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megapost de proceres argentinos parte 1

Info8/13/2008

Si bien los textos escolares lo recuerdan como el Creador de la Bandera nacional y uno de los más importantes jefes del Ejército revolucionario, a Manuel Belgrano le cabe también una fundamental tarea en el establecimiento de las primeras instituciones educativas y culturales del país.

Nacido en el seno de una acomodada familia porteña, la del comerciante italiano Domingo Belgrano y Pérez (o Peri) y la criolla María Josefa González Casero, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano se educó en el Real Colegio de San Carlos con la mejor formación que podía encontrarse en la colonia en el último cuarto del siglo XVIII, aprendiendo junto con las primeras letras "la gramática latina, filosofía y algo de teología".

Partió luego a España, a estudiar leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, para recibirse de abogado, finalmente, en la cancillería de Valladolid.

Por esa época, se perfila ya como un intelectual más preocupado en los asuntos económicos que en el estudio de las leyes. En su Autobiografía, dirá: "Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como en el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público". Estando él en España, ocurre la Revolución Francesa y el joven argentino se ve envuelto por las ideas iluministas que se desprenden de la gesta francesa: "Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le había concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente."

En 1793 fue designado Secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, un organismo con funciones económicas y técnicas, relativas al comercio y la producción. En este rol, Belgrano desarrollará una ardua actividad en la promoción de la industria colonial, de la mejora de la producción agrícola y ganadera, y de las formas de comercio.

Pero también se encuentra Belgrano en Buenos Aires con la más profunda desorganización en todas las materias que interesaban a su función, algo que lo perturbará seriamente: "Mi ánimo se abatió –dirá- y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común."

Orienta entonces su prédica a dotar al Virreinato de instituciones educativas (propone la creación de una escuela de matemáticas, y otras de diseño y de comercio), pero chocará con la desidia de las autoridades virreinales. No obstante, por su iniciativa nace en 1799 la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, que se fusionará poco después con la recién creada Escuela de Náutica. En el Reglamento, que redacta, Belgrano le da derechos igualitarios de educación a los indios (tanto como a criollos y españoles) y ordena cuatro vacantes para huérfanos, mostrando así las altas consideraciones sociales que se gestaron en Europa. En un discurso de 1802, Belgrano presentará sus ideas acerca de lo que esperaba de la Escuela: "...sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; sabéis que ya tenéis de quién echar mano para que conduzcan vuestros buques; sabéis que con los principios que en ella se enseña tendréis militares excelentes; y sabéis también que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal de vuestro celo patrio."

Publica también la obra Principios de la ciencia económica-política, y se encarga de difundir en Buenos Aires los trabajos acerca del liberalismo económico de Adam Smith. Además se dedica con mucha atención al periodismo colaborando con el Telégrafo Mercantil (entre 1801 y 1802).

En 1806 se producen las primeras invasiones inglesas. El acontecimiento despertó todo el celo patriótico del joven abogado, quién encontró en la tarea de promover la independencia su más alto cometido.

Sin haber vestido nunca un uniforme, ni haber recibido instrucción, se hizo militar. Para sus lamentos, porque halló ejércitos acobardados, sin orden ni disciplina, mal armados y peor acostumbrados. Y entre los intelectuales criollos, encontró malos patriotas, que no sabían si subordinar el país al rey de España (entonces ocupada por Napoleón) o al de Inglaterra.

Sin embargo, los sucesos europeos alentaron la revolución y Belgrano protagonizará el movimiento independentista. Más tarde, recordará los sucesos de mayo de 1810 con estas palabras: "Se vencieron al fin todas las dificultades, que más presentaban el estado de mis paisanos que otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento."

De inmediato, se lo convoca para dirigir una campaña militar al Paraguay, a fin de propagar la revolución. Y a pesar de su escasa experiencia militar, se las arregla para instituir la subordinación y el orden en las tropas, haciendo del respeto por la población civil la máxima premisa de la expedición.

Ya todos reconocen en él las virtudes comunes a muchos patriotas, como la honestidad, la probidad y la austeridad, combinadas con una particular moderación, que para muchos era signo de debilidad de carácter. Por más, su voz, marcadamente aflautada, y su poca firmeza en los ademanes y gestos, lo hicieron aparecer como impropio de la milicia. Estas percepciones ayudaran, por ejemplo, a que sea reemplazado del mando del Ejército del Norte, que debió a entregar a San Martín en 1814, luego de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. Para entonces, con una suerte desigual, Belgrano había comandado el ejército durante un año, demostrando su vocación patriótica de la manera más cruda, y grandes cualidades como jefe.

