Como para completar el post de Garrafa2004 ,
que trata de la bomba atomica que se quiso contruir en la època de Peron (1949).
LA PLANTA DE EZEIZA A LA CUAL RAPACIOLI LE QUERIA ANEXAR EL LABORATORIO DE PLUTONIO
Un proyecto de 400 millones de dólares que nunca funcionó
La planta a la que el general Ricardo Rapacioli le quería anexar su laboratorio de plutonio se llama "Laboratorio de Procesos Radioquímicos (LPR)", está en el Centro Atómico Ezeiza y costó 400 millones de dólares. La historia de la LPR comenzó con el golpe de Estado de 1976. Una de las primeras medidas del vicealmirante y físico Carlos Castro Madero al asumir la presidencia de la CNEA fue desmantelar el llamado equipo "ERE" que lideraba el químico Santiago Morazzo y que había formado Perón para producir plutonio en pequeña escala.
Poco antes del golpe, Morazzo y otros científicos estuvieron secuestrados en la ESMA donde fueron torturados e interrogados: "¿Dónde hicieron la bomba de Perón?". Quince días después fueron enviados a la cárcel de Villa Devoto como presos políticos.
En Villa Devoto recibieron la visita sorpresiva del nuevo miembro de la CNEA, el coronel y físico Luis Argüello, quien le preguntó a Morazzo por el proyecto de Perón. Argüello confirmó que hizo esa consulta, pero dijo que fue a verlo a él y a otros científicos detenidos para apoyarlos.
"Contesté por la vulnerabilidad de mi familia. Imagine lo ridículo de la escena: un militar consultando técnicamente a un preso político", afirmó Morazzo el martes pasado a Clarín.
Para el militante peronista, Argüello "usó la documentación de nuestra tarea precedente pero distorsionando el proyecto". En cambio, Argüello dijo que el "ERE no fue relevante para mi proyecto, pero sí lo fue la experiencia de profesionales radioquímicos en la PR1".
El proyecto de la "LPR" del coronel Luis "Lucho" Argüello fue aprobado a fines de 1977 por la CNEA. Castro Madero le aconsejó a Argüello no utilizar la palabra reprocesamiento en el nombre de la nueva planta por su connotación militar.
Desde el inicio de la construcción de la LPR, EE.UU. manifestó por vías diplomáticas su preocupación por el proyecto. Washington no quería que proliferaran las tecnologías de reprocesamiento que permiten obtener plutonio, luego de que la India detonara su bomba en 1974.
Pero la LPR era un proyecto abierto y para reprocesar los elementos combustibles gastados de Atucha I y Embalse Río Tercero a fin de obtener óxido de plutonio —no metal— y de uranio. Con éstos se pueden hacer nuevos elementos combustibles.
Precisamente, un contrato secreto entre la CNEA y "Techint Snia" de mayo de 1981 al que accedió Clarín señala que esta empresa privada se comprometía a entregar la tecnología para "el tratamiento de nitrato de uranilo para su conversión a óxido".
En 1983, una de las primeras medidas que tomó Alfonsín fue ordenar investigar si había un proyecto secreto en la CNEA para construir una bomba y reemplazar a Castro Madero por el ingeniero civil Alberto Constantini. A poco de asumir, Constantini echó sin darles explicaciones a Argüello y otros militares que trabajaban en la CNEA y paralizó la LPR por "cuestiones presupuestarias" hasta que en 1993 fue finalmente cerrada.
Argüello sostuvo que con un año más de trabajo iba a poner en marcha la planta en frío y que sólo le faltaban "20 millones de dólares". Fue la gran frustración de la vida científica de Argüello y la pérdida de la posibilidad argentina de reprocesar elementos combustibles gastados.
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PROYECTO DEL EJERCITO ANTERIOR A LA GUERRA DE LAS MALVINAS
El plan de Galtieri para hacer la bomba atómica
Bajo las órdenes de Leopoldo Galtieri, un grupo de ingenieros y físicos militares diseñó en los ochenta y en secreto un laboratorio para fabricar plutonio metálico y un reflector neutrónico, que sólo se pueden usar para hacer una bomba atómica, descubrió una investigación de Clarín.
Se trató de un "plan nuclear del Ejército" secreto y paralelo al programa pacífico que el titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), vicealmirante Carlos Castro Madero, lanzó en 1977 a través del decreto 3183.
