InicioApuntes Y MonografiasLa Isla Del Tesoro : Existe



La Isla del

Tesoro

Mapa que aparece en el libro escrito por Harold Wilkins El capitán Kidd y su isla del Esqueleto, en el que se halla esta isla no identificada cuyo parecido con Oak Island es asombroso.




La Isla del Tesoro ¡existe!

Nada hay más misterioso que los tesoros ocultos. Entre todos ellos sobresale el mítico tesoro que da nombre a la legendaria <Isla del Tesoro>, que ha inspirado multitud de relatos y películas y cuyo origen se encuentra en la existencia verdadera de un fabuloso tesoro que piratas de los siglos XVI y XVII escondieron en una isla del océano Atlántico. Pero, ¿quién fue el pirata? ¿Dónde se encuentra esa isla? ¿Cuál es el misterioso tesoro?

Por las cartas de navegación y mapas encontrados, el pirata pudo haber sido el capitán William Kidd, que fue ahorcado en Londres en 1701. la famosa Isla del Tesoro en realidad es Oak Island (Isla de los Robles), que se encuentra en la bahía de Mahone, frente a la costa de Nueva Escocia, en Canadá. Se sabe que los piratas, ante las vicisitudes de una tragedia, enterraron un fabuloso tesoro que habían robado de los galeones españoles.

Vista aérea de oak Island. Probablemente, ésta sea la isla con más intentos de hallar un tesoro de todo el mundo. Por ella han pasado todo tipo de buscadores con el objetivo de encontrar el supuesto tesoro, desde solitarios personajes, armados únicamente de pico y pala, hasta importantes empresas con modernos y sofisticados equipos de extracción. Por el momento, nadie ha conseguido desvelar el secreto que esconde el pozo.






A la búsqueda del tesoro

Durante 200 años, Oak Island ha sido objeto de diversas expediciones en busca del tesoro. La primera tuvo lugar en 1795 cuando un grupo de jóvenes, dirigidos por Daniel McGinnis, un muchacho de 16 años de edad, y sus dos compañeros, John Smith de 20 y Anthony Vaughan de 13 años, con una canos y cargados de palas, cuerdas y lámparas se dirigieron hasta la isla de Oak.

En un claro del frondoso bosque del extremo oriental de la isla, encontraron una extraña señal consistente en un viejo aparejo de un barco colgado del único árbol que había en aquella zona; todos los demás habían sido talados. El indicio señalaba de forma inequívoca que en aquel lugar estaba enterrado el tesoro del capitán Kidd.

Intrigados, cavaron en la base del árbol hasta descubrir la boca de un pozo circular de 4 m de diámetro. Continuaron excavando en la tierra y a 3 m de profundidad encontraron una plataforma de gruesa madera de roble. Siguieron tierra adentro y a los 6 m hallaron otra plataforma idéntica a la anterior. A los 9 m localizaron una tercera plataforma de roble.

Habían descubierto el <Money Pit> (pozo del Tesoro), pero no consiguieron encontrar el tesoro. La dureza de las excavaciones y la falta de recursos hizo que los jóvenes se desanimaran y abandonaran la búsqueda. No obstante, el camino hacia el tesoro ya se había encontrado.

El cofre del tesoro

En 1804, un acaudalado promotor llamado Simeon Lynds, vecino de Nueva Escocia, contrató a los mismos muchachos y financió una expedición a la excavaciones contando con expertos mineros. El terreno lo había adquirido John Smith.

Profundizaron en el pozo y encontraron otras cinco plataformas de madera de roble estratégicamente situadas a intervalos de 3 m de distancia unas de otras. Sin embargo, tres de ellas estaban cerradas y selladas con masilla mezclada con fibras de coco. Cuando alcanzaron los 30 m de profundidad hallaron una misteriosa <piedra clave> completamente lisa, que no procedía de la isla, y la que se habían escrito extraños símbolos crípticos cuya interpretación era un enigma. Contando con la colaboración de un profesor, experto en idiomas antiguos, se desentrañó el misterio de los signogramas que decía: <Tres metros más abajo hay enterrados dos millones de libras> (10 millones de dólares). Después de 1935 la <piedra clave> desapareció.