Ya había sucedido también el episodio de creación de la Bandera nacional, jurada por primera vez a orillas del río Paraná, en Rosario, en febrero de 1812.

A comienzos de 1815, Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas. Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones.

También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente.

Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo. Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: "Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas." No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal.

Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral. Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.

Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía) que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia (si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su única hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse). Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico. En este sentido, se destaca de Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810. Se destaca también su labor como periodista (después de su actuación en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio); y como fundador de la Escuela de Matemáticas (en 1810, costeada por el Consulado), y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército.



BIOGRAFIA DE JOSE DE SAN MARTIN: (Yapeyú, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, 17 de agosto de 1850)

Político y militar argentino.. Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del río Uruguay.Su padre, don Juan de San Martín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento. Su madre, doña Gregoria Matorras. Se trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario de Nobles de Madrid. En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de Murcia.

En 1785, regresó a España con su familia y en el año 1789, ingresó como cadete en el Regimiento de Murcia. Su bautismo de fuego fue en el sitio de Orán, en el año 1791, y en 1793 ascendió a subteniente. Finalizada la guerra con Francia en 1795, y siendo esta aliada de España, tomó parte en la batalla que se libró en el cabo de San Vicente contra los ingleses.

Entre 1808 y 1812, ingresó en una sociedad masónica que existía en Cádiz y que defendía ideas de carácter constitucional y liberal. Por tomar parte, el 16 de mayo de 1811, en la batalla de Albuera, fue ascendido a comandante agregado, culminando así su carrera militar en España.

Pasó a América, en enero de 1812, en la fragata «George Canning», que partió desde Londres, llegando a Buenos Aires el 9 de marzo para luchar por la independencia de Sudamérica. A los pocos días de su arribo, le fue reconocido el grado de teniente coronel y el Triunvirato le encomendó la creación de un escuadrón, que luego fue el célebre regimiento de Granaderos a Caballo. Durante el año 1812 se ocupó de instruir a la tropa en las modernas técnicas de combate que conocía por su extensa actuación europea contra los ejércitos de Napoleón.

Además, se ocupó de organizar una sociedad secreta que se denominó la Logia de Lautaro —este era el nombre de un caudillo araucano que defendió la libertad de su pueblo a los comienzos de la conquista española—. La sociedad estaba formada como las logias masónicas de Cádiz y de Londres, similar a la que en Venezuela tenía como miembros a Miranda, Bolívar y Andrés Bello. Su objetivo era: "trabajar con sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad"

El 8 de octubre de 1812 estalló la revolución capitaneada por San Martín, Alvear, Monteagudo y otros conspiradores en contra del Gobierno; esta revolución hizo posible la asamblea de 1813, repetición en muchas conclusiones de las Cortes de Cádiz, aunque aún no se declaró la independencia, ya que no era deseada por muchos ciudadanos.

El Triunvirato ordena al coronel San Martín que protegiese las costas del Paraná del desembarco realista. Los granaderos siguieron el avance de la flota enemiga que constaba de 11 naves y unos trescientos soldados. Las naves pasaron el pueblo de Rosario y fondearon frente al Monasterio de San Carlos, en San Lorenzo, aguas arriba. Los españoles bajaron a tierra, subieron las altas barrancas y se encontraron con los pacíficos frailes. Cuando despuntaba el sol del día 3 de febrero, las lanchas de la expedición realista tocaban tierra y subían el barranco en dos columnas dispuestos al combate. San Martín dividió a los granaderos también en dos columnas que, cuando sonó el clarín, cargaron desde cada lado del convento. En la primera carga, el caballo de San Martín fue derribado trabando una pierna del Coronel. El granadero Baigorria traspasa con una lanza a un soldado español que intentaba herir a San Martín. El soldado Juan Bautista Cabral echó pie a tierra y levantó el caballo permitiendo a su jefe incorporarse, entonces fue herido de muerte.

San Martín, a fines de 1813, ya con el grado de coronel de Caballería, sustituyó al general Belgrano en el mando del Ejército auxiliar, nombrándole, el director del Estado, gobernador intendente de la provincia argentina de Cuyo.

San Martín influyó para que los diputados del Congreso de Tucumán declararan la independencia de las provincias unidas de América del Sur -aún no la actual Argentina- , pues su idea era formar unos Estados unidos de toda América Latina.

El 1 de agosto de 1816 fue nombrado general en jefe del Ejército, y el 11 de febrero de 1817 se realizó una de las batallas más extraordinarias de la Historia, entre los independentistas y el Ejército español, siendo derrotado este en la cuesta de Chacabuco y entrando San Martín en Santiago (Chile). De aquí se partió para la conquista del Perú donde el 5 de abril de 1818 obtuvo la victoria de la batalla de Maipú, pasó decisivo para la independencia. San Martín comprendió que, para llegar a la liberación total, debía entablar contactos con Simón Bolívar, realizándose una entrevista en Guayaquil el 26 de julio de 1822. Se intentó el acuerdo de unir los dos Ejércitos para terminar cuanto antes con los españoles, pero Bolívar dijo que nada podía hacer sin la aprobación del Congreso del cual dependía.