La idea era instalar ese laboratorio en la planta llamada "Laboratorio de Procesos Radioquímicos (LPR)" de Ezeiza. Su diseño fue elaborado entre 1980 y 1982 por el entonces teniente coronel y doctor en física, Ricardo Rapacioli (ver "Soldado del futuro". Rapacioli falleció en 2000 y se había llevado el secreto militar a la tumba.
El llamado "plan nuclear del Ejército" fue desarrollado en el contexto de la Guerra Fría, de la carrera nuclear con Brasil y cuando la Argentina no había firmado aún el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que prohíbe construir armas atómicas.
El equipo de Rapacioli dependía de la Dirección de Investigación y Desarrollo que estaba bajo jurisdicción del jefe de Operaciones III, general Mario Benjamín Menéndez.
En abril de 1982 en una reunión con científicos civiles del Centro Atómico Bariloche (CAB) en el hospital de esa ciudad, "Rapacioli elogió la decisión de Galtieri de nombrar a Menéndez gobernador de Malvinas y confesó que aquél le había pedido años antes hacer cálculos preliminares de una bomba", reveló a Clarín un físico civil que participó del encuentro y pidió no ser identificado. Los contactos entre Galtieri y Rapacioli habían comenzado en 1976 durante una visita del futuro presidente de facto al instituto Balseiro en el CAB, precisó el físico.
Menéndez (ver aparte) afirmó que no autorizó a Rapacioli a diseñar el laboratorio de plutonio y que antes de Malvinas informó a Galtieri en su carácter de jefe del Ejército en qué proyecto estaba cada uno de los oficiales que estudiaban física nuclear.
No obstante, en el Ejército existe un currículum reservado de 1989 con el cual Rapacioli apoya su postulación para ser ascendido de coronel a general contando sus avances en la tecnología nuclear. Clarín consiguió ese documento tras presentar un recurso de acceso a la información pública basado en el decreto presidencial 1772/03 que fue respondido rápidamente por el jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini.
Entre sus logros científicos y bajo el subtítulo "Capacitación de Aplicación Militar", Rapacioli señala que "en lo nuclear (hizo trabajos) referidos a explosión nuclear" y precisa que diseñó aquel laboratorio de plutonio metálico. El plutonio no es un mineral natural sino un producto químico. Además, es más estable que el uranio y, por lo tanto, más fácil de manipular para la fabricación de bombas nucleares.
Rapacioli agrega que la LPR (ver Un proyecto...) "permite instalar, en su fase final, un laboratorio para obtener plutonio metálico, estudiarlo y obtener piezas a partir del mismo".
El objetivo de la LPR era pacífico y controlado por la Organización Internacional de Energía Atómica: reprocesar los elementos combustibles gastados de Atucha I y Embalse Río Tercero. Pero la tecnología del plutonio es considerada dual, es decir puede servir tanto con fines pacíficos como con objetivos militares.
Al empezar la obra de la LPR, la dictadura cerró un proyecto de menor envergadura que había iniciado Perón para obtener plutonio con fines disuasivos (ver página 36).
El proyecto secreto de Rapacioli consistía en anexar a la LPR de Ezeiza su laboratorio para obtener plutonio metálico. Un laboratorio de este tipo consiste en una caja blindada a prueba de contaminación con brazos robotizados que pueden cortar partes de plutonio para ponerlos en el núcleo de una bomba.
El encargado de la LPR entre 1977 y 1983, el coronel y físico nuclear Luis Argüello, confirmó esta semana a Clarín que Rapacioli visitó varias veces la planta pero "sólo para tomar café" y dijo que nunca recibió la orden de construir una bomba.
Sin embargo, su colega Rapacioli estudió cómo construir un "reflector neutrónico (aumenta el rendimiento del explosivo nuclear)", según dice él mismo en su currículum. Este reflector se usa en las bombas para no perder tantos neutrones y aumentar la potencia explosiva.
De todos modos, para fabricar una bomba como la de Hiroshima se necesitan 12 kilos de plutonio y el Ejército debía dar tres pasos: "la etapa de cálculo; la de diseño y la de construcción", explicó un físico. Un militar que trabajó en el CAB y pidió no ser identificado admitió que junto a Rapacioli hizo cálculos sobre el explosivo "absolutamente rudimentarios" en una vieja computadora IBM/360 del Balseiro.
Otro de los miembros del equipo de Rapacioli era el general y doctor en física Máximo Abbate, quien creó la carrera de ingeniera nuclear en el CAB y falleció en noviembre pasado.
