El Holocausto de los alemanes del volga
Como respuesta al ataque sufrido por los soldados alemanes, el dictador soviético José Stalin había dispuesto el 28 de agosto de 1941 la deportación de los así llamados alemanes del Volga a Siberia y a Kasajstán. No eran los únicos. Las deportaciones de distintos grupos de personas eran una costumbre soviética. Comenzaron en 1919. Pero arreciaron con los alemanes del Volga. Junto con ellos, disuelven a tres repúblicas autónomas, separan a familias y a etnias, y los distribuyen en Asia. Destruyen así 180 años de constructiva labor de colonos alemanes en el bajo Volga. En el siglo XVIII numerosos alemanes habían sido traídos por la zarina Catarina II a Rusia para poblar la región del bajo Volga, región poblada escasamente por tribus nómades, e incorporada al imperio ruso hacía relativamente poco tiempo.
Stalin borra de un simple plumazo la existencia de una República Soviética con más de un millón de habitantes, según el censo de 1929. Era el grupo más numeroso de una nación condenada al ostracismo. El dictador había tomado estas medidas injustificadas porque creía que estos alemanes étnicos habrían colaborado con la Wehrmacht hitlerista o podrían colaborar con ella. (Cabe consignar que entre la República de los Alemanes del Volga y el frente de guerra al comienzo del conflicto había cerca de 3.000 km de distancia y que la policía secreta del estado era muy eficiente en descubrir conjuras aun donde no las había.)
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Durante 17 años los alemanes étnicos habían sido escamoteados: nadie habló de su existencia, nadie sabía nada de ellos. Ellos estaban en sus campamentos de trabajo o vagaban solos por las heladas estepas del Asia central. Fue el canciller alemán, Konrad Adenauer, quien durante su visita a Moscú en 1955 recordó al premier soviético Nikita Khrushchev de la existencia de millones de prisioneros de guerra alemanes y del problema de los alemanes étnicos. .
En su acusador discurso de 1956, el premier Khrushchev nombra a los calmucos, los chechenos-ingushes, los balkares, los kabardinianos y los karajai. Todos fueron rehabilitados y sus territorios reconstituidos por un decreto especial en 1957.
Inexplicablemente Khrushchev omitió denunciar a los alemanes del Volga, a los tártaros de Crimea y a otros como víctimas de las medidas de deportación. Las repúblicas de los Alemanes del Volga y de los Tártaros de Crimea permanecen abolidas, tan abolidas como si nunca hubiesen existido. Se cambiaron los nombres de las aldeas y se cambió su población. Solo unos pocos alemanes étnicos viven hoy en día allí donde hasta el 1941 bullía la vida alemana. Los primitivos habitantes han sido reemplazados por miembros de las 52 nacionalidades que hoy viven en Rusia. Las casas y las iglesias descuidadas o destruidas dan cuenta del cataclismo social resultante de la Gran Guerra.
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Khrushchev expresó su indignación por la expulsión de sus hogares de los grupos nacionales enumerados diciendo "ningún hombre con sentido común puede comprender como es posible hacer responsable a toda una nación por actos inamistosos, incluyendo a niños, mujeres, ancianos, usar represión masiva contra ellos y exponerlos a la miseria y al sufrimiento por los actos hostiles de personas individuales o de grupos de personas".
En lo que respecta a los alemanes del Volga la expresión acerca de "actos hostiles de personas individuales o de grupos de personas", contiene un elemento difamatorio. Si en realidad algún "grupo" o "individuo" hubiere cometido en tiempos de guerra algún crimen contra el estado, justificando el terrible decreto de deportación, habría recibido una publicidad considerable en la prensa soviética. Sin embargo no existe ningún documento que se refiera a un acto de traición o de sabotaje que haya tenido lugar.
Los deportados fueron transportados lentamente en vagones para el ganado hacia Siberia, Asia Central y el alto Norte, pasando el Círculo Polar Ártico. Lo alimentación era escasa, ya que debían alimentarse de lo que habían recogido en sus granjas. Los que morían se enterraban a la vera de las vías del tren, cuando el tren se paraba, o eran arrojados fuera de los vagones cuando el tren seguía su marcha por días sin detenerse.
El fin del viaje era un descampado nevado. Allí los desplazados debieron construir sus chozas con los materiales que se encontraban en el lugar y ponerse a trabajar. Bajo vigilancia militar, como asesinos, con alimentación escasa, debían trabajar desde antes del amanecer hasta después de ponerse el sol. Habían sido desplazados de sus hogares y debían trabajar como esclavos hasta morir, sin derecho a réplica ni a queja.