Continuaron excavando. En los siguientes 3 m de profundidad dieron con una masa sólida. El pico de un minero chocó contra un objeto duro y grande que abarcaba la totalidad del pozo; sin duda era el <Cofre del Tesoro>. Era la noche del sábado y la falta de visibilidad y el cansancio acumulado tras una semana de duro trabajo obligó a dejar el supuesto cofre para el día siguiente. El lunes, se encontraron el lugar convertido en un lodazal, cada dos cubos de tierra que extraían uno era de agua, el pozo estaba completamente inundado. ¿Cómo sacar el agua? Conectaron una bomba de extracción que estuvo funcionando hasta que acabó por quemarse. Tantas dificultades les desanimaron y abandonaron la empresa por considerarla imposible.

Descubrimientos enigmáticos

En 1849, la compañía <Truro, de la que el ya anciano Anthony Vaughan (uno de los jóvenes descubridores) formaba parte como asesor, llevó a cabo otra excavación. Descubrieron nuevas cámaras que contenían pequeños cofres de madera que consiguieron recuperar. En el interior de los cofres había trozos de cadenas de oro puro y piedras preciosas. El tesoro se lo agenció el deshonesto capataz James Pitblado.

Siguieron las excavaciones y a la profundidad de 35 y 50 m encontraron dos canales construidos por el hombre que conducían hasta la playa de Smith’s Cove. Los canales estaban recubiertos con fibras de coco y algas que actuaban de esponja absorbedora del agua que procedente del mar inundaba continuamente los conductos. El examen de las fibras de coco determinó que procedía del sur del Pacífico. En 1865, la compañía Truro abandonó la búsqueda.

Los buscadores de tesoro fueron apareciendo por Oak Island durante todo el siglo XIX y ya entrado el XX, siempre ligados a Isaac Blair, que había efectuado las exploraciones en las últimas décadas del siglo XIX, y después a su sobrino Frederick Blair. Sólo consiguieron extraer pequeñas cosas, como un trozo de pergamino, una lámpara, un hacha y un ancla, objetos que estimularon el interés en las excavaciones.

Cuando el viejo Frederick Blair murió en 1938, confesó algo enigmático que contribuyó a enmarañar más el misterio de Oak Island: <vi lo suficiente para convencerme de que hay un tesoro escondido allí, y lo suficiente para convencerme de que nadie lo obtendrá>. Sus palabras fueron proféticas.





Localización del tesoro

Necesariamente tenía que existir un camino oculto que permitiera llegar hasta el tesoro. Para descubrirlo, un consorcio compuesto por 48 personas adineradas, estadounidenses y canadienses, formaron en 1970 la Triton Alliance Company, que dirigida por un aventurero y excontrabandista de Miami llamado Daniel Blankenship, intentó llegar al tesoro penetrando en las cavidades inundadas que resultaban imposible de vaciar.

Para ello utilizaron las más modernas y sofisticadas técnicas. Con puntas de acero consiguieron taladrar más profundamente el pozo hasta llegar a los 70 m. Con una cámara de televisión submarina provista de iluminación especial exploraron la caverna inundada. En una oquedad abierta en la pared vertical del pozo vieron tres cofres agrupados y una mano humana cortada que se conservaba intacta.

Cuando consiguieron abrir lo suficiente el canal de acceso unos submarinistas bajaron hasta el fondo de la caverna con la intención de recuperar los cofres con el tesoro. La propia actividad orgánica de los materiales en suspensión existentes en la caverna, que eran activados por el flujo continuo del agua subterránea unido a los movimientos del agua provocados por los propios escafandristas, impidió la visibilidad y en una primera inmersión no consiguieron encontrarlos.

Cuando Blankenship y sus hombres se disponían a intentarlo de nuevo y ya se encontraban en el interior del pozo, de repente, a 18 m por encima de sus cabezas cedieron los encofrados de acero y todo se hundió. Fue una catástrofe de la que se salvaron milagrosamente gracias a los conductos paralelos y a las oquedades naturales. Todos los hombres tuvieron que ser rescatados <in extremis> y el derrumbamiento obturó de nuevo el conducto de acceso.

