Abrí los ojos, todo estaba obscuro. Me senté en algo que no sé si era cemento destruido o roca. Apestaba a humedad, suciedad, moho. Me levanté un poco cansado, y con un ligero dolor de cabeza, tenía malestar estomacal debido al olor. No sabia donde estaba, no recordaba lo que habia sucedido en las ultimas horas. Lo único que me acordaba es que había visto un Mandril inmenso en mi habitación.
Ya sentado, con la cabeza entre las rodillas debido a mi malestar y el frío que tenía, comencé a pensar en donde estaba. Se me vino la aparente idea de que estaba en la casa del Mandril, al pensarlo sentí una corriente fría por los huesos, entonces me comencé a asustar mucho. Me paré muy alterado y comencé a tantear para ver mas o menos en donde me encontraba, me di cuenta que estaba en un cuarto pequeño revestido de roca, con una sola puerta que no tenía chapa. Era un calabozo.
Estaba completamente solo, encerrado en un lugar totalmente obscuro y tenebroso, y lo que me habia sucedido era algo parecido a una especie de tira cómica, en la cual había hablado con un duende y con un Mandril, era toda una locura fuera de este mundo.
Después de haber estado alrededor de unas tres horas ahí, me comencé a sentir un poco mejor y hasta un poco cómodo, comencé a reflexionar sobre mi vida y el camino por el que la estaba llevando, algo completamente aburrido y común. Me di cuenta que lo que estaba viviendo en ese momento, era algo extraordinario, algo que no le ha pasado a nadie en la historia de la humanidad, al menos eso pensaba.
Sentí unos pasos que venían de afuera de la puerta, me imaginaba que ahí había un pasillo con algunos calabozos. La puerta de mi mazmorra se comenzó a mover un poco, como tambaleándose, al principio fue despacio, después era muy rápido y fuerte, me asusté un poco y me puse de pie en pose de defensa, por si algo que abriera la puerta no fuera amigable. Cuando de repente se detuvo y sentí que los pasos se estaban alejando. Me senté un momento a ver que pasaba. Al cabo de unos minutos me puse de pie y me aproximé a la puerta, ya mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad un poco y apenas podía vislumbrar donde me encontraba. Palpe la puerta con la mano y la empujé levemente, la puerta se abrió con un chillido fastidioso y tenebroso.
Salí a lo que me había imaginado, era un pasillo largo pero angosto, las paredes eran de roca, con un color apenas rojizo, estaba iluminado por antiguos candelabros que parecían clavados a martillazos en las rocas, habían muchos otros calabozos como los míos, estaban con las puertas cerradas.
Caminé muy lentamente y sin hacer ruido, al pasar por el primer calabozo, algo que se encontraba ahí adentro comenzó a moverse, yo seguí sin mirar atrás. Era un pasillo muy largo por el que me encontraba caminado, el olor a humedad y a podredumbre era cada vez más fuerte. Cuando recién me levante pensé que apestaba en mi calabazo, pero en este pasillo el olor era mucho mas denso.
Seguí caminando hasta cuando vi que el pasillo de las mazmorras había llegado a su fin, simplemente se terminaba y daba lugar a una especie de sala mucho mas amplia, pero igual de roca rojiza y con los candelabros, esta vez mucho más altos de lo que estaban en el pasillo.
La sala era antigua, totalmente alfombrada con pieles desconocidas para cualquier ser humano, el olor habia cambiado, era como de incienso de clavo de olor, era muy agradable y acogedor, me sentía como en casa. Habían animales disecados, seres que no habitaban en mi planeta, eran cosas raras, algo parecido a un león pero con unos colmillos muy grandes y con otro tipo de orejas y contextura facial, era algo deslumbrante ver a esos seres disecados, también recuerdo haber visto una especie como de dinosaurio con grandes dientes y unos ojos muy grandes, ninguno de esos seres era del planeta tierra. Habían mesas de maderas muy finas, muy bien lustradas y brillantes, no habia ni señal de alguna partícula de polvo, todo estaba totalmente limpio y elegante. Habían estatuas como de mármol adornando la sala que parecían observarme, eran como que si tuvieran vida.
Seguí caminando y llegue a un pasillo algo corto en los cuales habían muchos cuadros gigantes como de tres metros, algunos eran de personas, parecían de los años veinte, o al menos estaban vestidos así, otros eran de seres raros como de personas pero con una cabeza inmensa y esqueléticos, con unos grandes ojos y totalmente blancos, eran muy raros. Hasta cuando llegué a lo que parecía el cuadro principal, era el Mandril, estaba vestido con una vestimenta que parecía árabe, y una gran manta extraña que prendían dijes, al parecer de oro.
