Segunda parte del Post El Sexto sentido (Recomiendo leer) ● NO HAY CASUALIDADES; HAY CAUSALIDADES · Si se analiza lo estrecho de las relaciones entre situaciones dadas y las intuiciones sobrevenidas para nutrir dichas situaciones con información fresca, precisa, normalmente se llega a la conclusión de que la intuición no debe nada al azar, de que no obstante que llega como un brote de agua, como un chorro repentino y espontáneo, la intuición no tiene nada de salvaje o improvisada, como las apariencias lo harían pensar. Al contrario, los hechos demuestran que interviene siempre, si no en un instante preciso, al menos en un punto determinado: es una respuesta a una interrogante particular, da una solución parcial o total a un problema dado, existente. · Reconocer esto sobre la intuición es importante porque evidencia que nuestro papel en el proceso de su operación es un papel activo y no pasivo. Aunque la intuición sobrevenga sin nuestra conciencia, su producción y contenido nos implica directamente. Es decir que no existe por sí sola, separada de todo contexto envuelta en su propia dinámica. Al contrario, la intuición aparece siempre en una esfera del pensamiento, en un campo particular, en una situación que nos comprende. El contenido de la intuición refleja nuestras preocupaciones tanto si somos capaces de verlas conscientemente como si son fruto de nuestro inconsciente. · Por lo general, cuando no logramos relacionar una intuición con una problemática particular, tendemos a pensar que es producto de la casualidad y / o que no nos toca personalmente. Sucede en realidad que la relación de la intuición con nuestra experiencia se nos presenta como ajena debido a que estamos ocultando, de una manera u otra, el tema en cuestión, manteniéndolo muy dentro, lejos de nuestras prioridades conscientes. · La intuición no se debe nunca a la casualidad, como es el mismo caso el de nuestros sueños, por la verdad de que su existencia misma necesita un tema, un sujeto, un interrogante latente para expresarse y aflorar a la superficie de nuestra conciencia. Así, la intuición es por esencia, una respuesta que, bajo el abrigo de un fuerte estímulo, nos da un nuevo impulso para seguir adelante. Desde el momento en que se evoca, sirve de instrumento, de herramienta para dar luz a nuestro desarrollo. Lo que sucede es que normalmente nadie nos enseña a utilizarla. Si acaso la notamos de pequeños sin nombrarla, como una guía incondicional que nos llevaba, a medida que crecimos perdimos el hábito natural de percibirla, y más aún, de confiar en ella. Esto significa, y los investigadores en la materia así lo atestiguan, que se puede deliberadamente provocar la intuición, así como los sueños, las percepciones más finas, pues esto no tiene nada de extraordinario ya que lo hacíamos antes, lo traemos puesto, pero de forma inconsciente unos más que otros. El decir “provocar la intuición” puede sonar ambiguo e incongruente con las nociones de surgimiento espontáneo, nuevo, instantáneo, certero de la intuición. Sin embargo, funciona. El proceso nos es tan habitual que lo desencadenamos instintivamente sin ni siquiera pensar en las sucesivas etapas que se desencadenarán dentro de la lógica más pura. ● PROCESO DE RECONOCIMIENTO DE LA INTUICIÓN · Una vez que han sido planteados de forma inconsciente los elementos básicos que caracterizan nuestra problemática o circunstancia en cuestión, desde el punto de vista de la intuición, aparece una fase de maduración, que se puede comparar físicamente con una incubación o germinación. · De dicha fusión, en la que el intelecto no participa, nacerá la intuición, una especie de resumen óptimo de todos los parámetros conocidos, de síntesis de lo que somos en un momento determinado. El proceso se realiza en silencio, lejos de ruidos y prisas, de hábitos diarios correspondientes a nuestros cinco sentidos físicos, visibles, materiales. Ya que el encadenamiento interno de emociones, experiencias, recuerdos, sensaciones, etc. llega a su término, la intuición puede surgir en plena conciencia. Ahora poco importa el momento o la actividad que nos ocupaba: es imperativo que la intuición alcance rápidamente, con fluidez, las capas superiores de la conciencia y “salpique” el presente con la evidencia que aporta. En este surgimiento, lo que no veíamos, lo que no se podía, lo que no sabíamos porqué pero no nos latía, aparece entonces con una simplicidad, sin complicaciones, en un momento intenso de revelación en la que atónitos tenemos esa sensación de saber, de haberlo sabido siempre, de cómo que estando ahí tan visible se nos escondía. · Primero la intuición maduró, luego surgió y ahora que encuentra su lugar en nuestra