InicioCiencia EducacionComo se formó la Tierra. Ciencia, no mitos
El Planeta Tierra es parte de un sistema planetario denominado Sistema Solar. Así, el origen de cada uno de los planetas que forman este sistema debe relacionarse con algunos eventos de trascendencia mayor.

Para explicar fenómenos de tanta envergadura como el origen del Sistema Solar o de cada uno de los planetas, siempre se encuentran hipótesis (afirmaciones basadas en conocimiento previo que explican un fenómeno) alternativas.


Mirá el video, tiene una duración de 1h 34' y esta abordado de manera científica.





Una de las hipótesis más aceptadas sobre el origen del. Sistema Solar (sol y planetas) es la conocida teoría del Big-Bang o "hipótesis nebular".

En síntesis, y en forma muy simplificada, esta hipótesis sostiene que en "algún tiempo" anterior a unos 4.500 millones de años atrás el Sistema Solar en formación, no era sino que una "nebulosa" de polvo cósmico y gases. Dicha nebulosa se habría formado producto de la explosión (Big-Bang) de una supernova (técnicamente una supernova ocurre cuando una estrella particular quema su material nuclear, de modo que su fuerza gravitacional deja de ser balanceada por la energía nuclear).

Es posible que el inicio del Sistema Solar haya ocurrido a continuación de tal explosión (el planeta Tierra es, así, uno de los productos de la muerte de una gran estrella).

Habiéndose formado la "nebulosa" producto de la explosión del Big-Bang, necesariamente se inicia un proceso de contracción del polvo cósmico y gases, producto de la fuerza gravitacional de las partículas. Así, es posible pensar que comienza la formación de "masas centrales" o nacimiento del Sistema Solar y de los planetas.

La Tierra se originó al mismo tiempo que el Sol. Cuando nuestra estrella se condensó a partir de una nube de gases interestelares, una pequeña parte de esa materia se quedó girando en un disco fuera del cuerpo principal.

La teoría actual nos dicta que en este disco, las fuerzas gravitatorias actuaron para unir la materia en lo que los astrónomos llaman corpúsculos espaciales, pedazos de roca y líquidos helados que se alineaban en tamaño desde unos pocos metros a unos cuantos kilómetros de diámetro. Estos corpúsculos espaciales empezaron a unirse para formar los planetas, incluida la Tierra.

Mientras se formaba, la Tierra se fue calentando y volviéndose diferenciada. Cada vez que un corpúsculo espacial se unía a la recién formada Tierra, su energía cinética se convertía en calor, y el efecto resultante de esos impactos era fundir la recién formada masa.

Durante esta fase de calentamiento, los materiales pesados (como el hierro) se hundieron hacia el centro de la Tierra, mientras que los materiales más ligeros (como los minerales de silicio) flotaban hacia arriba.

Como los ingredientes del aliño de una ensalada que se han dejado posar durante demasiado tiempo, los distintos materiales de la Tierra se separaron unos de otros. Los geólogos dicen que la Tierra se volvió “diferenciada” durante esta primera fase de su existencia.
La radiactividad produjo calor en la nueva Tierra. El gas del que se formó el sistema solar contenía un cierto complemento de núcleos radiactivos. A medida que esos núcleos se incorporaban a la Tierra, siguieron sufriendo desintegración radiactiva, generando calor mientras lo hacían.

La diferencia entre el calentamiento radiactivo y el calentamiento por impacto es que el bombardeo cesó casi por completo una vez la mayor parte del material liberado en las inmediaciones de la Tierra fue incorporado.
El calentamiento radiactivo, por su parte, sigue aún hoy en día, y continuará hasta que todos los núcleos inestables se hayan desintegrado.

La Tierra tiene una estructura a capas. En el centro están los materiales más pesados, en su mayor parte níquel y hierro, en una estructura llamada núcleo terrestre. Hay un núcleo interno sólido de un radio de poco menos de 1.300 kilómetros de radio, rodeado por un núcleo exterior líquido que se extiende hacia fuera otros 2.000 kilómetros.
Por encima del núcleo, en un espesor de 3.000 kilómetros y extendiéndose casi hasta la superficie, está el manto, una región de la Tierra formada principalmente por una roca sólida.
Finalmente, la parte externa de la Tierra (apenas los últimos 50 kilómetros) está formada por rocas más ligeras y recibe el nombre de corteza. Tanto los continentes como el fondo de los océanos forman parte de la corteza.

Los materiales de la Tierra han sido segregados de acuerdo con su densidad, con los materiales más pesados localizados en el centro y los más ligeros en la superficie.
Aun así, el proceso de diferenciación de la Tierra no fue completo, y quedaron rastros de metales pesados en la superficie del planeta. Estos rastros son los que se explotan en las minas para extraer los metales que utilizamos.

El núcleo tiene a la vez una parte sólida y otra líquida porque tanto temperatura como presión se incrementan a medida que profundizamos más, de modo que a la presión inferior de la capa externa del núcleo el hierro-níquel todavía puede permanecer en estado líquido, pero más hacia el centro está comprimido a una forma sólida.
Cuanto más descendemos en la Tierra, más calor hace, y aunque los detalles pueden variar de un lugar a otro, la regla general es que, una vez llegamos a más de unos pocos cientos de metros bajo la superficie, las orcas se calientan varios grados por cada 300 metros de profundidad.

Es por eso por lo que las minas profundas (como las de oro) son lugares tan incómodos para trabajar: no es en absoluto raro que la temperatura de las rocas exceda los 55 grados cuando son abiertos nuevos pozos.
El calor fluye hacia fuera de la Tierra porque el interior está caliente. Este flujo representa sólo el 2 por ciento de la energía que llega del Sol, de modo que tiene poco efecto en los sistemas vivos.
Sin embargo, es extremadamente importante en los procesos geológicos. La cantidad de energía que desprende un metro cuadrado de superficie de la Tierra (por término medio) sería suficiente para hacer funcionar constantemente dos televisores.







Formación de la Vida

Los primeros seres vivos aparecidos en ese planeta Tierra así formado fueron organismos procariontes (no contienen membranas internas que separen al núcleo del citoplasma) durante una época primitiva (4.600 a 2.600 millones de años atrás) de la tierra cuando la atmósfera no tenía oxígeno o cuando la concentración de éste era muy reducida.

Los eucariones (tienen separado el núcleo del citoplasma) se originaron de algún tipo de procarionte durante un tiempo (2.500 millones de años atrás) en el que el contenido de oxígeno de la atmósfera era alto y estable.

Hacia el Pre-cámbrico temprano, 3.000 millones de años atrás se deben haber encontrado las primeras células vivas. Presumiblemente eran pequeñas, esferoidales, anaeróbicas y procariontes. Probablemente fueron organismos similares a las bacterias del tipo clostridium que vivían en ambientes acuáticos rodeados de moléculas orgánicas que facilitan los procesos de fermentación. No existen fósiles por razones obvias: La atmósfera no poseía capa de ozono y a la tierra llegaba una gran cantidad de radiación solar ultravioleta.

Hacia 670 millones de años atrás se encuentran los primeros fósiles de animales que corresponden a animales de cuerpos blandos (gusanos)... PERO TODO ESTO Y MUCHO MÁS ESTÁ EN EL VIDEO...


PARA SABER MÁS MIRÁ EL VIDEO...

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