Diseminados en los cinco continentes, se han descubierto restos arqueológicos de esqueletos humanos que demuestran que en la Tierra habitaron seres gigantescos. Además de desorientar a la comunidad científica, estos restos avalan las leyendas y tradiciones que el folclore popular ha recogido sobre “Los gigantes” con el paso del tiempo.
¿Son los gigantes únicamente protagonistas de historias fantásticas o, por el contrario, sus hazañas pertenecen a la memoria colectiva de la Humanidad y están basadas en relatos de lo que realmente ocurrió en el planeta? ¿Quiénes construyeron las colosales estructuras megalíticas y desplazaron grandes monolitos como si de un juego se tratara?
La Arqueología , hasta el momento, no ha ofrecido ninguna respuesta convincente. Resulta incómodo para los arqueólogos reconocer que hoy día no existen grúas ni aparatos elevadores capaces de mover y levantar titánicos bloques de piedra de ¡1.500 toneladas!, como es el caso de las terrazas de Baaalbek (actual Líbano).
“Parece que bloques de estas dimensiones tuvieron que ser puestos allí por gigantes o miembros de una civilización que conocía los secretos de la levitación y la antigravedad”, escribe David Barclay en su libro Extraterrestres, la respuesta definitiva de los Ovnis.
Las construcciones de la isla de Pascua, Tiahuanaco, el yacimiento megalítico de Ollantaytambu, Cuzco, Machu Picchu, las islas Marquesas, la isla volcánica de Pohnpei en la Polinesia ... son una pequeña muestra de las muchas construcciones de estas características que existen en nuestro planeta, atribuidas por los habitantes locales a los “gigantes”.
La figura del gigante se presenta en casi todas las culturas y sus leyendas. Las podemos encontrar en múltiples relatos mitológicos del viejo mundo: griegos, nórdicos, germánicos, hindúes, indoeuropeos, y también en el nuevo mundo como en las tradiciones de los mayas, de los aztecas y de los incas; así como en casi todos los libros sagrados de la antigüedad: el Lebhar Gabhale (libro de las invasiones) irlandés, el Ramayana hindú y hasta en la Biblia ¿Por qué hablar de unos seres que no existieron en realidad?
La Ciencia cree ver en su gran tamaño, una metáfora: el mito cosmogónico que simboliza el poder y la fuerza. Una simple magnificación de los poderes atribuidos a la figura humana. Pero autores como el ya citado David Barclay, clásicos como Erich von Däniken, Robert Charroux, Pierre Darcout, el ya fallecido Jimmy Guieu o el ex jesuita Salvador Freixedo, entre otros, creen ver en estos relatos los primeros contactos entre civilizaciones extraterrestres y los hombres de la Tierra. Algunos van más allá, como Zecharia Sitchin, y opinan que los extraterrestres que nos visitaron en la antigüedad fabricaron genéticamente al Ser Humano y crearon las primeras civilizaciones, como Sumer y Egipto, y bien pudieran haber sido seres de gran tamaño.
Lo cierto, es que la búsqueda de la verdad nos lleva hasta tiempos remotos, donde las antiguas leyendas tradicionales dibujaban estos seres divinos y heroicos como auténticos.
Gigantes en la Biblia
La primera mención de la existencia de gigantes o “seres distintos” en la Tierra aparece en la Biblia, en el Viejo Testamento. En el Génesis 6, versículos 1 y 2, podemos leer:
“cuando los hombres se habían multiplicado sobre la Tierra y habían procreado hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, escogieron de entre ellas por mujeres a las que quisieron”.
Los Nephilim (en hebreo gigantes) según se recoge en el Génesis 6, 4, existían en la Tierra por aquel tiempo:
“Por entonces y también en épocas posteriores, cuando los hijos de Dios cohabitaban con las hijas de los hombres y éstas tuvieron hijos, aparecieron en la Tierra los gigantes. Éstos son los esforzados varones de los tiempos primeros, los héroes famosos”.