La catástrofe no desanimó a la Triton Alliance Company que ya había invertido 3 millones de dólares en la búsqueda del tesoro. Los ingenieros trazaron nuevos planes y la continuación de la búsqueda exigía la construcción de un colosal pozo de acero y hormigón de al menos 75 m de profundidad por unos 2,5 m de ancho, por donde bajar los equipos y los sistemas de comunicación y ventilación necesarios. El coste mínimo calculado de la obra era de 10 millones de dólares. ¿Valía la pena ese esfuerzo humano y material?



El ingenioso pirata

Ante la ingente cantidad de personas que intentaron descubrir el tesoro sin conseguirlo ya que se topaban sistemáticamente con la compleja construcción del túnel, hay que plantearse ciertas preguntas: ¿quién escondió ese tesoro?, ¿qué genio construyó el complejo pozo? Y, sobre todo, ¿por qué escondió el tesoro?

Las respuestas a dichas preguntas parecen encontrarse en ciertas cartas de navegación y planos originales del siglo XVII, que fueron utilizados por el pirata inglés William Kidd. A mediados del siglo XVII, Kidd saqueaba repetidamente los galeones españoles y las ciudades coloniales existentes a lo largo de las costas del trópico que iban desde el Caribe hasta el extremo sur del continente americano.

Existen cuatro cartas marinas que fueron halladas dentro de un cofre y que habían pertenecido con seguridad al capitán Kidd, en ellas están reproducidas con asombroso detalle las costas de Oak Island. En los mapas figuran las iniciales del pirata W. K. Y la fecha de su realización, 1669. Toda esa documentación fue analizada por expertos, los cuales ratificaron su autenticidad. Los mapas fueron incluidos en el libro Captain Kidd and his Skeleton Island (El capitán Kidd y su isla del esqueleto), que se publicó en Inglaterra en 1935 y que hace referencia a la <Isla del Tesoro>.

En las cartas marinas existe un juego de palabras que es una trampa y está puesto para despistar a quien pudiera apoderarse del mapa. En ellas se escribe textualmente: <Mar de China>, pero resulta que en dicho mar no existe ninguna isla de tal configuración y características. El secreto está en el texto, ya que en francés <Chêne> significa roble, que en inglés es <Oak>, el nombre de la <Isla del Tesoro>. Además, en las cartas figuran escritas a mano unas indicaciones que precisan un lugar determinado dentro de la isla: <18 Oeste por 7 Este en la Roca y 30 Sudoeste por 14 Norte en el Árbol y 7 por 8 y por 4>. Precisamente la situación donde con posterioridad se localizó el pozo.

Grabado que ilustra al capitán Kidd (a la derecha) en el momento de declarar ante la cámara de los Comunes en marzo de 1701 (dos meses antes de su ejecución). Fue interrogado y juzgado por dicha cámara y se le acusó de innumerables actos de piratería.




Durante el juicio, una de las cuestiones que se pretendía desvelar era si Kidd <trabajaba> solo o si lo hacia por encargo de los propietarios del Adventure, buque que él capitaneaba. Asimismo, Kidd explicó todo tipo de detalles relacionados con sus fechorías marinas, pero no desveló el lugar donde debía tener guardado gran parte de los botines robados que, por otra parte, nunca han sido hallado.



La astucia de Kidd

Evidentemente todo indica que el hombre que escondió el tesoro fue el capitán Kidd, un pirata voraz que tras apresar grandes botines los escondía para evitar que, tras arribar a puerto, la marinería borracha lo robara o hablara de ello incitando a otras tripulaciones a que asaltaran su barco. Kidd era muy astuto y gustaba de aligerar pronto de peso su buque para evitar ser intervenido por la Armada Real y acusado de piratería (aunque al final así fue).

Por la época en que se escondió el tesoro, a fines del siglo XVII, y por los planos sobre Oak Island hechos por Kidd y fechados en la segunda mitad de ese siglo, hay indicios razonables que señalan a Kidd como el propietario del tesoro. Cuando fue apresado, a principios del siglo XVII, los últimos botines que había robado no los tenía en su poder. ¿Dónde estaban escondidos?

Misterio

El único inconveniente en que fuera el capitán Kidd quien escondiera el tesoro en Oak Island es la tremenda complejidad del escondite. Los técnicos han efectuado minuciosos estudios sobre la portentosa obra y han concluido que para construirla se necesitó la dirección de un genial ingeniero en minería y obras hidráulicas, y además un batallón de 100 hombres trabajando en tres turnos día y noche durante seis meses. ¿Podría permitírselo?

