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Historias y mitos de la isla mediterranea, Corrientes

Historias de mi tierra, Corrientes Aunque no nací en Corrientes, ni siquiera en Argentina, he vivido el 97% de mi vida aquí. No puedo decir que siempre me interesó el folklore local, pero sí desde hace varios años. Por eso, este espacio, relatará historias y mitos correntinos. EL ÁRBOL CRUEL En la selva correntina existe un árbol de antipática y mortal exuberancia: el llamado higuerón, o 'iguapohu' en idioma guaraní. Es un árbol alevoso y cruel, que parece poseer un alma humana. Los loros al detenerse en la copa de los yataís o palmeras para comer sus frutos llevan con ellos, sin saberlo, la simiente del higuerón, que dejan en sus hojas. La atmósfera ha depositado entre estas hojas una pequeña cantidad de tierra, que humedece la lluvia. Ésta y el calor solar se encargan de hacer florecer la siembra de los loros, y en la copa del yatay nace al poco tiempo una fina enredadera que el viento hace oscilar. La enredadera, débil y frágil, va rodeando el tronco en amoroso abrazo, hasta que alcanza el suelo. Una vez que lo toca echa raíces y se transforma en árbol. Entonces la esbelta y tímida enredadera engruesa considerablemente y su contextura se hace leñosa. Las espirales, antes tiernas y quebradizas, se robustecen apareciendo como un tronco de parra unido al pie de la palmera. Se extienden más sus raíces en el subsuelo y aumenta entonces el volumen de sus anillos, convirtiéndose en una verdadera boa constrictor, que con sus espirales leñosas oprime al pobre yatay que le dio vida y apoyo cuando era débil. Sigue en su enroscamiento y constricción hasta que la pobre palmera, oprimida y estrangulada, desfallece, se seca y muere en el interior del nuevo árbol, salido de ella para ser su verdugo. La primitiva enredadera ha confundido ya sus anillos leñosos en un solo tronco cuyas ramas se extienden por todos lados. Solo en el vértice unas hojas de palmera secas y muertas, que esperan un huracán para esparcirse. El resto, o sea el tronco, queda sepultado para siempre en leñosa mortaja dentro de las entrañas del gigante asesino. Dícese que este higuerón alevoso y cruel, modelo de ingratitud, tiene un alma humana. LA DIFUNTA CORREA La historia no tiene nacimiento en Corrientes, pero si ha adquirido mucha importancia en la zona. Por eso la incluyo. En el transcurso del año 1835 un criollo de apellido Bustos fue reclutado en una leva para las montoneras de Facundo Quiroga y llevado por la fuerza a La Rioja. Su mujer, María Antonia Deolinda Correa, desesperada porque su esposo iba enfermo, tomó a su hijo y siguió las huellas de la montonera. Luego de mucho andar -cuenta la leyenda- y cuando estaba al borde de sus fuerzas, sedienta y agotada, se dejó caer en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que pasaron luego por la zona, al ver animales de carroña que revoloteaban se acercaron al cerro y encontraron a la madre muerta y al niño aún con vida, amamantándose de sus pechos. Recogieron al niño, y dieron sepultura a la madre en las proximidades del Cementerio Vallecito, en la cuesta de la sierra Pie de Palo. Al conocerse la historia, comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la "difunta Correa". Con el tiempo se levantó un oratorio en el que la gente acercaba ofrendas. EL POMBERO Uno de los personajes tìpicos de la imaginación popular, del hombre del litoral, especialmente los que habitan en la provincia de Corrientes,es el de la existencia del Pombero ò fantasma del monte que los guaranìes llaman Cuarajhi Yara (Dueño del Sol), protector de las aves. Según esta creencia- muy arraigada por otra parte- en la gente que vive en la región, este singular personaje es un hombre de alta talla y muy delgado, que lleva un enorme sombrero de paja sobre su cabeza, y