Según Zecharia Sitchin, autor de El Duodécimo Planeta, nephilim significa literalmente “aquéllos que bajaron de los cielos a la tierra”.
“Los traductores de la Biblia –explica Sitchin- supusieron que Nephilim significaba gigantes porque en otras partes se menciona que éstos eran también conocidos como Anakim, a la vez que el cuento sobre el gigante Goliat se afirma que él era descendiente de Anak; de aquí la conclusión: si Anak era un gigante, entonces los Nephilim que también eran Anakim, deberían ser gigantes”.
Por su parte, Robert Charroux, en El enigma de los Andes, ve a estos gigantes de la Biblia como
“... seres superiores que engendraron la elite de los pueblos: Reyes, héroes e iniciados”.
Su unión con las mujeres de los hombres - debían de ser bastante semejantes a la especie humana para poder acoplarse a éstas - produciría hijos más altos que los terrestres normales. Pero hemos de destacar una particularidad: algunos de los restos osteológicos pertenecientes a “gigantes” encontrados, tenían – como ya veremos posteriormente - seis dedos en cada una de sus extremidades.
La Biblia también hace mención a este dato en Sam. 21, 20 y Paralipómenos 20, 6
“Hubo una batalla más en Gat, en la que se halló un hombre de alta talla que tenía seis dedos en cada mano y en cada pie, veinticuatro en todo, que descendía también de Rafa”.
Para la Biblia, la raza de los gigantes desapareció con el diluvio pero, al parecer, uno de ellos se salvó. La leyenda nos cuenta que, al no caber en el Arca de Noé, se montó a horcajadas sobre ella.
El gigante era tan grande que su cama medía unos 3,90 metros de largo por 1,80 de anchura. (Deuteronomio 3, 11).
Gilgamesh y Enkidu
El primer mito que se conoce relacionado con gigantes es el de Gilgamesh, perteneciente a la mitología sumeria. De él se decía que alcanzaba una altura en codos equivalente a 5,60 m, siendo un caso de altura percibida positivamente, para realzar su valor de héroe y rey.
Enkidu, su compañero en la Epopeya de Gilgamesh aparece como un ser primitivo, incivilizado e incluso practicante del bestialismo, aunque no deja de ser un personaje positivo que se convierte en compañero del héroe.
Krishna y Putana
Krishna matando a Putana.
En la mitología hindú aparece la demonia Pūtanā (de "Pūt", virtud y "nā", no) o Poothani, con sus poderes místicos pudo convertirse en una mujer de estatura normal y acercarse a Iashodá para pedirle amamantar a su hijo Krishna. Éste, al tomar del pecho envenenado exprofeso por la vampiresa, la mató instantáneamente al extraer su prana («energía vital»).
Pūtanā alcanzó de inmediato el mundo espiritual sin necesidad de reencarnarse para purificarse debido a que Krishna la aceptó como madre o nodriza.
Mitología griega
Artemisa enfrentándose a un gigante.
Artículo principal: Gigante (mitología griega).
Ya la mitología griega hablaba de los Hiperbóreos, gigantes que vivían más allá de los vientos del norte y dentro de sus mitos encontramos grandes referencias a gigantes, entre ellos los titanes, incluyendo a Prometeo, que dio el fuego a los hombres.
También eran gigantes los cíclopes de la Odisea de Homero, de los cuales el más famoso fue Polifemo, quien capturó a los hombres comandados por Odiseo con el fin de devorarlos. Polifemo es vencido por la inteligencia del griego, en un enfrentamiento desigual.