Al terminar aquel pasillo llegué a una biblioteca, posiblemente la mas grande que he visto en mi vida, ya que me gusta mucho frecuentar esos lugares a buscar algún buen libro que leer.
Ya sentado, con la cabeza entre las rodillas debido a mi malestar y el frío que tenía, comencé a pensar en donde estaba. Se me vino la aparente idea de que estaba en la casa del Mandril, al pensarlo sentí una corriente fría por los huesos, entonces me comencé a asustar mucho. Me paré muy alterado y comencé a tantear para ver mas o menos en donde me encontraba, me di cuenta que estaba en un cuarto pequeño revestido de roca, con una sola puerta que no tenía chapa. Era un calabozo.
Estaba completamente solo, encerrado en un lugar totalmente obscuro y tenebroso, y lo que me habia sucedido era algo parecido a una especie de tira cómica, en la cual había hablado con un duende y con un Mandril, era toda una locura fuera de este mundo.
Después de haber estado alrededor de unas tres horas ahí, me comencé a sentir un poco mejor y hasta un poco cómodo, comencé a reflexionar sobre mi vida y el camino por el que la estaba llevando, algo completamente aburrido y común. Me di cuenta que lo que estaba viviendo en ese momento, era algo extraordinario, algo que no le ha pasado a nadie en la historia de la humanidad, al menos eso pensaba.
Sentí unos pasos que venían de afuera de la puerta, me imaginaba que ahí había un pasillo con algunos calabozos. La puerta de mi mazmorra se comenzó a mover un poco, como tambaleándose, al principio fue despacio, después era muy rápido y fuerte, me asusté un poco y me puse de pie en pose de defensa, por si algo que abriera la puerta no fuera amigable. Cuando de repente se detuvo y sentí que los pasos se estaban alejando. Me senté un momento a ver que pasaba. Al cabo de unos minutos me puse de pie y me aproximé a la puerta, ya mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad un poco y apenas podía vislumbrar donde me encontraba. Palpe la puerta con la mano y la empujé levemente, la puerta se abrió con un chillido fastidioso y tenebroso.
Salí a lo que me había imaginado, era un pasillo largo pero angosto, las paredes eran de roca, con un color apenas rojizo, estaba iluminado por antiguos candelabros que parecían clavados a martillazos en las rocas, habían muchos otros calabozos como los míos, estaban con las puertas cerradas.
Caminé muy lentamente y sin hacer ruido, al pasar por el primer calabozo, algo que se encontraba ahí adentro comenzó a moverse, yo seguí sin mirar atrás. Era un pasillo muy largo por el que me encontraba caminado, el olor a humedad y a podredumbre era cada vez más fuerte. Cuando recién me levante pensé que apestaba en mi calabazo, pero en este pasillo el olor era mucho mas denso.
Seguí caminando hasta cuando vi que el pasillo de las mazmorras había llegado a su fin, simplemente se terminaba y daba lugar a una especie de sala mucho mas amplia, pero igual de roca rojiza y con los candelabros, esta vez mucho más altos de lo que estaban en el pasillo.
La sala era antigua, totalmente alfombrada con pieles desconocidas para cualquier ser humano, el olor habia cambiado, era como de incienso de clavo de olor, era muy agradable y acogedor, me sentía como en casa. Habían animales disecados, seres que no habitaban en mi planeta, eran cosas raras, algo parecido a un león pero con unos colmillos muy grandes y con otro tipo de orejas y contextura facial, era algo deslumbrante ver a esos seres disecados, también recuerdo haber visto una especie como de dinosaurio con grandes dientes y unos ojos muy grandes, ninguno de esos seres era del planeta tierra. Habían mesas de maderas muy finas, muy bien lustradas y brillantes, no habia ni señal de alguna partícula de polvo, todo estaba totalmente limpio y elegante. Habían estatuas como de mármol adornando la sala que parecían observarme, eran como que si tuvieran vida.
Seguí caminando y llegue a un pasillo algo corto en los cuales habían muchos cuadros gigantes como de tres metros, algunos eran de personas, parecían de los años veinte, o al menos estaban vestidos así, otros eran de seres raros como de personas pero con una cabeza inmensa y esqueléticos, con unos grandes ojos y totalmente blancos, eran muy raros. Hasta cuando llegué a lo que parecía el cuadro principal, era el Mandril, estaba vestido con una vestimenta que parecía árabe, y una gran manta extraña que prendían dijes, al parecer de oro.
Al terminar aquel pasillo llegué a una biblioteca, posiblemente la mas grande que he visto en mi vida, ya que me gusta mucho frecuentar esos lugares a buscar algún buen libro que leer.