Enjoy


Salón Lune



París, Francia. 31 de octubre de 2008.

La France... un bello país, sin duda alguna. Mi ciudad es París, la querida por todos y conocida por la capital del amor... en la que todas las personas encuentran su media naranja. Pero ese no es mi caso, de pequeño era el que más ligaba de toda mi clase pero ahora, con veinticuatro años, una relación amorosa duradera sigue siendo un gran secreto para mí. ¿Y por qué? Tengo dinero y me considero bastante guapo, tal vez falle en eso de ser buena persona, ¿pero a qué mujer le interesa eso? Desde siempre es sabido que con un lindo automóvil, un trabajo que te dé dinero a montones y con un poco de belleza externa las mujeres caen rendidas a tus pies.

[...]

21:00

- ¡AGH! El día está a punto de acabar y todavía no se me da pasado esta rescaca de mierda - me quejaba a un compañero que se encontraba bajando conmigo las escaleras del edificio en el que nos encontrábamos. Ambos nos ganábamos la vida como dentista, una profesión que me daba tanto dinero como quería...

- ¿A sí? Lo tuyo si que es pasión por la bebida, Aco... Esta noche deberías irte a tu casa a descansar, o mañana estarás peor que un zombi...

- Hablando de zombis... ¿recuerdas que hoy es la noche de Halloween? He oído que en el Salón Lune habrá un buen espectáculo y seguro habrá muchachas bellas con las que pasar al menos una noche placentera. ¿Te apetece venir? - le ofrecí.

- No, a diferencia de ti yo sí tengo familia, ¿lo sabías? - preguntó sarcásticamente. - Mi hija quiere ir a pedir caramelos a las casas de los vecinos y prometí acompañarla, además, no me apetece frecuentar esos lugares sabiendo que tengo una mujer que me está esperando en casa...

Las escaleras se terminaron y abrí la puerta principal para que ambos pudiésemos salir. Posteriormente, él se fue por el camino de la derecha y yo por el de la izquierda, en dirección al Salón Luna.

- Qué tio tan idiota... ¿Por qué preferir a la mujer de todos los días y a su pequeña hija que seguro que dentro de unos años no recordará que su padre no la acompañó a pedir caramelos en vez de pasar media noche con unas jóvenes y seductoras muchachas? ¿Acaso no hay oído hablar de las relaciones abiertas? - pensé mientras me reía disimuladamente.

Las calles parisinas estaban plagadas de niños molestos con una bolsa en forma de calabaza, en la que probablemente llevasen caramelos o distintos tipos de chocolates. Era horrible tener que exponerme a las sonrisas de los padres cuando veían la cara de felicidad de los chavales cuando éstos conseguían un caramelo más para su colección. Me arrepiento de no haber venido al trabajo con mi flamante vehículo.

Sin dudarlo, abandoné la calle principal plagada de sonrisas por una secundaria que se semejaba a un callejón. Era bastante más oscuro, ya que las farolas habían disminuido considerablemente... Lo buena de ésta, es que se podía contemplar en la lejanía como la Torre Eiffel estaba iluminada con distintos tipos de luces de colores.

- Por favor, ¿sería tan amable de darle a este pobre vagabundo unos centavos con los que poder comer hoy? - una mano mugrienta agarró la parte inferior de mi pantalón. Como era obvio, me la retiré enseguida de encima dándole una patada.

Bajé mi mirada al suelo y vi que ahí se encontraba tirado un vagabundo. Cuando se dio cuenta de que lo estaba mirando, volvió a llevar su mano a mi pantalón (a lo que yo correspondí de nuevo con una patada) y de nuevo me preguntó si le podría dar algo de dinero, aunque de esta vez comenzó a toser mientras me formulaba la pregunta.

Simplemente me hice el sordo y continué mi camino... No me apetecía perder mi tiempo con escoria humana.


21:30

Después de unos 20 minutos de caminata, esquivando a los felices y vomitivos niños, por fin había conseguido llegar al Salón Lune. El local por fuera era como cualquier otra casa o restaurante común, con la única diferencia de que arriba había un gran cartel con luces parpadeantes que mostraba el nombre.
En la entrada, se encontraba un tipo con pinta de guardaespaldas, que estaba pidiendo los datos de todas las personas que intentaban pasar. Sin más, me puse a la cola y esperé a que me llegase el turno...