conciencia, que la vemos imponiéndose en el presente, es el momento de darle valor utilizando las informaciones que nos proporciona. Notando, observando, dándonos cuenta, son las condiciones en las que el trabajo realizado previamente, que es inconsciente en esencia, podrá tener sentido. · El momento de la “post-intuición” es aquel en el que puede reconocerse la luz que dejó a su paso el instante informativo en nuestra mente. Ahí es, donde ya con una autenticidad confirmada, la intuición se vuelve verdaderamente utilizable, es el instante que muestra el resumen de nuestro bagaje existencial en una imagen, un símbolo, una palabra, un color o un sonido, para el servicio de nuestro devenir diario tan complejo. ● Sigue Baudouin: “...del análisis del proceso intuitivo se deduce claramente que en todas las circunstancias la intuición es una aportación, una enseñanza, un enriquecimiento, un puesta en conexión directa con nuestro ser interno, un regreso a nuestro origen más íntimo, un estrecho vínculo restablecido entre nuestra conciencia exterior y nuestro profundo conocimiento interior. ● INTENCIÓN Y VOLUNTAD EN EL DESARROLLO DE LA INTUICIÓN · Quien se interesa en el desarrollo de la intuición es necesariamente aquel que la reconoce como parte integral y viva del ser. La capacidad intuitiva es directamente proporcional a la capacidad de reconocerla, de habitarla. Crecerá y se propagará a velocidades distintas como transportadora de informaciones de nuestro inconsciente a nuestro consciente en la medida en que creamos en ella, pongamos voluntad en que se manifieste y le demos dirección con nuestra intención. · Así como podemos observar nuestra intuición y permitir su desenvolvimiento hasta llegar a la conciencia y luego seguir hasta la acción, también cada uno de nosotros podemos dudar de ella. Es muy conocido el trabajo “negativo” o “perverso” que realiza la inhibición en la expresión del ser total; es una función protectora y con frecuencia destructora, de nuestro potencial; es esa parálisis psíquica que nos llena de impotencia funcional. El miedo es, sin duda, el bloqueo más eficaz. La resistencia a amar o a abandonar, a cambiar, a lo estable, a la ausencia, a la presencia, al vacío, a lo lleno, a lo desconocido, etc. Ese miedo a vivir ‘esclerotiza’ la intuición entre otras posibilidades de nuestro cuerpo-mente, ahoga el presente, el aquí y ahora con los tabúes del pasado enraizados entre papás, familia, cultura, civilización, socialización que, en vez de haber sido o ser retos para nuestro crecimiento, fueron o son lápidas pesadas de quitar. · En el lado opuesto de todos los factores, naturales o artificiales que trabajan en niveles distintos en el proceso de la intuición, se encuentran otros elementos con la función contraria: los estimuladores de la intuición. Desde los pensamientos positivos hasta las costumbres de vida regeneradas, asumiendo la imagen que tenemos de nosotros mismos, el derecho a crecer que nos damos, las técnicas de expansión mental y corporal que nos procuramos, la libertad de creer, de confiar, de tener fe, son factores que favorecen la reconexión del yo que sale al día a día con el yo más profundo e interno. ·En seguida mencionaré algunas técnicas, tanto para optimizar el reconocimiento de nuestra intuición, como para que una vez reconocida, potenciarla, sin embargo es necesario saber que nada es posible sin la acción deliberada de nuestra voluntad: para acentuar la receptividad, la posibilidad de emisión, las facultades sensitivas correspondientes a los sentidos físicos, para intentar llevar a su máxima expresión las capacidades perceptivas e intuitivas, es preciso QUERER hacerlo. ·Aprovechar la realidad de nuestra intuición, más que tratarse de otra búsqueda intelectual, se trata de otra manera de vivir, y para optimizar su presencia y ser conscientes de ella, podemos recurrir a “técnicas” que no son otra cosa que los recursos que inherentemente a nuestra condición humana, usamos: respirar, comer, dormir, pensar. La calidad con la que atendemos a nuestras funciones vitales básicas en conexión con el exterior, es la puerta a nuestro universo interior. Quiero decir que si prestamos una atención pobre o nula a la propia alimentación, reposo, ejercicio, ocio, aseo, manera de relacionarnos, de dar, recibir, etc. la puerta a nuestro interior estará más atorada o ni de que tenemos llaves nos acordaremos. Para acceder al universo interno, en primera instancia, y luego beneficiarnos con sus enseñanzas, es preciso afinar nuestra relación con lo externo: escucho, huelo, veo, gusto, toco; observo, percibo, pienso, razono, olvido, recuerdo; me enoja, me gusta, me llama, me asusta, me entristece, etc. · ¿Y