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Sigmund Freud // Uber-Coca // Sobre La Cocaina

Ciencia Educacion7/25/2011


Acá les dejo un textito interesante (PDF), para que lo bajen más fácil que de otro lado. Abajo les pego una parte, ustedes eligen.

http://www.divshare.com/download/15367590-4f3

Que lo disfruten.

Abrazo


Sigmund Freud / Otros Trabajos de Sigmund Freud / «Über Coca» (Sobre la
cocaína)
«Über Coca» (Sobre la cocaína) por
Sigmund Freud
Julio de 1884
En su apasionado artículo “Sobre la coca” el primero que escribió sobre este tema, Freud
ofrece al lector una enorme cantidad de datos sobre la historia de la utilización de esta
planta en Sudamérica, su exportación a Europa, sus efectos sobre los seres humanos y los
animales, y sus múltiples usos en terapéutica. Incluye detalladas descripciones de las
investigaciones realizadas por muchos autores. Ya en este momento aparecen algunos
indicios que apuntan hacia las propiedades anestésicas de la droga y las esperanzas que
en este sentido hace concebir, aunque no llegue a hablar de aplicaciones concretas.
El autor está en favor del uso de la coca y en algunos momentos se muestra casi
entusiasta en sus alabanzas.
En la posterior addenda a este trabajo, Freud menciona el uso que Koller hizo de la cocaína
para anestesiar la córnea en las operaciones oftalmológicas, práctica que desde entonces
se hizo famosa.
Anna Freud
Sigmund Freud / Otros Trabajos de Sigmund Freud / «Über Coca» (Sobre la
cocaína) / La planta de la coca
La planta de la coca
La Erythroxylon coca, planta que produce la coca, es un arbusto que llega a medir entre un
metro veinte y un metro sesenta centímetros, y tiene cierta similitud con el endrino. Se
cultiva en anchas zonas de Sudamérica, especialmente en Perú y Bolivia. Los lugares
donde crece mejor son los cálidos valles de las laderas orientales de los Andes, entre los
mil quinientos y los mis ochocientos metros sobre el nivel del mar, en climas lluviosos
exentos de temperaturas extremas. Las hojas, que proporcionan un estimulante
indispensable a unos diez millones de personas, tienen forma ovalada, de cinco a seis
centímetros de longitud. Están unidas al tronco por tallos, son enteras y están recubiertas
de un polvo blanquecino. Se distinguen por la presencia de dos pliegues lineales, más
patentes en el envés de la hoja, que corten como si fueran nervios laterales a lo largo del
nervio central desde la base hasta la punta, formando un arco plano. El arbusto produce
unas flores blancas, en grupos de dos o tres, y sus frutos son rojos y en forma de huevo.
Puede ser reproducido tanto por medio de semillas como de esquejes; las plantas jóvenes
se trasplantan cuando tienen un año, y al cabo de dieciocho meses dan su primera cosecha
de hojas. Se considera que las hojas están maduras cuando llegan a endurecerse tanto
que su tallo se rompe con sólo tocarlo.
Al llegar ese momento son puestas rápidamente a secar al sol o con la ayuda del fuego, y
colocadas luego en cestos para su transporte. En condiciones favorables un arbusto de
coca da cuatro o cinco cosechas cada año, y la planta puede seguir a este ritmo durante
treinta y hasta cuarenta años. La gran escala de su producción (se dice que la producción
anual es de trece millones y medio de kilogramos) hace que las hojas de coca sean un
producto importante tanto para el comercio como para la política fiscal de los países en los
que se cultiva.
Sigmund Freud / Otros Trabajos de Sigmund Freud / «Über Coca» (Sobre la
cocaína) / Historia y aplicaciones de la coca en su país de origen
Historia y aplicaciones de la coca en
su país de origen
Cuando los conquistadores españoles se abrieron camino por la fuerza hacia el interior del
Perú, vieron que la planta de la coca era cultivada y muy estimada por los habitantes de
