Cap. 44 "Misterio"
Sus piernas estaban agotadas, el sudor caí por su frente. Sus mejillas, rosadas de tanta actividad fisica, estaban llenas de sudor, y lagrimas. Brotaban de sus ojos lagrimas de desesperación y tristeza. Algo normal, era un pequeño.
El temor se había apoderado de su cuerpo, corría tratando de liberarse de esas "bestias en busca de comida". El pantalón le quedaba grande. El que alguna vez fue su padre, se los había dado cuando combatía en el ejercito, luego de regresar a casa pocos meses antes de que comenzara "el desastre". Con un rápido movimiento, tiraba de ellos de la parte de atrás sin dejar de correr. No tenía mas aliento. Se quería dar por vencido, dejarse morir sin mas dolor. Pero su padre no lo dejaría así, no dejaría de luchar así. A su corta edad, no sabía que era suicidio, tampoco rendirse.
Él corría a toda velocidad por el pasillo, que estaba a punto de terminarse. Todo estaba oscuro. La tenue luz de la luna entraba por las ventanas a su lado izquierdo. El viento helado golpeaba su rostro, y su pecho. Su camiseta estaba sucia, mojada por la sangre que le había salpicado, agua y sudor, sus pantalones grandes se le caían, al igual que su camiseta estaba húmedo. Lo tenía que admitir, se había orinado encima. Era de menos, era tan solo un niño. Ademas de toda su entre pierna mojada, sus zapatos y la parte baja de su pantalón estaban igual o peores. Había saltado por charcos de agua, sangre y viseras a lo largo de su trayecto. Su blanca piel estaba sucia, y su pelo ondulado y corto estaba alborotado. Estaba cansado, y el final del pasillo, un final sin salida, estaba cada vez mas cerca.
Dio un vistazo sobre su hombro a lo que traía atrás. No era mucho, pero para un pequeño de 7 años si lo era. Son solo 3, vamos... solo 3 se dijo a si mismo. Pensaba volver a ver al frente, cuando tropezó. Cayo sobre sus rodillas. El duro golpe lo sintió hasta la cabeza. Sus dos rodillas chocaron con tanta fuerza contra el suelo, que sintió cada uno de los huesos de su pierna, y el dolor se extendió por todo el cuerpo. Como cuando su madre lo llevaba al medico, y este le pegaba con un pequeño martillo en la rodilla para medir sus reflejos. Pero esta vez no había sido un martillo, sino un mazo, y no en una sola, sino en ambas al mismo tiempo. Quizás por el desgaste de sus piernas, o quizás porque se las había roto, pero la verdad era que no se pudo levantar. Sus manos rosaron el suelo junto con sus rodillas. Tenía una venda que le atravesaba la mano derecha, cubriendo una herida que se había hecho al tropezar, como en ese momento. La venda se le cayo, dejando que su herida quedara expuesta. Se había cortado con pequeño trozo de madera, se lo había incrustado en la mano un par de centímetros unos días atrás. Las lagrimas corrieron por sus ojos con mas intensidad. Ríos y ríos de agua, brotaban de sus ojos. Era conmovedor. Mirar al pequeño, de rodillas, inclinando su cuerpo hacia adelante, llorando desconsolado. En un ultimo intento coloco su mano, con la herida desnuda, en el suelo. Levanto una su pierna izquierda, y apoyo su mano izquierda sobre ella. Tomo un respiro, y cerro los ojos. Con gran dolor, se puso de pie. Saco los dientes, y los apretó con fuerza. Sentía un dolor insoportable en su rodilla derecha, y en la mano de ese mismo lado.