una caña en la mano, y asì el misterioso duende recorre los montes en horas de la siesta, cuidando de todos los pàjaros, ya que es su protector. Si a esa hora se encuentra con muchachos entretenidos en cazarlos los arrebata y se los lleva; de tal manera que las criaturas por temor de encontrarse con el legendario Pombero, no se alejan de los ranchos y sus padres de esta manera puden descansar tranquilamente la siesta. La leyenda o la creencia popular nos dice que este ser mitológico, es un fantasma silbador, que imita a las aves para perseguirn en hora de la siesta a niños traviesos. Tambien se dice que en la provincia del Chaco, los campesinos y hacheros de la comarca, creen que el Pombero es un compañero invisible con el cual se puede hacer trato, y asì el acompañarà a su amigo por todo y en todo, librándolo de peligros. Muchas veces según sea necesario, el Pombero puede aparecer en forma de indio, de un tronco o camalote……… LEYENDA DEL SURUBÍ: PINTAS DE IRA Ignacio y Ramón eran vecinos y compadres. Sus ranchos estaban situados a escasa distancia y sus familias compartían una nueva amistad. Eran hombres de isla, conocían todos los secretos de la naturaleza, y estaban compenetrados con el río y el paisaje. Daban importancia a los cambios de la luna, intuían las crecientes y las bajantes de las aguas, tejían las redes y tendían espinales. Eran sabios para los encarnes y, además, unían sus voces para discutir por el precio del pescado con los acopiadores. Los acercaba una amistad basada en el respeto mutuo y largos años de pequeñas dichas y frecuentes pesares. Una mañana Ignacio estaba reparando su canoa, cuando vio que algo extraño se aproximaba hacia la costa en un camalote que era arrastrado por las aguas. Intrigado, observó con atención. Y cuando la planta estuvo cerca, comprobó que aquel objeto “extraño” que había despertado su atención no era otra cosa que un sombrero. Casi sin pensarlo, Ignacio se arrojó al río. Nadando, llegó hasta la planta acuática y echó mano al sombrero. Retornó a la costa y lo examinó con detenimiento. Fue entonces cuando, con gran júbilo, comprobó que la base de la copa de aquel sombrero pajizo era de cuero de yuguareté. Se sintió feliz, pies desde niño había escuchado decir que el cuero del felino daba poder, fuerza y sagacidad, a quien lo tuviera. Entonces, corrió hasta el rancho a mostrar su “tesoro”. Mientras tanto, Ramón, que había oído las expresiones de admiración y los comentarios de todos, se acercó al rancho de su amigo para averiguar que sucedía. Al ver el sombrero, lo invadió una rara sensación: en vez de alegría, sintió rabia; de pronto la envidia esparció en su espíritu, ahogándolo de amargura. Desde ese momento, todo cambió, Ignacio se ufanaba con inocencia de su posesión y Ramón sentía un oscuro rencor. Se preguntaba por qué aquel día se había quedado en el rancho reparando una red: de no haberlo hecho, el sombrero ahora sería suyo. Esto le hacía pensar que el siempre tenía mala suerte. Su carácter se volvió huraño y largos silencios enmudecieron sus labios: en tanto, un irracional deseo de venganza lo embargaba. En cierta oportunidad, Ignacio le propuso navegar río arriba y acampar por dos o tres noches para cazar lobitos de río. Ramón se negó al principio, pero finalmente aceptó. Cargaron la canoa con provisiones, escopetas, facones y cuchillos especiales para cuerear a los animales. Tampoco olvidaron llevar una pértiga de caña tacuara para bordear los malezales costeros. Una vez que remontaron el río hasta encontrar el sitio adecuado, acamparon. Construyeron rápidamente un bendito y luego colocaron trampas. Esperaron un tiempo prudencial y, por la noche, fueron a verlas. El resultado fue óptimo para Ignacio que había capturado quince ejemplares. Estaba eufórico pensando en el dinero que obtendría por la venta de los