Escrito por: Lic Ramón D. Peralta
Argentina es un hermoso país, solo eclipsado por los mismos argentinos. La amnesia colectiva es nuestro estigma, y no solo nos olvidamos a quien votamos, luego de que nuestras idolatrías fracasan (ver caso Menem y otros), sino que ademas solemos dejar en el olvido a nuestros mas insignes hombres y en especial mujeres de la cultura. Con esto solo digo que me gustaría que nos hagamos mas amigos de la justicia, o bien procuremos darnos una oportunidad como sociedad, no retardando mas, nuestra maduración sociológica. Quizá solo sea falta de cuidado, quizá sea falta de amor por lo nuestro, no se, quizá solo sea un falso o amorfo patriotismo.
País amnésico, se diría, es el nuestro. Tal vez no difiera demasiado de otros, tal vez incluso estemos mejor que otros, pero cuando uno ve la manera, en como otras culturas cuidan las obras de sus creadores y autores, y se compara con el abandono en que dejamos a los nuestras, no se puede menos que sentir pena.
Tampoco pienso que sea particularmente positivo poseer la memoria de Funes, el personaje de Borges, ya que la selección del tiempo es asimismo necesaria. El problema se presenta cuando esa selección la hace el azar, u otros criterios que poco tienen que ver con el valor literario. De cualquier modo, si pensamos en otros olvidos y desatenciones, preferimos callarnos.
Dado que en la Argentina la crítica profesional es bastante escasa, suelen hacerse cargo de la tarea los mismos escritores. Esto tiene algunas ventajas, es cierto, pero también sus serios inconvenientes, como el hecho evidente de que los autores proceden de acuerdo con sus intereses creativos, en el mejor de los casos, con su ingeniería literaria, o por la política a secas, en el peor. La memoria crítica, entonces, puede ofrecer amplias lagunas. Una clara muestra de esto, al menos en lo que atañe al ámbito de la poesía, que es el que conozco mejor, podría ser el primer tomo de la Historia crítica de la literatura argentina dirigida por Noé Jitrik.
De allí que sea posible hablar, no sólo de libros, sino también de obras completas olvidadas, e incluso de generaciones poéticas que esperan que alguien se acuerde de ellas. Y no me refiero a autores menores, sino a poetas realmente valiosos, que en cualquier otro país serio, ya contarían con sus buenas ediciones anotadas. Pienso, por ejemplo, en la "generación del 40", y quizá más injustamente aún, en los poetas que surgieron entre el modernismo y la vanguardia, los llamados "postmodernistas", que conformaron un grupo poético sin parangón en la lírica hispanoamericana de la época. Pese a la estimación de Borges, ¿alguien lee hoy la poesía de Ezequiel Martínez Estrada? Y, fuera de algunos textos sueltos, ¿qué poeta joven ha leído atentamente las obras de Baldomero Fernández Moreno? ¿Y a Rafael Alberto Arrieta, Pedro Miguel Obligado, Luis Franco, Conrado Nalé Roxlo, José Pedroni, Carlos Mastronardi, Francisco López Merino, Fray Mocho, Ricardo Gutierrez, Olegario Victor Andrade...? Sus libros merecen, a mi juicio, una relectura presente y futura. Son parte valiosa de nuestro patrimonio cultural,...por favor, que no se pierda en el olvido:
Luís Franco
Francisco Lopez Merino
Una de las injusticias más notables de la no memoria de nuestra cultura es el olvido de Héctor A. Murena. No de un libro en particular, sino de todo Murena, quien escribió novelas, poesías, ensayos y piezas de teatro que en conjunto hacen una obra que hoy es casi desconocida. Preguntar hoy por este autor a la gente joven y no tan joven es como preguntar por alguien inexistente, a pesar de algunos intentos muy aislados de rescatarlo cada tanto.