este país, y también que estaba estrechamente relacionada con las costumbres religiosas
locales. Según la leyenda, Manco Capac, el hijo del Sol, descendió en tiempos remotos de
las cumbres del lago Titicaca para llevar la luz de su padre a los desgraciados habitantes
del país; consigo llevaba también muchas enseñanzas y as¡ explicó a los hombres la vida
de los dioses, les enseñó la práctica de artes útiles, y les dio además la hoja de la coca,
esa planta divina que sacia al hambriento, hace fuerte al débil, y permite al desgraciado
olvidar su tristeza, Era costumbre ofrecer hojas de coca a los dioses, masticarlas durante
las ceremonias religiosas, y hasta poner algunas en la boca de los muertos para
asegurarles un buen recibimiento en el otro mundo. El Inca Garcilaso, historiador de la
conquista española, y descendiente de los incas, dice que al principio la coca no abundaba
y que solamente podían utilizarla los miembros de las principales familias; sin embargo, en
la época de la conquista hacía ya tiempo que todo el mundo podía obtenerla. Garcilaso
trató de defender la coca contra la prohibición de su consumo impuesta por los
conquistadores. Los españoles no creían en los efectos maravillosos que producía la planta
-que para ellos eran obra del diablo- debido principalmente a la función de la coca en el
ceremonial religioso. Un sínodo celebrado en Lima llegó al extremo de prohibir el consumo
de la coca porque, en su opinión, era algo pagano y pecaminoso. Pero la actitud de los
extranjeros cambió cuando observaron que los indios no eran capaces de llevar a cabo las
penosas tareas que se les imponían en las minas si no se les daba su ración de coca.
Entonces decidieron modificar parcialmente su anterior decisión: se distribuyó nuevamente
coca a los mineros, tres o cuatro veces al día, concediéndoles cortos períodos de descanso
en el trabajo para que mascaran las hojas. De esta manera la planta ha podido conservar
su prestigio entre los nativos hasta la actualidad. Quedan todavía algunas huellas de la
veneración religiosa que el pueblo indio sentía por la coca.
El indio lleva siempre consigo una bolsita con hojas de coca (una chuspa) cuando viaja, y
también una botella con cenizas de la planta (llicta). En la boca hace una bola con las hojas
y después atraviesa varias veces la bola con un clavo empapado en la ceniza. Después
masca las hojas lenta y sistemáticamente, con abundante secreción de saliva. Se dice que
en otras zonas se añade a las hojas un poco de tierra, tonra, que en este caso sustituye a
la ceniza de la planta. No se considera exagerado masticar de tres a cuatro onzas de hojas
cada día. Según Mantegazza, el indio empieza a utilizar este estimulante en su primera
juventud, y sigue haciéndolo a lo largo de toda su vida. Cuando tiene que realizar un viaje
difícil, cuando toma a una mujer, o, en general, siempre que sus fuerzas tienen que hacer
frente a una prueba que exige un rendimiento mayor de lo normal, el indio aumenta su
dosis ordinaria.
(No se ha comprobado con seguridad cuál es la finalidad de la operación de mezclar los
álcalis de la ceniza. Mantegazza afirma haber mascado hojas de coca con y sin mezcla de
ceniza y que no notó ninguna diferencia. Según Martius y Demarle, la cocaína es liberada
de su combinación con ácido tánico mediante la acción de los álcalis. Una llicta que fue
analizada por Bibra estaba formada por un 29 % de carbonato de cal y magnesio, un 34 %
de sales potásicas, un 3 % de tierra arcillosa y hierro, un 17 % de elementos insolubles de
tierra arcillosa, tierra silícea y hierro, un 5 % de carbono y un 10 % de agua.)
Hay muchas pruebas que demuestran que los indios, cuando se encuentran bajo la
influencia de la coca, pueden resistir extraordinarias pruebas físicas y realizar trabajos muy
