El 15 de febrero de 1898, hace ahora cien años, una mina submarina hundió al acorazado norteamericano Maine, fondeado en el puerto de La Habana, Estados Unidos culpó y le declaró la guerra a España, dando un inicio formal a la política de expansión territorial y económica en el Caribe. Estados Unidos ocupó por dos años la isla de Cuba, también Puerto Rico (sometida hasta hoy) y la isla de Guam, también ocupón Hawai y las Filipinas. A comienzos de siglo forzó la ‘independencia’de Panamá con respecto a Colombia para poder ocupar en forma permanente las inmediaciones del canal hacia el Pacífico. Entre 1900 y 1933 las tropas americanas fueron enviadas cuatro veces a Cuba, dos veces a Nicaragua, seis veces a Panamá, siete veces a Honduras, y a la república negra de Haití desde 1915 hasta 1934. El presidente Monroe en 1824 decía que ninguna potencia europea debía tener soberanía sobre territorio americano. Con el correr del siglo, esta doctrina se iría transformando en el intento del propio Estados Unidos por hegemonizar el continente. Paralelamente, los estados de la Unión, que en principio sólo ocupaban el centro y nordeste del actual territorio norteamericano, se fueron extendiendo territorialmente no sólo hacia el centro-oeste, sino ampliando sus fronteras a través de la adquisición de territorios limítrofes en manos de otros imperios: Francia cede la Louisiana, en el sur, en 1803; la península de Florida, bajo el dominio de España desde la conquista de América, es comprada en 1821; entre 1845 y 1848 es ocupado por la fuerza el sudoeste: California, Nuevo México, Texas; en 1867, Rusia cede Alaska. Esta expansión territorial obedecía a la necesidad de consolidar sus fronteras, extenderse desde el Atlántico al Pacífico y, a la vez, correr a otras potencias que pudieran ejercer alguna competencia en la región. Finalizada la guerra civil en 1865 la vía de salida preferida para los productos de las plantaciones sureñas era el río Missisipi, cuya desembocadura estaba justamente enfrentada al extremo occidental de la isla de Cuba. La presencia de una potencia extranjera hostil en ese punto, económicamente estratégico para la Unión del Norte, representaba un problema a largo plazo para Estados Unidos. Fueron varios los intentos norteamericanos por comprar Cuba y Puerto Rico. Ya el presidente John Q. Adams, en 1828, había dejado planteado que Cuba, más tarde o más temprano, se desprendería de su tutela española y caería bajo la órbita norteamericana. El presidente Buchanan, veinte años después, hizo el intento más serio por adquirirla, pero se encontró con la total negativa española. Una república negra en Cuba o Puerto Rico (como Haiti) era inadmisible para Estados Unidos, por su racismo y por sus intereses. De allí que su política entre 1865 y 1895 fuera más de espera que de agresión. Mientras profundizaban la sumisión económica al poderoso dólar norteamericano. Cuba Cuba y Puerto Rico eran las últimas colonias que permanecían en manos españolas al finalizar el siglo XIX. Los grandes terratenientes cubanos, mientas américa se liberaba, prefirieron permanecer bajo el ala española, temerosos del volcán que podía representar la enorme base de esclavos negros sobre la que se asentaba el cultivo de café y azúcar, y con fuertes lazos comerciales con España y con Estados Unidos. Hacia la década de 1860 Cuba es una de las principales productoras de azúcar del mundo, siendo su principal comprador Estados Unidos. Un sector de la oligarquía cubana es partidaria de la autonomía, es decir el autogobierno de la isla pero jurando fidelidad al soberano español. Pero el autonomismo es violentamente relegado y reprimido por el gobierno español. Por otra parte, la enorme dependencia económica de Cuba con respecto a Estados Unidos va creando entre los hacendados el deseo de subordinarse a la gran potencia del norte (tendencia llamada “anexionismo”), cambiando de amo y pasando a ser una estrella más de la bandera yanqui. Además el capital norteamericano se ha ido comiendo al capital nativo, invirtiendo en las grandes haciendas azucareras o ejerciendo el control del precio del azúcar a través de una unión de compradores llamado Trust de Havemeyer. Frente a una oligarquía que