Héctor A. Murena
Me interesa enfatizar que Murena es un todo, es un pensador, que produce en distintos géneros, aunque podría decirse que es esencialmente un ensayista. Vivió entre 1923 y 1975, y tuvo un momento de auge. Por los años '60, la literaturaargentina casi que se dividía entre murenistas y antimurenistas. Murena estuvo vinculado pero también peleado con la revista Sur. Fue por una parte una especie de hijo mimado de Victoria Ocampo, y eso despertaba la ira de los enemigos de Sur. Pero lo cierto es que fue intolerable tanto para la derecha como para la izquierda. Murena nunca se enroló en una posición política que no fuera la política de una crítica acerva e intensa a la cultura de la época.
Hoy, a la distancia, podemos rescatar de él un pensamiento de una actualidad sorprendente. En algunos de sus ensayos, donde habla de la técnica como un elemento sustancial de la constitución, o más bien diría destrucción de nuestra civilización, hay un enorme parecido con lo que podría pensar Martin Heidegger. A mí me gusta compararlo además con Benjamin, por su lectura a contra pelo de todo, y por otro con ese gran ensayista que es George Steiner.
Hay en Murena, al igual que en Steiner, una creciente búsqueda de lo trascendente como fundamento de lo humano y de toda expresión artística. Uno de los libros más bellos de Murena, La metáfora y lo sagrado, tiene algo de Presencias reales de Steiner. Murena fue también un crítico intenso de la modernidad, una crítica que ahora está un poco de moda, por buenas y malas razones. Su primer gran ensayo, que en su momento tuvo una gran repercusión, fue El pecado original de América, donde se funden un profundo antifascismo y un similar antinorteamericanismo. Murena resulta hoy completamente ignorado. Y me temo que un pensamiento como el suyo, que se fue haciendo crecientemente místico, difícilmente vaya a ser rescatado en una época y en mundo que tiende cada vez más al facilismo y la ligereza.
PODEMOS OLVIDARNOS DE NUESTROS POLÍTICOS, PERO ES IMPERDONABLE HACERLO CON NUESTRA CULTURA.
Argentina es un hermoso país, solo eclipsado por los mismos argentinos. La amnesia colectiva es nuestro estigma, y no solo nos olvidamos a quien votamos, luego de que nuestras idolatrías fracasan (ver caso Menem y otros), sino que ademas solemos dejar en el olvido a nuestros mas insignes hombres y en especial mujeres de la cultura. Con esto solo digo que me gustaría que nos hagamos mas amigos de la justicia, o bien procuremos darnos una oportunidad como sociedad, no retardando mas, nuestra maduración sociológica. Quizá solo sea falta de cuidado, quizá sea falta de amor por lo nuestro, no se, quizá solo sea un falso o amorfo patriotismo.
País amnésico, se diría, es el nuestro. Tal vez no difiera demasiado de otros, tal vez incluso estemos mejor que otros, pero cuando uno ve la manera, en como otras culturas cuidan las obras de sus creadores y autores, y se compara con el abandono en que dejamos a los nuestras, no se puede menos que sentir pena.
Tampoco pienso que sea particularmente positivo poseer la memoria de Funes, el personaje de Borges, ya que la selección del tiempo es asimismo necesaria. El problema se presenta cuando esa selección la hace el azar, u otros criterios que poco tienen que ver con el valor literario. De cualquier modo, si pensamos en otros olvidos y desatenciones, preferimos callarnos.
Dado que en la Argentina la crítica profesional es bastante escasa, suelen hacerse cargo de la tarea los mismos escritores. Esto tiene algunas ventajas, es cierto, pero también sus serios inconvenientes, como el hecho evidente de que los autores proceden de acuerdo con sus intereses creativos, en el mejor de los casos, con su ingeniería literaria, o por la política a secas, en el peor. La memoria crítica, entonces, puede ofrecer amplias lagunas. Una clara muestra de esto, al menos en lo que atañe al ámbito de la poesía, que es el que conozco mejor, podría ser el primer tomo de la Historia crítica de la literatura argentina dirigida por Noé Jitrik.
