PRIMERO QUE NADA, LES DEJO EL LINK DE MI PÁGINA DONDE SUBO NOVELAS, PONGANLE MG DALEE
http://www.facebook.com/megustaelpoio
gracias ahre.
BUENO AHORA
FOTOS
DE
LOS
JONAS
ah por qué escribia así nunca hice un post y me aburro, y los jonas estan re baba y estas caritas estan re locas weno bai
Y bueno les cuento un cuentito porque me aburro vieron, lo escribí yo, una vez (?)
Una bala.
-Todo va a ser hoy a la noche- estaba diciendo Juan, justo cuando yo llegue.
-"todo" ¿qué?- pregunté. Enseguida los hombres intercambiaron miradas, para luego soltar una carcajada.
-Ni te creas que te incluiremos en ésto- dijo otro de ellos.
-¡¿Por qué no?! ¡Tengo dieciséis, no cinco! -estallé.
-Preferiría contar con un niño de cinco que contigo. Vete y vuelve cuando madures y nos seas de utilidad.- luego de finalizado aquello, volvieron a lo suyo, o sea, beber y hablar de aquello que harían esa noche.
-No entiendo por qué quieres juntarte con ellos- me dijo mi hermana de tan solo diez años, cuando camine hasta ella y mi madre.
-Porque sino tengo que juntarme contigo- Karen, mi hermana, puso mala cara y me golpeó el brazo. Reí.- Quiero juntarme con ellos porque estoy harto de vivir sin hacer nada, me siento tonto porque ellos no me aceptan... además así nos ayudaría a vivir.- mi madre no hacía ningún comentario, y mi hermana tampoco lo hizo.
* * * * * *
Ver como otros chicos iban al colegio y reían junto a sus amigos, sacaban sus celulares, sus madres les daban dinero para el almuerzo y ese tipo de cosas, siempre me había dado envidia. Detestaba ver cómo se preocupaban por cosas idiotas como que sus padres habían cortado el internet o que Justin Bieber haría un concierto en Argentina. ¿De verdad les preocupaban esas cosas? cómo se notaba que nunca tuvieron que vivir en la calle.
Unos pasos más a mi derecha, vi a Karen, pidiendo monedas. Odiaba que lo hiciera. Odiaba ver a mi hermana haciendo eso. Me sentía responsable, ya que nunca había tenido un padre y yo me sentía lo suficientemente mayor como para hacer algo al respecto.
Encima de eso, todos se negaban a darle monedas. Cómo se notaba que no sabían lo que era pasar hambre y frío.
De pronto alguien interrumpió mis pensamientos. Era Juan.
-¿Cómo les fue en lo de anoche?-pregunté.
-No lo sé, me abrí.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque tengo otros planes, pero necesito tu ayuda- me sorprendí con aquello.
-¿Qué planes? ¿Por qué yo?
-Hay una vieja acá a la vuelta que tiene como cien años... y mucha plata. Te elegí a vos porque sos mi amigo y porque no me gusta que te rebajen tanto. Serían veinte para vos y treinta para mí. Es tu oportunidad para quedar bien arriba, así sacás a tu vieja y a tu hermana de acá y yo me voy a ser feliz bien lejos.
-Espera, ¿veinte qué?-No estaba seguro de haber entendido bien.
-Veinte mil dólares. La vieja tiene plata, y está vieja, ¿Para qué quiere tanto? No creo que le moleste que nos quedemos con un poco- dijo a modo de broma. Pero yo no estaba para bromas, de pronto un nuevo mundo lleno de oportunidades aparecía frente a mis ojos.
-¿Qué tengo que hacer?- pregunté, y Juan sonrió.
* * * * * *
-Tomá, vas a necesitar ésto- Juan me entregó un arma, y yo la observé, sin tomarla.-No vamos a matar a nadie, es solo por si sale algo mal y tengamos que asustar a alguien... no está cargada- me explicó al ver mi reacción. Tomé el arma, sin dejar de observarla en ningún momento.
A lo ocho años, le había disparado a un perro. La imagen del perro desangrándose y llorando no se borraría nunca de mi mente. ¿Qué hubiese pasado si en lugar de un perro, hubiera sido una persona? ¿Qué hubiese pasado si esa persona hubiera sido Karen, o mi madre?
-Recuerdas todo lo que te dije, ¿verdad?-me preguntó Juan.
-Si.-respondí, sabiendo que esa noche cambiaría mi vida.
* * * * * *
Nunca había entrado a una casa tan enorme. No quería imaginarme cómo sería.
Caminamos hasta una parte del portón en la que le faltaba un fierro, y pasamos sin problemas. Según Juan allí habían perros, pero la vieja los mantenía atados.
Llegamos a una pequeña ventana, y allí era donde nos separábamos. A pesar de ser solo tres años de diferencia de edad, yo era mucho más pequeño que Juan. Así que entré por la ventana y caí al piso, mientras que Juan se quedaría afuera papando moscas.