se dividía en su servilismo ante España o Estados Unidos, el independentismo estaba resumido a ciertos sectores de la pequeño burguesía liberal, en el seno de la cual nace José Martí, joven abogado que participa de la primera guerra contra España (1868-1878) aunque es rápidamente encarcelado y deportado a España. En mayo de 1895 desembarca en el oriente de Cuba con un contingente de hombres pero muere a los dos meses, el general Máximo Gómez (que ya había comandado la guerra de 1868) y el caudillo mulato Antonio Maceo, morirán en una emboscada al año siguiente. Su táctica, como en la guerra anterior, consistía en no ofrecer batalla abierta al ejército español, mayor en número y en preparación, sino desarrollar una guerra de destrucción: a las plantaciones que no pagaban un “impuesto revolucionario” las incendiaban, quemaban las cosechas, liberaban a los esclavos y los ganaban para la causa revolucionaria. De esta forma fueron generando el caos económico y social en la isla, eludiendo siempre al ejército enemigo y manteniéndose a través del apoyo de las masas populares y de la expoliación de las ciudades que lograban dominar. La política de España de reprimir a sangre y fuego la sublevación, fué salvaje. Sin embargo, la fiebre amarilla mató más soldados españoles que las balas revolucionarias. El hambre y el desabastecimiento hicieron el resto. En 1896 la guerra de independencia de Cuba despertó el interés de Estados Unidos tanto en Cuba como Puerto Rico. Por otro lado, en Filipinas, colonia española en el otro extremo del mundo, estalló también una sublevación independentista dirigida por el general Emilio Aguinaldo. Por último, el destino del decaído imperio español involucraba la salud de la propia monarquía española, jaqueada por las feroz oposición de derecha (ultranacionalista e imperialista) y los cuestionamientos de la izquierda republicana. El gobierno de Cleveland como presidente hasta marzo de 1897 y, a partir de ese mes Mac Kinley, era un claro enemigo de apoyar al bando insurgente, pero era favorable a la desestabilización del poder español, tanto en Cuba como en Puerto Rico. La intención primera no era intervenir militarmente y apoderarse de las islas. En esto era acompañado claramente por los banqueros, Wall Street y por el gran capital invertido en la isla. La escusa perfecta, el hundimiento del Acorazado Maine. En marzo de 1897 cambia el gobierno en Estados Unidos y asume el presidente electo, William MacKinley. Algunos congresistas lo presionan para que elija como Secretario de Estado de la Armada al joven Theodore Roosevelt, que es un decidido y confeso partidario de la guerra contra España. El 15 de febrero de 1898 estalla la santabárbara del barco, que se quiebra en dos y se hunde rápidamente. De una dotación de 355 hombres, mueren 260. La situación de España es muy difícil. Por un lado, el jefe de gobierno, Cánovas sólo quiere negociar con los rebeldes una vez que éstos hayan sido reducidos. Negociar antes de la paz, a sólo uno o dos años del levantamiento, es negociar en retirada y en debilidad. Por otro lado, la independización de las últimas colonias del otrora enorme imperio español (en 1896 se sublevan también las Filipinas), puede hacer entrar en colapso al régimen político y a la monarquía. De hecho, ante la realidad europea que se vive, la vigencia del rey de España está atada a la vigencia del imperio, y éste sin colonias ya no existe. Por otra parte, los costos eran enormes, tanto en dinero como en hombres, ya que éstos caían como moscas ante la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales. Norteamérica acusa deliberadamente al ejército español por el Maine (un nuevo examen de 1975 hecho por el almirante norteamericano Hyman Rickover concluyó que la explosión se debió a errores de diseño del barco, pues la pólvora estaba depositada en contenedores de cobre, en el fondo del barco, al lado de los depósitos de carbón). Mac Kinley envía un ultimátum a España, que cede en todo: amnistía, conversaciones de paz, indemnización a Estados Unidos por el Maine, retiro de tropas, libertad de presos nortemericanos, etc. Pero no cede en la independencia. España era un imperio en decadencia y Estados Unidos una enorme