Mitologías germánicas
En la mitología nórdica, los gigantes (Jotuns) luchan con frecuencia contra los dioses. En particular, en las mitologías del norte de Europa derivadas del culto a Odín aparecen los gigantes de hielo, en eterna lucha contra los Ases. Los propios Ases derivan de la unión de la giganta Bestla y el dios Bor, y en la apocalíptica batalla final de Ragnarök los gigantes de hielo asaltarán Asgard, hogar de los dioses, y provocarán el fin del mundo. En la forma más elaborada de esta mitología recogida en la prosa y poesía de Edda, los gigantes son el origen de la mayoría de los monstruos de la mitología nórdica (por ejemplo, del lobo Fenrir), aunque en ocasiones se relacionan de forma más amigable con los Ases.
El padre de los Jotuns fue Ymir, el primer ser viviente que existió de acuerdo con el mito de la creación de la mitología nórdica. Los demás gigantes nacieron de su sudor.
Las historias de combates con los gigantes son comunes en el folclore de Gales e Irlanda. Desde ahí los gigantes pasaron a los romanceros bretones y artúricos, y de estas fuentes se divulgaron a los cuentos heroicos de Torcuato Tasso, Ludovico Ariosto, y su seguidor Edmund Spenser. El gigante Desesperación aparece en El progreso del peregrino de John Bunyan. Las mitologías nórdica y anglosajona también son ricas en historias de gigantes, que aparecen aquí como una raza separada pero semejante a la de los dioses, y luchan con frecuencia con Thor. Los ogros y troles son criaturas humanoides semejantes a los gigantes que también aparecen en el folclore de varias regiones europeas.
Cultura hebrea
Artículo principal: Gigantes bíblicos.
La Biblia hebrea recoge la existencia de una raza de gigantes llamada «Nephilim». El Génesis afirma que «Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre» (Génesis, 6:4). En este versículo «gigante» es una traducción del hebreo «Nephilim». La tradición posterior a la Biblia sostiene que Nimrod era un miembro de esta raza.
Es en la Biblia donde se puede encontrar una mayor cantidad de referencias: Génesis 6.4 ; Deuteronomio 2.10, 3.11.18; Josué 12.4, 13.12, 15.8; 2º Samuel 21.16; 1º Crónicas 20.4-7 y Job 16.15.
Goliat y David
Uno de los gigantes bíblicos fue Goliat, con quien luchó el rey David. En los mitos hebreos se cuenta la historia de Goliat, el último descendiente de los nephilim, una raza híbrida de los hijos de Dios y las hijas de los hombres, según el Antiguo Testamento. Su derrota en manos de la honda del pastor David fue —además de una liberación para el pueblo judío— una metáfora para demostrar la superioridad de alguien a priori en desventaja; representando éste el mismo «pueblo elegido».
Es necesario notar que la altura descrita en la Biblia acerca de Goliath es de aproximadamente 2,80 metros; mientras que Robert Wadlow quien mantiene el récord Guinness del hombre más alto en la historia moderna medía 2,72 metros a la edad de 22 años.
Mitología vasca
En la mitología vasca, aparecen dos tipos de gigantes. Los gigantes tales como los Jentilak y Mairuak, fueron los constructores de los dólmenes, Trikuharriak en euskera y menhires (los Harrespil o las Zutarri por ejemplo). Tras la cristianización, los gigantes fueron olvidados. Cuenta la leyenda que cuando los gigantes vieron una luz brillante en el cielo, fueron directamente al hombre mós viejo y sabio, el cual, sin ninguna duda, avistó el nacimiento de "Kixmi" (Cristo en antiguo vascón), y proclamo el fin de su raza de inmediato y todos los gigantes incluido el sabio se tiraron por el vecino precipio, otros se escondieron bajo las piedras, las cuales a partir de ese momento se denominaron "Jentilarri". El único que quedó fue Olentzero, un carbonero que según la leyenda debía avisar de la llegada del fin de la raza. Hoy en día se ha asemejado más con el cristianismo y realiza el papel de traer regalos el día de Navidad en Vasconia.