La caja fuerte debería estar en una oficina o biblioteca. Bien, ¿cómo se suponía que era una oficina?
Comencé a recorrer la casa, procurando no hacer ruido. De pronto me encontré con la preciada biblioteca, y no fue mucho más difícil encontrar la caja fuerte.
-Ejem... -sentí a mis espaldas, justo cuando me disponía a abrirla.
Me volteé para encontrarme con una bella chica de ojos aparentemente claros, pero no podría asegurarlo ya que las luces estaban apagadas.
-Hola- dije, y me sentí un completo idiota. La sangre nunca me había corrido tan rápido.
-¿Qué crees que estás haciendo?- preguntó ella.
-Yo... -empecé a decir.
-Voy a llamar a la policía.
-¡No!- grité, y de repente la estaba apuntando con el arma. No sabía cómo ni en qué momento la había tomado. La chica pareció ponerse bastante nerviosa.
-Baja el arma- me ordenó, y estuve a punto de hacerlo.
-No llames a la policía- dije. Las manos y todo mi cuerpo temblaban.
-Claro que llamaré a la policía, baja el arma.
-¡NO!
-¡BAJA EL ARMA!
-¡NO!
-¡POR FAVOR BAJA ESA MALDITA ARMA!- y de nuevo, el mismo sonido ensordecedor. La chica se mantuvo unos segundos de pie, inexpresiva, y luego cayó al suelo, junto a una gran mancha de sangre. Juan había mentido, el arma sí estaba cargada, y por segunda vez en mi vida, le había hecho daño a alguien, esta vez a una persona. Solté el arma, la cual cayó al suelo, al tiempo que las lágrimas caían por mis mejillas.
De repente aparecieron todos los familiares de la joven por un pasillo. Unos rompieron a llorar, otros corrieron a su lado, otros fueron en busca de sus teléfonos, y yo simplemente eché a correr.
Sentí cómo uno de ellos me seguía, pero no me animé a mirar atrás por miedo a llevarme algo por delante.
Salí por fin de la casa y comencé a correr por el jardín, olvidándome de Juan y sus dólares. Lo único que quería era salir de ese lugar y tratar de olvidarlo todo.
De pronto algo detuvo mis pensamientos. Una bala incrustándose en mi espalda, tirándome al suelo, quitándome la fuerza, quitándome mis esperanzas, quitándome la vida.
y eso es todo, bai, les dejo el link de mi pagina de nuevo, asi le ponen mg de nuevo (?) http://www.facebook.com/megustaelpoio
BUENO AHORA
FOTOS
DE
LOS
JONAS
ah por qué escribia así nunca hice un post y me aburro, y los jonas estan re baba y estas caritas estan re locas weno bai
Y bueno les cuento un cuentito porque me aburro vieron, lo escribí yo, una vez (?)
Una bala.
-Todo va a ser hoy a la noche- estaba diciendo Juan, justo cuando yo llegue.
-"todo" ¿qué?- pregunté. Enseguida los hombres intercambiaron miradas, para luego soltar una carcajada.
-Ni te creas que te incluiremos en ésto- dijo otro de ellos.
-¡¿Por qué no?! ¡Tengo dieciséis, no cinco! -estallé.
-Preferiría contar con un niño de cinco que contigo. Vete y vuelve cuando madures y nos seas de utilidad.- luego de finalizado aquello, volvieron a lo suyo, o sea, beber y hablar de aquello que harían esa noche.
-No entiendo por qué quieres juntarte con ellos- me dijo mi hermana de tan solo diez años, cuando camine hasta ella y mi madre.
-Porque sino tengo que juntarme contigo- Karen, mi hermana, puso mala cara y me golpeó el brazo. Reí.- Quiero juntarme con ellos porque estoy harto de vivir sin hacer nada, me siento tonto porque ellos no me aceptan... además así nos ayudaría a vivir.- mi madre no hacía ningún comentario, y mi hermana tampoco lo hizo.
* * * * * *
Ver como otros chicos iban al colegio y reían junto a sus amigos, sacaban sus celulares, sus madres les daban dinero para el almuerzo y ese tipo de cosas, siempre me había dado envidia. Detestaba ver cómo se preocupaban por cosas idiotas como que sus padres habían cortado el internet o que Justin Bieber haría un concierto en Argentina. ¿De verdad les preocupaban esas cosas? cómo se notaba que nunca tuvieron que vivir en la calle.
Unos pasos más a mi derecha, vi a Karen, pidiendo monedas. Odiaba que lo hiciera. Odiaba ver a mi hermana haciendo eso. Me sentía responsable, ya que nunca había tenido un padre y yo me sentía lo suficientemente mayor como para hacer algo al respecto.
Encima de eso, todos se negaban a darle monedas. Cómo se notaba que no sabían lo que era pasar hambre y frío.