cueros que eran muy apreciados y que se pagaban diez veces más que el de las nutrias. Sin embargo, Ramón no tuvo la misma suerte, sólo capturó uno. El despecho le hizo pensar que la piel del yaguareté del sombrero de Ignacio convocaba fuerzas mágicas que beneficiaban a su poseedor. Ciego de ira, comenzó a beber y a provocar al amigo. Ignacio soportó callado los insultos, pero al recibir uno que lo lastimo su honor, no pudo contenerse y se trabaron en lucha. Cayeron rodando por la barranca. Y en un momento dado, Ramón abrió con su facón una profunda herida en el cuerpo de Ignacio. La sangre emergió como una catarata. Pero ni siquiera esto tranquilizó, su obsesión por arrebatarle el sombrero. Lo intentó, pero el otro lo tomó entre sus manos y lo apretó con esfuerzo sobre humano, antes de morir. Enloquecido, Ramón tiró con fuerza y logró quitárselo de entre las manos yertas, casi petrificadas. Mas al hacerlo, cayó al río abrazado al sombrero. Dios; para castigarlo, lo convirtió en un pez sin escamas: el surubí. Este tiene manchada la piel como la del cuero que provocó la tragedia. Y dicen que caza de noche para pasar desapercibido, ya que conserva la vergüenza por el injusto crimen que cometió aquella noche lejana. LA CRUZ DE LOS MILAGROS Hay en la Iglesia del Milagro, en Corrientes, una rústica cruz que es venerada con el nombre de "Cruz de los Milagros". Una curiosa leyenda justifica ese nombre. Cuenta la tradición que los españoles, cuando fundaron San Juan de Vera de las Siete Corrientes, llamado hoy Corrientes, después de elegir el lugar y antes de levantar el fuerte, decidieron erigir una gran cruz, símbolo de su fe cristiana. La construyeron con una rama seca del bosque vecino, la plantaron luego, y a su alrededor edificaron el fuerte, con ramas y troncos de la selva. Construido el fuerte y encerrados en él, los españoles se defendían de los asaltos que, desde el día siguiente, les llevaban sin cesar las tribus de los guaraníes, a los cuales derrotaban diariamente, con tanta astucia como denuedo. Los indios, de un natural impresionable, atribuían sus desastres a la cruz, por lo que decidieron quemarla, para destruir su maleficio. Se retiraron a sus selvas, en espera de una ocasión favorable, la cual se les presentó un día en que los españoles, por exceso de confianza, dejaron el fuerte casi abandonado. La indiada, en gran número, rodeó la población, en tanto que huían los pocos españoles de la guardia, escondiéndose entre los matorrales. Con ramas de quebracho hicieron los indios una gran hoguera, al pie de la cruz que se levantaba en medio del fuerte. las llamas lamían la madera sin quemarla; un indio tomó una rama encendida y la acercó a los brazos del madero; entonces, en el cielo límpido, fue vista de pronto una nube, de la cual partió un rayo que dio muerte al salvaje. Cuando los otros guaraníes lo vieron caer fulminado a los pies de la cruz, huyeron despavoridos a sus selvas, convencidos de que el mismo cielo protegía a los hombres blancos. Los españoles, que escondidos entre la maleza presenciaban tan asombrosa escena, divulgaron luego este suceso, que no cayó, por cierto en el olvido. En la Iglesia del Milagro, en Corrientes, se encuentra hoy la Cruz de los Milagros: se la guarda en una caja de cristal de roca, donada por la colectividad española EL LOBIZÓN Es el Mito mas difundido en todo el mundo a través de los tiempos, el hombre lobo que aquí toma el nombre de lobizón o luisón. Pese a ser un mito conocido en todo el mundo, Daniel Granada insiste en que ya era conocido en el Plata mucho antes de la llegada de los españoles. Pero en nuestro concepto, en la región es introducido por los conquistadores españoles y portugueses, donde aparece con nitidez también el origen de su nombre Lobis Home (hombre lobo), que en definitiva demuestra el origen de su