Varios centenares de miles de víctimas inocentes, que no sabían de culpas contra el estado soviético, murieron de una muerte indigna. Las odiadas banderas svásticas hitleristas, encontradas en sus hogares abandonados, no sirven como prueba de un sentimiento de nazismo: esas banderas habían sido repartidas por funcionarios rusos cuando preparaban la visita del tirano nazi al tirano comunista, visita de dos genocidas que no se realizó. En su mayoría los desplazados eran niños, mujeres y ancianos. Los hombres entre los 16 y 40 años estaban en el ejército de trabajo, el ejército Trud, separados de sus familias por centenas o miles de kilómetros y sometidos a trabajos igualmente forzados. Los guardias soviéticos no se hacían problemas por la gran mortandad entre los trabajadores esclavos: los reemplazaban simplemente por otros nuevos. En un genocidio lo que importa es terminar lo antes posible con la vida de las víctimas. Muchas ciudades construidas en esa época se levantaron sobre los despojos de los alemanes étnicos.
Ahora, a 67 años de aquellas medidas injustificadas, los alemanes étnicos en la Federación Rusa solicitan mayor autonomía cultural, el derecho a escuelas con idioma alemán y su reconocimiento como minoría étnica. "Muchos creen que en Rusia existe una ley que rehabilita a los alemanes, pero esto no es así", dice Vladimir Bauer. Después del colapso de la Unión Soviética, cerca de dos millones de alemanes étnicos han emigrado a Alemania y más de un millón reside aún en la Federación Rusa. A 67 años del comienzo del genocidio organizado por Stalin los descendientes de aquellos alemanes étnicos en la ex Unión Soviética sufren las consecuencias.
Cifras: Debido al hermetismo soviético no hay muchas pero se calcula que fueros deportados entre 500.000 y 700.000 alemanes del Volga, además de los alemanes del Volga fueron deportados otros alemanes que no pertenecían a la república pero sí a otras regiones de la URSS, como los alemanes del Vístula, del mar Negro, de Crimea y del Cáucaso.
No encontré fotos del holocausto, pero estas son de la hambruna del Volga 1921 -1922 que afecto entre otros pueblos a los alemanes del Volga.
Como respuesta al ataque sufrido por los soldados alemanes, el dictador soviético José Stalin había dispuesto el 28 de agosto de 1941 la deportación de los así llamados alemanes del Volga a Siberia y a Kasajstán. No eran los únicos. Las deportaciones de distintos grupos de personas eran una costumbre soviética. Comenzaron en 1919. Pero arreciaron con los alemanes del Volga. Junto con ellos, disuelven a tres repúblicas autónomas, separan a familias y a etnias, y los distribuyen en Asia. Destruyen así 180 años de constructiva labor de colonos alemanes en el bajo Volga. En el siglo XVIII numerosos alemanes habían sido traídos por la zarina Catarina II a Rusia para poblar la región del bajo Volga, región poblada escasamente por tribus nómades, e incorporada al imperio ruso hacía relativamente poco tiempo.
Stalin borra de un simple plumazo la existencia de una República Soviética con más de un millón de habitantes, según el censo de 1929. Era el grupo más numeroso de una nación condenada al ostracismo. El dictador había tomado estas medidas injustificadas porque creía que estos alemanes étnicos habrían colaborado con la Wehrmacht hitlerista o podrían colaborar con ella. (Cabe consignar que entre la República de los Alemanes del Volga y el frente de guerra al comienzo del conflicto había cerca de 3.000 km de distancia y que la policía secreta del estado era muy eficiente en descubrir conjuras aun donde no las había.)
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Durante 17 años los alemanes étnicos habían sido escamoteados: nadie habló de su existencia, nadie sabía nada de ellos. Ellos estaban en sus campamentos de trabajo o vagaban solos por las heladas estepas del Asia central. Fue el canciller alemán, Konrad Adenauer, quien durante su visita a Moscú en 1955 recordó al premier soviético Nikita Khrushchev de la existencia de millones de prisioneros de guerra alemanes y del problema de los alemanes étnicos. .
En su acusador discurso de 1956, el premier Khrushchev nombra a los calmucos, los chechenos-ingushes, los balkares, los kabardinianos y los karajai. Todos fueron rehabilitados y sus territorios reconstituidos por un decreto especial en 1957.