San Martín se retiró de este tipo de vida en agosto de ese mismo año, debido a una promesa hecha un año antes. Regresó a Chile, más tarde a Mendoza, luego vino a España, para instalarse en Bruselas finalmente.

Pasó estrecheces económicas, ya que la pensión que le habían asignado en Perú no le llegaba con regularidad. San Martín tenía ideas monárquicas constitucionales que se volvieron republicanas al final de su vida. Fue contrario a la concepción estatal del dictador Rosas, que predicaba el caudillismo y la federación. Por hallarse este en la presidencia, siempe rehusó un nombramiento político y regresar a su tierra; sin embargo, mantenía correspondencia cordial con él.

El 3 de agosto de 1823 muere su esposa, Remedios de Escalada. Parte entonces para Buenos Aires donde se encarga de su hijita Mercedes. El 4 de diciembre llega a la ciudad y permanece hasta el 10 de febrero de 1824 cuando se embarca hacia Francia. Allí se ocupa de la educación de Mercedes donde escribe para ella las Máximas para su hija que son un resumen de su filosofía de vida. En 1829 regresa a Buenos Aires pero encuentra un clima hostil y permanece en Montevideo.

En el año 1848 se trasladó a vivir a Boulogne-sur-Mer, hoy consulado de la Argentina; allí murió repentinamente, falleció el 17 de agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años siendo trasladado su cadáver a Buenos Aires, donde reposa en un mausoleo en la catedral. En Argentina son muchos los monumentos levantados en su honor. También las hay en Uruguay, Chile, Perú y Venezuela.



BROWN GUILLERMO
Guillermo Brown nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777. Su nombre está íntimamente vinculado a las luchas por la independencia argentina, a la guerra contra el Imperio de¡ eras¡¡, a las luchas; civiles de¡ período de Rosas. Emigró con sus padres a los Estados Unidos siendo todavía un niño. Quedé huérfano a corta edad y entra como grumete en un barco de guerra inglés.
Años después se le encuentra al mando de una nave de pabellón británico que fue apresado por los franceses y conducida a Metz con su comandante.
Brown consigue fugarse y llegar a Inglaterra tras no pocas peripecias. Contrajo allí matrimonio en 1809 y emigró hacia él Río de la Plata, a donde llega el mismo año. Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada "Industria" para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.
Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento y en 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles.
El gobierno de Buenos Aires compra y arma la fragata Hércules, los bergantines Zephoys y Nancy y la qoieta Juliet. Se les reúnen después. las goletas Julieta y Fortunata, la cañonera Tortuga y el falucho San Luis, con los que el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla en la que desembarca.
Luego se dirigió a Montevideo y el 17 de mayo tuvo una gran victoria sobre los buques realistas, superiores en número y armamento. Cooperó positivamente en el sitio a Montevideo, plaza que bombardeó y cuya rendición, ocurrida en junio, debióse en gran parte al asedio marítimo. El Supremo Director Posadas, lo ascendió a Coronel, como premio a su comportamiento.
Tuvo prisionero a borde de¡ Hércules al Gral. Vigodet que regresó a España al cabo de 14 días.
Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que habla recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina. Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida. Posteriormente, se retira a su quinta de Barracas, donde permanece alejado de la vida pública hasta que en 1826 lo llama a servicio el presidente Rivadavia.
Ese año combate en el puerto de la Colonia contra la escuadra brasileña, resultándose adversa la suerte, hasta que con once embarcaciones mal pertrechadas y con una tripulación pobre derrota a los brasileños que mandaban 31 unidades. Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 1 1 de junio de 1826. Al ario siguiente el 9 de febrero, volvió a derrotarlos en Juncal. Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago, pero en. ese combate pierde la vida el capitán Francisco Drummond, novio de su hija Elisa Brown, la cual al enterarse de la noticia se suicida.
Este hecho marca en la vida psíquica de¡ marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo. En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal. A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a Jade¡ Gral. Riveraya los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones.
El 27 de febrero hacía flamear su insignia de Almirante en el bergantín Belgrano.
En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria mandada por Garibaldi.
En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar.
En 1845, se vio forzado a regresar a Buenos Aires obligándolo las escuadras europeas a firmar un documento por el que se comprometía, dada su calidad de británico a no intervenir más en aquella contienda.
Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857.
Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre "No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras de¡ mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes. Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina".