potencia emergente, las continuas vacilaciones, los retrocesos tácticos (otorgamiento de la autonomía) y las concesiones finales, minutos antes de la guerra, no llevaban a otro lugar que a la derrota militar de España. El gobierno español, a esta altura, sólo quería una guerra breve, lo más incruenta posible, aun descontando un resultado negativo. Con ello lograba mantener su integridad política y desarmar los críticas de los ultranacionalistas, poniéndoles delante de la ‘objetividad’ de la derrota bélica. El 21 de abril Estados Unidos declara la guerra a España por la independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El 22, el general Blanco le escribe al general rebelde Máximo Gómez y le propone un acuerdo para rechazar la invasión norteamericana. Los cubanos recibirían armas del ejército español y juntos lucharían contra los yanquis. Sin embargo Gómez responde “Usted representa una vieja y desacreditada monarquía y nosotros luchamos por los mismos principios que Bolívar y Washington … Hasta ahora yo sólo tengo motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al Presidente Mac Kinley y al General Miles agradeciéndoles por la intervención norteamericana… Yo no veo el peligro de nuestra exterminación por los EE.UU. ... es demasiado tarde para entendimientos entre su ejército y el mío”. Como se ve, la dirección del ejército independentista se entregaba atada de pies y manos a su futuro amo. José Martí o Antonio Maceo seguramente no habrían sido tan favorables a una alianza con los norteamericanos. De hecho, Martí planteó la urgencia del levantamiento rebelde en Cuba ante la certeza de que Estados Unidos se aprestaba a apoderarse del Caribe y las Antillas. Su muerte prematura dejó al desnudo la falta de preparación política tanto de la dirección militar como de la Junta de Gobierno provisional en Nueva York, quienes se sometieron todos a los dictados del nuevo salvador. En Filipinas, el joven general Emilio Aguinaldo, que dio comienzo a la guerra de liberación en 1898, se rebeló contra la intervención norteamericana y luchó contra ella hasta que fue apresado. En su guerra de liberación antinorteamericana, más de medio millón de filipinos murieron entre 1898 y 1902. La guerra entre Estados Unidos y España es corta, Frente a Manila se presentó la escuadra del almirante Dewey que, curiosamente, había zarpado de EEUU hacia Hong-Kong antes de que se declarara la guerra (¡qué intuición!). En el palo de su nave insignia las banderas de señales formaban la frase "Recuerden al Maine". La escuadra norteamericana desplazaba el doble de tonelaje que la española y su artillería era muchas veces superior. La desproporción de fuerzas era enorme, cuatro acorazados de metal aplastaron a seis cruceros "de madera" con escaso blindaje. El mejor buque español era el Reina Cristina, una nave construida como velero a vapor completamente anticuada y sin ningún tipo de protección. En Cuba se resume a un ataque por tierra a los cuarteles de la ciudad de Santiago, batalla conocida como de las colinas de San Juan, y una batalla naval en la bahía de Santiago que echará en el olvido toda esperanza de recuperación del ejército español, los datos más fiables sobre las víctimas en el mar reseñan un marinero estadounidense muerto y dos heridos leves frente a 371 muertos, 151 heridos y 1670 prisioneros españoles con toda la flota perdida, su mejor barco, el acorazado Cristobal Colon, no tenia la artilleria instalada.. Rápidamente, Estados Unidos se reúne con España en París y firma el tratado de paz (10 de diciembre de 1898). Estados Unidos no sólo nunca ha reconocido a los rebeldes como fuerza beligerante, sino que se arroga el derecho de firmar el tratado de paz por encima de los intereses y deseos del pueblo cubano. A partir de ahora, Estados Unidos tiene el poder formal y real para hacer lo que quiere. El ejército yanqui ocupa militarmente la isla, el gobierno envía 3 millones de dólares con los cuales se le “compran las armas” a los insurgentes, a razón de 75 dólares por soldado. Con esto logran desarmar a los cubanos y moderar los efectos del desabastecimiento y el hambre que han imperado en la isla durante los últimos 4 años. Los cubanos aprobaron una constitución