En su carrera militar Abbate fue ascendido siempre con calificaciones excelentes y sus superiores, entre los que se encontraba el general Menéndez, lo apoyaban con frases tales como: "Constituye parte de un equipo en el cual se encuentra depositado el futuro de la política y posibilidades
nucleares de la fuerza", constató Clarín en su legajo.
Este equipo que dirigía Rapacioli completó la primera etapa para fabricar la bomba y diseñó el laboratorio de plutonio, pero luego, por la resistencia de la CNEA y otros motivos que se desconocen, el proyecto se frenó antes de la Guerra de Malvinas.
Si hubiesen querido pasar a la tercera etapa tendrían que haber "desarrollado una ingeniería de explosivos comunes que exploten y provoquen una implosión que comprima el plutonio y se desencadene una explosión nuclear no controlada", entre otras complejas técnicas, explicó un físico. Y para esos pasos necesitaban el apoyo científico de la CNEA.
El laboratorio de plutonio diseñado por Rapacioli no habría llegado a construirse, según fuentes militares y científicas. Es una gran diferencia respecto del plan secreto de los militares brasileños que sí estuvieron a punto de ensamblar una bomba para una prueba explosiva a fines de los ochenta, según reveló el ex presidente José Sarney (ver friso de la página 35). Las dos dictaduras se habían preparado para un hipotético conflicto por el control de los ríos de la cuenca del Plata y las represas de Itaipú y Yacyretá, entre otros motivos.
Aquel diseño del laboratorio y otros trabajos los hizo Rapacioli en el marco del "plan nuclear del Ejército" en forma secreta y paralela al programa pacífico que dirigió el vicealmirante Castro Madero en la CNEA. Castro Madero, quien falleció en 1990, se opuso tenazmente a la construcción de una bomba, a pesar de que la Argentina estaba en condiciones tecnológicas de fabricarla.
Un almirante retirado que pidió no ser identificado contó que Castro Madero "discutió con varios oficiales del Ejército" sobre la hipótesis de construir una bomba y que, incluso, una vez el almirante Emilio Massera tuvo una conversación acalorada con él y terminó diciéndole: "Cuando llegue a ser presidente, usted va a ser el portero de la CNEA".
Las presiones sobre Castro Madero se multiplicaron durante la Guerra de las Malvinas. El almirante Ernesto Fitte, conocido del ex titular de la CNEA, recordó a Clarín que "Castro Madero ni siquiera aceptaba discutir sobre la bomba. Durante la guerra le preguntaron otra vez y contestó: "ni lo piensen. Si construimos una, los británicos nos van a tirar con diez. Es un disparate".
La LPR que quería usar Rapacioli para el plan secreto fue paralizada por el ex presidente Raúl Alfonsín en 1983 por problemas presupuestarios y los militares que estaban a cargo de ella fueron echados sin explicaciones, en un clima de desconfianza.
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MEDIDAS PARA EVITAR QUE LOS EXTREMISTAS CONSTRUYAN BOMBAS ATOMICAS
EE.UU. se lleva materiales nucleares de la Argentina
Se trata de elementos combustibles gastados con uranio enriquecido al 90%. En un operativo reservado y bajo duras medidas de seguridad, ya se llevó los del reactor de Ezeiza y hará lo mismo con los del de Bariloche. Kirchner prometió en la ONU que no caerán en manos terroristas.
Los EE.UU. se llevarán los elementos combustibles gastados del reactor nuclear de Bariloche para evitar que caigan en manos de terroristas que puedan construir con ellos una bomba atómica "sucia".
En forma reservada y bajo fuertes medidas de seguridad a cargo de la Gendarmería, la Secretaría de Energía de EE.UU. ya se llevó 207 elementos gastados de uranio enriquecido al 90 por ciento del reactor de investigación nuclear RA3 de Ezeiza. En los próximos meses, en una fecha que se mantiene en reserva, hará lo mismo con 42 elementos del reactor RA6 de Bariloche.
El proceso había comenzado en el 2000 con el reactor de Ezeiza pero se aceleró como consecuencia de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas del 2001. Los terroristas pueden hacer con esos materiales nucleares bombas "sucias" (ver Cómo se...) o entregárselos a países que están en la lista negra de EE.UU., como Corea del Norte, que tienen la tecnología para aumentar el enriquecimiento del uranio al 99 por ciento y construir una bomba atómica clásica.
Estas medidas están en sintonía con los compromisos que asumió el miércoles el presidente Néstor Kirchner al hablar ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Allí Kirchner dijo que "la proliferación de armas de destrucción masiva y el peligro de su desvío a grupos terroristas constituye hoy más que nunca una clara amenaza a la paz y a la seguridad internacional".
