo es también inmaterial.

En cuanto a la voluntad, es la facultad apetitiva que en el ser humano depende de la inteligencia. Así como la inteligencia tiene por objeto el ente como tal, la voluntad tiene como por objeto el ente en tanto que apetecible, o sea, el bien como tal, tan abstracto y universal como el ente en general mismo, y por eso la voluntad es también una facultad inmaterial, es decir, espiritual.

En efecto, nuestra voluntad es capaz de apetecer los bienes más variados, y de elegir libremente entre ellos, porque no está de suyo determinada a ninguno de ellos en particular, sino que su objeto determinante es el bien en general, que trasciende siempre a todo bien particular y concreto. De ahí que el deseo más profundo del ser racional es el deseo de felicidad, a la cual se ha definido como “la suma de todo bien sin mezcla de mal alguno”.

Dios

Es clara, por todo esto, la distinción entre el Ser Necesario y el universo material.
El universo material, conjunto de entes contingentes, es contingente él mismo, puede no existir, mientras que Dios es Necesario, no puede no existir.

Nuestro mundo es un conjunto de entes materiales, y material por tanto él mismo, Dios es Inmaterial.

El universo material es esencialmente finito, Dios es absolutamente Infinito.
En efecto, como ya dijimos, la finitud del universo material y la Infinitud divina se dan en el plano ontológico, el plano del ser, que es el plano más profundo y abarcante.
Nada obsta, en principio, a que lo que lo que es finito ontológicamente, sea infinito en algún aspecto accidental del ser, por ejemplo, la cantidad o la extensión, si bien contra la infinitud espacial del Universo se podría hacer valer la imposibilidad de un cantidad infinita actual de cuerpos.

Pero el Acto Puro de Ser es absolutamente infinito, pues es incompatible con la limitación en el orden que sea, pues ésta siempre implica potencialidad pasiva.

El Universo material está en cambio continuo, Dios es, como vimos, Inmutable.
En tanto que cambiante, nuestro universo material pasa continuamente de potencia a acto y está compuesto por tanto de acto y potencia, mientras que Dios es Acto Puro, sin potencia pasiva alguna.

El Universo material se compone de partes, que son ante todo los entes contingentes que lo integran, Dios es Simple, sin composición real alguna.

El universo material, finalmente, es creado por Dios, que le comunica el ser “ex nihilo”, Dios es Increado, pues tiene en Sí mismo, en su misma Esencia, su única razón suficiente.


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