- Carné de identidad, por favor.

Saqué de mi bolsillo mi cartera, la abrí y saqué de ella el carné para enseñárselo. Una vez que lo vio, me lo devolvió y crucé la puerta.
Nada más entrar, una chica vestida con una corta minifalda me indicó que dejase mi abrigo en la recepción. Y después, me acompañó a una sala, que imaginé que sería la principal.
A la derecha había una barra en la que probablemente servirían bebidas y algún que otro entrante para cenar; en el centro se encontraban las mesas y al fondo había un gran escenario. La sala en sí no era demasiado grande, pero parecía... "acogedora".

Lo primero que hice fue ir a la barra a pedir algo de beber, ya que el paseo me había dado sed. El camarero me dio una cerveza bien fría, me senté en uno de los taburetes y me puse a beberla, mientras contemplaba el vacío escenario.

22:00

A esta hora la sala ya se había llenado por completo, y yo ya estaba lo suficientemente borracho como para no importarme tirarme al suelo y comenzar a llorar, aunque claro está, que por muy borracho que estuviese, eso nunca lo llegaría a hacer.
De repente, todas las luces se apagaron y un gran foco se encendió, iluminando completamente al escenario. Unos muchachos indicaban con las manos que el público se callase. En seguida, una chica de cabellos rubios se colocó en el centro del escenario; agarró el micrófono que ya se encontraba colocado en el suelo, y comenzó a hablar.

- ¡Bienvenios una noche más al Salón Lune! Y esta no es una noche cualquiera... ¡Como todos saben es la Noche de Halloween! Y claro está que en este fantástico Salón vamos a realizar algo divertido... Aunque tenemos un pequeño problema... - la muchacha puso una voz triste al igual que dulce, imitando a una niña pequeña a punto de llorar. - ¡Necesitamos a algún voluntario!

Una música ranchera comenzó a sonar y no me pude contener las ganas de levantar mi mano para subir al escenario a realizar lo que quiera que fuese. Me imaginaba que sería algo excitante... como tener que besar a una muchacha disfrazada de vampira, o algo así. Para mi sorpresa, vi que ninguno de los otros hombres que se encontraban en la sala quería participar, así que sin pensarlo más levanté mi mano.

- ¡Muchachos! ¡Parece que ya tenemos un voluntario... indíquenle el camino para subir al escenario!

Varios varones vinieron a por mí y me guiaron hacia unas escaleras que llevaban al escenario. Como era lógico, subí a él y me coloqué al lado de la chica.

- Y señor, ¿tendría el gusto de decirnos su nombre? - preguntó con una sonrisa coqueta. Se acercó a mí y me puso el micrófono delante de la boca, indicándome que hablase.

- Pues... me llamo Aco, señorita - contesté con la misma sonrisa que ella.

- Oh vaya, qué educado... Pero bueno, ¿tienen curiosidad por saber de qué tratará el espectáculo de esta noche? - dijo dirigiéndose al público en general.

Un gran sí sonó en el público y ella respondió con un: ¡Pues allá vamos!

- La base de este espectáculo es Halloween... ¡Obvio! - el público soltó una risotada, mientras yo luchaba por no tambalearme. - Cuando Aco esté preparado, le vendaremos los ojos con una cinta negra, y un mago de los de verdad contratado por nuestra compañía, será el encargado de darle órdenes a través de la mente. Por cierto, ustedes verán en la pantalla plana que se encuentra en el fondo del escenario las órdenes que les están siendo transmitidas a Aco - ahora, lo que sonó en el público fue un gran "¡OOH!" en modo de sorpresa. - Cuando lo consideremos conveniente, terminará y pasaremos a la segunda parte del Show... Muahaha. Pero antes, debo cerciorarme de algo, Aco, ¿usted conoce de antes a nuestra compañía? Es decir, ¿pudo haber tenido contacto y sabe las órdenes que le dará el mago de antemano? - me preguntó.

- Eh... Claro que no, no suelo venir mucho a este Salón, y a usted es la primera vez que la veo... - contesté mientras intentaba adivinar qué tendría que hacer.

- Él lo ha dicho todo, ¡vamos allá!