acepción morfológica, ya que en esta región no existen lobos. Es muy popular en toda nuestra zona. Aparentemente este mito no es americano como muchos quieren creer simplemente se adapto a nuestra zona y se difundió ampliamente. Es un rito universal emparentado con el vampirismo. Es muy popular en todo el área, y según la creencia es el 7º hijo varón ininterrumpido, que nace inexorablemente con esa fatalidad de convertirse los viernes de luna nueva en un animal peludo, negro a veces, otras de color grisáceo, semejante a un perro pero del tamaño de un potrillo, que pasuquea al trotar al igual que el aguará (zorro de crin), y que se alimenta de carroñas y osamentas, por lo que recorre el cementerios. Otras versiones y autores lo dan convirtiéndose el martes y el jueves, como días fastos, pero esto no varía sus formas y actividad. El lobisón generalmente no ataca al hombre, mas bien huye de la presencia de él, pero si encuentra a una persona desprevenida, trata de pasar entre sus piernas librándose así del sortilegio, trasmitiéndola en su totalidad al boquiabierto . por supuesto si se siente agredido atacará a quien lo haga para matarlo y luego devorarlo. También se cree que las balas de plata los mata, convirtiéndose en el instante de su muerte en el hombre que es en realidad. dijo:Extracto del libro "Mitos Guaraníes" de Miguel Raúl López Breard LA LEYENDA DEL PUENTE PEXOA A este lugar, íbamos como idiotas a lanzarnos. Sí, señores/as, era el popular: "¿Si tu amigo se tira del puente, vos también?" Y Juan se tiraba, como un tonto. Dice la tradición que las tribus que habitaban el suelo del Taragüi, vivian en continuas guerrillas. El cacique “Azucapè” cayò vencido por el fiero “Pochì”, guerrero ambicioso y de gran ascendencia entre los aborígenes del lugar. El victorioso llevò a sus tolderìas como cautiva, a la hija de “Azucapè”, de nombre “Ariete”. Poco después enamoròse perdidamente de ella y quiso desposarla. La princesa india se negò a aceptar como esposo al matador de su padre. Asì le hizo saber al pretendiente, agregando que preferìa la muerte antes de entregarse a quièn odiaba con toda su alma. La rebeldía de la doncella indignò a “Pochì” quien, guiado por sus instintos malignos, dispuso el sacrificio de la joven cautiva. La misma serìa arrojada esa misma noche a un zanjòn de grandes proporciones para ser devorada por un enorme yacarè que allì moraba de tiempo inmemorial. Pero...las vìctimas de las crueldades de algunos hombres, siempre encuentran sus providenciales salvadores. Asì sucedió tambien en esta leyenda: el indio “Pexoa”, es el héroe de nuestra historia, que librarìa de las garras del feroz saurio a la hermosa “Airete”, quien atada de pies y manos se encontraba ya a punto de ser arrojada al zanjòn, cuando de entre las filas de los guerreros del cacique “Pochì”, surgiò un indio corpulento de mirada de lince y pelos tan amarillos como el sol. Velozmente corriò hacia el lugar del sacrificio y se tendiò cuan largo era, uniendo con su cuerpo los extremos del zanjòn, que como la boca abierta y voraz de un gigante, aguardaba a la inocente vìctima. La hermosa “Airete” caminò un trecho sobre aquel cuerpo humano. Y asì al llegar al centro, una flecha cortò el aire y fue a clavarse en pleno pecho de la bella india, cayendo mortalmente herida al profundo zanjòn. Su sangre se juntò a la corriente de agua que allì serpenteaba, como una víbora vestida de flores de irupè y camalotes. El dios de los guaranìes, Tupà, que observaba la escena desde el infinito cielo, tocado en sus sentimientos de piedad, decidiò premiar la acciòn del indio y lo transformò en puente. En Puente Pexoa, y para que este no estuviera solo, convirtió a la hermosa “Airete” en la corriente de agua limpia y cristalina, que pasa besando sus plantas como amorosa satisfacción de gratitud hacia el heroico