De allí que sea posible hablar, no sólo de libros, sino también de obras completas olvidadas, e incluso de generaciones poéticas que esperan que alguien se acuerde de ellas. Y no me refiero a autores menores, sino a poetas realmente valiosos, que en cualquier otro país serio, ya contarían con sus buenas ediciones anotadas. Pienso, por ejemplo, en la "generación del 40", y quizá más injustamente aún, en los poetas que surgieron entre el modernismo y la vanguardia, los llamados "postmodernistas", que conformaron un grupo poético sin parangón en la lírica hispanoamericana de la época. Pese a la estimación de Borges, ¿alguien lee hoy la poesía de Ezequiel Martínez Estrada? Y, fuera de algunos textos sueltos, ¿qué poeta joven ha leído atentamente las obras de Baldomero Fernández Moreno? ¿Y a Rafael Alberto Arrieta, Pedro Miguel Obligado, Luis Franco, Conrado Nalé Roxlo, José Pedroni, Carlos Mastronardi, Francisco López Merino, Fray Mocho, Ricardo Gutierrez, Olegario Victor Andrade...? Sus libros merecen, a mi juicio, una relectura presente y futura. Son parte valiosa de nuestro patrimonio cultural,...por favor, que no se pierda en el olvido:
Luís Franco
Francisco Lopez Merino
Una de las injusticias más notables de la no memoria de nuestra cultura es el olvido de Héctor A. Murena. No de un libro en particular, sino de todo Murena, quien escribió novelas, poesías, ensayos y piezas de teatro que en conjunto hacen una obra que hoy es casi desconocida. Preguntar hoy por este autor a la gente joven y no tan joven es como preguntar por alguien inexistente, a pesar de algunos intentos muy aislados de rescatarlo cada tanto.
Héctor A. Murena
Me interesa enfatizar que Murena es un todo, es un pensador, que produce en distintos géneros, aunque podría decirse que es esencialmente un ensayista. Vivió entre 1923 y 1975, y tuvo un momento de auge. Por los años '60, la literaturaargentina casi que se dividía entre murenistas y antimurenistas. Murena estuvo vinculado pero también peleado con la revista Sur. Fue por una parte una especie de hijo mimado de Victoria Ocampo, y eso despertaba la ira de los enemigos de Sur. Pero lo cierto es que fue intolerable tanto para la derecha como para la izquierda. Murena nunca se enroló en una posición política que no fuera la política de una crítica acerva e intensa a la cultura de la época.
Hoy, a la distancia, podemos rescatar de él un pensamiento de una actualidad sorprendente. En algunos de sus ensayos, donde habla de la técnica como un elemento sustancial de la constitución, o más bien diría destrucción de nuestra civilización, hay un enorme parecido con lo que podría pensar Martin Heidegger. A mí me gusta compararlo además con Benjamin, por su lectura a contra pelo de todo, y por otro con ese gran ensayista que es George Steiner.
Hay en Murena, al igual que en Steiner, una creciente búsqueda de lo trascendente como fundamento de lo humano y de toda expresión artística. Uno de los libros más bellos de Murena, La metáfora y lo sagrado, tiene algo de Presencias reales de Steiner. Murena fue también un crítico intenso de la modernidad, una crítica que ahora está un poco de moda, por buenas y malas razones. Su primer gran ensayo, que en su momento tuvo una gran repercusión, fue El pecado original de América, donde se funden un profundo antifascismo y un similar antinorteamericanismo. Murena resulta hoy completamente ignorado. Y me temo que un pensamiento como el suyo, que se fue haciendo crecientemente místico, difícilmente vaya a ser rescatado en una época y en mundo que tiende cada vez más al facilismo y la ligereza.
PODEMOS OLVIDARNOS DE NUESTROS POLÍTICOS, PERO ES IMPERDONABLE HACERLO CON NUESTRA CULTURA.