De nuevo, se acercaron a mí los muchachos que antes me habían acompañado al escenario, pero ahora, fue para colocarme una cinta totalmente negra al rededor de los ojos, haciendo que no pudiese ver.

- Silencio...

22:30


- Bien, hola, ¿me oyes? Si me escuchas dilo. - una voz de hombre sonó en mi cabeza con toda nitidez.

- Sí, te escucho - dije ante la voz que había hablado; esto me parecía muy raro... aunque sé que es una farsa, no creo en estas cosas.

- Pues... la primero que te indicaré que hagas es que le toques el culo a una de las muchachas del local. ¿Te atreverás?

- Ok, ¿por qué no? Por favor, ¿podría venir alguna chica? - pregunté en alto. De repente, una mano desconocia tocó mi mano y la llevó hacia la parte de su cuerpo que me había indicado el "mago".

- Bien hecho... ahora, quiero que la mates.

- ¿QUÉ? ¿Matarla...? Ah, ya entiendo, seguro es algún truco... vale, ¿con qué lo hago?

- A tu izquierda tienes un cuchillo en el suelo, agáchate y cógelo.

- Ja, ja. Seguro es de estos cuchillos que parece que se clavan pero solamente es el efecto visual... Ok.

Cogí el cuchillo en mis manos y lo llevé hacia el cuello de la muchacha. Luego, lo apreté contra su piel, deseando ver la cara de asombro que se le quedaba al público. También noté como la chica hacía un poco de fuerte... Bah, sería para darle más realismo.

- Fantástico, veo que se te da bien esto de la comunicación... Ahora quiero que cojas una pistola que hay en el suelo, justo donde antes estaba el cuchillo. Bien, luego, te pido que bajes con cuidado de no tropezar a donde el público y que comiences a disparar. Tranquilo, es de fogueo, pero seguro que la gente se lleva un susto de muerte.

- Vale, jaja. Es más divertido de lo que creía...

Hice lo que me ordenó. Una vez que tenía la pistola con balas de fogueo entre mis manos, bajé con cuidado con no tropezar las escaleras por las que había subido. Intenté colocarme en el medio y comencé a disparar al público. Escuché varios gritos, pero imagino que serían por la emoción del momento... ya que no sabían que eran balas de fogueo.
Disparé hacia todos los lados, y no me quedó otro remedio que parar cuando me di cuenta de que las balas se habían terminado.

- Mmm... pues la verdad es que ya no se me ocurre nada más que puedas hacer, así que puedes intentar quitarte la venda que te cubre los ojos. Imagino que nos veremos el año que viene...

Con un poco de esfuerzo desaté los nudos de la venda y parpadée varias veces para que mis ojos se adaptasen a la luz. Luego, le dirigí una mirada al público para ver sus caras de sorpresa... Y no vi caras. Solamente cuerpos inertes tirados en el suelo y sangre por todas partes.

- No tiene gracia... Tal vez si lo hubieseis trabajado un poco más...

Me acerqué al público para indicar que ya me había dado cuenta de la broma. Cuando llegué junto a una persona, me agaché y comencé a tocarle la cara y agitarle los brazos para que se levantase... Pero no hubo ninguna reacción.
Pasé uno de mis dedos por la sangre que se encontraba a su lado y me lo llevé a la boca. No era salsa de tomate...

Repetí el procedimiento con todos los presentes, pero ahora comprobando si los cuerpos respiraban.

Ninguno... Todos muertos... Incluso la chica que se encontraba en el escenario.



París, Francia. 31 de octubre de 2009.

Centro psiquíatrico.

No soportaba más las cuatro paredes de esta estúpida celda. No quiero seguir más aquí... después de todo, yo no estoy loco. Yo no cometí aquél asesinato en masa, fue la voz... fue la voz. Ella me lo ordenó, yo no sabía que la pistola estaba cargada o que el cuchillo era de verdad... ¡QUIERO SALIR DE AQUÍ!

- Si fueras una buena persona y me hubieses dado un mísero céntimo en vez de responderme con dos patadas causándole la muerte a este pobre vagabundo enfermo, nada de esto habría sucedido... Ahora jamás conocerás lo que es el amor verdader, jamás conocerás lo que es una familia... Y lo mejor es que no dejaré que te suicides, obligándote a vivir todos los días que le quedan a tu miserable vida.
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