Por otra parte está Tartalo(con variaciones como Torto o Alabari), es un cíclope antropomorfo, gigantesco, con un solo ojo en medio de la frente. Su tamaño es descomunal al igual que su fuerza, y su entretenimiento favorito es tirar piedras de un monte a otro. Cuenta la leyenda, que debido a este entretenimiento se crearon varias construcciones existentes hoy en día. Al contrario que otros personajes también gigantes, como los "Jentilak", Tartalo es perverso, de instintos salvajes y muy agresivo. Se alimenta de niños e incluso adultos de vez en cuando. Se cree que habitaba en el monte Saadar en Zegama (Gipuzkoa) donde hay un dolmen llamado Tartaloetxea (casa de Tartalo). Tartalo era poseedor de un anillo mágico que le servía para controlar a sus presas, ya que al grito de "Non hago?"(¿Dónde estas?) por parte de Tartalo, el anillo respondía "Hemen nago, hemen nago"(Aquí estoy, aquí estoy).
Hallazgos por todo el mundo: las pruebas
Que en el planeta habitaron gigantes lo demuestra el hallazgo de restos humanos de extraordinarias dimensiones en la India, Tíbet, China, Sudamérica, África ... algunos con una edad aproximada de 45.000 años. Y no solamente huesos, sino también espadas, hachas, lanzas y otros instrumentos como picos de tal envergadura que para poder usarlos habría que tener una estatura de, por lo menos, ¡tres metros!
Pero veamos algunos ejemplos.
En una gruta de Atyueca, cerca de Mangliss (en la antigua Unión Soviética), se encontraron esqueletos de hombres que medían entre 2, 80 y 3 metros. Éstos presentaban seis dedos en sus extremidades. Otros hallazgos científicamente admitidos son el gigante de Java (en el sur de China) y el gigante de China meridional. El primero con una antigüedad de medio millón de años y el segundo también con seis dedos en sus extremidades.
En Chenini (Túnez) se encontraron restos de tumbas de gigantes con esqueletos que medían más de tres metros. Transval (en Sudáfrica) es otro ejemplo similar al anterior.
Un esqueleto de fósil humano de 5, 18 metros de alto fue desenterrado en 1956 en Gargayan (Filipinas)
En Norteamérica, en el condado de Bradford (Pennsylvania) en 1880 fueron encontrados, en un túmulo sepulcral, esqueletos humanos cuyos cráneos mostraban unos cuernos de cinco centímetros, encima de los arcos ciliares. La altura promedio de los esqueletos era de aproximadamente 2,13 metros. Su antigüedad se calculó en 800 años. Algunos de estos huesos serían enviados al American Investigating Museum de Filadelfia, de donde parece que desaparecieron. Continuando en EE.UU (Glen Rose, Texas), en el lecho del río Paluxy, se hizo un gran descubrimiento paleontológico. Se pusieron al descubierto huellas gigantes de pisadas de 54, 61 cm de largo por 13.97 cm de ancho, pertenecientes a un homínido. Los geólogos concluyeron que el lecho del río correspondía a terrenos del cretácico a fines de la era mesozoica (140 millones de años). Pero lo más curioso del caso es que junto a estas huellas de homínido se descubrieron en el mismo estrato ¡huellas de dinosaurio (brontosaurios)!
El antropólogo alemán Larsan Khol halló asimismo, en 1936, a orillas del lago Elgasi de África Central, huesos pertenecientes a individuos enormes. ¿Una comunidad de diferente etnia?
A 6 km. de Safita (Siria) los arqueólogos hallaron hachas de mano de 3,8 kg. En Ain Fritisa (Marruecos oriental) se descubrieron picos de 32x 22 cm y 4,2 kg. de peso y hachas de dos filos con 8 kg. Tales dimensiones requerían una buena envergadura para poder utilizar estos instrumentos eficazmente.
Más recientemente, y en Marruecos también, se han hallado en una cueva de la región de Nador, en el norte del país, restos de tres esqueletos de niños pertenecientes a una raza desconocida de gigantes. Se trata de una zona próxima a las míticas columnas de Hércules, considerada patria del bíblico gigante Goliat.