Kirchner destacó que la Argentina es el único país latinoamericano que firmó los cinco regímenes de no proliferación que prohíben la construcción de bombas atómicas y misiles y "atribuye una enorme importancia a la Resolución 1540" del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta compromete a los países a tratar de evitar que las bombas atómicas o sus componentes caigan en manos de terroristas.
A cambio de llevarse este material nuclear, EE.UU. paga la construcción de nuevos elementos, pero con un enriquecimiento de uranio al 20 por ciento y los trabajos de adaptación del núcleo de los reactores, explicó a Clarín el jefe del programa del Ciclo del Combustible Nuclear de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Horacio Taboada.
De esta forma, el Gobierno no sólo aceptar enviar elementos combustibles gastados a EE.UU. sino que también se compromete a hacer un registro de las bombas de cobalto, informó el titular de la CNEA, José Abriata, recientemente en Viena. En la Argentina hay 1.700 centros médicos que tienen elementos radiactivos como las bombas de cobalto que también pueden ser usadas como una bomba "sucia".
El Gobierno también aumentó, a través de la Gendarmería, las medidas de seguridad sobre todos los centros atómicos del país y se comprometió a evitar que haya "fuentes radiactivas huérfanas", es decir que, por ejemplo, se olvide una bomba de cobalto en un hospital cerrado.
Además, el Gobierno está colaborando con países de América Central para que tomen medidas de protección parecidas con todas sus instalaciones nucleares, informó a Clarín el director de Asuntos Nucleares de la Cancillería, Renato Sersale.
Por lo pronto, el Departamento de Energía de EE.UU. se llevó 207 elementos combustibles gastados del RA3 de Ezeiza en veinte contenedores especiales que, en un operativo reservado, se cargaron en Ezeiza y fueron trasladados hasta un puerto, cuyo nombre no se difundió por seguridad (ver fotos al pie). Allí se los embarcó y se los llevó al puerto de Charleston, EE.UU., para su almacenamiento definitivo en el centro atómico conocido como Savannah River.
El recambio de los elementos gastados, la adaptación del núcleo —que hicieron técnicos de la CNEA— y el transporte significó un costo total de unos 8 millones de dólaresque pagaron los EE.UU., en el marco del "Programa de Aceptación de Elementos Combustibles Gastados de Reactores de Investigación Extranjeros", al que la Argentina había adherido. En el 2003, EE.UU. lanzó también el programa contra la amenaza global conocido como GTRI para apurar el retiro de todos los elementos combustibles de este tipo.
Ahora el RA3 de Ezeiza tiene elementos combustibles nuevos con uranio enriquecido al 20 por ciento y con una potencia de 10 megawatios "y sigue siendo el principal productor de radioisótopos para uso medicinal", explicó el jefe de Relaciones Bilaterales de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Dario Jinchuk. Estos radioisótopos permiten realizar, en promedio, 1.500.000 tratamientos médicos por año. En cambio, el RA6, de 0,5 megawatios, es "para el entrenamiento de los nuevos físicos e ingenieros nucleares" del Instituto Balseiro en el Centro Atómico Bariloche.
En los próximos meses, se firmará el contrato con el Departamento de Energía norteamericano para llevarse también los elementos gastados del RA6. A cambio de estos elementos, EE.UU. entregará 26 kilos de uranio enriquecido al 20 por ciento para construir los nuevos elementos y pagará la adaptación del reactor y el transporte. Toda la operación, se estima, costará unos 5 millones de dólares.
Los 42 elementos combustibles del RA6 se cargarán en Bariloche en un contenedor especial, como ya se hizo con el material nuclear del reactor de Ezeiza (ver fotos) y se traerán por camión a un puerto cuyo nombre se mantiene en reserva por seguridad.
Además de conseguir elementos combustibles nuevos, la Argentina "se evita el problema del almacenamiento de los elementos gastados que es muy costoso", subrayó Jinchuk.
Estos cambios abrieron un nuevo nicho de negocios para la Argentina. El ingeniero Jinchuk informó que la CNEA está ofreciendo a otros países el servicio de modificación de núcleos de reactores para poder trabajar con uranio enriquecido al 20 por ciento. Además de la experiencia con el RA3, la CNEA había modificado el reactor nuclear de Irán en 1983, antes de que lo destruyera la Fuerza Aérea de Israel.
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