El artículo expuesto a continuación se encuentra disponible en mi página web personal ---> http://www.***/andrello88/relatosviolentos Voy a subir cada artículo en Taringa dado que la página aún no aparece en los motores de búsqueda de google. Espero les sirva. Saludos!Retrato de una masacre: El caso Barreda Quince días corrían del anteúltimo mes del año 1992… Otra cálida mañana de domingo en La Plata… Delgado, de tez blanca y con anteojos que escondían esa mirada de hombre cansado, el odontólogo Ricardo Barreda se levantó con ánimos de llevar a cabo trabajos hogareños. Quizás hasta ese momento desconocía que minutos más tarde protagonizaría una de las masacres más recordadas en la historia criminal reciente de Argentina. Barreda contaba con 56 años para ese entonces y estaba casado con Gladys McDonald (quien tenía 1 año más que Barreda). Con ella tuvo dos hijas: Adriana y Cecilia. La primera, de profesión abogada, tenía 24 años al momento de la masacre. La segunda (odontóloga como su padre) tenía 26. Elena Arreche, la suegra de Barreda, tenía 86 años y también formaba parte de aquel hogar típico platense. El odontólogo bajó las escaleras de su casa esa mañana. Estaba tranquilo y nada parecía perturbarlo. Llegó a la cocina en donde se encontraba su esposa y le dijo con entusiasmo que iba a limpiar las telarañas que había en el techo. Gladys McDonald le respondió con ironía y con un halo de desprecio: “mejor que vayas a hacer eso. Andá a limpiar que los trabajos de conchita son los que mejor te quedan, es para lo que más servís”. Según Barreda no era la primera vez que se lo decía, pero esta vez le había molestado de sobremanera. Su respuesta fue concisa e inmediata: “el conchita no va a limpiar nada la entrada, el conchita va a atar la parra”Se dirigió hacia el armario para buscar un casco que había comprado para evitar accidentes hogareños. Una vez allí no sólo encontró el casco de obrero de la construcción sino también la escopeta española de dos caños Víctor Sarasqueta calibre 16.5, que su suegra le había traído de Europa años atrás. Allí mismo decidió dejar de lado la limpieza del techo y tomar la decisión que lo marcaría por el resto de su vida: matar a su familia. Con la misma habilidad que usaba un torno, sujetó la escopeta con una mano y juntó algunos cartuchos olvidados que había al lado en una caja. Su ego tomó protagonismo, cargó la escopeta con movimientos sutiles, guardó algunos cartuchos de repuesto en su guardapolvo y movido por su sed de venganza comenzó la cacería… Se dirigió rápidamente hacia la cocina donde se encontraban su esposa y su hija menor Adriana: El baño de sangre había comenzado: la primera víctima fue su esposa. Efectuó varios disparos a quemarropa y la mató al instante… Horrorizada ante tal situación, Adriana gritó: “¡mami, está loco!”. Eso fue lo último que dijo. Sus últimas palabras se esfumaron rápidamente entre los estruendos. El ruido de los disparos hizo que Elena Arreche (según Barreda “la desintegradora de la familia”) bajara las escaleras para ver qué pasaba. Serían esos sus últimos pasos. Allí se encontró rápidamente con la muerte producto de un certero disparo del odontólogo. Quedaba alguien más: Cecilia, su hija preferida, quien abalanzada sobre el cuerpo ensangrentado de su abuela exclamó por última vez: “¡que hiciste hijo de puta!” La masacre había concluido, en menos de cinco minutos, nueve disparos distribuidos entre sus cuatro víctimas dos disparos a su mujer, dos a su suegra, dos a su hija mayor Cecilia y tres su hija menor Adriana. Todavía aturdido por la situación y los disparos, Barreda se dispuso a limpiar la escena del crimen: sacó todos los cartuchos sueltos, los colocó prolijamente en una caja y los escondió en el baúl de su auto. Acto seguido, decidió montar un escenario en donde parecía que ese caos de sangre y horror fue producto de un robo. Para ello desordenó las habitaciones de sus víctimas y alteró las ubicaciones de algunos muebles. Impertérrito, arrancó su Ford Falcon y comenzó el recorrido para borrar la evidencia que faltaba: arrojó los cartuchos en una boca de tormenta y hundió la escopeta en un canal cercano a Punta Lara (una reserva natural situada a 18 km de La Plata). Posteriormente visitó el zoológico, y después se dirigió al cementerio a “conversar con mis viejos”. El recorrido continuaría en un Hotel Alojamiento cerca de las 16:30, al cual llegó con Hilda Bono, su amante. Finalmente el odontólogo regresó a la medianoche, encontrándose con la sangre aún fresca de los cuatro cuerpos desparramados de manera uniforme por toda la casa. Con gestos fingidos de confusión llamó a una ambulancia. Minutos después llegaría la policía para hacer las primeras pericias en medio de ese aparente desconcierto. La confesión no se haría esperar mucho: una vez trasladado a la Seccional I de la Plata, el Comisario Angel Petti le acercó a su celda el Código Penal y le señaló inmediatamente el artículo 34, en donde aparece la figura del inimputable. Esta situación le dio algo de tranquilidad a Barreda, quien enseguida admitió que había cometido la masacre al mismo tiempo que se justificaba diciendo que dentro de la casa lo maltrataban. Tres años después, el 14 de agosto de 1995, el artículo 34 del Código Penal no le serviría de ardid al odontólogo. Ricardo Alberto Barreda fue condenado a reclusión perpetua en un fallo que resultó dividido: los magistrados Eduardo Hortel y Luis Soria (h) lo declararon “imputable”, mientras que la jueza María Clelia Rosentock lo encontró “inimputable” en sus actos. Durante el juicio oral y público (uno de los más vistos por la televisión argentina) el odontólogo reveló (con la templanza que se mostró a lo largo de todo el juicio) cada detalle de la masacre y aseguró que mató a su esposa, sus dos hijas y su suegra debido a la humillación que sufría constantemente. Agregó: “si las circunstancias se volvieran a dar, yo actuaría de la misma manera. No podría haber evitado lo sucedido, estaba bajo un cuadro de degradación y humillación”. Una vez en prisión Barreda estudió Derecho y se recibió de abogado. El 23 de mayo de 2008 le fue concedida la prisión domiciliaria hasta que en enero de 2011 fue captado por las cámaras de Canal 9 mientras acudía a una farmacia en el Barrio de Belgrano, donde residía junto a su novia Berta André. Después de vaivenes mediáticos y judiciales un mes después, la Sala I de la Cámara Penal de la Plata conformada por Pedro Soria y María Oyhamburu volvió a concederle al odontólogo el beneficio de la prisión domiciliaria. Y allí se encuentra.“Fue un momento único e irrepetible” dijo Barreda…
Retrato de una masacre: El caso Barreda
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