MARIANO MORENO
Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de noviembre de 1777. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María de¡ Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor.
Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos. Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó ' su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento. Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.
En 1801 se casa en Chiquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.
De regreso a Buenos en l8O9 escribe un documento de gran notoriedad "La representación de los hacendados", en el que abogaba por la libertad de Comercio.
Este documento se difundió rápidamente por todo el virreinato. Más tarde es nombrado relator de la, Real Audiencia, cargo que desempeñaba en mayo de 1810.
Constituida la Primera Junta de Gobierno, es Moreno el alma de la misma en su carácter de secretario, teniendo también la dirección de los departamentos de gobierno, de guerra y relaciones exteriores.
Organiza los ministerios, abrevia los trámites y duplica las horas de trabajo.
Redacta La Gaceta de Buenos Aires, periódico que nació con el nuevo régimen. Funda la biblioteca pública y se le debe también el establecimiento de una academia de instrucción militar y de matemática para los oficiales, que debían no sólo ser valientes, sino también doctos.
Crea una fábrica de armas y se preocupa asimismo de los intereses de la industria y el comercio. Decreta la rehabilitación de los puertos de la Ensenada de¡ Barragán y de Patagones (Río Negro). Dicta la providencia para el arreglo de los caminos y el adelantamiento de las poblaciones.
Cuando desempeña estas f unciones cuenta sólo con 33 años y es tanto su prestigio que despierta recelos dentro y fuera del gobierno.
Con motivo de la disposición de incorporar a la Junta nueve diputados de las provincias se produjo un desacuerdo, a raíz de¡ cual Moreno, para evitar desconfianzas presenta la dimisión de su cargo "convencido de haber cumplido con su deber".
Saavedra choca fuertemente con su política. A los pocos días de su renuncia la Junta le confía la misión de ir a Inglaterra en calidad de Ministro Plenipotenciario, para cimentar las relaciones de amistad con el gobierno inglés.
El 24 de enero de 1811 zarpa rumbo a Londres y fallece durante la travesía. Su deceso se registra el 4 de marzo de 181 1, al amanecer, en alta mar.
Cuando el Coronel Saavedra, su adversario, se entera de la noticia,dice aludiendo al genio ardiente del extinto y a su sepultura en el mar: "Era menester tanta agua para apagar tanto fuego".
Se supone que las causas de su muerte fueron una lesión cardiovascular de origen reumático.



SEMBLANZA DE MARTÍN MIGUEL DE GüEMES * La Guerra Gaucha

Martín Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, pertenecía a una familia noble y adinerada. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las Fincas familiares. A los 14 años se incorporó como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar.

En 1805 fue trasladado a Buenos Aires donde comenzó a defender la integridad territorial actuando heroicamente durante las Invasiones Inglesas.

Durante 1.810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva.

Luego del desastre de Huaqui, escoltó a Juan Martín de Pueyrredón a través de la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas.

En 1.814 el Gral. José de San Martín le encomendó el mando de la Avanzada del Río Pasaje (hoy llamado Juramento porque en sus márgenes Belgrano hizo jurar obediencia a la Asamblea del Año XIII y donde se considera que nació como símbolo patrio de los argentinos la Bandera celeste-blanca-celeste) iniciando la Guerra Gaucha. Al año siguiente derroto completamente al poderoso ejército invasor al mando de Joaquín de la Pezuela en Puesto del Marqués, por lo cual el pueblo lo aclamó Gobernador de la Intendencia (integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y distritos de campaña).

En Junio de 1.816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó "la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú" que se encontraba en Tucumán reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe. Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria. Por ello considerar a Martín Güemes prócer provincial ó defensor de la frontera Norte es una muestra del desconocimiento de nuestra Historia.

Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes. Baste citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quién al mando de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Bs.As.. O la del Gral. Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño (ambas invasiones se produjeron en 1.817). O la del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1.820 avanzó con 6.500 hombres. Ninguno de ellos logró concretar el objetivo que los impulsaba: llegar a Buenos Aires y recuperar el dominio del ex Virreynato del Río de la Plata.

Por tan meritorio accionar, San martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú. Las Provincias reconocieron la designación pero escaso apoyo le brindaron. Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno.

Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la tradición que floreció con su muerte.

Rodeado de enemigos lo encontró el año 1.821. Uno de los más poderosos y temibles fue el gobernador de Tucumán quien se negó a entregarle el armamento que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que su par santiagueño lo auxiliara. En mayo, acusándolo de tirano, el Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta. Güemes recuperó el poder días después pero una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años. Entonces se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa.

Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta. Pero sus ideales de libertad, su desprecio al materialismo, su amor a la Patria y su temple inclaudicable son el motor que impulsa a quienes lo llevan en su corazón y que cada vez que pronuncian su nombre le rinden emocionado homenaje al recordarlo. Porque Güemes sigue cabalgando y guiando a sus compatriotas.



Introducción

La historia de este ser, es rica en actos y acciones que lo definen como un patriota con gran visión del futuro y poseedor de un tesón y voluntad indomables.

Para poder efectuar un retrato, más o menos hilvanado y que refleje su trayectoria, es necesario comprender que dadas las múltiples facetas de su actuación, resulta imprescindible dividir esta historia en tres capítulos que, aunque parecen diferentes, no lo son así y están perfectamente ligados, reflejando sus acciones y su razón en los distintos momentos de su existencia.





Por esta razón considero que es necesario estudiar a Urquiza bajo los siguientes capítulos a saber:

a) Urquiza hombre

b) Urquiza militar

c) Urquiza estadista

Solo así se llega a comprender las virtudes que supo plasmar en páginas memorables de nuestra historia patria.

2. Urquiza Hombre

Es necesario conocer su actuación y/o actividad antes de ser llamado por el destino para desempeñarse en cargos públicos.

En rápida síntesis se llega a entender que lo animaba un espíritu batallador, con clara inteligencia para emplearla cabalmente en sus proyectos particulares.

Su trabajo, su visión de futuro y de progreso, lo llevaron a poseer una gran fortuna, producto de sus afanes y desvelos para progresar y lograr una desahogada posición económica.

Urquiza fue un gran hacendado y empresario de primer orden. Organizó un saladero, de su propiedad, situado sobre el Arroyo de La China, en los alrededores de Concepción del Uruguay, comenzando a funcionar en 1847, llegando a movilizar un capital superior al presupuesto de la provincia de Entre Ríos.

Allí se industrializaron vacunos, equinos y porcinos, calculándose alguna faena en más de cuarenta y cinco mil animales.

Además de la salazón de carnes y cueros, se elaboraban velas, jabón blanco, amarillo y negro, también perfumado.

Los productos industrializados se exportaban, casi totalmente a Brasil, Cuba, Londres, Río de Janeiro y Montevideo.

Cuando fue llamado a la función pública, era un terrateniente de sólido presente y promisorio futuro. Señalo este aspecto, con particular énfasis, con el fin de dejar en claro que su fortuna fue lograda con anterioridad a su designación.

Sus antecedentes familiares se remontan (para nosotros) al mes de marzo de 1774, en donde un niño de solo doce años, Joseph Narciso de Urquiza abandonó su casa paterna en España para emprender la tentadora aventura de la América.

Niño aún llegó a Buenos Aires recomendado a su tío materno Don Mateo de Alzaga, quien lo inició en las actividades comerciales.

Años después, siendo un experimentado comerciante, contrajo enlace con la joven Doña Cándida García y con el corres del tiempo y con permanencia en Buenos Aires nacieron algunos de sus hijos. En esta situación, apreciaba que su panorama futuro se veía limitado ya que el quería para si y para sus hijos un futuro venturoso y con posibilidades de progreso ilimitadas.

Fue entonces que, con su familia, decidió dejar Buenos Aires y afincarse en Entre Ríos donde se transformó en un próspero terrateniente, llegando a ocupar el cargo de mayor jerarquía en la costa del Uruguay, Comandante General de los Partidos de Entre Ríos.

El 18 de Octubre de 1801 nació su hijo Justo José en su estancia del Talar del Arroyo Largo, hoy Arroyo Urquiza, a escasos kilómetros de Concepción del Uruguay.

Justo José cursó sus estudios primarios comunes impartidos por sacerdotes. Posteriormente ingresó al Colegio San Carlos, en Buenos Aires. Dos años después el colegio se cerró, por lo que él, aún muchacho, regresó a Concepción del Uruguay donde ejerció desde 1819 diversas actividades. La prosperidad de sus negocios fue la base de su cuantiosa fortuna y poco después llegó a alcanzar una posición espectable en la vida de la provincia y del país.

Las luchas surgidas entre Federales y Unitarios, agitaba la vida de los pobladores lugareños.

Urquiza se suscribió al partido federal y fue elegido Diputado Provincial en 1826.

Varios proyectos de su autoría revistieron singular importancia, mereciendo destacar entre ellos el auspicio del fomento a la educación.

El Congreso lo aprobó y en ese decreto se establecía la construcción en cada villa de la provincia y en los pueblos de un edificio escolar y la contratación de maestros idóneos para la impartición de la enseñanza.