cómo? Pues relajándonos, en principio, en contrapunto con lo agitado de la vida que llevamos. La relajación da de nuevo espacio al descanso corporal, a la calma, al sosiego de los pensamientos; establece una distancia, marca un tiempo de detención, ofrece un paréntesis. Aunar cuerpo y espíritu, reconocer tensiones, molestias y dolores; restablecer el curso natural de la energía, sentirlo, despejar la mente, permitir lo que hay, darle tiempo al tiempo, meditar. ● MEDITAR, GRAN RECURSO PARA LA INTUICIÓN · Meditar es detener toda actividad, tanto física como mental. Es aceptar abrir un paréntesis en el tiempo y en el espacio, interrumpir la inconsciencia del flujo y el reflujo de las sensaciones, frenar la manera incesante y tumultuosa de los pensamientos. Meditar es ponerse detrás de la expresividad por un momento y ser el observador desde la tribuna de la propia vida. Meditar es un terreno fértil para que la intuición germine, madure y surja a nuestra conciencia. · Siguiendo con la figura de la llave perdida que abre la puerta a nuestro interior, para encontrarla se recomienda detenerlo todo, privilegiar de repente el vacío y el silencio, restablecer el contacto con nosotros mismos vía la respiración o la técnica de escuchar a nosotros mismos que mejor nos acomode. “La meditación no es una forma de pensamiento, ya que, por esencia, es «la negación de todo pensamiento», es un estado vivido en lo inmediato, aquí y ahora, en la única realidad del presente. Es un estado de conciencia que establece lo más auténtico, el más puro intercambio que pueda existir entre uno mismo afuera y uno mismo adentro. · Digo que meditar no es el único recurso para que la intuición florezca, pues ésta tiene tantas formas de expresarse como seres habemos en el mundo. La meditación sólo es un camino sugerido como caldo de cultivo para darnos cuenta de nosotros mismos, mediante la introspección. Es un camino seguro para tomar el riesgo de ver nuestra propia película. Compramos el boleto: preparación física, lugar tranquilo, íntimo; accedemos a la sala: inhalamos y exhalamos conscientes de la función vital de vinculación afuera-adentro que es la respiración; nos sentamos en la butaca que nos toca: reconocemos y acondicionamos un espacio reservado a nuestro fuero interno, totalmente privado, inaccesible a todo el mundo, nuestra fuente de sabiduría interna que emana en pensamientos, ideas, suposiciones, corazonadas, percepciones, etc., e intuiciones. · Entonces pasa la película: sucede la comunión de energías; la fuerza de la tierra, nos arraiga, nos muestra su realidad, su peso, su materia. Son los hechos, el combate diario, el intercambio con nuestros semejantes. Confluye y se hermana con el cielo, nuestro universo interior. No se confunde, sólo sucede al mismo tiempo. Se detona la intuición como respuesta, como solución, como clave, llave, como la pieza que faltaba al rompecabezas. Recomendaciones: Respiración Consciente Respiración Consciente II ● DISPONIBILIDAD INTIUITIVA · Transcurridos los pasos anteriores, a saber, preparación física, respiración consciente, reconocimiento interno yo conmigo, permiso a la comunión de energías, nuestro ser alcanza un estado de disponibilidad intuitiva. Esto es, la apertura total, la aceptación incondicional a las imágenes, palabras, símbolos, ruidos, lo que sea que nos brinde nuestra mente. · Ahí, con voluntad –que no voluntarismo- miramos y tomamos lo que el inconsciente nos da y lo llevamos suavemente a nuestra conciencia. Es importante tener en cuenta que, para descifrar el contenido que nos aporta el complejo de nuestro ser -cuerpo-mente-espíritu- en intuiciones, en sueños, en percepciones, cada elemento de dicho complejo, nos representa personalmente. Estar abiertos a aceptar aquello que somos, en un universo en el que, además, nuestro auto-conocimiento es infinito, nos dispone a vivir con intención la intuición. · Abrirnos al significado de los ‘desarrollos inconscientes’, a la fuente de nuestro ser profundo nos dispone a reencontrarnos con lo que hemos estado buscando tanto tiempo de mil maneras, sin confesarlo, coro con una certidumbre latente: nuestro guía interior. Pero no me refiero a entidades superiores, exteriores al hombre que se llevan y se traen en tantos relatos. No es ningún ángel sobrenatural ni un guía espiritual en el sentido tradicional e iniciático del término. Más humana y simplemente, es nuestra sola y única realidad, en su grandeza recuperada, en su esencia ilimitada, en sus capacidades expresándose más allá del uso limitado que solemos dar a nuestros cinco sentidos. NTELIGENCIA COLECTIVA
El Sexto sentido II
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