a la que el gobierno norteamericano le agregó una cláusula (llamada Enmienda Platt por su redactor, el senador Orville Platt), por la cual “el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un gobierno "adecuado" para la protección de vidas, propiedad y libertad individual”. La Enmienda Platt también le prohibía a Cuba firmar tratados con potencias extranjeras que no fueran Estados Unidos, endeudarse por arriba de sus posibilidades de pago, le negaba la soberanía sobre la importante Isla de Pinos y le garantizaba a Estados Unidos la compra de tierras para minas de carbón o estaciones navales. Esta Enmienda fue agregada a la constitución cubana, lo cual fue condición para el retiro de las tropas yanquis. Como resultado, Cuba quedaba reducida a un estado de semiesclavitud, sin fronteras, sin aduanas, sin soberanía. Puerto Rico El problema de Puerto Rico fue más sencillo que el de Cuba. La oligarquía puertorriqueña se volcaba, al igual que la cubana, por el mantenimiento del sometimiento a España o por el autonomismo. El grado de oposición independentista era infinitamente menor que en Cuba. Los pocos revolucionarios que intentaron un levantamiento en 1869 fueron fácilmente reprimidos y los sobrevivientes fueron al exilio. Pero Puerto Rico tenía una posición estratégica en las Antillas que no tenía Cuba: era la isla más avanzada en el océano hacia el este, con lo cual era como la puerta de entrada para todo el Golfo de México. Por el artículo 2 del Tratado de París se afirmaba: “España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones”. Estados Unidos optó por ocuparla en forma indefinida, a diferencia de Cuba para la que preservó el status de semicolonia legal con posibilidad de intervención permanente. Panamá. El canal de Panamá, que ya estaba planificado desde años antes, comunicaría todo el comercio de Europa con Oriente. Por otra parte, era vital para el desarrollo de la costa oeste de Estados Unidos. Norteamérica no podía permitir que hubiera vacilaciones en cuanto a quién dominaría militar y comercialmente ese paso. Panamá era hasta entonces una provincia colombiana. El gobierno norteamericano empezó negociaciones con Colombia de manera de lograr que el canal se construyese por el istmo panameño pero logrando la propiedad de las tierras a ambos lados del canal para Estados Unidos. El parlamento colombiano mostró ciertas reticencias, aumentó el monto exigido como indemnización, y Estados Unidos decidió entonces provocar un levantamiento en la provincia de Panamá, que llevaría a la separación de Colombia. Inmediatamente de producido el levantamiento en Panamá, se declaró su independencia y Bunau Varilla corrió a Estados Unidos a firmar el tratado conocido como Hay-Bunau Varilla, por el cual se le otorgaba a Estados Unidos la soberanía a ambos lados del canal a construirse. Cuando el delegado de la junta de gobierno panameño llegó a la Casa Blanca para acreditarse y negociar la construcción del canal, se encontró con que el tratado ya había sido firmado. Esto es lo que los yanquis llaman libertad en la competencia: Bunau Varilla firmó y al gobierno de Roosevelt no le importaron las acreditaciones legales correspondientes. Tan escandalosos fueron los sucesos de Panamá, dentro y fuera de Estados Unidos (porque aun el avasallamiento y la esclavización deben mantener ciertas formas a las que Roosevelt no era afecto), que pasados algunos años Estados Unidos debió indemnizar a Colombia, expresando “un sincero pesar por lo ocurrido el 3 de noviembre en Panamá, que hubiera podido ser causa de interrupción de la relación entre los dos países”. Por el Tratado Thomson-Urrutia, de 1914, Colombia podía atravesar libremente el canal de Panamá, transportando armas, mercaderías o tropas, sin pagar ningún derecho a Estados Unidos. Como se puede apreciar, la intervención yanqui en el Caribe fué el principio de su política imperialista, que dará justificación a la seguidilla de avasallamientos en toda América Latina y en el mundo. Todabia quieren Cuba, no pretenden liberar a Puerto Rico y todabia controla (económicamente) el canal de Panamá.
Como los Yankis fueron por Cuba, Puerto Rico y Panamá
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