En 1841 fue elegido Gobernador de Entre Ríos y a partir de ese comienza a mostrar sus grandes dotes de estadista.

3. Urquiza Estadista

Urquiza que inicialmente era partidario del accionar de Juan Manuel de Rosas experimentó un cambio en su pensamiento y accionar cuando con clarividencia que secundar la política rosista, como lo venía haciendo, significaba acentuar y prolongar indefinidamente los desencuentros argentinos.

Algunas de las medidas tomadas por Rosas, como el cierre de los ríos a la navegación extranjera perjudicaban la economía de las provincias del litoral y de los países vecinos. Al respecto, se le atribuyen palabras cargadas de sentimiento federal y contrarias al monopolio de la ciudad porteña: "Rosas pone trabas a fin de que Buenos Aires sea la aduana de toda la República y las provincias sean tributarias perpetuas"

Urquiza meditó un plan institucional con la misma cautela con que trazó su estrategia militar.

Nada quedó librado al azar y advirtió que aún no estaba en condiciones de enfrentar a Rosas militar.

Sabía que el tiempo era su aliado y sus miras estaban puestas en la organización del país a través de una constitución que reconociera el sistema federal como expresión genuina de los pueblos del interior.

Luego de la exitosa campaña correntina, Urquiza ya estaba en condiciones de ocuparse personalmente de las tareas de gobierno y poder dedicar sus esfuerzos al proyecto nacional.

La adopción de medidas de orden educativo, cultural y económico surgieron en gran profusión, sin contar las administrativas, judiciales y militares.

Entre Ríos adquirió tal prosperidad que sobresalió netamente entre sus hermanas de la confederación y solo rivalizó con Buenos Aires.

Se preocupó por la mejora del ganado, principal riqueza de la provincia y además impulsó la agricultura para la que proveyó medidas adecuadas.

La economía entrerriana puede decirse que al promediar el siglo XIX era muy próspera. Según estadísticas, las exportaciones superaban a las importaciones lo que permitió encarar obras de envergadura, tales como edificios públicos y escuelas.

Entre las escuelas también debe contarse la que fue su obra cumbre en la educación, me refiero a la fundación del Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, el cual tenía un designio bien marcado: formar las generaciones dirigentes del país a organizarse.

El Colegio tuvo categoría superior e incluso funcionaron el él una Escuela de derecho y otra de Estudios militares.

Finalizada la campaña a Corrientes Urquiza pensó resarcirse de la dura vida de los campamentos militares y para ello contrató a arquitectos italianos para proyectar y dirigir lo que sería su suntuosa residencia campestre en San José.

Merece destacarse que en ese predio ordenó también la creación de una capilla, la que puso bajo la advocación de San José.

Para la ocasión de la inauguración asistió el Nuncio Pontificio Monseñor Marino Marini, lo que constituyó un hecho auspicioso para el país, pues este acercamiento facilitó la reanudación de las relaciones con el Vaticano, suspendidas desde 1810.

Las desinteligencias con Rosas llevaron a Urquiza a acelerar su proyecto para la organización del país. Para este fin trató el tema con distintos gobernadores, más en su mayoría, por temor u obsecuencia, le negaron su apoyo.

Fue entonces que, demostrando la firmeza de su carácter y la claridad de sus convicciones dio a conocer el 1 de Mayo de 1851 el decreto conocido con el nombre de pronunciamiento, que fuera redactado el día anterior por su secretario Dr D Juan Francisco Seguí, en el Palacio San José.

Por ese decreto, la provincia de Entre Ríos reasumía las facultades inherentes a un estado soberano y retiraba los delegados en el gobierno de Buenos Aires.

Desde ese momento, Entre Ríos quedó en aptitud de entenderse directamente con los países de la comunidad internacional hasta que la reunión de un congreso nacional constituyera definitivamente la república.

Los sucesivos acontecimientos y, latente aún la conmoción producida por la derrota de Rosas en Caseros, reavivaron los deseos de lograr una Argentina unida sólidamente. Con este fin se lograron acuerdos entre los protagonistas de manera que las medidas que en el futuro se adoptaban debían ser el reflejo de los términos del acuerdo y nadie podía argumentar sorpresas o desconfianzas en su proceder.

El acuerdo de San Nicolás constituyó un trascendente documento de nuestra vida institucional, en el que se aunaron las voluntades de las provincias para organizar definitivamente el país bajo una conducción federal.

Sin embargo, no sucedió lo mismo con la recelosa Buenos Aires, que luego de Caseros renovó la cámara de representantes, y los miembros que la integraban eran, en su mayoría, contrarias a Urquiza, las cuales impugnaron lo actuado por el Gobernador Vicente López y Planes.