Ciudad megalítica de Lixus (antigua Libia) se encontraron restos humanos de esqueletos de Homo Sapiens, con edades comprendidas entre los 10 y 12 años y una antigüedad de 20.000 años. Los esqueletos miden aproximadamente 2,25 metros de altura.
Todos estos ejemplos son una pequeña muestra de los múltiples hallazgos que se suceden por todo el planeta y que no vamos a detallar para no caer en el aburrimiento, pero vamos a proseguir tan sólo un poco más en nuestro territorio.
Registro en Argentina
En plena gloria del Renacimiento europeo, nació en Italia Antonio Pigafetta, en el seno de una familia aristocrática pero empobrecida. Siendo todavía un niño se granjeó las simpatías y la protección de uno de los secretarios del Papa León Décimo, quien lo llevó a Roma. Así, Antonio Pigafetta pudo ingresar a las mejores universidades de su tiempo, y en plena adolescencia tenía ya asegurada una brillante carrera en la diplomacia cortesana de la fastuosa Europa. Sin embargo, el muchacho estaba llamado a un destino especial. En 1518 escuchó hablar acerca de una expedición naval que el emperador Carlos Primero de España, y Quinto de Alemania, enviaría hacia los mares del sur en procura de un paso hacia el océano más allá del recién descubierto Nuevo Mundo. Pigafetta se sintió poseído por las ansias de participar en aquel viaje de descubrimiento. Se trataba de dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia de la humanidad.
Ante el fervor científico de Antonio Pigafetta, todas las perspectivas de riqueza y triunfos cortesanos te parecían insulsas. Recurriendo a cuantas influencias tuvo a su alcance, logró al fin que el Rey de España lo asignara a la tripulación de la nave almiranta, como una especie de Secretario de Hernando de Magallanes. El Almirante se puso furioso. Sin embargo, a poco de zarpar, en Agosto de 1519, el joven italiano habíase ganado las simpatías y hasta el afecto del viejo marinero portugués.
De los apuntes de bitácora, más las notas personales de Antonio Pigafetta, surgió uno de los libros científicos más interesantes del Renacimiento. El Libro de Pigafetta. Y es aquí donde quedaron impresos los últimos testimonios científicos acerca de gigantes vivos.
Más vale remitirnos simplemente a las palabras del propio Antonio Pigafetta, en la traducción hecha por el insigne filólogo chileno don José Toribio Medina. A objeto de reducir la longitud del relato, hemos reemplazado por puntos suspensivos aquello que no se refiere directamente a los Gigantes:
"... alcanzamos a los 49 grados y 30 minutos de latitud Sur (aclaración: por la costa atlántica de Sudamérica, en la actual República Argentina), donde encontramos un buen puerto..."
"Transcurrieron dos meses antes de que avistásemos a ninguno de los habitantes del país (alrededor del 20 de abril). Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca. Estaba en la playa casi desnudo, cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza."
"El comandante envió a Tierra a uno de los marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla donde se encontraba el comandante. Yo también con varios otros me hallaba ahí."
"Al vernos manifestó mucha admiración y levantando un dedo hacia lo alto quería sin duda significar que él pensaba que habíamos descendido del cielo."
"Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo, con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, que eran escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor dicho, su capa, era de pieles cosidas entres sí, de un animal que abunda en el país, según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tenía la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita."
"Este hombre tenía también una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada con tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de cañas, cortas, en uno de cuyos extremos tenían plumas, como las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para trabajar la madera."
