Es raro el lugar que ocupa Borges para los argentinos. Se cumplieron 25 años de su muerte en Ginebra y aún hay algo que no termina de cuadrar, que no encaja, porque su figura se encuentra a medio camino entre la celebración y la desmemoria, entre la necesidad de recuperarlo como una verdad irreductible de la literatura argentina y un desprecio que cobra la forma del olvido. Esta nota podría referir acaloradas defensas o diatribas de entendidos, que servirían para corroborar dos verdades incuestionables: uno de los escritores más influyentes del siglo XX tenía un origen social y una postura ideológica incómoda y políticamente incorrecta. De eso no tratan estas líneas. Algo más concreto y cotidiano las invoca. Y que está relacionado con la decadencia de una nación que no puede guardar memoria alguna (apenas vestigios) de uno de los escritores que ayudó a construir un imaginario de lo que significa ser argentino en el mundo. Aunque no nos guste, hay gente que sólo sabe de la existencia de ese extraño país por Borges. El 24 de agosto pasado el suplemento literario Babelia, de El País de Madrid, le encargó a la periodista argentina Leila Guerriero una nota obvia por necesaria: registrar en Buenos Aires todas las casas, caserones, librerías, bibliotecas y calles que habitó el escritor. Referencias ineludibles de su obra. En el número 840 de la calle Tucumán, en pleno centro de Buenos Aires, debería encontrarse una casa con azotea, zaguán, dos patios y aljibe, donde nació Jorge Luis Borges el 24 de agosto de 1899. No hay nada, sin embargo. Apenas un edificio de siete pisos en construcción y un obrero fastidiado de que le pregunten por la casa del escritor que ya no existe. Algo similar ocurre en Quintana 222, en el barrio de Recoleta, uno de los más caros y aristocráticos de Buenos Aires. Allí por lo menos sobrevive una placa que reza: "En este solar vivió y creó Jorge Luis Borges". Era pequeña y tenía un jardín bellísimo al frente, según la descripción de la escritora y amiga de Borges, María Esther Vásquez. Ahora en Quintana 222 hay un edificio señorial de ocho pisos. Un vecino aconsejó no tocar el timbre porque en el pasado los propietarios llamaron a la policía para que desalojaran a unos turistas que gritaban en la calle que ese espacio era patrimonio de la humanidad. Entre 1901 y 1914 la familia de Jorge Luis Borges vivió en Serrano 2135, Palermo, que hoy es un barrio repleto de restaurantes de moda, tiendas de diseño contemporáneo y librerías bien dotadas, y en el pasado no pasaba de ser una zona residencial. Esa casa ya no está, pero ahora la sustituye un local comercial de ladrillos, donde funciona la peluquería Maldito Frizz. Afuera hay una placa: "En este solar vivió Borges en su infancia". Lo que antes era el edificio del diario Crítica, uno de los más populares de Argentina, donde Borges colaboró en los años treinta, ahora funciona la Superintendencia de Administración de la Policía Federal Argentina. Allí no se puede pedir placa. De la librería La Ciudad, en la Galería del Este, entre Maipú y Marcelo T. de Alvear, donde Borges acudía diariamente a conversar con amigos, no hay más rastro que la vaga noción del desmantelamiento del negocio por la muerte del librero y la enfermedad de la esposa. Entrar en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en Anchorena 1660, Barrio Norte, cuesta 15 pesos. No se pueden usar celulares ni sacar fotos. Borges nunca vivió en esa dirección, sino en la casa de al lado. Fue escogida por María Kodama porque desde allí se puede ver el jardín donde Borges escribió el cuento "Las ruinas circulares''. Las jóvenes que hacen el recorrido por la fundación muestran "el caracol de nácar que le regaló un especialista en cábala"; "una piedra que le regaló un piel roja"; o "figuras de jabalí, porque él era jabalí en el horóscopo chino". En la casa de Anchorena 1672 ya no hay placa: la quitaron, porque mucha gente tocaba el timbre para entrar. Frente a los hechos, todas las disquisiciones sobran. Siempre se podrá argumentar que otras son las prioridades. Sobre todo en América Latina, donde las prioridades cambian con cada gobierno y a veces con cada ministro. Queda finalmente la obra de Borges. De eso no pueden librarse. El contenido del post es un recopilación de distintas fuentes.
Jorges Luis Borges y las Direcciones del Olvido.
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