indio Pexoa... EL GAUCHITO GIL Antonio Gil Núñez, nació aproximadamente en el año 1847, en la provincia de Corrientes, en la zona de Pay Ubre, lo que hoy se conoce como Mercedes. Su época se caracterizó, en la Provincia por los enfrentamientos armados entre dos facciones políticas, los celestes y los colorados, se conoce que el Gauchito era de esta ultima, y cuando el Coronel “celeste” Juan de la Cruz Zalazar, citó a todos los hombres en posibilidad de pelear de la zona para formar un batallón. Convencido que no había que derramar sangre hermana, Antonio Gil decide desertar del ejército, sabiendo que esta desobediencia lo destinaba la muerte. Zalazar formó entonces una partida policial con la misión de detenerlo y enviarlo a la ciudad de Goya, al sur de la Provincia, para su juzgamiento. Un Coronel de apellido Velázquez, se presenta ante Zalazar para pedir el perdón por el detenido, éste le dice que si veinte personas notables de la zona firman un pedido de clemencia y él lo liberaría. Al cumplir Velázquez con lo requerido, Zalazar envía un mensajero a que alcance la comisión que llevaba a Antonio Gil. Según las costumbres de la época la guardia acostumbraba a matar al detenido, durante el recorrido y de esta manera se evitaban el viaje de ida y vuelta, todo era justificado diciendo que: "el reo había intentado huir". El 8 de enero, posiblemente del año 1868, mientras era llevado a Goya estando a ”legua y media de Mercedes…” como reza el Chamamé, los soldados lo ataron de los pies y lo colgaron de un árbol cabeza abajo. Dirigiéndose al soldado que lo iba a matar, el Gauchito le dijo: "no me mates, la orden de mi perdón está en camino". El Sargento desconoce el ruego y según la leyenda, Gil vuelve a hablar al soldado y le dice: “cuando llegues a Mercedes, junto con la orden de mi perdón te van a informar que tu hijo se está muriendo de mala enfermedad, y como vos vas a derramar sangre inocente, invócame para que interceda ante Dios por la vida de tu hijo; porque suelen decir que la sangre del inocente suele servir para hacer el milagro". Días después el soldado que lo había matado volvió a su casa, y su esposa, desesperada, le anunció que su único hijo estaba muy enfermo, recordó entonces las palabras de Gil y arrepentido le construyó una cruz en madera de Ñandubay. La llevó a pie desde el pueblo hasta el lugar donde se derramó la sangre, enterró el cuerpo y rogó al Gauchito por la salud de su hijo, al que encontró sano al volver a su casa. Pasados los años, el dueño de la estancia "La Estrella", que está cerca de ese lugar, solicitó permiso para trasladar los restos al cementerio de Mercedes. La continua peregrinación de los creyentes lo molestaba y lo preocupaban las velas prendidas, que en época de sequía, podían producir incendios. Según cuenta la leyenda, desde el momento en que hizo el pedido, las desgracias empezaron a caer sobre el campo. Así que el estanciero decidió respetar ese lugar para el culto del Gauchito. Si bien muchos aseguran que en este predio fue ajusticiado Antonio Gil, no se sabe con certeza si allí descansan sus restos. SAN LA MUERTE Su culto no tiene una fecha determinada, se acostumbra a rezarle el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos. Representado por una figura esquelética armado con una guadaña, algunas veces sentada sosteniéndose la cara con las manos y otras veces de pié. Las imágenes son pequeñas, de aproximadamente tres o cuatro centímetros aunque las más altas pueden alcanzar unos quince. Se dice que al estar sentado representa a los sabios de algunas tribus guaraníticas que oficiaban de intermediarios en los conflictos, es por eso que a San La Muerte se lo solicita para solucionar problemas amorosos, como protector de matrimonios desavenidos, para curar mal de ojo y causar o contrarrestar algún daño. Otra versión