Inexplicablemente Khrushchev omitió denunciar a los alemanes del Volga, a los tártaros de Crimea y a otros como víctimas de las medidas de deportación. Las repúblicas de los Alemanes del Volga y de los Tártaros de Crimea permanecen abolidas, tan abolidas como si nunca hubiesen existido. Se cambiaron los nombres de las aldeas y se cambió su población. Solo unos pocos alemanes étnicos viven hoy en día allí donde hasta el 1941 bullía la vida alemana. Los primitivos habitantes han sido reemplazados por miembros de las 52 nacionalidades que hoy viven en Rusia. Las casas y las iglesias descuidadas o destruidas dan cuenta del cataclismo social resultante de la Gran Guerra.
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Khrushchev expresó su indignación por la expulsión de sus hogares de los grupos nacionales enumerados diciendo "ningún hombre con sentido común puede comprender como es posible hacer responsable a toda una nación por actos inamistosos, incluyendo a niños, mujeres, ancianos, usar represión masiva contra ellos y exponerlos a la miseria y al sufrimiento por los actos hostiles de personas individuales o de grupos de personas".
En lo que respecta a los alemanes del Volga la expresión acerca de "actos hostiles de personas individuales o de grupos de personas", contiene un elemento difamatorio. Si en realidad algún "grupo" o "individuo" hubiere cometido en tiempos de guerra algún crimen contra el estado, justificando el terrible decreto de deportación, habría recibido una publicidad considerable en la prensa soviética. Sin embargo no existe ningún documento que se refiera a un acto de traición o de sabotaje que haya tenido lugar.
Los deportados fueron transportados lentamente en vagones para el ganado hacia Siberia, Asia Central y el alto Norte, pasando el Círculo Polar Ártico. Lo alimentación era escasa, ya que debían alimentarse de lo que habían recogido en sus granjas. Los que morían se enterraban a la vera de las vías del tren, cuando el tren se paraba, o eran arrojados fuera de los vagones cuando el tren seguía su marcha por días sin detenerse.
El fin del viaje era un descampado nevado. Allí los desplazados debieron construir sus chozas con los materiales que se encontraban en el lugar y ponerse a trabajar. Bajo vigilancia militar, como asesinos, con alimentación escasa, debían trabajar desde antes del amanecer hasta después de ponerse el sol. Habían sido desplazados de sus hogares y debían trabajar como esclavos hasta morir, sin derecho a réplica ni a queja.
Varios centenares de miles de víctimas inocentes, que no sabían de culpas contra el estado soviético, murieron de una muerte indigna. Las odiadas banderas svásticas hitleristas, encontradas en sus hogares abandonados, no sirven como prueba de un sentimiento de nazismo: esas banderas habían sido repartidas por funcionarios rusos cuando preparaban la visita del tirano nazi al tirano comunista, visita de dos genocidas que no se realizó. En su mayoría los desplazados eran niños, mujeres y ancianos. Los hombres entre los 16 y 40 años estaban en el ejército de trabajo, el ejército Trud, separados de sus familias por centenas o miles de kilómetros y sometidos a trabajos igualmente forzados. Los guardias soviéticos no se hacían problemas por la gran mortandad entre los trabajadores esclavos: los reemplazaban simplemente por otros nuevos. En un genocidio lo que importa es terminar lo antes posible con la vida de las víctimas. Muchas ciudades construidas en esa época se levantaron sobre los despojos de los alemanes étnicos.
Ahora, a 67 años de aquellas medidas injustificadas, los alemanes étnicos en la Federación Rusa solicitan mayor autonomía cultural, el derecho a escuelas con idioma alemán y su reconocimiento como minoría étnica. "Muchos creen que en Rusia existe una ley que rehabilita a los alemanes, pero esto no es así", dice Vladimir Bauer. Después del colapso de la Unión Soviética, cerca de dos millones de alemanes étnicos han emigrado a Alemania y más de un millón reside aún en la Federación Rusa. A 67 años del comienzo del genocidio organizado por Stalin los descendientes de aquellos alemanes étnicos en la ex Unión Soviética sufren las consecuencias.
Cifras: Debido al hermetismo soviético no hay muchas pero se calcula que fueros deportados entre 500.000 y 700.000 alemanes del Volga, además de los alemanes del Volga fueron deportados otros alemanes que no pertenecían a la república pero sí a otras regiones de la URSS, como los alemanes del Vístula, del mar Negro, de Crimea y del Cáucaso.
No encontré fotos del holocausto, pero estas son de la hambruna del Volga 1921 -1922 que afecto entre otros pueblos a los alemanes del Volga.