Parece improbable. Sin embargo, existe un hecho significativo que no ha sido contestado. Los habitantes de la costa de Nueva Escocia consideraban Oak Island como un lugar encantado y maldito, ya que siempre que habían intentado aproximarse a ella habían tenido problemas, incluso una expedición de hombres que se envió a explorarla desapareció completamente. ¿Los mataron? Y si fue así, ¿quién lo hizo? Evidentemente tuvo que ser un grupo numeroso de hombres armados que no querían que se supiera de su presencia en la isla.

Tesoro de patrimonio Real

El tesoro de Oak Island tuvo que ser escondido en la isla a fines del siglo XVII o principios del XVII, dato obtenido por las marcas hechas en los árboles talados en torno al pozo.

Esto nos conduce a la nueva posibilidad de que el protagonista de la historia fuera un político y militar inglés, sir Henry Clinton que, a mediados del siglo XVIII, deambuló por estos parajes portando un tesoro.

En 1778, el general henry Clinton era el comandante en jefe de las fuerzas británicas en el continente norteamericano. Custodiaba las arcas del patrimonio real en su palacio residencial y cuartel general en Nueva York. En 1780, el poder inglés fue instigado con saña por las fuerzas independentistas al mando del general Washington. Sir Henry Clinton tuvo que sacar el tesoro de Nueva York y trasladarlo hacia el norte para resguardarlo en la cercana Halifax en Canadá. A medio camino estaba Oak Island, un lugar ideal para esconder el tesoro. (La isla está a tan sólo 64 kilómetros de la ciudad de halifax.) ¿Fue una decisión repentina y de urgencia?

No lo fue. Alrededor de 1780, el cerebro de las colonizaciones británicas, John Montresor, fue a explorar esa solitaria isla y sugirió a su amigo Clinton que Oak Island era un lugar ideal para esconder lo que fuera preciso en caso de guerra.

Enviaron a un ingeniero extraordinario del ejército británico. Desembarcó en la isla con un contingente de expertos zapadores, los cuales realizaron la imponente obra de ingeniería minerohidráulica para esconder <algo> que tuvieran que proteger. ¿Eran esos hombres los que eliminaban a los curiosos visitantes? ¿Dónde estaban las naves? ¿Cómo es posible que nadie viera barcos fondeados en la bahía?

Seguramente, durante la guerra de la independencia americana, el <Pozo del Tesoro> tuvo que ser utilizado para guardar el patrimonio real. Desapareció de Nueva York y las tropas del general Washington no lo encontraron. ¿Dónde estaba escondido? Se ignora si el tesoro depositado fue recuperado en la rápida huida. Al volver a Inglaterra, el general Henry Clinton no dio públicamente explicaciones sobre el paradero del tesoro. ¿Lo sabían los reyes? ¿Lo guardaron en la isla para una mejor ocasión? ¿Lo llegaron a recuperar?

Conclusión

Desde que en el siglo XVIII tres muchachos intentaran encontrar el tesoro por primera vez, armados de pico y pala, hasta la grandiosidad de la obra actual para recuperarlo ratifica su existencia. David Tobias, presidente de la Triton Alliance Company, compañía que en la actualidad continúa la búsqueda, expresó lo siguiente: <Es la excavación arqueológica más profunda y más cara que se ha hecho nunca en el mundo>.

Ello es cierto, las obras han costado millones de dólares, muchos sacrificios y hasta alguna víctima mortal. Para recuperar el tesoro cada año siguen llegando a Oak Island buscadores de todas partes con la intención de encontrar la clave que les permita llegar al <Cofre del Tesoro>. ¿Cómo es posible que <algo> que haya podido enterrar un hombre del siglo XVIII no pueda ser desenterrado en el siglo XX?



William Kidd (1645-1701), uno de los piratas más famosos de la historia, tras combatir en las Antillas contra los franceses recibió en 1695 el grado de capitán de la Armada británica y patente de corso, con la misión de reprimir la piratería. Después de algún tiempo de cumplir su honorable cometido, se unió a los más peligrosos piratas, con quienes saqueó repetidamente las costas de Madagascar hasta 1699. Fue arrestado en América, juzgado en Inglaterra y acusado de piratería. Murió en la horca en mayo de 1701.




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