Eón
Los eones son eras de duración muy prolongada, aplicables más a la geología y a la paleontología que a la breve historia del hombre sobre la Tierra. Algunas corrientes religiosas esotéricas afirman que un eón corresponde a mil millones de años, lo que equivale grosso modo al tiempo transcurrido desde la aparición de las primeras formas de vida sobre el planeta.
La noción de períodos muy prolongados es casi tan antigua como la propia raza humana. Los pueblos prehistóricos indoeuropeos llamaban aiw- a la noción de eternidad. Esta palabra se derivó en diversas formas más o menos equivalentes a lo largo de miles de años. En sánscrito se usó áyu- para referirse al concepto de fuerza vital, y en avéstico ayu denotaba longevidad.
En la lengua griega, aiw-en- dio lugar a aion 'era', 'edad histórica', 'época'. En latín se formó aevun, con significado similar, de donde provienen palabras como 'eón', y también longevo —de longus 'prolongado', 'largo' más aevum—, así como medioevo 'de la Edad Media'. En latín se registra también aevitas 'tiempo de la vida de una persona', 'edad' y su contracción aetas, que sobrevivió en castellano como edad.

Mimbre
Este vocablo, que designa a un sauce cuyas ramas se usan en cestería, nos viene de la prehistoria de la humanidad. En efecto, llegó al español a partir del latín vimin, 'rama flexible' (y, también, el propio mimbre), pero se sabe que la voz latina proviene de la raíz prehistórica indoeuropea wei-men 'rama flexible', formada con wei 'curvar', 'doblar' y men 'producto'.
A pesar del cambio de la consonante inicial ocurrido en español, vimen se introdujo al portugués como vime, la misma forma que tiene en francés.
El mimbre o mimbrera, que es originario de Europa y de Asia, pertenece a la familia de las salicáceas y su nombre botánico es Salix fragilis.

Botica
Actualmente la palabra botica, casi totalmente sustituida por farmacia, se utiliza menos que a comienzos del siglo XX, aunque todavía en muchos lugares siguen denominándose así aquellas farmacias antiguas en las que, además de medicamentos industrializados, venden productos elaborados por el propio boticario. Como el alemán Apotheke 'farmacia' y como el francés boutique 'tienda pequeña', botica proviene del griego bizantino apotheké 'almacén o depósito de mercaderías'. La primera referencia española de botica aparece en Calila y Dimna, en 1251, aunque en esa época el vocablo se refería a una "tienda", como el catalán botiga.
De botica procede también botiquín, que designa una "caja de medicamentos", y en portugués botequim, que alude a un "bar popular". Otra palabra estrechamente emparentada con botica es bodega, que proviene no del griego apotheké, sino del vocablo latino derivado de este, apotheca, y que entró al español antiguo como abdega y al portugués como adega.
En documentos de Navarra del año 1063, el bodeguero era llamado uotecarius.

Nomeolvides

Según una leyenda que durante algunos siglos formó parte de los juegos galantes de las cortes europeas, los portadores de la flor azul conocida como miosota o miosotis jamás serían olvidados por sus amantes, lo que dio lugar a que también se la llamara en español nomeolvides.
Esta creencia se extendió tanto por Europa que este nombre es semánticamente idéntico en un gran número de lenguas europeas: en alemán, Vergissmeinicht; en inglés, forget-me-not; en holandés, vergeet-mij-mietje; en danés, forglem-mig-ej; en sueco, förgötmigej; en rumano, nu ma uita; en húngaro, nefelejcs; en checo, pomnenka; en ruso, nezabudka; en eslovaco, nezábudka; en polaco, niezapominajka; en italiano, notiscordardimé, y en francés, ne m'oubliez pas.

Tragedia

«Obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal, que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarlo a considerar el enigma del destino humano. Obra dramática, literaria o artística en la que predominan algunas características de la tragedia. Suceso de la vida real capaz de suscitar emociones trágicas». Palabra originada en la antigua Grecia como tragoidía, que significaba 'canto de un macho cabrío', de tragos 'macho cabrío' y oidé 'canto'. Se cree que este significado se originó en el coro del teatro griego, cuyos participantes se presentaban ante el público vestidos como sátiros. Estos eran divinidades campestres con figura de hombre barbado, orejas y patas cabrunas, y cola de caballo o de chivo, como hemos señalado en la entrada sátiro.
A partir de autores dramáticos como Esquilo, Sófocles y Eurípides, el teatro griego presentó conflictos generalmente fatales para los protagonistas, con el objeto de sacudir y conmover al espectador a fin de hacerlo reflexionar sobre el destino humano. El espectador se identifica con el héroe y su peripecia y sufre con él las consecuencias de sus errores, que en general son de «desmesura», o sea, exceso.
Porque se trata de la denominación de un género dramático con tales características, el significado de la palabra tragedia se enriqueció con una nueva acepción: «suceso de la vida real, infausto y profundamente conmovedor, capaz de suscitar emociones trágicas».
De tragos proviene también el nombre de la goma de tragacanto, del griego tragakantha 'espina de macho cabrío', de incontables usos en farmacia, cosmética y biología, así llamada porque el vegetal del que proviene tiene un fruto que recuerda la barba de un chivo.

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Ejemplo:
—José dijo que salió temprano (¿será cierto?).
—Lo dudo mucho (¡siempre miente porque le da vergüenza quedarse dormido!).