Los desencuentros entre porteños y provincianos afloraron con tanta o mayor virulencia que antaño.

Con posterioridad, los Diputados designados como congresales fueron llegando a Santa fe, lugar escogido para que en él funcionara el Congreso Constituyente.

Este, luego de intensas deliberaciones, sancionó el 1 de Mayo de 1853 la Constitución Nacional, que con algunas reformas, hoy nos rige.

Urquiza cumplió con el plan establecido, y con legítimo orgullo puede expresar: "Alzese, pues, bien alto la ley nacional y sea de todos profundamente respetada, puesto que a mi me ha cabido el deber de hacerla ejecutar".

Una vez en vigencia la constitución, se procedió al llamado a elecciones para la integración del ejecutivo y en su sesión del 20 de febrero de 1854, el Congreso proclamó la fórmula Justo José de Urquiza para presidente y como vice al Dr Salvador María del Carril.

Merece dejar en claro, que para la elección del vicepresidente había dos postulantes, el antes mencionado y el Dr Facundo Zuviría. La elección se presentaba sumamente reñida por lo que en el deseo de evitar posibles obstáculos y/o rozamientos, presentó su renuncia el Dr Zuviría.

Su alejamiento produjo el alejamiento de Santiago Derqui al gabinete. De inmediato se declaró a Paraná, capital de la Confederación, al mismo tiempo que se federalizó la provincia de Entre Ríos.

Todas estas medidas tuvieron su rechazo por parte de Buenos Aires, lo que, mediante su acción opositora, puso en serios problemas económicos a la Confederación.

La secesión y el activo contrabando operaron en detrimento del pujante desarrollo a que aspiraban.

Buenos Aires hizo sentir la ventaja que representaba el tener el puerto, el cual permitía el contacto directo con los puertos de ultramar.

A las provincias litoraleñas solo podía llegar barcos de escaso porte, los cuales debían, por fuerza, transportar su carga a barcos de gran porte y que estaban construidos para soportar los embates del mar durante las largas travesías.

Se intentó obviar estas dificultades recurriendo al puerto de Montevideo. La idea de recurrir a los puertos chilenos de Copiapó y Cobija en el pacífico, solo fue viable para los productos de las provincias del noroeste y de Cuyo.

El Congreso desarrolló febril actividad y se adoptaron medidas de gran importancia, todas ellas muestran la clara disposición para hacer todo lo que sea posible para mejorar las condiciones de vida de la población, para lo cual se buscaba aumentar las fuentes de trabajo y por lo tanto el empleo de mano de obra, y simultáneamente posibilitar el incremento de la economía merced al aumento de la producción.

El Congreso tenía plena conciencia de la necesidad de fomentar la inmigración, a fin de intensificar la producción proveniente del agro y por lo tanto incrementar los saldos exportables. A tal fin se enviaron agentes a Europa para fomentar la inmigración y al mismo tiempo difundir mediante folletos y libros con noticias del país para conocimiento de los potenciales inmigrantes.

Sería demasiado extenso seguir enumerando logros y realidades alcanzadas por ese gobierno.

Considero que lo expuesto permite formarse una idea cabal del extraordinario impulso dado en procura del engrandecimiento del país y de la independencia argentina que soñaban.

Los últimos años de su presidencia se vieron perturbados por el agravamiento de las relaciones con Buenos Aires, pese a los tratados de amistad y los deseos de integridad nacional.

Buenos Aires y la Confederación se hallaban en virtual estado de guerra. De nada sirvieron las gestiones oficiales y oficiosas de extranjeros y particulares simpatizantes de la unión.

Ya planteado el problema y como única solución apelar a la lucha armada, corresponde en la semblanza de Urquiza hasta aquí tratado, considerar la última faceta del mismo, vale decir al Urquiza hombre y estadista, ahora en su rol de militar.

4. Urquiza Militar

Previo a tratar este aspecto en particular, creo conveniente mostrar rápidamente, cual si fuera una pincelada costumbrista, la situación política existente en el país en aquella época, a saber:

Buenos Aires, la poderosa provincia, era la llave de entrada y salida de todos los productos que se importaban o se exportaban.

Las arcas del tesoro recibían fuertes ingresos provenientes de la aduana, en desmedro de las economías provinciales, las que se veían compelidas a comerciar bajo la intervención monopólica del mayor estado de la época.

Las provincias eran independientes entre si, pero padecían de un mal que se había enquistado en las clases gobernantes de aquel entonces, y este mal consistía que en su gran mayoría estaban gobernados por gobernadores que en realidad eran caudillos para los cuales su palabra, sus deseos y sus actos constituían la ley, y dejaban sentado que vulnerar sus designios era una falta gravísima y por lo tanto eran pasibles de sanciones y castigos de variada índole.