Vale la pena hacer aquí un alto para observar la seriedad de las observaciones de Pigafetta. En primer lugar, es digno de elogio el estilo llano, sin adornos, con que describe la aparición del gigante, su danza y el hecho, altamente significativo de que un hombre tan primitivo tuviera el concepto de que hombres pudieran bajar del cielo. En segundo lugar, la descripción que logra hacer del guanaco, un animal por completo desconocido para los europeos, utilizando solamente los rasgos analógicos con el bestiario familiar para sus coterráneos, es una verdadera obra maestra. En tercer lugar, la descripción del material con que el gigante había confeccionado sus puntas de flecha, un pedernal jaspeado, y de que era el mismo material tallado que utilizaban para confeccionar los cuchillos-sierra.
Durante todo su libro, Antonio Pigafetta hace gala de una profunda seriedad en sus descripciones, que permite reconocer una por una las especies más exóticas de animales y aves, que iban a tardar todavía varios siglos en ser clasificadas e insertas en una nomenclatura científica actual.
Esta seriedad y sobriedad del joven Pigafetta nos hacen considerar inaceptable la suposición que han esgrimido en contra de su descripción de los gigantes patagones, en el sentido de que él habría tenido una estatura de sólo 1,55 mts., lo mismo que el resto de la tripulación, y que la estatura de los gigantes habría sido puro fruto de la exageración y de una imaginación desbordante.
Continuemos con las descripciones del libro que, en su título original, se llama "Notizie del Mondo Nuovo con le figure de paesi scoperti descritte de Antonio Pigafetta, vicentino, Cavagliero di Rodi" Este libro se compone de ciento cuarenta y dos hojas de papel grueso, tamaño 23,7 por 20,4 centímetros, publicado al parecer a fines de 1524, dos años después de su viaje y a poco de haber sido armado Caballero de Rodas.
"El comandante en jefe mandó darle de comer y de beber, y entre otras chucherías, le hizo traer un gran espejo de acero. El gigante que no tenía la menor idea de este mueble y que sin duda por primera vez veía su figura, retrocedió tan espantado que arrojó por tierra a cuatro de los nuestros que se hallaban detrás de él".
"Las mujeres no son tan grandes como los hombres, pero en cambio son más gruesas. Sus pechos colgantes tienen más de un pie de largo. Se pintan y visten de la misma manera que sus maridos, pero usan una piel delgada que les cubre sus partes naturales. Y aunque a nuestros ojos distaban enormemente de ser bellas, sin embargo sus maridos parecían muy celosos."
Pigafetta deja entrever que la conducta de los Marinos fue lentamente decepcionando a los gigantes, quienes comenzaron rápidamente a dudar que en verdad se tratase de visitantes del cielo. A pesar del asombro por los atavíos, las naves, la incomprensible abundancia de alimentos de las naves, y, sobre todo, el terror reverencial que deben haberles infundido las armas de fuego, los gigantes aborígenes dieron muestras de perspicacia y rapidez de comprensión. Incluso entre ellos mismos deben haberse producido facciones opuestas respecto de los europeos. Pigafetta continúa:
"Seis días después, algunos de nuestros marineros vieron otro gigante... Este hombre era más grande y mejor conformado que los otros, poseías maneras más suaves y danzaba y saltaba tan alto y con tanta fuerza que sus pies se enterraban varias pulgadas en la arena (!)."
"Al día siguiente obsequió al capitán uno de esos grandes animales de que hemos hablado... ; pero desde ese día no le volvimos a ver y aún sospechamos que le hubiesen muerto sus camaradas por lo que se había ligado a los nuestros."
Los europeos se prepararon para secuestrar a algunos de los nativos para poder mostrarlos y asombrar a los aristócratas de Europa. Los gigantes sospechaban algo.
"Al cabo de quince días vimos venir hacia nosotros cuatro de estos hombres, y aunque se presentaron sin armas supimos enseguida por dos de ellos que apresamos, que las habían ocultado entre los matorrales. Todos estaban pintados pero de maneras diversas."