De pronto alguien interrumpió mis pensamientos. Era Juan.
-¿Cómo les fue en lo de anoche?-pregunté.
-No lo sé, me abrí.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque tengo otros planes, pero necesito tu ayuda- me sorprendí con aquello.
-¿Qué planes? ¿Por qué yo?
-Hay una vieja acá a la vuelta que tiene como cien años... y mucha plata. Te elegí a vos porque sos mi amigo y porque no me gusta que te rebajen tanto. Serían veinte para vos y treinta para mí. Es tu oportunidad para quedar bien arriba, así sacás a tu vieja y a tu hermana de acá y yo me voy a ser feliz bien lejos.
-Espera, ¿veinte qué?-No estaba seguro de haber entendido bien.
-Veinte mil dólares. La vieja tiene plata, y está vieja, ¿Para qué quiere tanto? No creo que le moleste que nos quedemos con un poco- dijo a modo de broma. Pero yo no estaba para bromas, de pronto un nuevo mundo lleno de oportunidades aparecía frente a mis ojos.
-¿Qué tengo que hacer?- pregunté, y Juan sonrió.
* * * * * *
-Tomá, vas a necesitar ésto- Juan me entregó un arma, y yo la observé, sin tomarla.-No vamos a matar a nadie, es solo por si sale algo mal y tengamos que asustar a alguien... no está cargada- me explicó al ver mi reacción. Tomé el arma, sin dejar de observarla en ningún momento.
A lo ocho años, le había disparado a un perro. La imagen del perro desangrándose y llorando no se borraría nunca de mi mente. ¿Qué hubiese pasado si en lugar de un perro, hubiera sido una persona? ¿Qué hubiese pasado si esa persona hubiera sido Karen, o mi madre?
-Recuerdas todo lo que te dije, ¿verdad?-me preguntó Juan.
-Si.-respondí, sabiendo que esa noche cambiaría mi vida.
* * * * * *
Nunca había entrado a una casa tan enorme. No quería imaginarme cómo sería.
Caminamos hasta una parte del portón en la que le faltaba un fierro, y pasamos sin problemas. Según Juan allí habían perros, pero la vieja los mantenía atados.
Llegamos a una pequeña ventana, y allí era donde nos separábamos. A pesar de ser solo tres años de diferencia de edad, yo era mucho más pequeño que Juan. Así que entré por la ventana y caí al piso, mientras que Juan se quedaría afuera papando moscas.
La caja fuerte debería estar en una oficina o biblioteca. Bien, ¿cómo se suponía que era una oficina?
Comencé a recorrer la casa, procurando no hacer ruido. De pronto me encontré con la preciada biblioteca, y no fue mucho más difícil encontrar la caja fuerte.
-Ejem... -sentí a mis espaldas, justo cuando me disponía a abrirla.
Me volteé para encontrarme con una bella chica de ojos aparentemente claros, pero no podría asegurarlo ya que las luces estaban apagadas.
-Hola- dije, y me sentí un completo idiota. La sangre nunca me había corrido tan rápido.
-¿Qué crees que estás haciendo?- preguntó ella.
-Yo... -empecé a decir.
-Voy a llamar a la policía.
-¡No!- grité, y de repente la estaba apuntando con el arma. No sabía cómo ni en qué momento la había tomado. La chica pareció ponerse bastante nerviosa.
-Baja el arma- me ordenó, y estuve a punto de hacerlo.
-No llames a la policía- dije. Las manos y todo mi cuerpo temblaban.
-Claro que llamaré a la policía, baja el arma.
-¡NO!
-¡BAJA EL ARMA!
-¡NO!
-¡POR FAVOR BAJA ESA MALDITA ARMA!- y de nuevo, el mismo sonido ensordecedor. La chica se mantuvo unos segundos de pie, inexpresiva, y luego cayó al suelo, junto a una gran mancha de sangre. Juan había mentido, el arma sí estaba cargada, y por segunda vez en mi vida, le había hecho daño a alguien, esta vez a una persona. Solté el arma, la cual cayó al suelo, al tiempo que las lágrimas caían por mis mejillas.
De repente aparecieron todos los familiares de la joven por un pasillo. Unos rompieron a llorar, otros corrieron a su lado, otros fueron en busca de sus teléfonos, y yo simplemente eché a correr.
Sentí cómo uno de ellos me seguía, pero no me animé a mirar atrás por miedo a llevarme algo por delante.
Salí por fin de la casa y comencé a correr por el jardín, olvidándome de Juan y sus dólares. Lo único que quería era salir de ese lugar y tratar de olvidarlo todo.
De pronto algo detuvo mis pensamientos. Una bala incrustándose en mi espalda, tirándome al suelo, quitándome la fuerza, quitándome mis esperanzas, quitándome la vida.
y eso es todo, bai, les dejo el link de mi pagina de nuevo, asi le ponen mg de nuevo (?) http://www.facebook.com/megustaelpoio

