Antonio despertó en la cama del hospital sin saber lo que había pasado, no recordaba nada de lo que había pasado desde un tiempo atrás. El primer recuerdo que llegó a su mente fue el de esa maravillosa noche en la que Vanesa había aceptado ser su novia, después el recuerdo de los desesperantes segundos que de rodillas sostuvo el anillo ante ella, esperando una respuesta. La felicidad lo embargó unos instantes mientras recordaba como, con lágrimas en los ojos, ella decía que si. El recuerdo de la boda llegó a él. Su vida era perfecta, nada la podría arruinar.
Sin embargo, la felicidad solo es una sombra pasajera para aquellos de corazón noble, pues al recuperar del todo la conciencia, su vida tornó un inmenso giro, los acontecimientos pasaron rápido ante sus ojos, la alegre boda, la alta y elegante figura de su bellísima esposa, la apasionada noche de bodas, el largo cabello de su amada, su insistencia en conducir a su luna de miel en vez de viajar de otras formas, la sonrisa de su amada esposa, la carretera mojada y oscura, ella escuchando y bailando en el carro esa rara música que la hacía ver más coqueta, una luz, después solo silencio y oscuridad.
Por un simple cheque de rutina la enfermera entró, sin embargo, al verlo despierto salió de inmediato sin decir nada, a los pocos minutos un doctor entró, con paso tranquilo, era un anciano y de seguro había visto casos como esos a menudo.
-Muy bien, dígame cómo se siente en estos momentos -dijo con una voz que en realidad no demostraba nada de interés- ¿Le duele algo?
La pregunta era rutinaria, después de todo, que le podría doler si le habían administrado poderosos anestésicos para que se relajara, y el dolor no siguiera alterando sus signos.
-Vanesa… mi esposa… ¿Dónde… ¿Dónde está ella?
-Tranquilícese, después le informaremos del estado de su esposa -le dijo, y mientras se iba le indicó a la enfermera- adminístrenle más morfina.
La preocupación no hizo más que crecer en él, varias veces le preguntó a las enfermeras cómo estaba su esposa, pero ellas solo le repetían, “tiene que descansar” una y otra vez, “preocúpese por recuperarse usted primero”, pero en ningún momento ninguna de ellas le dijo, “su esposa está bien”.
Las personalidades de ambos eran totalmente contrarias, él era tímido y reservado, ella extrovertida y alegre, él siempre estaba con una cara seria que lo hacía ver más maduro, ella con una sonrisa infantil, como la de una niña que acaba de hacer una travesura, a él le gustaba la música ambiental, películas románticas, literatura clásica, poesía, y la pintura, ella solo escuchaba música de grupos asiáticos de moda, le encantaban las películas de acción, leía mangas y comics, consideraba el rap mejor que la poesía, y dibujaba peor que un niño de primaria, sin embargo algo mágico pasó entre ellos desde el principio.
El efecto de la morfina pasó y los sueños de opio se alejaron lentamente descubriendo la realidad, dos enfermeras cuchicheaban a lado de su cama, él solo alcanzó a escuchar: "Tiene derecho a saberlo… el doctor dijo que no, perdió mucha sangre… imagina cmóo te sentirías… pero el shock emocional le puede afectar… eso no es justo… es lo mejor…"
Las enfermeras se fueron al saber que estaba despertando, poco tiempo después, regresó una, al parecer no era de las que hablaban hace unos momentos, le dio su comida, y se preparaba para irse en silencio, cuando él se atrevió a hablarle.
-Disculpe, señorita, necesito saber cómo está mi esposa…
-No puedo decirle nada, son órdenes del doctor -dijo ella en un fallido intento de parecer fría, los ojos inundados en lágrimas del joven esposo la conmovieron, y solo dijo cuatro palabras antes de irse: "lo sabrá muy pronto"
Él llegó a esa librería por accidente, una pequeña y mal surtida librería, que tenía muchas más revistas que libros, en la cual la sección de novelas clásicas era solo una repisa libre de los tres libreros dedicados a mangas japoneses. No buscaba nada en particular, solo un poco de lectura ligera, algo para ocupar la hora y media que lo sobraba a la hora del almuerzo, preparar en casa su comida no solo era barato sino que era práctico. Ella intentaba sellar con un encendedor, la envoltura de celofán del último tomo de manga que no se había resistido a leer, y que por su gran deuda con el dueño de la tienda, no podía darse el lujo de pagar. Sin saber por qué media hora después sostenía aun el manga en su mano, una compra inútil, no sabía por qué la había hecho ni por qué regresó al día siguiente, y al siguiente preguntando por libros que no iba a encontrar, y comprando los mangas que ella le recomendaba, al final, cuando ella sonriendo, le dijo “te he vendido el mismo tomo de manga siete veces y no te has dado cuenta” fue cuando tuvo que aceptar la verdad, se había enamorado de esa joven.
El doctor se acercó a él, le dijo tranquilamente las siguientes palabras:
-Necesito que en todo momento esté relajado, no se desespere, no vaya a extralimitarse.
Él se preparó para lo peor, pero ni en un millón de años hubiese estado listo para lo que iba a pasar.
-Recuerde que su condición es muy inestable, necesitamos informarle de algo que ha sucedido, y que no podemos postergar más, pero es mejor que sea su esposa la que se lo diga- en seguida el doctor le entregó una carta, que decía:
"Mi amado Antonio
Quiero decirte que en este tiempo que hemos estado juntos me has hecho la mujer más feliz del mundo, siempre has sido mi héroe, desde que me salvaste de un regaño en la librería, hasta cuando me dabas tu paraguas diciendo que te gustaba la lluvia porque yo había olvidado el mío, sentía una ternura enorme al ver que después de eso te enfermabas y fingías no estarlo.
Eras tan tímido que creí estar soñando cuando me declaraste tu amor y cuando me pediste matrimonio. Y cuando fingías que te gustaba el KPOP solo para estar junto a mi me sentía alegre. Me hiciste sentir amada.
Te voy a pedir algo, hermoso, solo una cosa más, un favor egoísta, DÉJAME IR.
Cuando tuvimos el accidente, tú te lanzaste sobre mí para protegerme, aún a pesar de llevar el cinturón de seguridad tu cuerpo logró envolverme como un manto protector, el costo fue grave solo para ti, el tronco que traspasó el parabrisas, se incrustó en tu espalda, y dañó tu corazón.
No hay donantes de nuestro tipo de sangre, y lo necesitas desesperadamente, así que escribo esto después de una difícil decisión, en estos momentos mi sangre corre en la tina de baño, pronto dejaré de respirar pero quiero que sepas que TE AMO, SIEMPRE SERÉ TUYA Y ESTOY FELIZ DE DAR LA VIDA PARA QUE TÚ PUEDAS VIVIR.
Vive , ríe, se feliz con alguien más, y recuerda siempre, mi corazón estará siempre contigo, así, en tu felicidad aunque sea con otra persona, yo también seré feliz
ATENTAMENTE, LA MUJER QUE MÁS TE HA AMADO.
VANESA
No te culpes de nada, nada es tu culpa, solo
DÉJAME IR"