El dramático destino de Kiribati
La República de Kiribati habrá de figurar tristemente en los libros de Historia como la primera nación en ser víctima del calentamiento global. Dos de sus islas ya quedaron sumergidas bajo las aguas del océano Pacífico y sus gobernantes han iniciado las negociaciones para ser recibidos en otros países, hasta ahora con escaso éxito.
El archipiélago de Kiribati tiene la particularidad de ser atravesado por el Ecuador y por el meridiano de Greenwich, por lo que su territorio de 811 kilómetros cuadrados se encuentra repartido entre los cuatro hemisferios (norte, sur, oriental y occidental). Está formado por una isla volcánica y 33 atolones (islas de origen coralino) en donde viven alrededor de 105 mil habitantes.
La preocupación de los ciudadanos de Kiribati por el aumento del nivel del mar no es reciente, sino que llevan varias décadas anunciándolo públicamente. Por ejemplo, en el año 1998, poco después de la implementación del protocolo de Kioto, los líderes del pequeño archipiélago advirtieron en la ciudad de Buenos Aires que su nación estaba en peligro si no se tomaban medidas urgentes para detener el cambio climático.
El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) también señaló en su informe final las consecuencias del calentamiento global sobre las islas del Pacífico Sur. Además del aumento del nivel del mar, la otra gran amenaza de la región es la desaparición de las fuentes de agua potable. De hecho, en los últimos tiempos no sólo dos de las islas de Kiribati (Tebua y Abanuea, que estaban deshabitadas) terminaron bajo las aguas, sino que los terrenos de una tercera se han vuelto totalmente improductivos debido a la salinización del suelo y del agua.
Los cálculos estiman que antes del año 2100 todo el archipiélago de Kiribati habrá sido devorado por el Océano Pacífico. Aunque se están estudiando algunas medidas para reducir los efectos del aumento del nivel del mar, resultan prácticamente imposibles de aplicar en naciones de tan pocos recursos económicos como Kiribati. Por ejemplo, construir un dique de contención en las islas Gilbert, las de mayor número de habitantes, costaría más del doble del producto bruto interno del Estado, y esto sólo sería una solución temporal para un país que también está siendo sofocado por la superpoblación.
Las peticiones de asilo han sido extendidas a un gran número de países y hasta ahora el único gobierno que confirmó su ayuda a los kiribatíes es Nueva Zelanda. Anote Tong, presidente de Kiribati, se lamenta amargamente: “Los países poderosos envían a las naciones pobres una ayuda financiera que no sería necesaria si recortasen sus emisiones de gases.” También destaca que, aunque los archipiélagos del Pacífico Sur sólo producen el 0.6 por ciento de la contaminación mundial, son los primeros en padecer sus efectos.
Entretanto, los afligidos pobladores de Kiribati advierten con dolor que los países que más han contribuido a la aceleración del cambio climático, son ahora los menos dispuestos a brindarles asistencia, mientras su patria se sumerge centímetro a centímetro, año tras año.
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La República de Kiribati habrá de figurar tristemente en los libros de Historia como la primera nación en ser víctima del calentamiento global. Dos de sus islas ya quedaron sumergidas bajo las aguas del océano Pacífico y sus gobernantes han iniciado las negociaciones para ser recibidos en otros países, hasta ahora con escaso éxito.
El archipiélago de Kiribati tiene la particularidad de ser atravesado por el Ecuador y por el meridiano de Greenwich, por lo que su territorio de 811 kilómetros cuadrados se encuentra repartido entre los cuatro hemisferios (norte, sur, oriental y occidental). Está formado por una isla volcánica y 33 atolones (islas de origen coralino) en donde viven alrededor de 105 mil habitantes.
La preocupación de los ciudadanos de Kiribati por el aumento del nivel del mar no es reciente, sino que llevan varias décadas anunciándolo públicamente. Por ejemplo, en el año 1998, poco después de la implementación del protocolo de Kioto, los líderes del pequeño archipiélago advirtieron en la ciudad de Buenos Aires que su nación estaba en peligro si no se tomaban medidas urgentes para detener el cambio climático.
El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) también señaló en su informe final las consecuencias del calentamiento global sobre las islas del Pacífico Sur. Además del aumento del nivel del mar, la otra gran amenaza de la región es la desaparición de las fuentes de agua potable. De hecho, en los últimos tiempos no sólo dos de las islas de Kiribati (Tebua y Abanuea, que estaban deshabitadas) terminaron bajo las aguas, sino que los terrenos de una tercera se han vuelto totalmente improductivos debido a la salinización del suelo y del agua.
Los cálculos estiman que antes del año 2100 todo el archipiélago de Kiribati habrá sido devorado por el Océano Pacífico. Aunque se están estudiando algunas medidas para reducir los efectos del aumento del nivel del mar, resultan prácticamente imposibles de aplicar en naciones de tan pocos recursos económicos como Kiribati. Por ejemplo, construir un dique de contención en las islas Gilbert, las de mayor número de habitantes, costaría más del doble del producto bruto interno del Estado, y esto sólo sería una solución temporal para un país que también está siendo sofocado por la superpoblación.
Las peticiones de asilo han sido extendidas a un gran número de países y hasta ahora el único gobierno que confirmó su ayuda a los kiribatíes es Nueva Zelanda. Anote Tong, presidente de Kiribati, se lamenta amargamente: “Los países poderosos envían a las naciones pobres una ayuda financiera que no sería necesaria si recortasen sus emisiones de gases.” También destaca que, aunque los archipiélagos del Pacífico Sur sólo producen el 0.6 por ciento de la contaminación mundial, son los primeros en padecer sus efectos.
Entretanto, los afligidos pobladores de Kiribati advierten con dolor que los países que más han contribuido a la aceleración del cambio climático, son ahora los menos dispuestos a brindarles asistencia, mientras su patria se sumerge centímetro a centímetro, año tras año.
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