"Quiso el capitán retener a los dos más jóvenes y mejor formados para llevarlos con nosotros durante el viaje a España; pero viendo que era difícil apresarlos por la fuerza usó el artifico siguiente: dióles gran cantidad de cuchillos, espejos y cuentas de vidrio, de tal manera que tenían las dos manos llenas; enseguida les ofreció dos de esos anillos de hierro que sirven de prisiones (grilletes encadenados) y cuando vio que deseaban mucho poseerlos porque les gusta muchísimo el hierro, y que... no podían tomarlos con las manos, les propuso ponérselos en las piernas... consintieron... y entonces nuestros hombres les aplicaron las argollas de hierro cerrando los anillos de manera que se encontraron encadenados. Tan pronto como notaron la superchería se pusieron furiosos, aullando e invocando a Setebos, que es su demonio principal..."
"...habiendo nueve de nuestros hombres más fuertes bastado apenas para arrojarlos al suelo y atarlos (consideremos que los gigantes ya estaban engrilletados con cortas cadenas), aun así uno de ellos lograba desatarse en tanto que otro hacía tan violentos esfuerzos que nuestros hombres le hirieron en la cabeza... "
Los europeos procuran luego apoderarse también de algunas mujeres y niños, pero los gigantes se dan cuenta.
"...emprendieron todos la fuga, hombres, mujeres y niños... abandonando su cabaña y todo lo que contenía. Sin embargo... uno de los hombres... hirió en un muslo con una flecha envenenada a uno de los nuestros, que murió poco después. Aunque los nuestros hicieron fuego sobre los fugitivos, no lograron atraparlos, porque... marchaban tan ligero como un caballo a escape. Los nuestros quemaron la cabaña de estos salvajes y enterraron al muerto."
NUEVOS HALLAZGOS Y MISTERIOS
No bien el libro salió de la imprenta, ya el coro de los detractores se elevó escandalizado. Primero, lo trataron simplemente de "marinero mentiroso", como lo hicieron con el ilustre Marco Polo. Al correr de los siglos ya no lo trataron de mentiroso sino de ingenuo y exagerado. No fue nada de eso y Charles Darwin le rindió el homenaje de llevar un ejemplar de su libro al emprender su viaje en torno al mundo con el Comandante Fitzroy.
Hubieron de transcurrir 443 años para que la ciencia rehabilitara la validez de las descripciones de Antonio Pigafetta. Fue en el otoño de 1962. Y la reivindicación vino precisamente a través de un indígena, don José Hueichatureo Chicuy, de la nación de los Hulliches señores del archipiélago de Chiloé. Era obrero agrícola en la estancia Cerro Guido, junto a los hermosísimos picos conocidos como las Torres del Paine. Su pasión era coleccionar puntas de flecha y boleadoras prehistóricas, y notó un túmulo que le pareció prometedor. Con cuidado hizo un surco al borde de la colina artificial. Luego se acercó llevando un azadón. Lo que descubrió enseguida lo dejó helado: emergiendo de la tierra sobresalía un enorme hueso negruzco, una tibia humana pero muchísimo más grande que la tibia de un caballo percherón.
Por fortuna Hueichatureo Chicuy trabajaba para gente muy culta que disponía de medios suficientes. Junto con avisar a la policía se invitó a los periodistas de Punta Arenas. Asimismo, un telegrama urgente era despachado a París, donde los estancieros tenían una antropóloga amiga, Mme. Emperaire.
Se trataba de un túmulo funerario familiar, y su antigüedad no era mucha: alrededor de 500 años. Es decir, los restos que allí yacían pertenecían a patagones contemporáneos de Antonio Pigafetta. Los cálculos antropométricos determinaron que la estatura de estos aborígenes oscilaba entre los 2.8 y los 3.2 metros... exactamente la estatura descripta por el joven italiano. Eran los restos palpables de los legendarios habitantes de la Patagonia, los gigantes patagones.
El nombre "patagón" les fue impuesto por don Hernando de Magallanes, impresionado por el tamaño de las huellas que dejaban.
http://www.folkloretradiciones.com.ar/literatura/Cronicas%20De%20Los%20Patagones.pdf