Los muertos se habían acercado más aún, estaban a menos de 10 metros. Eran los más rápidos que alguna vez había visto (aun así no llegaban a correr), pero él no era muy rápido para esquivarlos. No podía matarlos, por su mente no cruzaban ideas más que de terror, su propia muerte comido por ellos, ver a su padre en el cielo. Eso sería hermoso para él, reencontrarse con su familia, que alguna vez tuvo, en un lugar lejos de esas cosas. Se detuvo a pensar un momento, y cerro los ojos. Se sintió en el paraíso. Se desconecto de la realidad, y entro en una fantasía. Una fantasía lejos de ahí, lejos de esas cosas. Donde su mascota, Lock, estaba aun viva, donde sus padres, sus hermanas, sus tíos, tías, abuelos, todos estaban vivos. Era un lugar donde el agua corría, el pasto era verde. Un pequeño rancho de madera se levantaba en medio del bosque, sus padres saludaban desde la puerta. Comenzó a caminar por el paraíso, tocando el verde y suave césped. Caminaba, hacia la casa que cada vez estaba mas cerca, y luego prendía fuego. Abrió los ojos. La desesperación volvía a él. Miro de nuevo sobre su hombro, ahora estaban mas cerca. Siguió corriendo hasta el final del pasillo. ¿Para qué correr si al final me detendré y moriré? pensó el pequeño, intentando buscar la mejor razón para dejar de luchar. Su respiración cada vez era mas lenta, y su cabeza comenzaba a girar. Estaba mas que exhausto. Finalmente llego al final, no había salida. ¿O si?. La luz golpeaba su rostro de lado derecho. Giro su cabeza al lado derecho. No era un callejón sin salida. El pasillo seguía, solo era un esquina. Siguió corriendo. Un momento de alivio, sintió al no ver a los muertos al cruzar la esquina. Corría, cojeando, hacía el final del pasillo.
Tropezó de nuevo. Esta vez no tardo tiempo en levantarse. Sin quejarse de dolor, se puso de pie. Fue cuando levanto su mirada. Era un puerta resplandeciente de vidrio, con manchas de sangre, pero aun así resplandecía bajo la luz de la luna. Sabía que era su salida. A través de ella, lograba ver la acera y las lineas amarillas que dividían la calle.
¿Pero para qué seguir? Si al final moriría fuera, en la calle. Mil y una idea cruzaban por su cabeza de nuevo. Podría ser que se salvara de tan solo 3 podridos, pero afuera habían miles. Podría salir de ahí vivo, pero afuera se toparía con la muerte. Ya sea comido por muertos, o del frío, habían peligro allí mas que donde estaba parado en ese momento. Si no moría de una de esas 2, también habían otras opciones. Se podía topar con un grupo de lunáticos, que le robaran su ropa, o lo secuestraran para explotarlo de diferentes maneras. O tal vez con un grupo de amigables personas que lo acogieran, y lo llevaran y cuidaran de él... ¡Vamos concéntrate! agito la cabeza y regreso a la realidad.
Corrió al final, a la ultima salida del edificio. Empujo la para él pesada puerta de vidrio. El frío golpeo sus huesos. Dejo que esta regresara por si sola, y camino despacio asegurandose que no hubiera nada. Camino despacio, hasta media calle. Se detuvo. Era un ruido conocido, un ruido de motor. La luz lo cego, uso la mano para cubrir sus ojos y lograr ver lo que era. Pero no necesitaba ver para saber que era, un carro. Venía a toda velocidad, hacía él. Levanto sus manos para tratar de detenerlo, pero viajaban a alta velocidad. Al darse cuenta de la situación, abrió sus ojos y su boca con impotencia y temor. Con los brazos aun arriba, dio un suspiro. Cerro los ojos. Había luchado tanto, por gusto. El auto viaja a toda velocidad, era imposible que se detuviera. Había sobrevivido, para luego morir atropellado. Tendido en una cera falleceria, para luego levantarse como esas cosas. Las luces se acercaron cada vez mas y mas. Era aun un niño, asustado que se orinaba en los pantalones, eso explicaba mucho. Estaba parado ahí, sin poder hacer nada, esperando que, sin tener que sufrir mucho, ese carro lo matara.
¿O tal vez no?
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Este fue el capitulo 44 de la comunidad. Repito: Espero que les haya gustado y se pasen por la comunidad


