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De caos religión y otras costumbres

Por: María Alexandra Cabrera


India está llena de contrastes. A las calles sin andenes, la pululante contaminación y la basura atiborrada, hay que sumarle los micos y las ratas que asoman sin dar aviso y el enloquecedor tráfico en el que, curiosamente, florece el país del yoga.


El toro bendito



De caos religión y otras costumbres


Nadie quiere sacarlo. Él tampoco quiere irse. Hace tres años este toro blanco se instaló en un almacén de pashminas en el centro
de la ciudad sagrada de Varanasi. Desde entonces, no ha vuelto a salir a la calle. Para los dueños, su presencia significa una bendición, una aparición casi milagrosa. El toro come, duerme
y hace sus necesidades sin salir de la tienda. Impávido, espera
que lo alimenten, que vayan a adorarlo, que le tomen fotos.
En medio de pashminas de colores encontró su santuario.


Las vacas sagradas


Vivir en medio de la basura y del incesante sonido de los pitos de carros y autorickshaws es el precio que deben pagar por permanecer vivas. Famélicas, hambrientas, sucias, imperturbables, así viven las sagradas vacas de la India. Duermen donde pueden: rincones orinados, basura atiborrada, bollos de mierda –de mico, de humanos, de ellas mismas–. Comen lo que encuentran: restos de comida, un pedazo de plástico, papel. Las ordeñan, les pegan, las besan,
las llenas de flores.


Por tres dólares


A pesar de la desconfianza que puede producir el aspecto de ciertos locales, afeitarse en India es uno de los planes que un hombre occidental no debe perderse. En improvisados puestos en la calle o en barberías generalmente decoradas con imágenes de Lakshmi, la diosa de la prosperidad que está encima de un loto y reparte monedas de oro, se puede obtener durante 30 minutos una afeitada que incluye masaje facial, exfoliación e hidratación. Podrá olvidarse del caos y rendirse al poder de las pequeñas manos de estos expertos. Y lo mejor: no cuesta más de tres dólares.


A orillas del ganges



Según el hinduismo, el que se baña en las aguas del Ganges limpia su karma y se libera de los pecados cometidos. Frente a él, se realizan diariamente cientos de rezos y ofrendas en las que se arrojan flores como símbolo de la tierra, una pequeña vela como manifestación del fuego, y arroz, en el caso de que el devoto pida prosperidad para él y su familia. Pero el Ganges no solo cumple una función religiosa, en sus aguas los más pobres se bañan y defecan, y es común ver flotar restos de algún cadáver, ropa y comida.

En posición de lotoxii


Son renunciantes, su camino es la austeridad, su filosofía es el desapego de los vínculos materiales y familiares, y su recompensa es la iluminación. Muchos sostienen que los verdaderos sadhus ya no están en las ciudades y que los hombres de cuerpo esquelético, barba larga y túnica azafrán, que deambulan por los lugares sagrados y fuman opio, no son más que impostores que piden dinero a los turistas por dejarse hacer una foto. Sin embargo, hay muchos que todavía se ven inmersos en su propio universo. De vez en cuando, sentados en posición de loto, clavan su mirada en un turista que desenfunda su cámara con prisa. Entonces el flash ilumina la cara del imperturbable santo.






Varanasi, muerte.



Todos los hinduistas sueñan con morir en Varanasi. El lugar, de 112 kilómetros, está consagrado a Shiva –hay 200 templos y 500.000 estatuas dedicadas a este Dios y a su familia– pues se cree que es allí donde libera al hombre del ciclo de reencarnaciones y le permite acceder al nirvana. A orillas del sagrado Ganges, dos gahts funcionan 24 horas como crematorios. Los dom, considerados la casta más impura del hinduismo, son los encargados de la cremación. El cadáver, envuelto en una túnica, es sumergido por última vez en el río para luego ser colocado al fuego sobre grandes troncos de sándalo que impiden que la fetidez se propague. Los hombres, a quienes anteriormente les han rapado la cabeza, son los únicos a los que se les permite la entrada al crematorio, ya que se cree que el llanto de las mujeres impide la ascensión del alma. En medio del canto de mantras se finaliza un rito que cientos de turistas contemplan desde precarias barcas de madera.


Rickshaws


Hombres delgados de apariencia desnutrida pedalean con el cuerpo encorvado una bicicleta. Arrastran con esfuerzo y sin queja un carrito destartalado en el que pueden ir dos o cinco personas. No son los dueños del negocio. Los propietarios de los miles de ciclorickshaws que recorren las calles de todas las ciudades del segundo país más poblado del mundo —1.200 milones de habitantes— solo se quedan con un tercio de las ganancias que les deja una labor que realizan, como mínimo, ocho horas diarias. Un viaje puede costar entre 2 y 10 rupias, aunque a un turista le cobran mínimo 50 (1 dólar).


Por mutuo acuerdo



Las familias hindúes son capaces de gastarse el dinero ahorrado durante años en una boda. Aunque muchas parejas se unen por mutuo acuerdo, aún se conserva la acostumbre de arreglar matrimonios y de pedir una alta dote al linaje de la novia. Vestida con un sari rojo la novia espera la llegada de su futuro esposo, quien va a caballo vestido con un traje dorado y es acompañado por una comitiva familiar, amigos y músicos. Cuando los novios se unen intercambian coronas de flores, bendiciones, amuletos y ofrendas ante el fuego sagrado. Después, unidos con un lazo, hacen siete círculos alrededor del fuego para simbolizar la promesa de que caminarán juntos todos los obstáculos que la vida les presente. Finalmente, el novio aplica un polvo de color rojo en la frente de la novia, el cual llevan todas las mujeres casadas.


Destino de los beatles



Rishikesh, la capital del yoga, el lugar adonde llegaron los Beatles en 1967 atraídos por Maharishi Mahesh Yogui, creador de la meditación transpersonal, es el destino donde todavía cientos de buscadores siguen aterrizando con el objetivo de acercarse al camino divino. Existen infinidad de clases de yoga, estilos de meditación, masajes ayurvédicos, lectura del tarot, de la mano, de la carta astral y más de 50 ashrams –sencillos lugares regidos por un maestro espiritual–. Un paraíso en las inmediaciones del Himalaya en donde, en medio del caos, también se puede vibrar con la energía del yoga, la buena cocina vegetariana y los ritos frente al río.
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