duros sin necesidad de tomar una alimentación adecuada durante ese tiempo. Valdez y
Palacios afirma que gracias a la coca los indios son capaces de caminar cientos de horas
seguidas y correr más que un caballo sin mostrar signos de fatiga. CasteInau, Martius, y
Scrivener han confirmado este dato, y Humboldt habla también de ello en el relato de su
viaje por las regiones ecuatoriales, donde afirma que éste era un hecho conocido
generalmente por todo el mundo. Se cita frecuentemente el informe de Tschudi que habla
de un cholo (mestizo) al que pudo observar de cerca. El hombre en cuestión realizó un duro
trabajo de excavación durante cinco días y cinco noches sin dormir más que dos horas
cada noche, y sin consumir nada que no fuera coca. Una vez terminado el trabajo
acompañó a Tschudi en una excursión en mula de dos días. El mestizo hizo el recorrido a
pie. Terminada su hazaña dijo que estaba dispuesto a hacerlo todo otra vez, sin comer, si
le daban suficiente coca. Era un hombre de sesenta y dos años de edad y no había estado
nunca enfermo.
En el Journey ol the Frigate «Novara» [Viaje de la fragata Novara] se relatan casos
similares de aumento de la potencia física debidos al consumo de la coca. Weddell, von
Meyen, Markham, e incluso Poeppig (a quien tenemos que agradecer multitud de informes
difamatorios contra la coca) no pueden siro confirmar que esta droga produce los citados
efectos. Desde que se conoció la utilización de la hoja de la coca, siempre ha producido
asombro en todo el mundo.
Otras informaciones dan gran importancia a la capacidad de los «coqueros» (masticadores
de coca) de abstenerse de tomar alimentos durante largos períodos de tiempo sin padecer
ningún tipo de consecuencias negativas. Según Unanué, cuando en la ciudad de La Paz no
podían conseguirse alimentos el año 1781, sólo sobrevivieron aquellos que tomaron coca.
Según Stewenson los habitantes de muchas zonas de Perú ayunan durante uno o varios
días sin dejar de trabajar, gracias al uso de la coca.
Ante todas estas informaciones y teniendo en cuenta el papel desempeñado por la coca en
Sudamérica durante siglos, hay que rechazar la opinión expresada por algunos que afirman
que el efecto de la coca es solamente imaginario y que, gracias a la práctica, los nativos
sudamericanos son capaces de realizar las hazañas que se les atribuyen, sin necesidad de
la coca. Podría esperarse que llegaran informaciones diciendo que los coqueros
compensan su ayuno comiendo más en los intervalos entre los períodos durante los cuales
se abstienen de comer, o que debido a su forma de vida entran en una rápida decadencia.
Las informaciones dadas por los viajeros por lo que se refiere a la primera posibilidad no
permiten extraer conclusiones; en cuanto a la segunda, testigos dignos de crédito han
negado que sea cierta. Desde luego, Poeppig pintó una terrible imagen de la decadencia
física e intelectual que según él es consecuencia inevitable de la utilización habitual de la
coca. Pero todos los demás observadores afirman que el consumo moderado de coca
fomenta la salud en lugar de limitarla, y que los coqueros alcanzan larga vida. Weddell y
Mantegazza señalan, sin embargo, que una utilización exagerada de la coca produce una
caquexia que se caracteriza físicamente por causar problemas digestivos, y una gran
delgadez, mientras que mentalmente lleva a la depravación moral y a una total apatía frente
a todo lo que no sea el disfrute del estimulante. También los blancos sucumben a veces y
caen en este estado, muy similar al de los síntomas del alcoholismo crónico y de la
morfinomanía. De todas formas, normalmente la coca no se toma en cantidades
exageradas y nunca se utiliza para compensar una posible desproporción entre los
alimentos tomados y el trabajo realizado por los coqueros.
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