REQUIEM
El habitante más amargo de Bella Vista, y el que mejor escribe, anotó en su novela El Farmer: “ quien gobierne estas tierras podrá contar, siempre, con la cobardía incondicional del pueblo argentino ”. El domingo, Cristina, que Vence, perdió. Tiene razón cualquiera de los múltiples voceros de la derecha, el kirchnerismo llega a su fin. Para quienes rondamos los 40 ha sido lo más parecido a una primavera. Menos visceral que la Camporista, terriblemente más florida que la alfonsinista. Durante estos años inusuales, desde el poder, acción y retórica coincidieron en la importancia de temas como los derechos humanos y la no represión a la protesta. Por primera vez Latinoamérica fue el lugar de Argentina en el mundo. Y más de uno tuvimos la sensación de que era posible, significase lo que significase, una “ alternativa popular ”. Tibiezas del kirchnerismo y errores garrafales ( ¡ ay ! de la máxima peronista de la posibilidad de conciliación de clases ), sumada a la eterna astucia del Poder cuando siente tocados sus intereses, han hecho trizas esa ilusión. Lástima, pero no importa. El kirchnerismo ha llegado a su fin. De las imputaciones al mismo hablaremos en otra oportunidad. Nosotros le agradeceremos siempre el raro privilegio de ver en el rostro de quienes nos dan asco la reformulación de un odio que cíclicamente visita nuestra historia y al que por primera vez asistimos en vivo. No renegaremos nunca de las instancias que hicieron posible ver a la Argentina campestre llamando “ yegua ” a Cristina. De escuchar la resonancia de la palabra Kirchner montonero en los oyentes y locutores de Cadena 3. De asisitir, en la muy sojera ciudad Universitaria, a un discurso de varias horas hilvanado en las voces de Fidel, Chávez y Hebe. Una estación se acaba. Pocos indicios hacen presumir un futuro luminoso. Así terminan las cosas que evitan la confrontación inevitable que todo proceso de cambio estructural, demanda. Argentina, país de derechas si los hay, retoma el curso natural de su historia. Parafraseando a Thomas Eliot, así culmina una época: “ no con una explosión, sino con un gemido ”. Y un par de sonrisas, las nuestras.
¡ Hasta la Próxima Alegría !
No Olvidamos
No Perdonamos
No Nos Reconciliamos
Lucas Tejerina - Hernán Tejerina
El habitante más amargo de Bella Vista, y el que mejor escribe, anotó en su novela El Farmer: “ quien gobierne estas tierras podrá contar, siempre, con la cobardía incondicional del pueblo argentino ”. El domingo, Cristina, que Vence, perdió. Tiene razón cualquiera de los múltiples voceros de la derecha, el kirchnerismo llega a su fin. Para quienes rondamos los 40 ha sido lo más parecido a una primavera. Menos visceral que la Camporista, terriblemente más florida que la alfonsinista. Durante estos años inusuales, desde el poder, acción y retórica coincidieron en la importancia de temas como los derechos humanos y la no represión a la protesta. Por primera vez Latinoamérica fue el lugar de Argentina en el mundo. Y más de uno tuvimos la sensación de que era posible, significase lo que significase, una “ alternativa popular ”. Tibiezas del kirchnerismo y errores garrafales ( ¡ ay ! de la máxima peronista de la posibilidad de conciliación de clases ), sumada a la eterna astucia del Poder cuando siente tocados sus intereses, han hecho trizas esa ilusión. Lástima, pero no importa. El kirchnerismo ha llegado a su fin. De las imputaciones al mismo hablaremos en otra oportunidad. Nosotros le agradeceremos siempre el raro privilegio de ver en el rostro de quienes nos dan asco la reformulación de un odio que cíclicamente visita nuestra historia y al que por primera vez asistimos en vivo. No renegaremos nunca de las instancias que hicieron posible ver a la Argentina campestre llamando “ yegua ” a Cristina. De escuchar la resonancia de la palabra Kirchner montonero en los oyentes y locutores de Cadena 3. De asisitir, en la muy sojera ciudad Universitaria, a un discurso de varias horas hilvanado en las voces de Fidel, Chávez y Hebe. Una estación se acaba. Pocos indicios hacen presumir un futuro luminoso. Así terminan las cosas que evitan la confrontación inevitable que todo proceso de cambio estructural, demanda. Argentina, país de derechas si los hay, retoma el curso natural de su historia. Parafraseando a Thomas Eliot, así culmina una época: “ no con una explosión, sino con un gemido ”. Y un par de sonrisas, las nuestras.
¡ Hasta la Próxima Alegría !
No Olvidamos
No Perdonamos
No Nos Reconciliamos
Lucas Tejerina - Hernán Tejerina