Como es lógico suponer, dentro de cada provincia existían hombres que se consideraban en condiciones de ser gobierno, potenciales enemigos de la autoridad existente y promotores de múltiples trabas en la acción gubernamental regional.

Además, varios gobernadores tenían aspiraciones de expansión territorial, por lo que tenían en su mente la idea de conquista basada en la fuerza y contundencia de las armas.

Esta situación produjo cruentos enfrentamientos, los que en realidad no eran luchas entre provincias sino guerras entre caudillos.

Mucha sangre se derramó en estas contiendas, sangre que regó los campos de batalla, y que lo único que se logró fue el atraso regional y el retorno a una vida semi-salvaje.

Urquiza, si bien no tenía ansias de expansión, debió intervenir en distintos combates en defensa de ataques que se llevaron a cabo contra su provincia, la que era apetecida por caudillos que aspiraban adueñarse del as inmensas riquezas de sus provincia, riquezas logradas en base al trabajo, buena administración y espíritu de progreso, como así también el sentido de respeto y dedicación que supo inculcar a sus subordinados y a sus gobernados.

No entraré en detalle respecto de las luchas en que intervino, pues no hace mucho más a esta somera monografía, para ello cito estos enfrentamientos armados al solo título infinitivo, en Corrientes, la Banda Oriental y en la propia Entre Ríos.

Los teatros de operaciones en que intervino fueron: Pago Largo, Sauce Grande, Caaguazú, Arroyo Grande, India Muerta y Laguna Limpia. Por esos lugares mostró su figura victoriosa y su comportamiento correcto y condescendiente para con el vencido.

El problema suscitado con Buenos Aires llevó a la intervención al Ejército Entrerriano a un enfrentamiento contra las fuerzas porteñas en los campos de Cepeda.

Desde el mismo campo de combate, Urquiza lanzó una proclama destinada a los hombres de Buenos Aires y expresaba: "Deseo que los hijos de esta tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros, deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos".

La actuación cumbre de Urquiza militar se produjo cuando se decidió derrotar a Rosas, culpable y responsable de los virulentos desacuerdos entre porteños y provincianos.

Para la ocasión Urquiza formó el ejército grande, el que llegó a contar con algo más de veintiocho mil efectivos, y debía concentrarse en Diamante, Entre Ríos.

El posterior cruce constituyó una hazaña extraordinaria. Urquiza y su Ejército se internaron en territorio santafecino, en dirección a Buenos Aires. Rosas delegó transitoriamente el gobierno de su provincia para ponerse al frente de los efectivos.

El 3 de febrero de 1852, en las cercanías del Palomar de Caseros tuvo lugar el encuentro entre ambas fuerzas.

Pocas horas duró la lucha y el Ejército de Rosas se derrumbó y con él a un largo periodo inconstitucional.

Urquiza triunfador se instaló en la residencia de Rosas en Palermo y entre sus primeras medidas nombró gobernador de Buenos Aires a Vicente López y Planes.

Secuela de este triunfo fue el Protocolo firmado en Palermo, donde se sentaron las bases para una reunión en San Nicolás de los Arroyos.

El 3 de mayo de 1852 se suscribió un acuerdo por el cual los gobernantes signatarios manifestaron su propósito de reunir un Congreso constituyente en Santa Fe.

Reunido el mismo, el Congreso sancionó la Constitución Nacional.

Urquiza, en el orden interno de su provincia, tenía un acérrimo enemigo llamado Ricardo López Jordán, el cual tenía aspiraciones de gobernante, pero fue dos veces consecutivas postergado por su rival al cual profesaba intenso odio y sorda envidia.

López Jordán reunió y dio instrucción a un grupo de trámite insurgente de asesinar a Urquiza.

El 11 de abril de 1870, ese grupo irrumpió en el Palacio San José, donde el héroe de tantas luchas recibió un balazo en la mejilla izquierda y aún herido marchó hacia su dormitorio en busca de un arma, pero fue ultimado antes de cumplir su propósito.

Luego de estos hechos, la Cámara Legislativa nombró como gobernador de Entre Ríos a López Jordán.

El Gobierno Nacional sabedor de quien ordenó el asesinato de Urquiza mandó la intervención a Entre Ríos y se generó una lucha civil durante varios años en los cuales la provincia se vio inmersa en el caos, el terror y la muerte.

La posteridad reconoció tardíamente la obra de Urquiza y comprendió que la organización nacional por él diagramada fue el factor decisivo para lograr la grandeza y prosperidad que posibilitaron que la Argentina tuviera un papel preponderante en el mundo.



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