sostiene que hace mucho tiempo existía un rey famoso por la justicia que impartía, al morir, Dios lo llamó a su lado para que lo ayude en el cuidado de la vida y la muerte de los humanos. Lo llevó a un sitio en el que había una innumerable cantidad de velas, algunas recién encendidas y otras por apagarse, estas eran de los hombres que debían morir y él era el encargado de bajar a la Tierra para recoger sus almas. Por este motivo sus creyentes se encomiendan a él en la hora de la muerte. Se dice que antiguamente “los hombres de mala vida”, se implantaban bajo la piel una pequeña imagen esculpida en hueso humano, si resultaban malheridos en una reyerta, debían quitarse la imagen con un corte superficial de cuchillo y rezar para que San La Muerte se los lleve sin sufrimiento. OTROS MITOS Y LEYENDAS Los dos primeros mitos diabólicos de la cultura guaraní, según las documentaciones históricas, fueron seguidas por las apariciones de otros tantos personajes que poblaron la floresta y que en postrimerías del siglo XIX dieron nacimiento a nuevas creencias sobre duendes malignos a los que clasificamos como modernos. Cara Vosá (hombre de la bolsa): Aparece como un viejo encorvado de larga cabellera y espesa barba, anda descalzo portando una gran bolsa para cargar en ella a los chicos traviesos y ruidosos que no vuelven a sus casas antes de la caída del sol. (Paraguay) Karaí Leú (hombre que como gente): ser diabólico que no sólo roba a las criaturas, también las come (Paraguay) Cambá Bolsa (negro de la Bolsa): Personaje temido por los niños más por su aspecto que por el daño que les coaccionaría, ya que sólo los carga en su bolsa para luego dejarlos lejos de sus casas (Argentina). Karaí Octubre (hombre de Octubre): También llamado Señor Miseria. Duende del primer día de Octubre recorre los campos asustando a la gente. Solo aparece una vez al año y se llama "El duende de octubre" el primero de ese mes viene el personaje con su típico sombrero de paja y un larguísimo rebenque con el que azota de lo lindo a aquél que no coma en abundancia en su honor Corrientes). Hasta ahora describimos espíritus diabólicos antropomorfos bien determinados, pero debemos apuntar además que existen otros de formas no humanas que muchas veces toman este aspecto lo que de alguna manera enriquece el mundo mítico guaraní, entre esta clase de entes fantásticos estaría: Caá - Pora: Que aparece por los montes con la forma de cerdo o perro que echa fuego por la boca y aterroriza así a los animales. En la zona brasileña es un hombre de talla gigantesca, monstruoso y velludo que fuma una pipa echa con un cráneo y tibia humanos, y devora a la gente chupándola. En Corrientes y Misiones aparece a los cazadores como un hombre velludo montando en el en el último pecarí de la piara que están exterminando, para idiotizarlos o traerles ciertas desgracias. Los negros del agua: Son calvos y de baja estaturas por lo que en algunas regiones toman el diminutivo de Negritos; suelen andar en grupos, lo que es raro en seres sobrenaturales. Aparecen al atardecer y en noches de luna llena atacan a los navegantes dándoles vuelta la canoa. En Corrientes habitan las lagunas y esteros. Kuarajhí Yará (dueño del sol): Lo identifican como un hombre alto delgado que lleva un enorme sombrero de paja y una caña en la mano y así recorre los bosques a la ora de la siesta cuidando de los pájaros, pues su protector. Se dice que en ocasiones se presenta como un pájaro de colores brillantes y su encantador silbido cautiva las mujeres que recorren las florestas a la hora de la siesta; la mujer sigue a la misteriosa ave hasta el medio del bosque, donde de pronto se transforma en un hombre alto, muy flaco y de cabellos rubios, que luego de abusar a de la mujer desaparece volviéndose Archivado.
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