La falacia del hombre de paja o del espantapájaros consiste en caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando sus palabras o cambiando su significado para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico.1 Su nombre hace alusión a que el argumentador no combate los argumentos contrarios, sino una imitación falsa y vulnerable de los mismos (el «hombre de paja»), a fin de dar la ilusión de vencerlos con facilidad.
Si no miras de cerca, confundirás al espantapájaros con el argumento real.
Ejemplos
A: Creo que es malo que los adolescentes vayan solos de vacaciones.
B: Obligar a nuestros hijos a quedarse encerrados en casa es perjudicial para su desarrollo emocional.
El argumento de A en ningún momento propuso que los adolescentes debían quedarse encerrados en sus casas.
A: Creo que es malo que los niños salgan solos a altas horas de la noche.
B: ¿Entonces al salir de la casa van a volverse sádicos, drogadictos y violadores?
Aclaración
Para evitar objeciones infundadas en ideas que puedan ser malinterpretadas, es recomendable anticiparse a las críticas, en especial si el hablante sospecha que sus palabras puedan ser usadas malintencionadamente en su contra:
Me parece una muy buena idea que nuestros hijos vayan de campamento, pero por su seguridad deben ir acompañados de algunos adultos [No estoy en contra del viaje, sino de que vayan solos].
Respeto sus costumbres [No estoy en contra de ellas], pero prefiero mi estilo de vida.
No digo que los alumnos deban ir obligatoriamente a peregrinar el próximo sábado, solo propongo la actividad para quienes estén interesados.