En su libro “El Profeta”, Gibrán Jalil Gibrán trata de impulsar al lector a cambiar su forma de vida basándose principalmente en llevarla de una forma equilibrada con respecto a la divinidad y la paz interior. Para Gibrán los obstáculos y vicisitudes del mundo son solo pruebas que permiten al hombre evolucionar y avanzar por el camino hacia la purificación, así nos demuestra que el mundo será mejor cuando los hombres sean capaces de acercarse y convivir.
Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad
y, ¿quién puede separarse sin pena de su soledad y su dolor?
Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los hijos de mi
anhelo que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflicción y sin pena.
No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.
Y no es un pensamiento el que dejo, sino un corazón, endulzado por el hambre y la sed.
Cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os
hiriera.
Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal cómo el viento
norte devasta los jardines.
Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen
bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.
Y yo os digo que la vida es, en verdad, oscuridad cuando no hay un impulso.
Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento. Y todo saber es vano cuando no hay
trabajo.
Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.
Y cuando trabajáis con amor, os unís con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.
¿Y qué es trabajar con amor?
Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar
esa tela.
Es construir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella.
Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar
del fruto.
Es infundir en todas las cosas que hacéis el -aliento de vuestro propio espíritu.
Y saber que todos los muertos benditos se hallan ante vosotros observando
La tierra os entrega sus frutos y vosotros no conoceréis necesidad si sabéis solamente cómo
llenaros las manos.
Es en el intercambio de los dones de la tierra donde encontraréis abundancia y seréis
satisfechos.
Pero, a menos que ese intercambio sea hecho con amor y bondadosa justicia, llevará a algunos
a la codicia y a otros al hambre.
eréis, en verdad, libres, no cuando vuestros días estén libres de cuidado ni vuestras.
noches de necesidad y pena. S ino, má s bien, cuando esas cosas rodeen vues tra vida y, s in
embargo, os elevéis sobre ellas desnudos y sin ataduras. Y , ¿cómo os elevaréis más allá de
vuestros días y vuestras noches a menos que rompái s la s cadenas que, en el amanecer de
vuestro entendimiento, atasteis alrededor de vuestro mediodía?
En verdad , eso que llamáis libertad es la má s fuerte de esas cadenas, a pesar de que sus
eslabones brillen al sol y deslumbren vuestros ojos
Y no permitáis más propósito en la amistad que el ahondamiento del espíritu.
Porque el amor que no busca más que la aclaración de su propio misterio, no es amor sino una
red lanzada; y solamente lo inútil es cogido.
Y haced que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo. Si él ha de conocer el menguante
de vuestra marea, que conozca también su creciente.
Algunos hay entre vosotros que buscan al hablador por miedo a estar solos.
El silencio de la soledad revela ante sus ojos su yo desnudo y desean escapar.
Y hay quienes hablan y, sin conocimiento ni premeditación, revelan una verdad que no
comprenden ellos mismos.
Y hay quienes tienen la verdad, pero no la dicen en palabras.
Vuestra vida de todos los días es vuestro templo y vuestra religión.
Cada vez que en él entréis llevad con vosotros todo lo que tenéis.
Llevad el arado y la fragua, el martillo y el laúd.
Las cosas que habéis hecho por gusto o por necesidad. Porque en recuerdos, no podéis
elevaros por encima de vuestras obras ni caer más bajo que vuestros fracasos.
Y llevad con vosotros a todos los hombres.
-Porque, en la adoración, no podéis volar más álto;ue sus esperanzas ni humillaros más
bajo que su desesperación.
Si, en verdad, queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro
corazón en el cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar
son uno también.
En el arcano de vuestras ;esperanzas , y deseos reposa vuestro conocimiento silencioso del
más allá:
Y., como las semillas soñando bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera.
Confiad en los sueños, porque en ellos el camino a la eternidad está escondido.
Sólo cuando bebáis el río del silencio cantaréis de verdad. Y, cuando hayáis alcanzado la
cima de la montaña es cuando comenzaréis a ascender.
Y, cuando la tierra reclame vuestros miembros, es cuando bailaréis de verdad.